lunes, 19 de octubre de 2015
‘Trece Maneras de Mirar’ (‘Thirteen Ways of Looking’) de Colum McCann. Historias ligadas por las dificultades.
Sarah Lyall. The New York Times. 11-10-2015.
En el verano de 2014, el escritor Colum McCann fue atacado y dejado inconsciente en una calle de New Haven. Fue lesionado de gravedad, se fracturó su clavícula, se rompió varios dientes y tuvo laceraciones en el rostro, pero el dañó reverberó más allá de lo físico.
“Mi familia y amigos y yo sufrimos lo que yo solo puedo catalogar como una serie de golpes detrás del golpe”, escribió él en un testimonio de impacto presentado en el juicio de su asaltante, quien admitió golpear a Mr. Colum después de golpear a su esposa y molestarse cuando Mr. McCann intervino. Él no pudo escribir por mucho tiempo.
Aunque él había empezado las historias de su última colección, ‘Thirteen Ways of Looking’, ellas están cargadas de lo que le ocurrió a él ese día, explicó él. Así que mientras este trabajo melancólico y afectado no es por ningún motivo autobiografía disfrazada de ficción, si ayuda a entender lo que yace debajo. “Algunas veces me parece que estamos escribiendo nuestras vidas en avance, pero otras veces solo podemos mirar atrás”, dice el autor.
Mr. McCann como escritor de poder, sutileza y belleza, mejor conocido por su National Book Award novela ganadora “Let the Great World Spin”, la cual despliega un grupo grande de personajes dispares en la ciudad de Nueva York de los años ’70 y más allá, y tiempla al lector hacia sus desordenadas, atribuladas, a menudo tranquilas vidas heroícas y entonces muestra como ellos encajan.
Las cuatro historias de aquí, una es una novela larga de cambio de tono y foco; las otras son cuentos y más enfocadas, difieren ampliamente una de otra. Pero están conectadas por una tensión, una dificultad, una amenaza, un sentido de que las cosas están descolocadas pero quizás puedan enderezarse si los personajes, y el lector, logran entenderlas más.
El poderoso título de la historia martilla en la mente mucho después que se ha leído. Proviene de “Thirteen Ways of Looking at a Blackbird”, el hermoso y opaco poema de Wallace Stevens acerca de la fluidez del tiempo, la belleza de lo cotidiano en la naturaleza y la imprecisión de las perspectiva.
Cada sección empieza con una estrofa del poema. El protagonista es un juez, retirado de la Corte Suprema de Brooklyn, a cuya mente vaga somos invitados. En largos monólogos internos, él se resiente por su difunta esposa, recuerda su carrera, protesta por las indignidades de la edad avanzada y el cierre de su una vez mundo expansivo. Lo vemos interactuar con su paciente cuidadora, Sally; aventurarse en una tormenta de nieve; y almorzar con su distraído y egoísta hijo en un restaurant cercano.
Dos cosas se hacen aparentes rápidamente. Una es que algo muy malo está a punto de ocurrirle. La segunda es que hay cámaras ocultas en todas partes, no solo afuera, sino también en la casa del juez, instaladas por su hijo para vigilar a Sally.
“Después los detectives de homicidios se sorprenderán por la presencia de las cámaras”, escribe Mr. McCann, y nosotros estamos similarmente sorprendidos por la dualidad y el cinismo del hijo. Luego, la policía revisará la filmación en el video, buscando pistas, una visión incongruente, un movimiento furtivo, algo sesgado.
Su tarea interferida por la nieve que oscurece las imágenes y por la imposibilidad de percibir algo como es en realidad. “Ellos trabajan de manera parecida a los poetas: buscan una palabra al azar, en la instancia apropiada, para hacer el poema mucho más preciso”, dice el autor.
Estas escenas desde el futuro están intercaladas con las escenas del juez rondando hacia atrás en su mente mientras se mueve físicamente a través de su día, como si todo ocurriera a la vez, el pasado se despliego sobre el presente convirtiéndose en futuro. “Fue noche toda la tarde. / Estaba nevando/ E iba a nevar”, escribió Stevens, y este flujo simultaneo de tiempo también es el tema de la ingeniosa historia de Mr. McCann.
Si “ThirteenWays” le estremece, las otras historias le golpean en la cabeza hasta casi la insconsciencia. En “Sh’khol”, posiblemente la más dolorosa de leer debido al terrible suspenso con que fue escrita, una madre soltera pasando momentos difíciles en la costa irlandesa le regala en Navidad, a su hijo mudo de trece años, adoptado en Rusia cuando tenía 6, una vela mojada de velero, la mañana siguiente al levantarse no encuentra a su hijo ni la vela mojada, el oceano Atlántico ruge afuera.
En “Treaty”, una monja envejecida y exhausta convalece mientras ve en televisión que el guerrillero suramericano quien la secuestró y torturó décadas atrás se ha redimensionado en un respetable negociador de paz, y se encamina a una conferencia. Ella también es visitada por “la rigidez de la memoria”, la manera como “el pasado puede desvanecerse tan fácilmente, como el presente puede avanzar, como ellos algunas veces chocan”, pero ella resuelve confrontarlo, mostrarle lo que él le hizo a ella.
En “What Time Is It Now, Where You Are?” (“¿Que hora es, donde estás?”) un escritor en dificultades para desarrollar un cuento de víspera de año nuevo para una revista decide convertir en su tema a una joven soldado de servicio en Afganistán, a punto de llamar a su amante a su casa. En manos menores, esta historia podría ser tediosa y encerrada: ¿Quien quiere leer las notas de un escritor acerca de su rutina de trabajo?
Pero Mr. McCann usa esto para mostrar como en la ficción, como en la vida, las posibilidades son interminables, las preguntas conducen a más preguntas, un pensamiento sangra en otro. Su autor ficcional no puede escapar de su propia vida mientras trata de escribir acerca de la de alguien más. “¿Cómo regresamos a la simplicidad de la noción original?”, pregunta él.
Aún así, la primera historia de Mr. McCann flota, te pide que la leas otra vez. Un sospechoso ha sido condenado en el asesinato del juez, y el juicio va hacia su parte final. El lector sabe la verdad objetiva, hemos visto los eventos desde cada ángulo, como en una pintura cubista, y hemos estado al lado del juez durante los últimos momentos de su vida.
El jurado no tiene la información que tenemos, solo las cuentas imperfectas del fiscal y sus 12 puntos de vista separados. El veredicto está a punto de ser leído. De pronto Mr. McCann cambia de velocidad, como a menudo lo hace Stevens en su poema, dejándonos sin resolución pero con la imagen recurrente de un cielo gris sin movimiento y un sentido de cómo las perspectivas múltiples pueden obscurecer, no iluminar, una verdad frágil.
“Más cámaras en la ciudad”, escribe él, “que pájaros en el cielo”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 16 de octubre de 2015
Diana Nyad: Por el libro.
The New York Times. 08-10-2015.
La nadadora de larga distancia y autora de la memoria “Find a Way” (“Encuentra una manera”) escondió su afición por la literatura alemana de su madre, quien vivió la ocupación nazi de Francia: “Ella amenazó con no volverme a hablar otra vez”.
¿Cuáles libros están normalmente en su mesa de noche?
Hay una rotación continua de memorias y estado del cosmos, pero el único libro que nunca se va de la mesa de noche es “501 Verbos Españoles”. Soy una firme creyente en imbuir el cerebro antes de dormir con algunos datos empíricos, permitiéndole al hemisferio izquierdo procesar esos verbos irregulares mientras se descansa, y por tanto te levantas más fluida que cuando te fuiste a dormir.
¿Cuáles géneros en especial disfruta leer? ¿Y cuales evita?
No soy una fanática de ciencia ficción. Si la historia está anclada en una proyección creible del futuro, tal vez. Pero usualmente no es mi preferencia. Amo una buena historia. ¿No lo hacemos todos? Arrellanarse en una silla de cuero usado de un club y pasar la primera página de “The Great Gatsby” o “Cutting for Stone” es trascender a un mundo de diálogo y giros inesperados y esencia de humanidad que se siente como estar en el cielo.
Pero el género que me ha cautivado toda mi vida es la astrofísica. Cuando era joven, era Carl Sagan. Ahora Stephen Hawking y Lawrence Krauss y Brian Greene, con su sustancial “The Elegant Universe”, me tiemplan. Los hechos básicos de nuestro universe, que antes de la Gran Explosión toda la energía y materia que conocemos existía, literalmente, en un espacio del tamaño de una millonésima de millonésima de una moneda, vuela la mente de uno. Me tomó cuatro meses leer “A Universe From Nothing” de Krauss, porque la mayoría de las oraciones requerían poner el libro hacia abajo e intentar descifrar lo que había leído.
¿Cuáles son sus libros deportivos favoritos?
Más recientemente, “The Boys in the Boat” me cautivó desde el principio hasta el final. Laura Hillenbrand, primero con “Seabiscuit” y luego con “Unbroken” toma la realidad del deporte y la aventura y la supervivencia a través de los giros y vueltas de un gran cuento de ficción. Yo corro para leer lo que sea que Hillenbrand pone sobre papel. De nuevo más en el espectro aventura-supervivencia, más que el deporte puro, un libro que me tocó profundamente en ese momento, en mi adolescencia, la historia se ha quedado conmigo todos estos años, es “Endurance”. Los dramas antárticos de Ernest Shackelton, junto aquellos de Robert Falcon Scott, son el rompeolas de mi imaginación.
