miércoles, 6 de julio de 2011

De mañanita a tardecita

Aquel mediodía el canto de las chicharras develaba una tranquilidad que sólo duró el momento en que la maestra de quinto grado nos indicó que hiciéramos la fila. Juan empezó a sacarle punta a su lápiz. Leo empezó a cantar con la boca cerrada el tema musical de una comiquita. Santiago se acercó al otro extremo del salón para abrir el ventanal que daba al patio de las acacias y la alambrada de la calle las Flores. La maestra me llamó “¿Qué animalito es ese que está asomando en tu bulto?” En medio de las sonrisas ahogadas de la clase, tuve que salir con el bulto para liberar una lagartija al pie del araguaney.
Cuando la maestra Hildegar deslizó la tiza sobre el esmeralda del pizarrón, empezó a circular nuestro código secreto de papelitos. “¿Vieron quién vino?” Todos volteamos hacía el fondo del salón. En un pupitre de los más viejos, con las manos sobre su cuaderno de cuadritos azules, estaba un muchacho corpulento de piernas largas, barriga de pera y rostro a medio camino entre feroz y taciturno. La maestra caminó hasta las sombras del fondo. “A ver, León. Veamos si podemos entusiasmarlo para que venga más seguido a clases. Conjúgueme el verbo ‘asistir’” Dos goterones surcaron la frente del muchacho. Trató de pedir permiso para ir al baño, intentó meterse debajo del pupitre. La maestra lo tomó de la mano y lo llevó al pizarrón. “Yo asis…” León se quedaba mirando los labios de toda la clase y replicó. “…to. Yo asisto”.
El timbre del recreo encontró a Juan conversando con León. Leo y Santiago llegaron de la dirección con el balón de baloncesto. Desde el pasillo se escuchaban las notas de “Mañanita caraqueña”. Le hice señas a Leo y Santiago. Juan quería decirles algo. En la escogencia de los equipos León fue seleccionado por el equipo de Juan y Santiago. Ese día tuvimos que jugar en el otro lado del patio porque había un juego de sebucán en el lugar donde siempre jugábamos.
Las dos piedras de nuestra portería quedó justo en frente de la ventana de la dirección del plantel. Podíamos escuchar los tarareos de la sub-directora Dora Bárcenas y los silbidos de la directora Delmira Núñez, aquella canción nos hacía desear que el disco no terminara nunca para que se olvidaran del timbre y el recreo durara hasta las seis de la tarde.
En una de las alternativas del juego León logró escapar de mi marca y mandó un zambombazo que pasó muy por encima de la portería. Cuando ví la dirección del balón me precipité hacia el pasillo, choqué contra la pared, el balón llegó en cámara lenta y convirtió en fragmentos el vidrio de la ventana. Leo se llevó las manos a la cabeza. Juan dio dos zapatazos sobre el cemento rústico. Santiago enterró el mentón en el pecho.
Dora nos hizo señas desde la dirección y pasamos uno a uno al recinto. Luego del correspondiente jarabe mandibular, nos conminó a traer al día siguiente una cantidad de bolívares para reponer la ventana. “Caramba muchachos. Tan buena que estaba la “Mañanita caraqueña” y ahora ustedes la convirtieron en “Tardecita de Cumanacoa”. Nos quedamos mirando a León a través de la ventana. Al reanudar las clases, la voz de la maestra rebotó sobre el pupitre vacío del fondo. “…¿y donde está León?”.

Alfonso L. Tusa C.

