viernes, 5 de julio de 2019

Boston hagámos esto.

Kemba Walker. Boston Celtics. 1 de julio de 2019. __________________________________________________________________________________________________________________________ Esta fue una decisión extremadamente dura, y espero que las personas de ambos lados lo tomen de la mejor manera. Le debo a Charlotte todo, hombre. Todo. No soy el tipo más grande, ni el más ruidoso, ni el más rápido. He tenido detractores toda la vida. La noche del Draft, en 2011, no fue nada diferente. Oi cada chisme. Si, fue bueno en la Universidad…pero ¿estás apunto de convertirlo en tomarlo por la lotería? Se oyen muchas conversaciones como esa, y eso te afectará. Sin embargo, Charlotte, y la organización de los Hornets, se aseguraron de que eso nunca me alcanzara. Y la manera como aseguraron eso es que, después de ser escogido como novena opción, tuve esta conversación cara a cara con el dueño del equipo. No era cualquier dueño de equipo. Se trataba de Michael Jordan. Me llamó…y por supuesto reconocí su voz de inmediato. (Recuerdo haber pensado en ese momento, algo así como…Caramba, es Mike). Y con calma y amabilidad dijo: “Kemba, creemos en ti. Quiero que sepas eso. Creemos en ti, esperamos grandes cosas”. Para algunas personas, eso probablemente suene como una vieja conversación cualquiera. Pero lo que hay que entender es…es como si dijera: ¡Es Mike. Es Air Jordan! Es el más grande, punto. Y tienes al más grande, punto, no solo escogiéndote tan alto en el draft…sino también hablándote de lo mucho que espera de ti. Hombre, no exagero cuando digo que esas palabras de MJ cambiaron mi vida. Y luego no fue solo MJ. De verdad, desde el primer día, toda la organización de los Hornets, creyó en mí. La ciudad entera de Charlotte creyó en mí. El estado entero. ____________________________________________________________________________________________________________________________ Pienso que como los Hornets son una franquicia joven en esta liga, las personas tienen la idea de que sus aficionados son tal vez más del tipo casual. Pero si se ha pasado algún tiempo en Carolina, se sabe que para nada ese es el caso. La cultura de los aros está muy arraigada en esa area. Ellos lo entienden y lo respetan. Así que en un lugar como ese… cuando ellos te toman como uno de los suyos. Y creen en ti, y siempre te respaldan en todo momento. Eso significa todo. Solo quería agradecerles. Agradecerles por dejarme ser miembro de su comunidad. Agradecerles a personas como Elizabeth y Mike Peeler. Y si no lo saben, ellos son esa vieja pareja de super fanáticos de los Hornets que asiste a casi cada juego en casa. Los conoci durante mi año de novato, y conversamos mucho…y muy pronto nos hicimos buenos amigos, y hablábamos en los juegos todo el tiempo. Eso produjo la agradable tradición donde ellos me invitaban a cenar una vez al año. Los brownies caseros de Mrs. Peeler…de seguro los voy a extrañar. Tengo que darle un espaldarazo especial a mis cuatro protegidos: Jalilah, Miles Caleb and Devyn. Ellos son mis héroes, hombre. Significan todo para mí. Eso nova a cambiar con mi partida, de hecho soy su mentor para toda la vida, y nos mantendremos en contacto. Pero quiero agradecerles, porque han sido esenciales en hacerme sentir parte de esta ciudad. Desde nuestras visitas a Dave & Buster’s, hasta ir de compras de implementos escolares, hasta reflexionar sobre la vida. Si me detengo con ellos, es porque eso me hace sonreir. Y aunque no los voy a avergonzar hablando mucho de sus tarjetas de reporte…déjenme decir que estoy muy orgulloso de lo que han logrado. Agradezco a mis compañeros de equipo, mis hermanos. A Biz, con quien empecé este viaje en la NBA, ha sido un placer crecer contigo. A Marv, a quien siempre admiraré, gracias por todas las conversaciones de tarde en la noche. A MKG…tu familia se convirtió en mi familia. A JLamb, caramba pasamos de muchachos a hombres. Ya sabes como nos fajamos. A Cody por cargar la