¿Cuál fue el mejor libro que le recomendaron? ¿El mejor libro que recibió como regalo? ¿Hay un libro que a menudo le gusta obsequiar a otros?
Hace unos 20 años, un amigo me dio como regalo “New and Selected Poems” de la poetisa Mary Oliver. Desde entonces me he convertido en una meticulosa, para leer lenta y deliberadamente cada palabra de Oliver. En ese primer grupo de poemas que recibí está “The Summer Day”. Honestamente, nunca he oído un resumen de esta vida de nosotros mejor que las líneas de Oliver en ese poema: “Dime, ¿que piensas hacer/Con tu única, preciosa y salvaje vida?”
He usado estas líneas sin avergonzarme como una afirmación punzante, en persona y en mi escritura, y tiendo a dar los libros de poesía de Oliver como regalos, ilustrando en el recipiente para leer lo que yo he leído del genio de Oliver como: “No tienes que ser bueno. / No tienes que caminar de rodillas/ por cientos de millas en el desierto, arrepentido”. Siempre he econtrado a la poesía escurridiza, abstracta, oscura. Pero con Oliver, estoy satisfecha.
¿Quién es su héroe o heroína de ficción?
Fui arrollada en un tiempo por Hans Castorp en “The Magic Mountain”. Y Addie Bundren de “As I Lay Dying”. Y por la Odisea de Homero en su viaje épico. Pero mientras deseo leer más rápido para acceder a cientos de títulos, tiendo hacia la no ficción y encuentro que los héroes de la vida real de tales libros como “Into Thin Air” de Jon Krakauer no pueden ser igualados por los héroes ficcionales.
¿Qué tipo de lectora fue usted de niña? ¿Cuáles eran sus libros y autores favoritos?
Si alguna memoria de la niñez permanece intacta, es la de las tardes en la biblioteca. La quietud, a excepción del repiqueteo de los tacones de las damas en los pisos de piedra, la reverencia de tomar mi lugar en una silla de cuero frente a una gran mesa de caoba, era escalofriante. Elegiría “Las Aventuras de Huckleberry Finn” y me deslizaría por la prosa de Mark Twain durante toda la tarde, mis ojos escrutando las letras impresas como si bebiera una poción mágica. Ahora cuando viajo, la primera para de turista que hago en cada pueblo o ciudad es la biblioteca. Desde Praga a Ipswich, es la biblioteca la que informa que clase de lugar estás visitando.
¿Alguna vez se ha metido en problemas por leer un libro?
Mi madre era una francesa quien sufrió la ocupación nazi en Paris. Ella nunca superó su miedo a los nazis, lo cual desafortunadamente amplió en su mente el miedo hacia todos los alemanes, y todas las cosas alemanas. Lucy estaba de verdad muy enojada conmigo cuando, en los últimos años de la secundaria y la universidad, yo admiraba a Thomas Mann y harmenn Hesse y Rainer Maria Rilke. Ella amenazó con no hablarme nunca más, especialmente si persistía en estudiar el idioma alemán. Así que escondí el disfrute del lenguaje y la riqueza de la escritura de los alemanes de esa época de mi mamá.
¿Cuál libro que no haya sido escrito le gustaría leer?
Mi fantasía es la gran suma, libro a libro, desde cada campo de la ciencia. Aunque hay libros de esta naturaleza, me gustaría leer la palabra definitiva en antropología, la cronología de Homo sapiens a través de cada fase de nuestra evolución. El nuevo “Sapiens: A Brief history of Humankind” le llega cerca. Podría ser los misterios del cerebro ( de nuevo “The 3-Pound Univers” llega cerca) o el cosmos, me gustaría ver una serie comprensible, inteligente que capture todo lo que nos gustaría saber acerca de todas estas facetas de la vida humana y el universo que habitamos, que continuaremos habitando por lo menos un poco más.
¿Qué libro sentiste que te iba a gustar y no fue así?
Escogí “The Paris Wife” con grandes expectativas. ¿La intelectualidad de París en los años ’20? Ahora hay un ambiente de eso a mi alrededor. Pero no podía convivir con eso. Claramente, estoy en la minoría. Y tal vez no era la historia en sí, sino mi aversión por Ernest Hemingway. De nuevo, aún más en la minoría aquí, simplemente nunca admiré a Hemingway y solo terminé sus libros en mi juventud porque pensé que debía. Honestamente, pude haber dejado de lado “A Farewell to Arms”, “The Sun Also Rises” y más especialmente, “The Old Man and the Sea” en cualquier punto antes de la última página.
Es anfitriona de una cena literaria ¿Cuáles tres escritores son invitados?
Bien, asumiré que son escritores de mi época. Supongo que una noche con provocadores extraños sería más divertida. Dorothy Parker. Mark Twain. Oscar Wilde.
Si tuviera que nombrar un libro que la convirtió en quien es usted hoy, ¿Cuál sería?
En la universidad leí “À la Recherche du Temps Perdu” en francés. En iglés fue llamado “Remenbrance of Things Past” (“Remembranza de Cosas Pasadas”) pero luego, más acertadamente, fue cambiado a “In Search of Lost Time” (“En busca del tiempo perdido”). No eran tanto las historias lo que me impactaba. Era la inmensa naturaleza del trabajo, algunas 4000 páginas, 2000 personajes, escritos en más de 13 años. Me llevó dos años asimilarlo.
Había temas, las famosas galletas madeleine develaban memorias sinestésicas, que me impresionaban. Pero leí la obra maestra de Proust en un momento formativo, cuando estaba descubriendo que simplemente no era una persona sutil y retraída. Pienso en grande. La épica es lo que me llama la atención, y el trabajo épico de Proust me impresionó profundamente. Hasta su nombre, Valentin Louis Georges Eugène Marcel Proust, es épico. En varias ocasiones de Halloween me presenté como Proust e insistí en que todos me llamaran por mi nombre completo proustiano. A menudo he dicho de proyectos a través de los años, cuando estos eran ambiciosos, altamente imprácticos, ideas improbables, que “este es mi ‘À la Recherche du Temps Perdu.’ ”
¿De cuales libros se avergüenza por no haberlos leido?
Me duele admitir el vacío que es mi lectura de ficción moderna. Todos mis amigos me recomiendan título tras título, y aún así mi experiencia con la ficción actual es cercana a la nulidad. He leído solo muy poco el último par de décadas. “A Confederacy of Dunces”, por cierto. Leo los clásicos de vez en cuando. La mayoría de los clásicos, hasta la mitad del siglo 20, digamos hasta Flannery O’Connor. Pero me he dedicado casi exclusivamente a la no ficción y por lo tanto me estoy perdiendo de la pléyade de escritores talentosos de la actualidad. Yo leo muy lentamente, enunciando cada sílaba como si leyera en Broadway en voz alta. Si solo pudiera leer más, más, más.
¿Qué es lo próximo que piensa leer?
Mientras leo exclusivamente memorias al escribir la mía, ahora estoy empezando con libros acerca de caminatas, como preparación para la prueba de campo traviesa EverWalk, 2016. Bonnie Stoll, mi mejor amiga y principal asesora de mi natación con snorkel, y yo vamos a caminar desde Los Angeles hasta Washington D.C., y vamos a conseguir que se nos una un millón de personas, una misión para revertir el estilo sedentario de los estadounidenses. En mi lista de libros por leer, en este momento aparece “Wanderlust”, una historia acerca de caminar, regresar a nuestra evolución anatómica hasta pararnos de pie, y una visión poética de nuestra naturaleza cálida mientras nos desplazamos, de Henry David Thoreau, llamada “Caminar”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 14 de octubre de 2015
Visiones de un atardecer. (Primeras páginas de un cuento en proceso)
A la distancia se escuchaba la puñalada de la sirena en el aire de penumbras que llegaba hasta el aula de gramática narrativa. Aquel 15 de octubre jugaban Magallanes y La Guaira. 1965 aproximaba sus zancadas hacia el recodo final de un año muy convulsionado por muertes políticas y discusiones geográficas.
Jacinda paralizó el lápiz justo a dos líneas de terminar la hoja, el cuento había fluído indetenible por los andariveles de su mirada que buscaba escapar hacia los jardines y correr por el pasillo que llevaba a la escuela de química, quería ver si Aramís había cumplido su palabra de llegar antes de las seis y media al punto del pasillo de Ingeniería que colindaba con la escuela de Letras.
Su voz pausada en el movimiento de enfundarse en la bata de laboratorio, había desarmado un poco el filo de las pupilas verdosas de la muchacha. A las siete de la mañana se congestionaba el acceso de Arquitectura. En medio de un tropel de zancadas gélidas Aramís descargó la suela de sus zapatos de goma sobre las zapatillas de empeine abierto.
Jacinda aulló cual loba privada de sus crías.