domingo, 5 de junio de 2011

El resto de Cañonero

Luego del carrerón del Preakness había muchas expectativas de que Cañonero se hiciera con la triple corona del hipismo estadounidense. El escepticismo llegaba a su nivel más alto porque todos irían por Cañonero. Sin embargo además llegaban más noticias sobre la condición física del caballo, específicamente en uno de sus cascos. Mis hermanos decían que difícilmente Cañonero ganaba el Belmont Stakes. “Los gringos no dejarán que gane un caballo de afuera, así haya nacido allá”. Jesús Mario casi se acostaba debajo de la cama buscando una moneda de dos bolívares. Felipe se tronó lo dedos de la manos antes de abrir la regadera. “¡Que va! Ya Cañonero hizo lo que podía. Ya no puede más con esa lesión del casco. Cuidado y no llega fuera de carrera”. Saqué el radio transistor del primer tramo del escaparate y le subí el volumen. “I really want to see you lord. But it takes son long my Lord. My sweet Lord…”
Gustavo Ávila mantenía el optimismo. Decía que sacaría al caballo adelante y que ganaría de punta a punta. No había manera de planificar una atropellada. Allí estaba la crema de la crema del hipismo norteamericano y había que echar el resto desde la arrancada.
En el pasillo posterior, a un lado de la casa, simulé mi particular pista de carrera. La mata de uña de danta era la partida. El limonero la mitad de la carrera y la pared de bloques de dibujos del fondo la llegada. Más de una vez mamá vino a regañarme por los impactos que daba sobre la pared al grito de “…y ganó Cañonero”.
Los sábados antes del Belmont Stakes me iba con el radio transistor y sintonizaba las carreras de caballos hasta que hacían los comentarios sobre la preparación de Cañonero. Se sentía algo de resignación en la voz de los comentaristas. Hablaban mucho del casco del caballo. De que sólo enfrentaría a uno de los rivales del Preakness, “De seguro todos esos caballos son puros verdugos”.
El día de la carrera jugaba pelota de goma en una construcción a medio acabar. Me resbalé corriendo hacia primera base cuando escuché la voz de Aly Khan: “Partida. Arranca el Belmont Stakes…” Salí de la construcción ante los gritos de disgusto de mis amigos. Por toda la calle se escuchaba la transmisión radial. Cañonero había salido adelante. Cuando llegué a la esquina de la mata de uña de danta, Aly Khan bajó un poco la voz. “Cuando entran a la recta final Pass Catcher es el que más corre…” Me senté en la acera del jardín con la cabeza entre los hombros. Al terminar la carrera me fui hasta la pared de los bloques de dibujo. Allí me quedé como hasta las seis de la tarde.
Mamá me fue a buscar varias veces para que fuese a cenar. Solo después que la luna volcaba su plata nocturna en el anochecer cumanacoense me levanté de la base de la pared. Papá se agachó en la acera del pasillo. Hablamos un rato de la victoria y la derrota. De seguir adelante en la vida a pesar de ellas. “Porque siempre hay un mañana para mejorar”. Todo el trayecto hasta el comedor me imaginé en la pared del pasillo esperando la noticia sobre la lesión que tenía Cañonero en uno de sus cascos. Al parecer había algo de ella en las dos primeras carreras de la triple corona, sólo que esta vez se complicó. He aquí el gran mérito de la actuación de Cañonero. Realmente una historia para llevar al cine.

Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 18 de mayo de 2011

La reina del bambú.

El negocio que inició en su jardín podría ayudar a sanar nuestro planeta.

Margaret Hefferman.

La pasión de Jackie Heinricher por el bambú empezó en su jardín. “De niña jugaba entre las cañas de bambú dorado que plantó mi papá”, recuerda hoy a sus 47 años, “y cuando soplaba el viento sonaba una música increíble. Era mi tierra mágica”. Jackie estudió biología pesquera y pensaba trabajar en la industria del salmón en Seattle, Washington, donde vivía con su esposo Guy Thornburgh, pero había mucha competencia.
Su jardín le inspiró la idea para un negocio: luego de sembrar 20 cañizales de bambú en su granja de 2.8 hectáreas y alcanzar un éxito parcial en la propagación de especies no invasivas (para jardines pequeños, no las que crecen cinco centímetros por hora y se adueñan del terreno), creó la empresa Boo-Shoot Gardens, en 1998. Pronto notó algo que apenas ahora empieza a saber el resto del mundo: el bambú es increiblemente versátil y muy amigable con el medio ambiente. Se utiliza para fabricar cañas de pescar, patinetas, edificios, muebles, pisos e incluso ropa de vestir y de cama (la tela es tan suave como la seda). Otra ventaja del bambú es que absorbe cuatro veces más bióxido de carbono que un grupo de árboles de madera dura, y libera 35 % más oxígeno.
Jackie quería usar sus conocimientos de jardinería para contribuir a la causa ecologista, pero antes debía hallar una manera de cultivar las plantas en grandes cantidades. Era una tarea muy complicada, pues las flores de bambú producen semillas cada 50 o 100 años, y dividir una planta de bambú a menudo la mata. Así que pidió ayuda a Randy Burr, experto en cultivo de tejidos vegetales. “La gente decía que jamás lo conseguiríamos”, cuenta Jackie. “¡Algunos llevan 27 años trabajando en eso! Sin embargo yo creía en lo que estábamos haciendo, y seguimos adelante”.
Tenía razón para perseverar. Los bosques de bambú se están acabando con rapidez, y un informe de la ONU señala que aunque esta planta es altamente renovable, casi la mitad de las especies del mundo se encuentra en peligro de extinción. Jackie sabía que el bambú puede tener un gran impacto en la calidad del aire y en la economía mundial, pero sólo si se produce en cantidades masivas. Eso fue justo lo que ella y Burr lograron tras nueve años de experimentos: hallaron la manera de cultivar millones de plantas. Luego de poner esquejes esterilizados en tubos de ensayo con sales, vitaminas, hormonas vegetales y un gel de algas marinas, consiguieron que las plantas retoñaran y luego sembraron los brotes en invernaderos.
Poco después de superar ese reto, el laboratorio de Burr tuvo dificultades financieras. Jackie no tenía experiencia en el cultivo de tejidos vegetales, pero no estaba dispuesta a rendirse, así que compró el laboratorio. “Fue un salto enorme”, dice. “De pronto estaba al mando de 55 empleados (entre ellos Burr). No dormía mucho. A veces me pregunto como llegué a esto”.
Hoy día es la directora general de una próspera empresa valuada en millones de dólares, donde trabaja con especies de bambú de todo el mundo y las vende a mayoristas. “Es muy difícil cultivar esta planta sin los retoños, pero por suerte nosotros los tenemos”, señala.
El desafío que enfrenta ahora es aumentar la producción para satisfacer la demanda. Eso cuesta mucho dinero, así que está buscando maneras de atraer inversionistas. “Estamos en el comienzo de una era increíble”, afirma. “Paso mucho tiempo decidiendo en que concentrarme: en apoyar a los fabricantes de productos de bambú, en vender plantas a los jardineros, en cultivar más variedades, en instruir a los agricultores respecto al valor económico y ecológico de los bosques de bambú, o en convencer a los legisladores para que siembren bambú a la orilla de las carreteras a fin de reducir la contaminación del aire”.
Como actualmente Jackie Heinricher cultiva millones de plantas, todo eso y más es posible.

sábado, 14 de mayo de 2011

Lo de Cañonero II iba en serio.