marca hacia él una y otra vez sin quejarse por tener el balón. ¡Eres grande! A Frank, gracias por las risotadas. A Nic, gracias por siempre ser tú. A Billy, gracias siempre tener esa actitud positiva todos los días de la semana. A Bake, Devonte, Miles y Malik, ¡gracias por permitir que me convirtiera en su hermano mayor! Y a TP, la leyenda…gracias por enseñarme a ver el juego con una completa y nueva perspectiva. Gracias a mis viejos compañeros de equipo quienes me mostraron el camino: Big Al, Gerald Henderson, SaganaDiop, D.J. Augustin, Ben Gordon, Derrick Brown, Chris Douglas Roberts (CDR), Troy Daniels, Reggie Williams, Corey Higgins, Matt Carroll, Brendan Haywood, Jason Maxiell, JanneroPargo, Ramon Sessions, Courtney Lee, Gary Neal, Corey Maggette, Jeff Adrien, Tyrus Thomas, Boris Diaw….. y la lista sigue. Gracias, una vez más, a Mike. El Goat en todos los sentidos. Y finalmente…quiero reconocer a toda la organización de los Hornets, de arriba abajo. Lamento que no hayamos sido capaces de pasar al próximo nivel, y hacer un poco más de lo que hicimos. Pero aún si nos quedamos cortos en algunas de nuestras metas, eso no cambia lo orgullosos que me siento de lo que construimos juntos aquí. Este lugar es especial. Y mientras este verano fue el momento adecuado para mi partida hacia otra fase de mi carrera, eso no le está quitando nada a la fanaticada ni ala franquicia de los Hornets. Si alguien de la liga preguntara por mi consejo, le animaría a que firmara con ustedes, sin dudar. Le diría que se trata no solo de grandes personas de baloncesto, sino de grandes personas, y hablo de eso en el sentido positivo. Le diría que con ese grupo joven de Charlotte, el cielo es el límite. ___________________________________________________________________________________________________________________________________ Y ahora para la ciudad de Boston, y los aficionaos de los Celtics de todas partes, como dije: Soy más del tipo tranquilo. De pocas palabras. Lo diré en un minuto. Principalmente quería decir un breve hola, y decirles un poco de mí, para que sepan que esperar. Soy un líder a mi manera. Nunca voy a gritar a nadie en la cancha, o ponerme super negativo. No es mi estilo. Lo que hago es enorgullecerme de apoyar a mis compañeros de equipo para ser mejores. Soy ese tipo de líder por ejemplo. Me gusta hacerlo de manera directa. ¡Siempre estoy buscando mejorar! Estuve por primera vez en el equipo de estrellas de la NBA la temporada pasada, pero no trato de sentirme satisfecho por eso. Trato de ganar motivación. Cada año, mi meta es simple; mejorar, ir más allá. Asumo mi responsabilidad como profesional muy seriamente, pero en primer lugar también trato de no perder la perspectiva de porque estoy aquí. Amo este juego. Así que vamos a fajarnos por los tobos…vamos a fajarnos por esas paradas…pero diré algo más: vamos a divertirnos allá afuera. Y pueden apostar a que va a ser divertido vernos jugar. Y una última cosa acerca de mí: Soy un ganador. Siempre he sido un ganador. Es lo que soy, o al menos lo que trato de ser, cada vez que piso la cancha. Cuando pienso en mi futuro con este equipo, y como ahora voy a estar jugando con los Celtics…Me siento como si se tratase de un juego en el cielo. Quiero ganar a aquí con toda mi alma, estoy emocionado de probarme como ese tipo de jugador en esta liga. Quiero elevarme en esa tradición ganadora de Boston. Quiero llevar a este equipo de vuelta a la cima. ___________________________________________________________________________________________________________________________________ Pienso que eso era todo lo que quería escribir aquí. Gracias por tomarse el tiempo para leer estos pensamientos. Charlotte….. ustedes serán mi gente por siempre. Son familia. Los amo. Y Boston…..los veré en septiembre. Estoy listo. Listo de verdad. Hagamos esto. ____________________________________________________________________________________ Traducción: Alfonso L. Tusa C. 03 de julio de 2019.