De inmediato Aramís se inclinó para borrar la marca de sus zapatos y eliminar el polvo embutido en la piel entre cobriza y ambarina. Su voz temblaba en medio de varias inflamaciones pectorales y un silbido que escapaba al final de cada palabra, parecía querer abotonar la bata sobre el rostro. Disculpa … es que tengo laboratorio de orgánica … si lo pierdo reprobaré la materia … son prácticas de ocho horas y ya deben estar pidiendo el preinforme.
Jacinda lo veía con los ojos entrecerrados, solo el relumbrón de una cicatriz en el lado izquierdo del pecho que logró distinguir antes que Aramis terminara de abotonar la bata, aflojó un tanto el martillo en sus ojos.
Notó que Jacinda volteaba cada cierto tiempo hacia el estadio ¿Te gusta el beisbol? La voz emergió desde los botones de la bata. Aramís sabía que debía hablar tan rápido como las zancadas que debía dar hasta el laboratorio.
Jacinda aún sobaba su empeine y lo escrutaba cual banco de los datos que buscaba hacía rato para darle voz propia a sus personajes. Más que todo, tres cicatrices intercaladas en los dedos de ambas manos.
El profesor miró el reloj. Escribió los títulos de unos libros en la pizarra, recogió su maletín. Recordó algo de la técnica de mostrar antes que contar y traspasó la puerta. Jacinda avanzaba a buen ritmo en su historia de guerrilleros y poetas, el rumor de la sirena tomó matices intensos cuando el profesor masculló en la puerta que iba retrasado para el juego inaugural, a la distancia se escuchaban los gritos de los vendedores traspasados por la sirena, la propuesta de la mañana la hizo sonreír al tiempo que emergía del pupitre. Aquella mirada, aquellos pasos de marchista olímpico acalambrado, le parecía reconocerlos de algún lugar.
Aramís la miraba, se mordía los labios, metía las manos en los bolsillos de la bata y estiraba el cuello hacia las ventanas del laboratorio. Te invito al juego de esta noche. ¿Cuál es tu equipo?
Magallanes ¿y el tuyo? Jacinda volvió a soltar todo el pie en el piso, intentaba caminar sin apretar el paso.
La Guaira. Aramís ladeó la cabeza. ¡Ves ya tenemos otra razón para ir a ver el juego!
Jacinda apretó el paso y abrió los brazos cuando vio que en el lugar acordado del pasillo solo había sombras y reflejos. De regreso al aula un grito compitió con la sirena que venía del estadio. Un espectro parecía surgir de las penumbras y el crujir de las hojas secas. ¡Espera, espera, es que se me complicó la reacción de las azidas! Aramís parecía un flamengo cambiando de plumaje al desprenderse de la bata mientras corría.
Con la mano apretada sobre los labios y la nariz, comprobó que el rostro de la muchacha coincidía con la imagen que lo había perseguido en cada etapa del laboratorio, cuando titubeó ante la pregunta de destilación azeotrópica, cuando le llamaron la atención por olvidar colocar el termómetro en balón de tres bocas y cuando el profesor lo miraba con ojos de peinilla mientras esperaba la explicación del color verde oscuro en vez del anaranjado que debía tener el producto final de la reacción. Entonces si sonaban con intensidad y entendía totalmente las armonías de la canción que escuchaba junto a su padre en el radio de onda corta. Había leído que el autor de la letra la había compuesto inspirado en el asesinato de John F. Kennedy y la muerte de un hermano.
El cabello castaño claro a la altura de los hombros, la tersura de sus mejillas, la holgura de su blusa esmeralda sobre el abdomen. Sintió un templón en la manga de la camisa de bacterias.
Alfonso L. Tusa
martes, 13 de octubre de 2015
El dulce olor de Amsterdam… y no es solo cannabis, dicen los cartógrafos de olores.
La investigadora de paisajes olfativos urbanos Kate McLean, viaja por el mundo ubicando esencias: Edinburgo huele a cervecería y excremento de pingüino, el verano de Nueva York está cargado de ajo y cerveza derramada, mientras que Amsterdam tiene olores de…¿humedad?
Kate McLean. The Guardian. Miércoles 7 de octubre de 2015.
“Eso huele como Amsterdam”, es una frase bien arraigada. Cada año alrededor de 1.5 millones de turistas visitan la ciudad para consumir legalmente cannabis en cafés con licencia especial, y cada vez las puertas abren para recibir a un cliente nuevo, un tufo potente escapa con la fuerza de un misil hacia la calle.
Cualquiera que sea su opinión sobre el tema, la esencia de la marihuana y el hashih es fuerte. El distintivo y fácilmente reconocible olor se expande por las calles estrechas de De Wallen, flota entre las tabernas, clubs, bares y cafés del distrito de la luz roja y fluye a través del espacio abierto de Stationsplein mientras los nuevos asistentes en tránsito se sumergen en una experiencia completa y polisensorial de la ciudad.
Como investigadora de escapes de olores y diseñadora de mapas, yo estaba genuinamente curiosa por descubrir cuan lejos llegaba el notorio famoso olor de Amsterdam y explorar los otros aromas que flotan alrededor de la ciudad, desde la constante y sutil presencia de cualquier olor de fondo hasta las esencias de vecindades específicas y los inesperados y curiosos aromas como son detectados por una población local. Para explorar las fugas de olores urbanos, organicé una serie de caminatas de olores con perfumistas, arquitectos de paisajes, estudiantes universitarios, pensadores de diseño y miembros del público general. Las caminatas ocurrieron durante cuatro días particularmente ventosos en la primavera de 2013.
En vez de oler solo marihuana, lo que cubrieron los 44 caminantes de olores urbanos fue un vasto rango de 650 esencias percibidas, algunas pertenecientes a la ciudad y otras más en línea con expectativas de caminatas en la campiña o un meandro de una tierra extranjera.
Las esencias urbanas distintivas, tal como las delineó la difunta especialista en fugas de olores urbanos Victoria Henshaw, incluían comidas (waffles, espárragos, pan, queso, grasa y manteca, tocino, salchichas alemanas, café y cerveza) humos de transito, olores sintéticos (goma, plástico, pintura atomizada, productos de limpieza, blanqueadores, químicos), materiales de construcción (madera, asfalto, pintura) y plantas (grama, vegetación, jardines).
Los olores localizados específicamente (conocidos en el medio como olores “episódicos”) encontrados durante la serie de caminatas incluyeron a Albert Heijn (un supermercado local con un olor peculiarmente distintivo en la entrada de muchas de las tiendas), pescado mojado (en los negocios de pescado de las calles de los mercados), incienso y especias chinas (en Chinatown). El mercadeo de esencias, una extensión creciente de las marcas, aseguró que la esencia de una compañía de ropas estadounidense bien conocida fue claramente identificada a alguna distancia de la tienda. En Vondelpark y Sharphatipark, las flores y la lluvia aportaron gradaciones de hojas verdes volátiles. El tiempo y de nuevo, encontramos especialidades estacionales: las esencias eran aquellas del crecimiento fresco, de la primavera.
Uno de los aspectos más disfrutables de mi práctica transgresiva es ver la cara de los olfateadores mientras ellos descubren un olor que no esperaban. La caminata de olores es una práctica activa, el cuerpo entero está involucrado como catadores de olores, se dobla y estira. Cacería de olores, ellos buscan posibilidad olfatoria, drenajes de carreteras, huecos, arbustos internos, bancos a lo largo del parque, materiales, humanos, animales no humanos y plantas son todos alojamientos de esencias. Mientras buscaban el olor de la orina, aparentemente una ocurrencia común en los semisótanos de Nieuwmarkt, lo que encontraron los caminantes de olores fue un aroma completamente inesperado. Sus cuerpos se sobresaltaron, había indignación la sorpresa en sus rostros porque habían hallado vahos de libros viejos, mustios y olvidados, ligeramente húmedos y lo suficientemente duros para sobresalir entre las fisuras de las puertas de vidrio con marco de metal. Todos se recostaron hacia atrás para reconfirmar el hallazgo.
Un paseo al amanecer en el sureste de la ciudad develó otro olor inesperado, identificado en el cuaderno de olores como “caballo liviano” por el olfateador. Al revisar el paisaje nublado de Oosterpark, vimos una compañía de caballos empacando para marcharse, en medio de esta sobresalían un par de ponies. Sonreímos, reconocimos la capacidad ocasional del olor para previsualizar el mundo donde caminamos.
El viento es una fuerza destructiva y productiva al diseñar mapas de olores. Por una parte, sirve para recordarnos la naturaleza temporal de un escape de olor; muy pocos olores persisten insidiosamente en nuestra existencia cotidiana en la ciudad, la brisa los dispersa, frustrando cualquier intento por identificar y compartir un olor. Pero entonces un viento estable puede traer los olores más inesperados a escena. Un caminante de olores escribió una nota diciendo que la ciudad algunas veces contiene un soplo de polvo de chocolate en el aire. Investigaciones posteriores indicaron que las industrias chocolateras de Zaandam eran la fuente, perceptible solo por el viento del noroeste.
Todas la esencias de Amsterdam fueron percibidas ante el aroma de fondo de los canales, un tono sutil de leve decrepitud y descomposición, un olor gustativo parecido al de un abrigo comprado en un mercado callejero o a una bolsa plática que contiene un traje de baño usado de hace dos días y una toalla.