El sábado 15 de mayo de 1971 escondí la cara entre la cobija y la almohada cuando los primeros rayos de luz tamizaron a través de las persianas. El chorro del lavamanos y la cascada de la regadera se confundieron con las voces de Felipe y Jesús Mario. La voz del primero emergía mezclada con la espuma de la pasta dental. “La carrera es en la tarde. Esta vez si la van a transmitir por radio. Menos mal porque ni siquiera Rafael El Plástico pudo hacer que aquí se viera Venevisión ni el canal 8”. Me quité la almohada de los ojos y la cobija fue a dar al piso. Un golpe de jabón sobre el piso dejó colar la voz de Jesús Mario. “¿Sabes la hora exacta? Es para saber a que hora me tengo que venir del juego de voleibol”. En cuanto Felipe regresó al dormitorio y sacó su ropa del escaparate, saqué dos motas de espuma jabonosa y la estrujé sobre mi rostro, convertí el cepillo dental en un tren hasta sentir un fresco que me llegaba a la garganta. Me subí a la cama y de un salta agarré mis cuadernos de cuarto grado. Mamá entornó los ojos cuando me vió afilando el grafito del lápiz en la mesa del comedor. “Hoy si es verdad que hay que anotar el día y la hora. ¿Y eso que estás haciendo la tarea escolar tan temprano?” A la distancia escuchaba la tertulia de mis hermanos. Fue la primera vez que oi levantar la voz a Jesús Mario. “¿Tú de verdad crees que Cañonero va a volver a ganar hoy en una carrera donde todos esos caballos que venció seguro vendrán con todo por la revancha? Los expertos dicen que cañonero no podrá repetir la carrerav anterior”. Ignoro si fue que me concentré en la tarea pero no oí respuesta alguna de Felipe.
A media mañana salí para arrancar el óxido acumulado en mis piernas luego de pasar alrededor de una hora resolviendo la tarea escolar. En la esquina los hijos de Clemente ayudaban a su papá a reparar los frenos de unos carros. Las voces de una discusión templaron mis pasos en dirección de la escuela “José Luis Ramos”. Dos hombres de mediana edad parecían enzarzados en una disputa sin cuartel. “¡Ya vas a ver que Cañonero no pasa de hoy! ¡Eso fue un lechazo! ¡Está compitiendo contra los mejores caballos del mundo!” “Bueno pero él ya le ganó a esos caballos. Por algo sería ¿no? ¿Qué quieres apostar? Le voy un sancocho de guaraguara en el río a que Cañonero vuelve a ganar hoy”. Sólo los gritos que venían del patio posterior de la escuela me sacaron de la discusión. Salté por un hueco de la alambrada. Un puñetazo había descargado la pelota de goma en línea hacía el tubo que servía de segunda base.
El audio de las carreras de caballos llegaba a la escuela desde las casas adyacentes. A medida que avanzaba el mediodía cada vez volteaba más hacia la alambrada trasera de la escuela. Varias veces mis compañeros me llamaron la atención. “Si no le vas a prestar atención del juego entonces te sales”. Cuando escuché la voz de Aly Khan “…estamos próximos para la partida aquí en el Hipódromo de Pimlico, Maryland, Estados Unidos de América…” corrí hacia el hueco de la alambrada. Al pisar la acera toda la vegetación de la calle Bolívar era sólo una mancha verde hasta que salté la baranda del jardín. Cuando entré al cuarto Felipe y Jesús Mario le daban más volumen al radiecito transistor. “…Radio Barcelona en Barcelona, La Voz del Tigre en El Tigre, Radio Upata en Upata..” En ese momento se cortó la transmisión y el narrador de guardia dijo: “… y Radio Cumaná en Cumaná.”
Me quise sentar en la cama. Una vez que la voz de Aly Khan inundó el cuarto se acabó la gravedad, empezamos a flotar con cada resuello del narrador. “Atención oyentes de toda Venezuela, acaba de cuadrar el caballo Cañonero…. Se va a la punta Eastern Fleet…dominando Eastern Fleet el Preakness Stakes…” Felipe agitaba los puños sobre las rodillas. Quería meterme por los orificios de la corneta para ver la carrera. “…ya Cañonero va a controlar a Eastern Fleet…los primeros 400 en 23 2/5…” Jesús Mario se tropezó en el baño y chocó contra la puerta, levantó los brazos bajo el marco de la puerta y dijo varias palabras sin pronunciarlas. El torrente de aquella voz me hacía saltar en las ancas de Cañonero. El cabeza a cabeza que se mandó Cañonero con Eastern Fleet es el más emocionante que haya visto. Fueron alrededor de 800 metros donde oscilaba el puntero de un milímetro a otro. “…peleando Eastern Fleet con Cañonero, 47 clavados los primeros 800. Eastern Fleet por dentro, Cañonero por fuera. El caballo Cañonero va en las manos acompañando a Eastern Fleet..” Felipe se movía de una esquina a otra de la cama con cada metro de carrera, los resortes sonaban cual timbal de los Carrizos Pre-Colombinos. Quería cerrar la ventana para escuchar mejor la carrera, la imnercia del momento sólo me dejaba respirar a duras penas. “…Eastern Fleet por dentro…Cañonero por fuera 70:02 los 1200…entran en la recta final y ya Cañonero con el campeón de Venezuela Gustavo Ávila está dando cuenta de Eastern Fleet. Sin embargo Eastern Fleet se le resiste y vuelve a la pelea por dentro…” Jesús Mario saltó a su cama y luego bajó las manos. En mi mente resonaba “¡Vamos Cañonero, vamos!” Felipe le dio todo el volumen al radio. “…Cañonero por fuera dominando el Preakness Stakes…Cañonero para todo el mundo…Venezuela asegurando la segunda prueba de la triple con el gran Gustavo Ávila….Ganó Cañonero…” La algarabía que tronó en el cuarto la escuchamos en toda la cuadra y a lo lejos retumbó un cohete.
Cañonero II impuso record en Preakness Stakes con 1:54:00. En 1984 Gate Dancer bajó el tiempo a 1:53:60.

Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 4 de mayo de 2011

La afición de Papá

Lo había visto jugar dominó muchas noches, me llegaba hasta la esquina en frente a la bodega de María La Catira para pedirle unas monedas a fin de ir al cine.

Sabía cuanto le agradaba el fútbol, mientras trataba de entender el béisbol siempre hacía analogías. “¡Ah, eso de extrainning es como la prórroga en el futbol!” Las veces que lo vi siguiendo la liga italiana de fútbol le preguntaba cual era su equipo favorito, un largo silencio se extendía, disimuladamente cambiaba la conversación o levantaba el brazo hacia el televisor “Caramba ¿viste esa jugada?”

Siempre compraba Il Corriere Della Sera en Cumaná para llevárselo a unos amigos de Cumanacoa. Muchas veces se quedaba un rato leyendo aquel periódico frente al volante del carro, por lo general pasaba unos cinco minutos hojeándolo, luego lo ordenaba, lo doblaba y lo dejaba sobre el asiento del copiloto. Una tarde del sol más encendido de Cumaná Papá pasó de largo los cinco minutos cuando iba por quince me levanté del asiento trasero con un reguero de hilos de sudor bajando desde la cabeza a la cara. Los titulares llenaban el primer cuarto de página de un reportaje. “La tragedia di Superga….Il Grande Torino”. Varias fotografías de un avión lleno de humo y los rostros de varios futbolistas ilustraban varios lugares de la página. “Papá ¿qué es la tragedia de Superga y el Grande Torino?”

Me quedó mirando mientras se mordía la lengua y respiraba profundo. “Es una historia muy triste y muy larga”. Insistí varias veces sobre el tema. Siempre me respondía que “Después te cuento”. De lo que si hablaba era del próximo juego que haría el Torino en la Liga italiana y sus posibilidades de ganar.

Andando el tiempo empecé a investigar en Internet y en hemerotecas y empecé a develar aquella larga historia que papá prefirió callar. Los pasillos de la red me dejaron saber que el 04 de mayo de 1949 a las 17:05 el avión Fiat G.212 CP que llevaba al equipo de Torino en su interior, se estrelló contra el murallón del terraplen posterior de la Basílica de Superga en las afueras de Torino. Hubo 31 víctimas mortales, incluyendo 18 jugadores del mítico equipo turinés, oficiales del club, periodistas y la tripulación del avión. Venían de disputar un partido de despedida para el futbolista luso Xico Ferreira en Lisboa contra el SL Benfica.

Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, Dino Ballarin, Emile Bongiorni, Eusebio Castigliano, Rubens Fadini, Guglielmo Gabetto, Ruggero Grava, Giuseppe Grezar, Ezio Loik, Virgilio Maroso, Danilo Martelli, Valentino Mazzola, Romeo Menti, Piero Operto, Franco Ossola, Mario Rigamonti, Giulio Schubert. (Entrenadores) Egri Erbstein, Leslie Levesley.

Aquel equipo era considerado uno de los más fuertes del mundo en aquella época. Había ganado 5 campeonatos de liga seguidos desde la temporada 1942-43 hasta la 1948-49 (los campeonatos 1943-44 y 1944-45 no fueron disputados a causa de la Segunda Guerra Mundial), el club granata vivía los mejores momentos de su historia. Diez de los once jugadores de la selección italiana pertenecían al Torino.