martes, 7 de mayo de 2019

John Havlicek, uno de los Celtics más grandes de todos los tiempos, fallece a los 79 años de edad.

John Powers The Boston Globe. 25 de abril de 2019. John Havlicek, el superestrella inesperado que convirtió a un jugador de la banca en una carrera de Salón de la Fama y se convirtió en líder anotador de todos los tiempos de los Celtics de Boston, falleció este jueves 24 de abril en Jupiter, Fla. Cada una de las 16 temporadas de Mr. Havlicek fue jugada con el uniforme de los Celtics, 13 de ellas como estrella. Estableció registros para la liga en juegos efectuados (1270) y temporadas seguidas de 1000 puntos (todas las 16), mientras jugaba para distintas dinastías- Era conocido por sus grandes pulmones y una ética de trabajo épica, constantemente se fajaba en el tabloncillo segundo a segundo y mantenía al tope sus destrezas cuando otros baloncestistas anunciaban su retiro. “Havlicek robó el balón” es todavía una de las grandes exclamaciones en la historia del deporte, emitida por el narrador Johnny Most y repetida por un incontable número de aspirantes a jugador en caimaneras a través de la región muchos años después. Mr. Havlicek sufría de mal de Parkinson. Su deceso fue confirmado por los Celtics. “John Havlicek es uno de los jugadores más destacados en la historia de los Celtics de Boston, y la fachada de muchos momentos relevantes de la franquicia”, dijeron los Celtics en una declaración. “John era bueno y considerado, humilde y gracioso. Era un campeón en todos los sentidos, y mientras nos unimos a su familia, amigos y aficionados en el luto de su pérdida, nos sentimos muy agradecidos por toda la alegría e inspiración que nos trajo”. El inquilino del Salón de la Fama Bill Russell, quien jugara junto a Mr. Havlicek por siete años antes de entregarle la capitanía, dijo, “Él es el mejor jugador que haya visto”. Los ocho anillos de campeonato de Mr. Havlicek fueron terceros tras los 11 de Russell y los 10 de Sam Jones. “Si no me hubiese dislocado el hombro en 1973, definitivamente habríamos ganado ese año”, reflexionó él. “Y si hubiéramos mantenido a Paul Silas y a Westy (Paul Westphal) podíamos haber conseguido otro”. Aunque Mr. Havlicek promedió más de 20 puntos por juego como jugador que cumplía todo tipo de trabajo, a pesar de clavar aproximadamente un balón por década, él era mejor conocido por una jugada defensiva que salvó la temporada de 1965 y permitió a los Celtics ganar su octavo título. Con Boston ganando por un punto ante Filadelfia y cinco segundos por jugar en el séptimo juego de la serie final de la Conferencia Este en el viejo Boston Garden, los 76ers tenían posesión del balón con oportunidad de ganar el juego. La narración radiofónica de Most sigue siendo la más famosa en la historia de la franquicia: “Hal Greer pone el balón en juego. ¡Hace un pase en profundidad y Havlicek se lo roba! ¡Se la pasa a Sam Jones! ¡Todo ha terminado! Aunque Mr. Havlicek, quien estaba marcando a Chet Walker, estaba de espaldas a Greer, tenía un sentido innato para ubicar la pelota en el aire. “Yo sabía que él tenía cinco segundos para penetrar, así que empecé a contar, 1001, 1002, 1003”, recordó Mr. Havlicek. “Usualmente algo ha ocurrido para entonces. Así que a los 1003 y medio, empecé a apresurarme un poco más”. El estilo meticuloso de Mr. Havlicek en el baloncesto se reflejaba en la precisión de su vida diaria. “Sus ropas están colgadas con espacios de media pulgada entre ellas en el escaparate de casa”, dijo su