Los olores son más pronunciados en ambientes calientes y húmedos: solo piense en el camerino de un gimnasio por un segundo y sabrá a lo que me refiero. Las moléculas de los olores se mueven más lentamente a medida que baja la temperatura, así que mientras en un día frío hay pocos olores por detectar, los días calientes pueden parecer super malolientes. El agua es el conducto para transferir las moléculas de esencias a las células de nuestros receptores olfativos.
Me ocurrió que Singapur, con su clima ecuatorial y temperaturas promedio de 30 ºC sería una comparación interesante para un escape de olor en una primavera fría de Europa. Singapur está altamente clasificada en la escala citadina de “olfateadores controlados”. La ley prohíbe las frutas olorosas, en el sistema de transporte subterráneo y la ciudad tiene predilección por los centros comerciales cerrados ambientados artificialmente con esencias de firma. La visita de investigación fue un destapador de nariz.
El area de Katong estaba dominada por roti-prata y curry, cocinados en edificios que abren totalmente hacia las calles. Mientras un caminante de olores exclamaba: “Estaba oliendo una flor muy nauseabunda. Entonces de la nada…¡Cena!” Los olores saltan rápidamente para llenar un espacio sin avisar su aparición, y así también se van. Descrita como “intoxicante” la esencia de (pronto será ilegal) shisha fue detectada solo en Kampong Glam, y solo de noche. Chinatown y Little India contenían una cacofonía de olores, día y noche, desde los aromas fuerte, herbosos, amargos, labiados de la medicina tradicional de hierbas hasta una mayor intoxicación en forma de ramos de jasmín.
Los olores inesperados de Singapur incluyeron sudor seco en los jardines de la bahía, y cloro en la playa de East Coast Parkway. Y, sorpresivamente, había relativas pocas referencias olfativas de carros y humos de diesel. Pero Singapur está muy regulada respecto a la contaminación del aire, y es una ciudad limpia. Las especias de cocina y una humedad residual conforman los aromas de fondo del panorama olfativo de Singapur como “profundos secretos oscuros” y “los olores de la vida dura”, emergieron como curiosidades locales.
Las otras ciudades exploradas primero con la nariz como parte de mi práctica de arte y diseño son Paris, Edinburgo,Glasgow, Milan, Ellesmere Port, Canterbury, Newport (Rhode Island), New York, Pamplona y Marsella. El perfil de olor de cada ciudad es necesariamente complejo y muy propio de la nariz del observador, porque cada uno de nosotros tomará y mezclará los olores para ensamblar un perfil olfativo del lugar. Esta combinación se convierte en un memorable caleidoscopio individual de la esencia de la ciudad.
La cultura y la expectativa tienen peso específico en el panorama olfativo de una ciudad. Edinburgo retiene una pesada esencia industrial de la cervecería, un olor en vías de extinción en muchas ciudades en la medida que las principales fábricas de cerveza se mudan de la ciudad. Ciertos días, el extracto de levadura invade el aire de Edinburgo, parece desplazarse como una nube por millas a través del terreno ondulado y volcánico desde Slateford Road hasta la cima de Carlton Hill. Una esencia curiosa en Edinburgo es la de los pingüinos en el zoológico. Las colonias de pingüinos salvajes son malolientes, citadas como “el peor olor que jamás encontrarás en tu vida”. Este emana de una combinación de lodo, excremento de pingüino y ¡pescado regurgitado para alimentar a los pequeños que a menudo no llega a su destino! Afortunadamente, ambas están localizadas relativamente fuera del centro de la ciudad.
El panorama olfativo del otoño de Pamplona refleja la fijación de la población de la ciudad con la comida. El panorama olfativo de Glasgow es de construcción, las esencias de las bases regeneradas por partículas grasosas de comida colgando del muro omnipresente, con un gran olor específico de la naranja mecánica del sistema de tren subterráneo, húmedo, esponja metálica es una descripción, pero en realidad es solo el olor del tren subterráneo que empieza mientras bajas de las escaleras internas al anden.
Un mapa de olores es una indicación de posibilidad, podría haber un olor en el local indicado… o no.
El sistema de transporte subterráneo de cada ciudad tiene un olor único. En Paris, el metro huele diferente hasta en las paradas bajas de los trenes, lo cual puede ser debido al agua con fragancia usada para lavar las plataformas.
Las esencias veraniegas de Canterbury incluyen lo literal, fresas frescas en el mercado, y lo lírico, el olor de la historia embebido en la arquitectura antigua. El panorama olfativo de Nueva York está cargado de ajo, bebidas verdes macrobióticas y cerveza derramada, descrita evocativamente como “el olor de los sueños rotos”.
Mi proceso de creación de mapas de olores implica tomar datos directamente de los comentarios de los caminantes de olores y transcribirlos en símbolos en un mapa digital o físico. Algunos de los mapas más nuevos son animados. Los símbolos pueden ser acuarelas o íconos digitales en forma de isolíneas morfoseadas o puntos pequeños. Cada mapa también esta lleno de espacio blanco, aludiendo los grandes vacíos de olores donde simplemente no notamos los olores que nos rodean.
Mientras algunos mapas son representaciones simbólicas científicamente precisas de la realidad de la superficie terrestre, el mapeo que utilizo en mi práctica es exploratorio, señala fenómenos transitivos y efímeros. Esto significa que cualquier mapa de olores impreso puede ser solo una indicación de posibilidad: podría haber un olor real en el lugar indicado por mi iconografía, pero de nuevo, podría no haberlo. Como no hay seguridad en el mapa, en su lugar se convierte en una herramienta y un conductor para mayor exploración, el mapa como una guía y señalador de los aspectos más escurridizos de nuestro vívido ambiente.
Las caminatas de olores revelan como, a pesar del deseo humano de controlar, los flujos temporales y las fluctuaciones permanecen. Amsterdam en principio no emergió como una ciudad con esencia de cannabis durante mi primera semana de investigación, pero en una visita posterior, la esencia principal de marihuana asaltó mis fosas nasales día y noche. El panorama olfativo urbano es altamente temporal, emana de los ritmos de la ciudad, los ritmos de su gente y es afectado por las variaciones del clima asi como por los crecientes patrones de las estaciones.
El rango de esencias en el panorama olfativo urbano es un recordatorio de nuestra inhabilidad para ejercer completo control sobre el ambiente, y una tendencia del panorama olfativo a evaporarse sirve de recordatorio de cómo los cambios de los inesperado son vividos en corto.
Para hacerse más consciente de los olores cotidianos, más allá de los binarios de bueno y malo, se requiere curiosidad y disposición para pasar cinco minutos de cada día caminando con la nariz por delante, reorientando la percepción primaria del mundo desde visual a olfatoria. El proceso a menudo es sorprendente y resulta en una experiencia más rica del lugar, la reflexividad para bajar la marcha y considerar los olores como una nueva comprensión del mundo.
Kate McLean ha escrito una guía para oler y prediseñar formatos de notas de olores que están disponibles en su página web, Sensory Maps.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
Svetlana Alexievich, La voz Bielorrusa de los Sobrevivientes, gana el premio Nobel de literatura.
Alexandra Alter. The New York Times. 08-10-2015.
Sara Danius, la secretaria permanente de la Academia Sueca, anunció este jueves que el premio Nobel de literatura 2015 fue concedido a la escritora bielorrusa Svetlana Alexeievich.
Svetlana Alexievich, una periodista y escritora de prosa bielorrusa conocida por sus trabajos de profunda investigación acerca de las soldados rusas en la segunda guerra mundial y luego del desastre nuclear de Chernobyl, ganó el premio Nobel de literatura este jueves “por sus trabajos polifónicos, un monumento al sufrimiento y el coraje en nuestro tiempo” anunció la Academia Sueca.
Ms. Alexievich, 67, es la décimocuarta mujer que gana el premio de literatura, y una de pocos laureados en ser reconocidos por no ficción. Mientras el comité Nobel ocasionalmente ha concedido el premio a filósofos e historiadores, incluyendo a Bertrand Russell y Winston Churchill, ha pasado más de medio siglo desde que un dedicado escritor de no ficción ganara lo que muchos reconocen como el premio de literatura más prestigioso.
La selección de Ms. Alexievich fue considerada como correctivo a una vieja deuda, y como punto cumbre para el periodismo así como para el arte literario. Al colocar el trabajo de ella al lado del de esos gigantes literarios internacionales como Gabriel García Márquez, Albert Camus, Alice Munro y Toni Morrison, el comité Nobel ha suavizado a un género que a menudo es visto como un vehículo de información más que como artilugio estético.
Los trabajos de Ms. Alexievich, se mueven entre memorias colectivas e individuales, posiciones que dividen.
“Es un logro real no solo en lo material sino también en la forma”, dijo Sara Danius, la secretaria permanente de la Academia Sueca, agregando que el trabajo de Ms. Alexievich apunta a “una historia de emociones, una historia del alma, si se quiere”.
Las historias que cuenta Ms. Alexievich son dibujadas desde hechos históricos e historias orales, pero tienen una calidad lírica y un estilo y perspectiva distintos. Ella es mejor conocida por darle voz a las mujeres y hombres a través de eventos importantes como la ocupación soviética de Afganistán entre 1979 y 1989 y el desastre nuclear de Chernobyl de 1986, en el cual su hermana resultó muerta y su madre ciega.