Tambien fallecieron los dirigentes el equipo (Arnaldo Agnisetta, Ippolito Civalleri) y sus acompañantes y tres de los mejores periodistas deportivos italianos: Renato Casalbore (fundador de Tuttosport), Renato Tosatti (Gazzetta del Popolo) y Luigi Cavallero (La Stampa). Vittorio Pozzo el director técnico de la selección italiana de la década de los años 30 fue llamado entre varios para identificar los cadáveres. El jugador Sauro Tomá que padecía un menisco lesionado se salvó milagrosamente del accidente.

Cada vez que jugaba la selección italiana y aplicaban el fastidioso “catenaccio” papá ladeaba la cabeza y dejaba de ver el televisor por momentos. “No siempre fue así. Hubo una época cuando atacaban a la mínima oportunidad. El Grande Torino jugaba 4-2-4”.

La tragedia tuvo un impacto tremendo en Italia. El Torino fue proclamado campeón del torneo y los rivales presentaron formaciones juveniles cuando les correspondía enfrentarlo. Medio millón de personas fue a la plaza principal de Torino para despedir a los campeones.

El club River Plate de Argentina jugó un partido amistoso a beneficio de los familiares de los jugadores fallecidos, el 26 de mayo de 1949, contra un combinado llamado Torino Símbolo. El equipo argentino viajó con todas sus figuras (Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna, Amadeo Carrizo y Pipo Rossi). Aún cuando el costo de las entradas fue bastante alto el estadio se llenó a reventar.

Años más tarde el equipo de Torino de tradicional camiseta borravino, estrena una camiseta alternativa blanca con banda transversal violeta en el pecho, similar a la del River, en homenaje y agradecimiento al club argentino. Al enterarse de este hecho el club millonario devuelve gentilezas en 1975 jugando varios partidos con una camiseta violeta.

En 1994, la empresa Adidas confecciona un nuevo modelo para River que como tercer alternativa tenía nuevamente una camiseta color granate, en un nuevo homenaje a 45 años del trágico y solidario hecho. En la actualidad, el equipo de Torino tiene como divisa alternativa la camiseta blanca con la banda violeta.

En la temporada 2008-2009 el equipo argentino presentó el modelo nuevamente en un acto con la presencia de Zinedine Zidane y Enzo Francescoli, en honor a los 60 años de la tragedia, y también aprovechando que este color hizo furor en la temporada otoño-invierno en Buenos Aires.

Una mañana sorprendí a papá leyendo un ejemplar del Corriere Della Sera que guardaba en la última gaveta de su escritorio. Cuando se levantó para ir a calentar el carro en el garaje. Agarré el periódico. “La llamada ‘Tragedia de Superga’ conmocionó a todo un país y a todo el mundo del fútbol. Frustró de golpe las esperanzas de un club que estaba en lo mejor y diezmó seriamente las aspiraciones de la selección italiana que al año siguiente disputaría el Mundial de 1950. De esta forma, para poder competir al nivel esperado, el equipo tenía que encontrar fórmulas para ponerse al nivel de las grandes potencias futbolísticas del momento. Así, adoptó un sistema ultradefensivo basado en el trabajo duro, los marcajes férreos al hombre y las faltas tácticas, una actitud natural en el fútbol en condiciones de inferioridad”.

Cuando papá regresó de calentar el carro le volvía a preguntar por “Il Grande Torino”. Entonces me contó está anécdota: “ El 27 de mayo de 1964, el Inter de Helenio Herrera disputa la final de la Copa de Europa contra un envejecido Real Madrid. En el túnel de vestuarios del Prater vienés un joven italiano de nombre Sandro se queda de piedra contemplando a Alfredo Di Stéfano, su ídolo. Luis Suárez, socarrón, le dice que se quede ahí mirando a Alfredo, que ellos van a jugar la final. Sandro marca dos goles, es el hombre del partido, y el Inter gana su primera Copa de Europa. Cuando el árbitro señala el final, Sandro sólo quiere llegar hasta Di Stéfano para intercambiar las camisetas pero en su camino se cruza Puskas: "Enhorabuena, yo jugué contra tu padre, eres digno de ser su hijo". De esa manera Sandro Mazzola se quedó la camiseta de Puskas.



Alfonso L. Tusa C.