esposa, Beth, cuyo marido doblaba sus medias en un gancho del camerino y se peinaba en el entretiempo. “Todo desde el botiquín de medicinas hasta las gavetas del escaparate y el garaje es mantenido de esa manera. John probablemente nació de esa manera”. Estrella de varios deportes, John Joseph Havlicek, cuyo padre emigró desde Checoslovaquia, nació en un pueblo carbonero y acerero del este de Ohio y vivía en el piso superior de la tienda de alimentos de sus padres. Su abuelo y tíos trabajaban en las minas. Aunque de chico daba frecuentes muestras de debilidad (”El llanto y la enfermedad eran mis marcas de fábrica”), Mr. Havlicek se convirtió en un atleta excepcional en varios deportes. En Ohio State, donde el entrenador de futbol americano Woody Hayes lo reclutó sin éxito como mariscal de campo, Mr Havlicek jugaba primera base en el equipo de beisbol y en segundo año fue jugador regular en el equipo Buckeye de baloncesto que ganó su único campeonato nacional en 1960. Dos años después, los Celtics lo seleccionaron de séptimo en el draft de la NBA y esperaban que no se decidiera por el futbol americano profesional, porque los Browns de Cleveland habían escogido a Mr. Havlicek en la séptima ronda de ese draft aunque él no había practicado ese deporte desde la escuela secundaria. Luego que Mr. Havlicek fuese el último corte del campo de entrenamiento de los Browns, regresó a Boston y comió su primera comida en la cafetería Hayes-Bickford frente al Garden. “Miren lo que tenemos aquí”, dijo maravillado el entrenador Red Auerbach mientras miraba a Me. Havlicek en constante movimiento durante la primera práctica del equipo. Como los Celtics venían de su cuarta temporada seguida ganando el campeonato y estaban cargados de estrellas establecidas como Bob Cousy, Tom Heinsohn, Jones, y Russell, su novato fue inmediatamente considerado como substituto. “Llegué en una gran situación donde tenía a todos esos veteranos a mi alrededor”, observó Mr. Havlicek quien era apodado “Hondo” por su parecido con John Wayne en aquella película de 1953. “Y en el proceso de ósmosis, me parece, me convertí en una de las personas en quienes ellos podían delegar”. La versatilidad de Mr. Havlicek como piloto y alero lo convirtió en un sexto hombre natural, un papel creado por su compañero de equipo Frank Ramsey, quien se retiró después de la temporada siguiente. “Pienso que las personas enfatizan mucho en los jugadores que comienzan el partido”, observó Mr. Havlicek, quien disfrutaba sus asignaciones. “El énfasis debería hacerse en los minutos jugados”. Mr. Havlicek, quien promedió casi 37 minutos por juego durante su carrera, tenía una fuerza extraordinaria, apoyado en unos pulmones tan grandes que sus placas de rayos X tenían que ser tomadas por separado. Él estaba muy orgulloso por su durabilidad y confiabilidad; solo perdió 33 de 1303 juegos de temporada regular y salió del juego por faltas cometidas solo 21 veces. “Debería haber una tecla gigante pegada a su espalda”, dijo Russell una vez. “Solo lo llamabas y tocabas, clic, clic, clic, y lo metías a jugar 48 minutos”. Mr. Havlicek no tenía problema para estar en el tabloncillo el tiempo reglamentario y más allá. “Estoy listo para jugar 48 minutos todo el tiempo”, decía él. “Descanso en los tiros libres y en los tiempos pedidos por los entrenadores”. Marcar a Mr. Havlicek, quien se movía constantemente, era una tarea muy exigente. “Era como un correcaminos que te hacía correr por cada atajo, por cada canal de irrigación, cortafuegos