“Lo que ella hace tiene mucho de arte”, dijo Philip Gourevitch, un escritor del The New Yorker quien ha conminado a los jueces del Nobel a reconocer la no ficción como literatura. “Ella tiene una voz que se desplaza a través de su trabajo que es mucho más que la suma de las voces que ha coleccionado”.
Muchos de sus libros están conformados por historias orales detalladas. Quizás su trabajo más aclamado es “War’s Unwomanly Face” (“El Rostro Desfeminizado de la Guerra”), 1988, basado en entrevistas con cientos de mujeres quienes participaron en la segunda guerra mundial. El libro es el primero de una serie, “Voces de Utopia”, que dibujó la vida en la Unión Soviética desde el punto de vista de los ciudadanos ordinarios.
Ms. Alexievich ha dicho que su práctica de mezclar el periodismo y chispazos literarios fue inspirada por la tradición rusa de contar historias orales.
“Decidí coleccionar las voces de la calle, el material que yacía a mi alrededor”, dijo ella en una entrevista publicada en la página web de Dalkey Archive Press, la cual publicó su libro “Voices From Chernobyl: The Oral History of a Nuclear Disaster” en inglés. “Cada persona ofrece un texto de si”.
El trabajo de Ms. Alexievich encaja en una larga tradición literaria de narrativa de no ficción profundamente reportada, escrita con el estilo y el ritmo de una novela. Los practicantes incluye a luminarias como Truman Capote, Norman Mailer y Joan Didion y, mas recientemente, a escritores como Katharine Boo y Adrian Nicole LeBlanc. Los aficionados de los libros de Ms. Alexievich dicen que su calidad literaria los ayuda a trascender las particulares circunstancias históricas que ella está explorando, prestando un elemento de universalidad a sus historias.
“Si esto fuera pura literatura, más que esta mezcla de no ficción y ficción que ella trabaja tan bien, ella merecería obtener este premio porque ella está profundamente enraizada con la humanidad y el sufrimiento”, dijo John O’Brien, el editor de Dalkey Archive Press.
En una declaración publicada por su agente, Ms. Alexievich dijo que estaba “muy feliz” pero también afectada por la presión que llega con tal distinción.
“La parte más grande de mi camino ha sido transitada, pero aún queda mucho trabajo delante de mí”, dijo ella. “Ahora no me puedo dejar caer”.
El premio Nobel de literatura es otorgado en reconocimiento al cuerpo entero de trabajo de un escritor más que a un título en particular. Mientras el premio ha sido concedido a través de los años a gigantes literarios internacionales, la década pasada ha visto a la academia entregarlo regularmente a escritores europeos no leidos en inglés con amplitud, incluyendo al novelista francés J. M. G. Le Clézio (2008), la escritora rumana-alemana Herta Muller (2009), el poeta y traductor sueco Tomas Transtromer (2011) y el novelista francés Patrick Modiano (2014). Rendir honores a Ms. Alexievich continúa ese patrón, aunque como periodista, ella se diferencia de laureados recientes.
Nacida de padre bielorruso y madre ucraniana en lo que es ahora Ivano-Frankivsk, Ucrania, Ms. Alexeievich estudió periodismo en la universidad, y luego de graduarse, trabajó en un periódico en Brest, cerca de la frontera polaca. Después, ella empezó a investigar acerca de una forma literaria que le permitiera capturar las vidas y voces de los individuos en el centro de eventos históricos. Ella gravitó hacia la historia oral, la cual le permitió adoptar las voces de su tema como un camaleón y reflexionar sobre un diverso rango de experiencias.
“He estado investigando sobre el género que sería más adecuado para mi visión del mundo y así traducir como mi oído oye y como mis ojos ven la vida”, escribió ella en su página web. “Traté esto y aquello y finalmente escogí un género donde las voces humanas hablan por sí solas”.
Ella añadió, “Pero yo no solo registro una historia seca de eventos y hechos, escribo una historia de sentimientos humanos”.
Ms. Alexeievich a menudo toma riesgos al referirse a elementos contenciosos de la historia soviética y retar la narrativa oficial.
“Ella fue catalogada de traidora y apátrida”, dijo Gerald Howard, el editor ejecutivo de Doubleday. Él publicó el libro de Ms. Alexievich “Zinky Boys: Soviet Voices From a Forgotten War”, acerca de la ocupación soviética de Afganistán y el trauma experimentado por los soldados rusos y sus familias, cuando él fue editor principal en W. W. Norton. El título se refiere a las urnas de cinc en las cuales fueron enviados a casa los soldados rusos muertos. “Ella fue condenada en todo el territorio por este libro”, dijo él, “y ella no se retractó ni un segundo”.
Debido a su posición crítica hacia el gobierno de Bielorrusia, una antigua república soviética, Ms. Alexievich ha vivido periódicamente en el exterior, en Italia, Francia, Alemania y Suecia, entre otros lugares. Sin embargo ha vivido en Minsk, la capital de Bielorrusia, buena parte de su vida adulta. En una entrevista de 2013 para la televisión alemana, ella dijo que esperaba que la atención internacional le diera “un grado de protección” en Bielorrusia, donde la libertad de prensa está bajo constante amenaza.
Aún así, ella dijo que solo podía escribir en Bielorrusia, “donde puedo oir de que habla la gente en las calles, en los café o en la vecindad”.
Mientras ella ha desarrollado una audiencia global a través de los años, en la actualidad solo tres de sus libros están disponibles en inglés, aunque hay más traducciones en curso. En Estados Unidos, Ms. Alexievih es conocida mejor por la historia oral “Voices From Chernobyl”, la caul fue publicada en 2005. El libro, el cual ganó el National Book Critics Award, es una compilación de entrevistas con sobrevivientes del accidente del reactor nuclear. Ella pasó diez años visitando la zona de Chernobyl y realizó más de 500 entrevistas.
Su libro más reciente, “Second-Hand Time” (Tiempo de Segunda-Mano”), el cual fue publicado en 2013 y en la actualidad está siendo traducido al inglés, es su trabajo más grande y ambicioso, otro esfuerzo de historia oral basado en cientos de entrevistas con rusos quienes vivieron la caída de la Unión Soviética, desde inicios de los años 1990 hasta 2012.
El alcance y consistencia de su proyecto es único, el inmenso número de personas cuyas historias ella ha sido capaz de registrar”, dijo en un correo electrónico el escritor Keith Gessen, quien tradujo su libro acerca de Chernobyl al inglés. “Y como con muchos trabajos literarios verdaderamente ingeniosos, una reacción que las personas pueden tener es, ‘¡Eso no es tan difícil! ¡Yo pude haber hecho eso!¡ Lo cual es verdad, excepto que nadie mas lo hizo”.
Alguien observa un mensaje político obvio en la decisión del comité Nobel. El premio de Ms. Alexievich llega en un momento cuando Rusia una vez más está ejercitando sus músculos militares, en Ucrania y en Siria. Al escoger a Ms. Alexievich, el comité sueco continuó una larga tradición de usar el premio para fustigar a las autoridades soviéticas y ahora post-soviéticas.
De los cinco Premios Nobel de Literatura previos concedidos a autores que escribían ruso, solo Mikhail Sholokhov estaba en suficientes buenos términos con el gobierno para recibir su galardón y seguir siendo residente de la Unión Soviética. Los otros, Ivan Bunin, Boris Pasternak, Aleksandr I. Solzhenitsyn y Joseph Brodsky, o recibieron el premio en el exilio, o les fue negada la visa para asistir a la ceremonia de Estocolmo.
Este jueves, el presidente de Bielorrusia, Aleksandr G. Lukashenko, quien ha sido un blanco frecuente de la escritura de Ms. Alexievich, ofreció una tersa nota de felicitación.
En una conferencia de prensa después que su premio fue anunciado, Ms. Alexeievich señaló las acciones de Rusia en Ucrania como “ocupación”. El vocero del Presidente de Rusia,Vladimir V. Putin; Dmitri S. Peskov, desconoció la crítica de Ms. Alexievich sobre la agresión militar rusa. “Aparentemente, Svetlana no tiene suficiente información para ofrecer una evaluación clara de lo que está ocurriendo en Ucrania”, dijo Mr. Peskov, de acuerdo a Interfax.
Algunos escritores disidentes en Rusia tomaron su selección como una señal de ánimo de que los escritores de oposición estaban siendo escuchados.
Oleg Kashin, un periodista ruso de oposición quien fue golpeado tan severamente por asaltantes debido a su trabajo que los médicos tuvieron que amputarle un dedo, escribió que el premio amplificaría el criticismo de Ms. Alexievich al autoritarismo post-soviético y, en particular, al gobierno de Mr. Putin.
“Aparece una persona, cuya voz suena indudablemente más alto, que la voz de cualquier ruso”, escribió Mr. Kashin en Slon, un portal de noticias ruso. “Solo Vladimir Putin puede competir con un premio Nobel en el contexto de los medios mundiales, pero entonces, tal competición será una de pérdida para Putin. Putin dirá ‘si’ y el premio Nobel dirá ‘no’ y esa será la última palabra”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
viernes, 9 de octubre de 2015
La gracia que salva.