viernes, 29 de abril de 2011

Un desconocido en Kentucky Derby

Aquel 01 de mayo de 1971 fue sábado y todo el mediodía y parte de la tarde Papá nos llamó para apoyar a Rafael “El Plástico”, con el propósito de que ubicara el poste de la antena del televisor en el lugar de mejor recepción. Teníamos la esperanza de que se viera el canal 8 (VTV) y el cuatro (Venevisión), además del 2 (RCTV). Lo único que vimos fue un montón de rayas y al momento de sintonizar el 2, Amador Bendayán, en su programa “Sábado Espectacular” anunciaba que Cañonero II había ganado en tremenda carrera el Kentucky Derby “contra todos los pronósticos”.
El repiqueteo de los comentarios emocionados se extendió por toda la tarde cual reguero de pólvora en combustión. En la televisión, en la radio, en la casa, en la calle, todos hablaban del caballo que se inscribió a última hora, y a cuyo dueño, Pedro Baptista se había tildado de soñador e iluso. Llegó a Churchill Downs luego de un largo viaje que lo dejó en condiciones desventajosas. Entre los caballos más aptos para adjudicarse la Carrera de las Rosas estaban Executioner, ganador del Flamingo Stakes. Jim French (Ángel Cordero Jr.) el campeón del Derby de Santa Rita. Unconcious (Laffit Pincay Jr.) ganador del Handicap de San Felipe y el Derby de California. Además de tres productos de Calumet Farm: Impetuosity, el ganador del Blue Grass Stakes; Bold and Able (Jorge Velásquez), y Eastern Fleet (Eddie Maple) el campeón del Derby de Florida.
Al poco rato Rafael logró una imagen nítida del canal cuatro y vimos la partida y los comentarios informando que Cañonero esta botado por el puesto 18. Por más que nos acercábamos a la pantalla la imagen parpadeaba y se iba. El audio se mantenía por momentos y era una traducción muy lenta del inglés que borboteaba en el fondo.
Cañonero provenía de Pretendre, un ganador del Derby Inglés en Epsom Downs, y de Dixieland II. Los tres fueron adquiridos por el agente venezolano Luis Navas en Keeneland por 1.200 $, este a su vez los vendió al hombre de negocios venezolano Pedro Baptista en 4.500 $. Cañonero agregó el II porque ya había otro purasangre en Estados Unidos con ese nombre. Baptista contactó a Juan Arias para que entrenara a Cañonero II. Arias rápidamente se cansó de las debilidades físicas del caballo. La pierna delantera derecha arqueada que causaba un movimiento como de cangrejo, un casco partido y dificultades estomacales.
El caballo ganó en su debut en el norte y fue inscrito en el American Del Mar Futurity del otoño de 1970 con la esperanza de venderlo. Al no tener representantes que hablaran inglés fue difícil hacer negocios y Cañonero II regresó a su tierra. De vuelta en Venezuela, Cañonero II corrió distancias más largas con un nuevo jinete, Gustavo Ávila, venció a caballos más viejos y empezó a llamar la atención del público local.
Los sábados luego de almorzar cuando me iba a jugar pelota de goma con Juan de Dios, Alberi, Santiago y Leo escuchaba las carreras de caballos que se colaban desde una zapatería ubicada en la esquina colindante con el parque adyacente a la escuela José Luis Ramos. Varias veces la pelota llegaba hasta las paredes de la zapatería y en
una ocasión escuché la voz del narrador hípico: "...cuando faltan doscientos metros para la raya Cañonero II es el que más corre pegado a la baranda..." Alberi gritaba desde el parque que llevara la pelota. Mientras corría bajo los jabillos se oía la algarabía del narrador: "....y ganó Cañoneroooooo..." Dos palmadas de papá en el hombro me sacaron de los jabillos. “Epa hijo ¿estabas lejísimo? Anda a comprar un rollo de teipe. Rafael lo necesita…”.
Cañonero II empezó su campaña de dosañero el 08 de agosto de 1970, consiguiendo su primera victoria por seis cuerpos y medio sobre Comenvé, con la monta de J.E Contreras. En las pistas americanas corre el 05 de septiembre en un Allowance, llega tercero a cuerpo y medio de King Cross, el jinete es Ignacio Jesús Ferrer y la semana siguiente corre el Del Mar Futurity, prueba en la que arribaría 5° a menos de ocho cuerpos de June Darling, el jinete tambien fue Ferrer, luego de sortear una serie de tropiezos.
De regreso a Venezuela, ganó en distancias largas sus tres primeras carreras, quedando en último lugar en el Clásico Gobernador del Distrito Federal, obtuvo 3 triunfos más en esa temporada para quedar con seis triunfos en diez salidas, con tres terceros.
Baptista sorprendió a todo el mundo al solicitar inscribir a Cañonero II en el Kentucky Derby de Churchill Downs, debió pasar por una pesadilla porque tuvo que poner al día toda la documentación del caballo. Los expertos tanto en Venezuela como en Estados Unidos lo tildaron de chiflado. Faltando una semana para la carrera aceptaron la solicitud. El Daily Racing Form registró como información no disponible las últimas tres carreras de Cañonero II. Tenía las apuestas 500-1.
El viaje de Cañonero II a Estados Unidos fue largo y cansón, el caballo llegó al Hipódromo de Churchill Downs bajo de peso y deshidratado, no parecía un pura sangre que iba a participar en el Derby.
Tres días antes de la carrera, llegó a Churchill Downs el afamado jinete venezolano Gustavo Ávila, mejor conocido como “El Monstruo”. Ávila ya había ganado con Cañonero en La Rinconada, no sabía nada de las condiciones actuales del potro pero fue contagiado casi de inmediato por la confianza de Arias y del peón de Cañonero, Juan Quintero.
Arias, en una movida que nadie supo sino 2 años después de la hazaña, sacó a ejercitar en la madrugada a Cañonero con una silla y el mismo Ávila y lo hizo maravillosamente al dejar 35” exactos para 600 metros, ejercicio éste que lo dejaría listo para la gran carrera.
Aquel Derby dio la partida con 20 ejemplares. Cañonero II largó en el puesto 16. Bold and Able, Knight Counter, Jr's Arrowhead, y Barbizon Streak salieron adelante y marcaron 23 segundos exactos para el primer cuarto de carrera.
Luego de bajar al puesto 18, Cañonero II se movió hacia fuera donde Ávila decidió jugarse su oportunidad de hacer correr al caballo. Bold and Able y Eastern Fleet luchaban por el primer lugar mientras Unconscious y Jim French se alistaban para atacar.
Corrí durísimo hacia la bodega. De vuelta debí frenar en la punta de mis zapatos sobre la orilla de la acera, una camioneta anaranjada llenó de caucho quemado unos treinta metros de la calle La Florida. Aún con el vaho de azufre y dióxido de carbono en el aire y el rollo de teipe bailando en mis manos, apreté el paso y llegué a la casa con ganas de saber más detalles de la carrera.
Al entrar a la recta final Cañonero II remató y pasó por fuera cuando faltaban varios centenares de metros. Entonces era cuando parecía un tren expreso, sacó más de tres cuerpos de ventaja y dejó perplejos a propios y extraños, un completo desconocido se llevaba la primera joya de la triple corona estadounidense.
Cuando llegué, otra vez las rayas habían invadido la pantalla del televisor. Solo se escuchaba la narración en inglés de la carrera “Cañoñero II wins the 1971 Kentucky Derby…”.
En 2009 Gustavo Ávila fue homenajeado con el premio Gallop to Glory que fue creado para hacerle un reconocimiento a todos los jinetes ganadores del Kentucky Derby.