Esta entrevista con Graham Greene fue publicada originalmente en The Guardian el 11 de septiembre de 1971.
Alex Hamilton. The Guardian. 11-09-2007.
Graham Greene: “Yo sería un buen cura porque las historias entrarían por un oído y saldrían por el otro”.
Ellos dormían seis en una cama en Antibes, cuando conocí a Graham Greene en su pedazo de casa. Los relieves de los cuerpos sudados se marcaban en las sábanas tan claros como recortes de fábrica. Pero esa primera impresión de un ambiente fértil fue descartada de inmediato por el pueblo, y por el propio Greene, quien debía saber.
Llegué una noche rodeando el viejo rompeolas, donde los restaurantes se esparcen a lo largo de estrechas fisuras entre las rocas y lucen su variada intensidad de paraguas y manteles como si hubieran brotado de las rocas, y medio mundo miraba desde las montañas para observar a la otra mitad jugar a los legisladores en el polvo. Todos menos un perro que solo podía mirar hacia el mar porque su cabeza y su cuello estaban enyesados. Antibes es el lado inocente de la mafia, y ellos no quieren que su propio nido sea mancillado.
Él emergió de pronto en mi línea de visión, como salido de la niebla, con chaqueta de lona y zapatos suaves, un figura alta inclinándose lentamente en la cuesta, Isaac Deutscher con Trotsky bajo su hombro. No beberíamos donde yo había estado bebiendo, dijo él, una terraza desde la cual yo había estado reflexionando sobre la ausencia de meretrices en la costa, el fuerte Vauban como una muela desgastada en el agua, y la masa de yates blancos desde Panamá y Liberia. Él tenía una resentimiento aquí, dijo, iríamos a dar la vuelta en la esquina donde bebe la mafia. Él sirvió suficiente agua en su whisky para barnizarlo y miró alrededor esperanzado. Pero la mafia estaba jugando a los legisladores.
Mi libro era “The Lawless Roads” (“Los caminos ilegales”), dijo él, fue uno de dos compartimientos de una escritura, el otro fue “Journey Whithout Maps” (“Viaje sin mapa”. Ambos aportaron una especie a ajuste, y los ríos fluyeron de manera diferente en lo sucesivo. El habla en la pausada manera de su generación y clase, arrastrando los diptongos, y dobla las oraciones hacia una cadencia agonizante, mientras los frecuentes si que patrullan tus propios comentarios son de poco compromiso. Solo algunas de las consonantes cortantes, le dan fuerza a una voz como acero afilado.
Él había llegado desde su casa de Capri, donde había estado trabajando en una novela nueva, y habló de las biografías, las cuales parecían venderse mejor que las novelas. También habló de los biógrafos y su disgusto por el historiador aficionado, y por las editoriales y como uno notaba que la editorial católica podría ser el personaje central de una novela cómica más que cualquier otro medio.
Él dijo que estaba alegre por la oportunidad del encuentro, sentía que iba a ser agradable. El día siguiente iríamos a su casa, solo para darle tiempo de escribir sus pocas palabras de ficción antes del desayuno, y sin preguntas preparadas, uno prefería conversar. Él había tenido una entrevista con el Papa, y había sido muy parca. Bien, él era un hombre parco, a quien le habían entregado una copia de “The End of the Affair” y el único comentario que consiguió de Su Santidad había sido “este hombre tiene problemas”. Quizás la iglesia completa se estaba poniendo más parca. Él me recomendó a Lulu’s como un buen lugar. Allí hay que ir acompañado, es un sitio frecuentado por los guardacostas.
El día siguiente hablamos de encuentros casuales, y la suerte que persigue a un escritor. “Un encuentro inesperado”, dijo él. “Usted piensa que nada está bien. No tengo nada de que escribir. Entonces alguien sale de la nada y todo empieza”. ¿Alguien como quién a apareció?
“Como en Liberia. Llegué con mis transportistas a un pequeño pueblo llamado Tapis y uno encontró allí al comandante de la fuerza de la frontera, el villano de la liga de las naciones, un hombre llamado Coronel Benes, quien había cometido muchas atrocidades. Uno fue invitado a cenar con él, él bebió mi whisky, y otro había conocido al villano sin salirse de su camino para hacerlo”
¿Tenía él la capacidad para salirse de su camino, para encontrarse con un completo estraño?.
“No, esperé que él viniera a mí”.
Ha pasado mucho tiempo desde que los ríos cambiaron su curso en Liberia, México, Malya, Vietnam, el Congo, Cuba, Haití. La timidez persiste, ¿Él nunca ha encontrado una fórmula para entrar en contacto con las personas?
“Pienso que las cosas ocurren de alguna manera, ahora como entonces. Recientemente estuve en un pueblo al norte de Argentina donde no conocía a nadie. Sali de la habitación de mi hotel para cenar y una misteriosa figura vino y dijo que tenía una invitación para mí, para acampar fuera de la ciudad. Le pregunté como sabía él que yo estaba ahí, y el dijo que estaba en el hotel donde me había registrado originalmente, antes que el gobernador decidiera que yo estaría más cómodo en el que estaba ahora. Ahí me encontré sentado en una mesa para cenar con siete personas. No había tenido que acercarme a nadie”.
La ciudad, llamémosla Aguadiente, es el escenario de la novela que está escribiendo, ‘The Honorary Consul’. Las hojas tamaño libro descansan en una mesa cercana al
balcón de su apartamento de cuarto piso que mira hacia el puerto. Tamaño libro porque quiere escribir muy compacto, en contraste con el carácter suelto de ‘Travels with My Aunt’ , la cual le permitió romper con el precedente uso ordinario de papel amplio. Él escribe, muy, muy lento, y el callo de su pulgar es un pequeño hemisferio.
Por supuesto Aguadiente es un pueblo fronterizo, limítrofe con Paraguay. La frontera ha sido un símbolo de excitación para él desde la niñez, cuando como el hijo del maestro principal de Berkhamsted se aventuraba como un Quisling a través de la frontera desde el lado privado hasta el lado de la escuela. En realidad él solía atravesar fronteras en busca de un lugar, pero le atraía el paso de Aguadiente durante la noche subiendo el Paraná en un bote. Regresó sin una historia, pero tenía un sueño, para él ese era el lugar del sueño en el que quería trabajar. Como con muchas de sus historias, este fue el sueño donde empezó esta.
Y de alguna manera las cosas ocurrieron. El cónsul paraguayo de la provincia fue secuestrado en Buenos Aires, un cura fue excomulgado, estaba el arresto domiciliario del arzobispo, una bomba en la catedral, un carro subió al ferry, un suicidio en el río. Y finalmente un hombre muerto en un campo, aunque eso pudo haber ocurrido en cualquier lugar. El sueño había dejado de ser necesario.
Nada más sobre esta novela, dijo Greene. La gracia que salva en el infierno de escribir es la sorpresa: “Los puntos escondidos de los personajes”. Algunas veces se esconden juntos, haciendo erupción para alterar la estructura completa, como Minty en “England Made Me”. Erupcionó para bien, pensó él. A él también le gustaba olvidar.
“Siempre digo que sería un buen cura porque las historias me entran por un oido y salen por el otro. El poder de olvidar es parte de lo creado también. Llega desde el subconsciente de otra forma. Hay una diferencia entre el trabajo de un reportero, y el de un novelista. El tuyo es recordar, el mío olvidar. De alguna manera lo que uno olvida se convierte en la memoria irreconocida del futuro”.
Despues recordé quien dijo ‘La literatura es un proceso planificado para olvidar”. Conrad.
¿Así que las personas anecdóticas serían de poca utilidad para él?
“Me gusta más escuchar en exceso a que me cuenten. Adoro escuchar a escondidas. Ese fue mi castigo en Suramérica, que mi español es muy malo para escuchar bien disimuladamente”. ¿El valor peculiar que es sacar eso fuera de contexto le dio un curioso interés dramático?
“Exactamente. También favorece la consciencia de uno. Uno obtiene una historia la cual es completamente irreal y por lo tanto no puede ser identificada”.
Crepúsculo apilado sobre el aislamiento. Con su predisposición por el aburrimiento, ¿no sufrió una cierta angustia, arbitrariamente estacionada en algún banco de arena extranjero? Él reconocía una cierta timidez. Cuando sabía a donde iba, tomaba sus libros. Como en el lazareto del Congo. El primer día fue casi sin compromiso. Él tenía una choza, con mesa, mosquitero y cama. Él no podía hablar el lenguaje africano de los leprosos que lo miraban, aunque almorzaba con el cura y doctor belga. Pero cuando él desplegó sus libros pensó: “Este es mi estudio, esta es mi casa”.
La experiencia inspiró ‘A Burnt Out Case’ (‘Una Caja Quemada?), la novela acerca de un refugiado creado por la arquitectura de su talento creativo en el que alguna vez había perdido la fe. Por un tiempo luego de ese libro Greene pareció agotado en su escritura. ¿Se debería hacer el paralelismo?
“Nadie tenía un bloqueo mental, causado por la fatiga y quizás por vivir con un personaje pesimista como Querry por dos años. Aliviado por escribir los sueños de uno…Cuando tenía 60 años yo tenía un gran sentido de mi edad. Empecé un libro de no ficción llamado ‘The Last Decade’ y después que había escrito cuatro páginas olvidé mi edad. Aunque uno está consciente, usted sabe, de que a los 66, esa pared está ahí, que si uno quiere terminar esta novela, no debe empezar a divagar”.
¿Se había sentido él divagando en las guerras, que podría no haber salido por razones físicas externas?
“Solo una vez, hace dos años en Israel. Pasé dos noches en un enredo israelí en El Qantara, pedí prestado un Jeep para observar las posiciones a lo largo del canal, y todo estaba tan tranquilo como podrías desear hasta nuestro retorno. Entonces todo se quebró desde el lado egipcio. Lo que me preocupaba después que corrimos a las dunas era cuando los israelíes replicaran eventualmente, porqué pensé que los egipcios notarían que habían estado disparando en exceso. El mortero no funcionó, pero pensé, ‘Es un poco necio estar involucrado en la guerra de otros a mi edad, y estar recostado tres horas sobre una duna en una tarde caliente, sin un sombrero’”.
Él había querido sobrevivir entonces. Una historia diferente de nuestra propia guerra con el eje. Para esa oportunidad él estimaba que había una posibilidad muy grande de no sobrevivir: los ataques a África, los submarinos de guerra, las enfermedades de África, todo se configuraba en un pronóstico de muerte. Pero debido a que era el cumplimiento de un deseo se había dejado de lado las oportunidades, las bajas no fueron tan grandes. En esos años (los cuales siguieron inmediatamente el cierre de su autobiografía ‘A Sort of Life’), su escritura se oxidó con el mal uso y el desuso. Dije que suponía que la indiferencia era una forma de pecado. Él estuvo de acuerdo en que podría ser, pero él nuca había sido contrario al pecado. De cualquier modo este deseo de no sobrevivir había sido menos indiferente que la apatía de una situación personal (recuerdo el prefacio de ‘The Confidential Agent’-1939- escrito en seis semanas mientras avanzaba lentamente en “The Power and the Glory -1940- donde el atribuye la ruptura de su matrimonio al rencor resultante del esfuerzo bencedrina). Pero él no diría lo mismo hoy. Sobre todo el pelearía para sobrevivir ahora. La adrenalina de Suez había sido un arranque repentino comparado con el advenimiento del ataque. “Siento cierto placer al ser asustado”, dijo él. “Eso anima a uno después”. Pero ¿cada variedad de ruleta rusa puede ser jugada tan a menudo, antes que fluya la adrenalina? “Si”, dijo él, con ese movimiento torácico que acompaña particularmente sus aseveraciones más enfáticas., “y uno tiene miedo de estar enfermo detrás del piloto”.
Hablábamos de zonas del mundo donde su reingreso promovería mucha adrenalina. Él había sido vetado en Vietnam del Sur por “The Quiet American”. Él no arriesgaría su vida en Haití. Él pensaba que el general Stroessner no lo recibiría de nuevo en Paraguay. No estaba seguro si lo dejarían regresar a Checoslovaquia, luego de las recientes declaraciones de sus puntos de vista en los medios de Praga, pero podrían, ya que todavía lo están publicando. En Rusia el había mordido su nariz para escupir su cara, al poner un interdicto a la publicación de sus trabajos, contra Daniel y Sinyayasky. Las personas han criticado eso como un gesto vacío, pero estaban equivocadas, los rusos han sido muy escrupulosos con los royalties. Si, él concordaba con el punto de vista de Pyle en ‘The Quiet American’ en que una opinión es una acción, especialmente si los tanques rusos están de por medio. Un individuo no puede hacer más que un comité, o un sindicato de escritores, porque no se necesita compromiso.
Él podía regresar, a Freetown, el escenario de ‘The Heart of the Matter’ (un libro muy popular, excepto por su autor) pero el problema era…la oportunidad del encuentro. DE hecho el había regresado y, saliendo de la oscuridad de su hotel, fue tomado por el brazo viciosamente. Una voz cavernosa le dijo: “¡Holaaaa, Greene! ¡Soy Scobie!”
Mencioné la vieja historia de su veto de Butlin’s por espiar del orificio de un tabique y él dijo que nunca la había oído.
“Me caí en la pista de baile”, concedió él. “Esa fue la profundidad de mi desgracia. Fui con Edward Ardizzone y llegando a Clacton nos animamos cuando el taxista dijo ‘¡Ese burdel!’ pero tristemente el lugar no tenía ni pizca de eso. Se parecía mucho al lugar que había anticipado en ‘The Confidential Agent’. El efecto agradable proveniente del desayuno la segunda mañana”.
Las personas quienes lo consideraban un escritor alienado de Inglaterra deberían recordar, dijo él, que la mitad de su trabajo fue hecho allí. En sus primeros años un libro le tomaba nueve meses y la idea del próximo aparecía cuando estaba a dos tercios de terminarlo. Ahora le toma dos años o más, y nada más le viene a la cabeza sino pocas ideas para cuentos, en las cuales sin embargo, disfruta más de lo que solía, extendiéndolas para abrir espacio a la sorpresa. Una vez, el podía hacer andar a un personaje, pero ahora divaga, de lo anodino al aburrimiento, la necesidad de locomoción urge a su imaginación. Él nunca lee artículos (el, la, los), porque eso tiene el efecto de hacerlo auto consciente. Lee las revisiones de un libro nuevo hasta enfermarse con las relecturas de su propio argumento corregido. El único estímulo que viene de la crítica es un ensayo perceptivo de otro escritor, como el libro de Erich Heller ‘The Artist’s Journey into the Interior’, el cual redespertó la excitación de escribir.
No habrá más teatro luego de la debacle de ‘Carving a Statue’. Previamente él había dedicado más tiempo al teatro, pero tuvo una horrible diferencia de opinión con los actores. Él pensaba que había escrito una farsa negra, su mejor obra, pero el actor estaba resuelto a no ser agradable, él pensaba en una pieza de Ibsen sobre God the Father. El inglés algunas veces promueve el estado de ánimo equivocado, como su novela ‘Travels with my Aunt’. Fue catalogada como agradable, cuando por el contrario era una sátira a la sombra del cadalso, como había dicho un sueco perceptivo.
No habrá más autobiografía después de ‘A Sort of Life’ excepto por los prefacios de su Collected Edition. Él tiene poca memoria de sus trabajos, y revisitarlos ahora siempre es un negocio doloroso. ¿No teme las inevitables versiones de alguien más sobre su vida?
“Espero que como la guerra de Vietnam puede cesar, este deseo de grandes tomos biográficos también debería…Yo solía disfrutar las viejas biografías victorianas de tres versiones. Uno sentía que estaba haciendo su propia biografía con ese material. Algo fascinante en un libro aburrido. Cada 56 páginas algo interesante, como si buscaras metales preciosos con un contador Geiger”.
El problema con ‘A Sort of Life’ ha sido que dejar fuera. Al final él se ha dejado llevar por su consciencia como novelista, y sacó una larga sección sobre la vida prostituta en el Londres de loa años veinte, para no romper la continuidad de la historia. Hablamos de eso, las dos o tres muchachas que el había conocido personalmente, como Soho había ido cuesta debajo de las muchachas a las casas de juego, como Butler había mostrado ser el peor de los secretarios del hogar con su llamado acto de limpiar las calles, como Maupassant había sido el único escritor en llevar a las meretrices a la ficción, hasta que dijo que yo estaba suministrando el desequilibrio que él había evitado. Pero si, eso todavía podía ser una buena monografía.
Cualquier tipo de inicio ahora es un horror, pero no escribir es un horror peor. “Uno se hace desagradable, uno insiste, uno no puede quedarse solo, uno no puede leer un libro con comodidad. Uno siente un asomo”. Ahí permanecen las atracciones de Scylla y Charybdis, el comunismo y la iglesia católica. En cualquiera de los dos, dijo él, hubiera sido un protestante. Él nunca ha estado tan a la izquierda como en sus días de Oxford. He oscilado, eso es todo. En Malaya yo era anticomunista. Esa fue una Guerra a cargo de los mercenarios chinos, contra la población malaya. Yo tenía mucha simpatía por los franceses en Vietnam, pero giré hacia atrás, y con la invención americana me hice aun más simpatizante comunista. Por otro lado el combate con Rusia, aún después de Stalin, ha convertido en disgusto esa forma de comunismo”.
Él prefiere a Freud antes que Jung, cuya benevolencia lo hace sospechoso. Y como hace tiempo hizo su tarea técnica sobre los prefacios de Henry James, Conrad, etc., ya no tiene interés en teología, al haber hecho su tarea sobre Newman, Bonhoeffer, San Juan de la Cruz y el único libro que le gustó del padre D’Arcy, ‘The Nature of Belief’. Tratar de hablar de la patología de la urgencia del martirio era algo parecido a un callejón sin salida.