Alfonso L. Tusa C.

viernes, 8 de abril de 2011

Bartali y Coppi: Dos grandes del ciclismo

Mientras cambiaban el lanzador en el juego entre Magallanes y
Bravos, cambié al canal 58. Un hombre sudado entraba a una sala de
hospital. Gino Bartali había hecho el trayecto desde Milano para ver a
su hijo recien nacido.
Las imágenes de un ciclista ganando el Giro de Italia y un
enjambre de reporteros asediándolo. “Signor Fausto Coppi ¿Cuál es su
opinión de Gino Bartali?” Coppi sonrió. “Es un león dormido. Yo
solo soy un cazador. Los leones dormidos son los más peligrosos porque
cuando duermen sueñan y no hay cazador que los alcance”.
Aquellos nombres hicieron click en algún compartimiento de la
memoria. Papá había salido de la oficina y se quedó mirando la
contraportada de la revista Sport Gráfico que descansaba sobre la
mesita del porche. “Eddy Merkxx el monstruo del Tour”. Papá sonrió.
“Podrá ser muy bueno. Pero me quedo con Bartali y Coppi”. Cada
vez que trataba de que me explicara esos nombres, ocurría algún
imprevisto y tenía que irse. Esa fue una de varias conversaciones
que me quedaron pendientes con mi padre.
Bartali tenía 34 años en 1948. Coppi 30 y no compitió en el Tour de
Francia de ese año “porque si ganaba dirían que le gané a un jubilado
y si perdía me caerían encima diciendo que me había ganado un viejo”.
En aquella Europa de post-guerra los nacionalismos a ultranza
proliferaban a flor de piel, por eso Bartali debió soportar varios
ataques de fanáticos franceses en el aeropuerto de Paris. “Italiano,
fascista. Estás acabado. Más nunca un italiano ganará el Tour…” Cuando
los periodistas lo entrevistaron tras ese desagradable incidente
Bartalí declaró: “En la montaña desaparecen los italianos y los
franceses, solo quedan los hombres”. Bartali había nacido el 18 de
julio de 1914 en Ponte a Ema (Firenze). Luego de sus clases de
bachillerato trabajaba en un comercio de bicicletas, así empezó su
relación con los caballitos de acero. Durante la guerra ayudó a salvar
a muchos judíos recorriendo en sus bicicletas carreteras secundarias
para llevar documentos falsos para la fuga de los perseguidos.
El favorito para ganar el Tour en 1948 era el francés Luis Bobet. Sin
embargo la actitud de este era de mucho respeto y veneración por el
hombre que había ganado la competencia en 1938 a pesar de correr
enfermo. En un momento de la carrera Bobet llegó a sacarle más de 20
minutos de ventaja a Bartali. Su hijo lo llamaba por teléfono y le
decía que su amigo de la escuela, Sandro, le echaba broma diciendo que
su papá estaba viejo y no iba para ninguna parte en esa carrera.
Bartali le respondió: “Dile a Sandro que por lo menos alcanzaré a
Bobet”. Resultó impresionante el coraje y la fuerza de voluntad de
aquel ciclista que remontó las cuestas más empinadas de los Pirineos
hasta alcanzar al galo para acreditarse el Tour de 1948.
En cada corte de la película veía la sonrisa de Papá y entendía más
porque había mencionado aquellos nombres ante la contraportada de Eddy
Merkxx. Regresé por un momento al juego de pelota y Magallanes había
tomado ventaja de 7-1.
Para el Tour de Francia de 1949 hubo una discordia porque los
federativos hicieron que Coppi compitiera, venía de ganar la carrera
San Remo-Milano y el Giro de Italia lo dominó en solitario a través de
sus 192 kilometros. La disputa se presentó porque tanto Bartali como
Coppi ponían como condición ser el corredor principal de la firma
Legnano. Cuando parecía que Bartali se iba a correr con los belgas o
los franceses, el entrenador del equipo propuso que habría dos
corredores principales y que de acuerdo a como les fuera en la carrera
se decidiría quién sería el segundo. Coppi terminó llevándose la
carrera. Bartali lo apoyó y aconsejó en pleno agite de la competencia.
Llegaron uno-dos en esa carrera. Hay una escena inolvidable cuando en