“Y por qué no tomar símbolos desde el amor humano, cuando estos son los más cercanos ¿tenemos que ser ecuánimes? Algunos de los poemas de Crashaw podrían ser absurdos, pero no cuando son sentidos. “Él es sospechoso de misticismo y (pausa larga) no quiere creer en la revelación. “He visto alguien quién tuvo el elemento milagro, Padre Pío en el sur de Italia. Él no fue místico, sino un campesino sólido quien tenía el estigma. Estoy un poco en guardia contra el misticismo porque se acerca a la poesía falsa. No aprecio a Juliana de Norwich, ni a Evelyn Underhill. El misticismo del este es un libro cerrado para mí. No puedo apreciar a Milton. Me refiero a que son puntos ciegos para mí”.
Pero la utilidad de ser católico permanece intacta. “La iglesia tiene el mejor servicio de inteligencia del mundo”. Dondequiera que va, el siente que tiene una carta de presentación para el miembro de la comunidad mejor informado. Los encuentros no son casualidad. “Uno aprende mucho de los curas”. ¿Y de las mujeres? “No tanto como de los curas”, replicó rápidamente. Esperé. “De las mujeres”, dijo él lentamente “uno aprende de uno mismo. Y eso es importante para el escritor”. Él dijo una vez que el sexo y el miedo se interconectan. “No pienso que yo sea miedoso. Soy una víctima, no un productor de miedo”.
¿Podía sentir él algún sedimento positivo en los remolinos de pasión humana? “Yo no debería querer ver a mis amigos en uno. Siendo yo uno de ellos, uno ha experimentado la obsesión en varias ocasiones, las cuales han ido muy lejos, y ahora me gustaría controlar la obsesión, mucho más fácil con la edad…”
“Yo no estaría asustado de la tristeza o el dolor por algo particular. La miseria histérica me asusta, mucha de esta emerge en los límites lejanos del lugar como suicidios. Esto es un instinto de autoconservación mío”. ¿No debería permitirse que las otras personas tomaran sus propias decisiones? “Oh si, fue falta de Scobie que él no lo hiciera”.
¿Y puede un escritor solicitar privilegio? Esta vez la sonrisa desde mucho más adentro.”Siempre digo ante el buen Dios, ‘Bien me hiciste escritor, y si he conseguido más logros que otros, es porque Tú lo hiciste’”.
Le agradecía por un tipo de entrevista, y algo parecido a esta empezó a avanzar. Hablamos de apuestas, y él dijo que había ganado 250 libras esterlinas en las mesas en Niza y había estado tentado a colocarlo todo al rojo o el negro, pero había sido disuadido. ¿Por qué tenía una muchacha como mascota? “Si. También gané 190 libras en Beaulieu aunque, con mi editor Max Reinhardt como acompañante. La única superstición que tengo es jugar al 19 y espero a que salga hasta que enfoco líneas y cuadrados”. Él hizo que eso sonara como el ómnibus de Clapham. El sol de la tarde apretaba. Yo lamentaba dejar sus dominios, con la mesa, el sofá, dos sillas, una caja de libros y tres pinturas. Había un mazo de barajas en la mesa. ¿Paciencia? Pregunté. “Gin rummy”, replicó él. Sonrió. “Un juego para dos”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 5 de octubre de 2015
¿Valoramos el trabajo de destrezas menores?
Brittany Bronson. The New York Times. 01-10-2015.
Las Vegas.- En el casino restaurant donde trabajo, la mayor exigencia de trabajo llega a las 10 p.m. El espectáculo cercano arranca, envía 30 invitados a mi sección a la vez. Por las próximas tres horas, mi cuerpo está en constante movimiento, navegando con rapidez entre las mesas, balanceando vasos grandes entre los dedos, manejando una lista de prioridades creciente sin expresar pánico.
En un restaurante de ritmo acelerado, estas son destrezas clave. Pero en nuestra retórica económica, son catalogadas como “destrezas menores”.
Tomar órdenes no demanda una educación universitaria. Llevar bandejas de cocteles requiere resistencia física, pero no conocimientos complejos y extensos. La mayoría de las personas que caminan en los pasillos de un casino, empleados de limpieza, conserjes, vendedores al detal, son catalogados como obreros no calificados, y las leyes del capitalismo especifican que todos somos reemplazables fácilmente. Cualquiera puede ser entrenado para hacer nuestros trabajos.
Los titulares nos dicen “Profesionales universitarios están subutilizando sus títulos en trabajos de baja preparación”, que “Los trabajadores calificados están escasos”. Somos formados, en la cultura del capitalismo estadounidense, para creer que cierta cosa, sin discusión, llamada el valor del trabajo está definida por la complejidad de la tarea y no por la ejecución de esta, que ciertos tipos de trabajo no merecen que se les dedique toda una vida.
Pero algunas noches, cuando mi memoria y cuerpo multitareas están sincronizados, cuando me encuentro desplazándome calmadamente a través del murmullo de un recinto lleno de personas animadas, me siento convencida de que no cualquier persona puede hacer este trabajo tan bien como yo.
Los términos “no calificado” y “trabajo de preparación menor” contradicen el cuidado y la precisión con la cual mis compañeros de trabajo, quienes tienen una variedad de formación educativa y fluidez de lenguaje, ejecutan sus tareas. Un nuevo servidor empleado puede aprender a decir, “Llevar estos platos de aquí para allá”, pero un servidor calificado asistente puede limpiar una mesa en un viaje, simplemente con una cuidadosa ubicación de los platos a lo largo del antebrazo o entre sus nudillos.
En el negocio de los restaurantes, llamamos a eso “una buena movida”.
El cuerpo absorbe información de la misma manera como lo hace la mente, con observación y estudio. Como un atleta, un trabajador al completar la misma tarea por milésima vez sabe que la memoria muscular y la precisión son herramientas poderosas. Pero en el lugar de trabajo no hay gráficas avanzadas, o repeticiones en cámara lenta que resalten le eficiencia del movimiento, la priorización de tareas o como un acercamiento más meticuloso puede significar la diferencia entre un cambio caótico y otro que no se percibe.
En lugar de eso, la rutina, la naturaleza repetitiva de estos trabajos es percibida para definir las limitaciones de los trabajadores, más que sus capacidades. Y aunque la mayoría de los trabajos de baja preparación requiere una constante interacción con las personas, debido a su status de salarios bajos es considerada un punto muerto, más que un testamento de la habilidad de un individuo para adaptarse y especializarse.
Las etiquetas trabajadores de “preparación menor” o “no calificados”, la mayor parte son mujeres adultas y las minorías, a menudo describen de manera imprecisa las habilidades del individuo, pero juegan un papel poderoso para determinar sus oportunidades. Las consecuencias no solo son severas, sino increíblemente desalentadoras: remuneraciones a nivel de pobreza, horarios erráticos, ausencia de un plan de jubilación, de beneficios de salud, de ser remunerados cuando están enfermos y no tienen el respaldo de una familia, y la constante amenaza de ser despedidos.
En vez de una calidad de trabajo mejorada, las recompensas de los trabajadores orientados a las tareas, son palmadas en la espalda y la constante recomendación de aspirar por algo mejor.
Y por supuesto, los usuarios también sufren: Cuando usted presencia al servidor de un gran restaurant o ve a un conserje particularmente efectivo en su trabajo, no está observando un talento al azar, sino a alguien quien se tomó el tiempo de aprender su trabajo y mejorarlo. Ahora imagine si a más trabajadores de “preparación menor” les fuera proporcionada la compensación, seguridad laboral y apoyo para hacer ese trabajo.
En mi trabajo como profesora universitaria, veo estudiantes quienes aspiran hacer un trabajo “mejor” que uno de preparación menor. Muchos son hijos e hijas de trabajadores de restaurantes y empleados de servicio doméstico, los primeros en su familia en asistir a la universidad, y escogen la universidad con la firme creencia de que con esa educación, evitarán los tipos de trabajo que tienen sus padres. Recientemente un estudiante me dijo que la única razón por la que él busca un título es que él no “quiero trabajar en un empleo que no requiera destrezas”.
Por más que quiera asegurarle que su educación le garantizará eso, no puedo. El hecho es que, más y más graduados universitarios terminarán en trabajos que no requieren las destrezas por las que ellos pagaron y se esforzaron tanto por obtener.
Esa es la mayor razón por la que necesitamos hacer un mejor intento en convertir a los trabajos de preparación menor en opciones que valgan la pena, principalmente subiendo el salario mínimo, y de manera más significativa respecto a lo que proponen las medidas actuales.
Tales esfuerzos están sujetos al interminable debate de si subir el salario mínimo significa inflación, disminución de empleos para trabajadores jóvenes, y un mercado más competitivo para trabajos orientados a tareas simples.
Pero el reto más difícil es redefinir el lenguaje y las percepciones que atrapa largos segmentos de trabajadores confiables en la pobreza. Todo trabajo puede ser ejecutado con destrezas, pero negar esa formación es útil para aquellos quienes justifican el pobre trato, y compensación injusta, de millones de trabajadores.
Convencer a esos trabajadores de que su tratamiento es temporal, que si se mantienen trabajando duro, aprenden a hacer su trabajo más rápido, más eficientemente, con más fluidez, ellos trascenderán esa etapa, es un mito que no podemos seguir manteniendo.
Britanny Bronson es una profesora de inglés en la University of Nevada, Las Vegas, mesera en un restaurante y escritora colaboradora de artículos de opinión.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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