el fragor de la carrera comparten la botella de agua.
El 15 de noviembre de 1952 Bartali sufrió un accidente cuando fue
arrollado por un automóvil mientras circulaba en bicicleta. Mientras
convalecía, Coppi lo fue a visitar y la esposa temía que pudiera
perder una pierna. “Dice que no la siente”. Bartali despertó y le
pidió a Coppi que le tocará la pierna. Tras varios intentos decía que
no sentía nada. Coppi le dio un manotazo y Bartali dio un grito que se
escuchó en todo el hospital. Pasaron como tres minutos riendo a
carcajadas. En la noche llegó una madre desesperada porque su hijo
decía que no quería vivir más. Gino escuchó la conversación y llegó a
la cama donde yacía el muchacho de algunos 10 años. “La vida es una
carrera larga y hay que tener ganas para correrla. Cuando estoy en la
montaña y tengo que subir esas cuestas ¿Cómo crees que las subo? Con
ganas. No bastan los músculos, los ejercicios, la bicicleta. Hay que
tener muchas ganas de mover un pie después del otro”. El niño le pidió
que le mostrara su bicicleta y que si podía correrla. La esposa se
quedó mirando a Bartali. Este levantó la pierna herida sobre el
sillín, tambaleó sobre la bicicleta. La esposa se llevó la mano a la
boca. “Cuidado Gino, no”. Bartali empezó a pedalear con cuidado, luego
empezó a acelerar alrededor de la cama. Cuando alcanzó velocidad de
competencia el niño grito: “Bravo Gino, Bravo”.
Bartali se recuperó y fue capaz de correr la San Remo-Milano, haberla
completado fue un gran logro para el tipo de accidente que tuvo en su
rodilla. En ese 1953 Coppi llegó al tope de su carrera al ganar el
Campeonato Mundial de Ciclismo en Lugano. Bartali estuvo presente en
la premiación y lo felicitó. “En el próximo mundial vamos a ver si me
puedes ganar”.
Fausto Coppi nació el 15 de septiembre de 1919 en Castellania.
Provincia de Alesandria. Tuvo su primera bicicleta a los 8 años, con
ella trabajaba de repartidor en una tienda de comestibles de la vecina
población Novi Ligure.
En el ocaso de su carrera cuando casi nadie creía en Coppi, Bartali,
quién fungía como técnico del equipo Pellegrini, llamó a Coppi para
que corriera para él. En la rueda de prensa para presentarlo como el
nuevo integrante de Pellegrini, Bartali le dijo a los reporteros que
preguntaran lo que quisieran y uno de ellos interrogó sobre un aspecto
delicado de la vida personal de Coppi. Bartali se levantó y señaló la
puerta. “Señores pueden retirarse. Hasta aquí llegó la rueda de
prensa”.
La película para televisión “L’intramontabile” (2006) dirigida por
Alberto Negrin y protagonizada por Pierfrancesco Favino (Bartali) y
Simone Gandolfo (Coppi), resultó de alguna manera ver a papá hojear la
revista Sport Gráfico y decir. “Esto del deporte es mucho más que
condiciones físicas y adrenalina. Tiene que ver con el carácter y la
calidad humana de la persona. De eso, Bartali y Coppi tenían mucho”.
Bartali ganó 2 Tour de Francia (1938, 1948), 3 Giros de Italia (
1936, 1937, 1946), 4 Milano-SanRemo (1939, 1940, 1947, 1950), 3 Giros
de Lombardía (1936, 1939, 1940), 2 Giros de Suiza (1946, 1947), 4
campeonatos (ruta) de Italia (1935, 1937, 1940, 1952), 5 Giros de
Toscana (1939, 1940, 1948, 1950, 1953), 3 Giros de Piemonte (1937,
1939, 1951).
Coppi ganó 2 Tour de Francia (1949, 1952), 5 Giros de Italia (1940,
1947, 1949, 1952, 1953), 3 Milano-San Remo (1946, 1948, 1949), 5 Giros
de Lombardía (1946, 1947, 1948, 1949, 1954), 4 campeonatos (ruta) de
Italia (1942,1947, 1949, 1955), 1 Giro de Toscana (1941). 1 Campeonato
Mundial de Ruta. Lugano (1953) Coppi falleció en 1959 luego de
contraer la malaria en un viaje a Alto Volta (actual Burkina Faso)
donde hizo ciclismo y participó en una cacería. La enfermedad no fue
tratada a tiempo.
Bartali dejó de existir en 2000, en su casa de Florencia de un ataque
al corazón. En esos días había dicho. “El último traje no tiene
bolsillos”.

Alfonso L. Tusa C.