o baranda de corral”, observó el gerente general de los Lakers de los Angeles Pete Newell, cuyo equipo de la University of California perdió el título ante Ohio State en la final de 1960. “Tenías que correr muchísimo cuando jugabas contra él”. La capacidad de Mr. Havlicek para mantenerse activo todo el tiempo juego tras juego fue muy valorada durante la reconstrucción de los Celtics al comienzo de la década de 1970, luego del retiro de Russell y Jones, cuando se convirtió en lo que Auerbach llamaba “las agallas del equipo”. “Me convertí en el viejo del equipo en un año, debido a los retiros”, observó Mr, Havlicek. Para entonces había asumido que estaba cerca del final de su carrera. “Para ser honesto, nunca pensé que duraría más de ocho o nueve años”, dijo Mr. Havlicek. “Cuando llegué, ese era más o menos el límite”. Aun así a los 30 años de edad, él era la piedra angular del equipo, lideraba la liga en minutos jugados. “Es un jugador completo…lo tiene todo”, dijo Hensohn, quien jugó tres temporadas con Mr. Havlicek y lo dirigió otras nueve. “No depende de nadie”. Luego de rechazar una oferta de un millón de dólares para emigrar a la American Basketball Association en 1969, Mr. Havlicek dejó claro que esperaba ser compensado como el hombre importante del equipo. “Ahora es mi turno”, dijo él. “Por años, los mejores contratos fueron para otros jugadores del equipo, podía entenderlo. He alcanzado todos los patrones que los Celtics usan para recompensar a sus jugadores”. Buscando la manera Lo que distinguía a Mr. Havlicek de sus compañeros de equipo y los rivales era su atención obsesiva por los detalles, los cosméticos de su casillero estaban ordenados en orden descendente de altura. “Soy un hombre de rutina y disciplina”, dijo él. “Todo en mi vida ha sido planificado”. Pero cuando se trataba de encontrar maneras de jugar a pesar las lesiones sufridas en la postemporada, Mr. Havlicek era muy creativo. Luego de dislocarse el hombro derecho en el tercer juego de la serie final de la conferencia este en 1973, contra los Knicks de Nueva York, él se hizo el mejor de los vendajes y lanzó con su mano izquierda por el resto de la serie. Al sufrir de fascitis plantar en el pie izquierdo al comienzo de los playoffs de 1976, Mr. Havlicek se puso hielo seis veces como le fue indicado, y perdió solo tres juego, y jugó 58 minutos en la épica victoria de triple tiempo extra ante los Suns de Phoenix en el Garden, que aseguró el décimo tercer título de Boston. “Pienso que no te debería importar un poco de dolor si te pagan por jugar”, dijo él. En 1977, cuando un derrame de líquido sinovial en la rodilla izquierda dificultaba sus lanzamientos, Mr. Havlicek simplemente inventó una rutina de emergencia. “Gancho de mano izquierda, gancho de mano derecha, saltar en un pierna”, dijo él. “Lanzar con un medio salto…” Aunque su excepcional condición física pudo haberle permitido jugar varios años más, Mr. Havlicek decidió retirarse a los 38 años de edad, al final de la temporada 1977-78, en la cual jugó los 82 partidos. Usó un frac en su juego final contra Buffalo en el Garden (“Debes usar ropa especial en ocasiones especiales) y jugó 41 minutos, anotó 29 puntos. “Voy a recordar más a las personas de la tribuna”, dijo Mr. Havlicek, cuyo número 17 fue retirado el octubre siguiente. “Y a las pancartas que cuelgan del techo”. Si hubiese jugado dos temporadas más, Mr. Havlicek habría sido compañero de equipo de Larry Bird, con quien una vez realizó un duelo uno a uno luego que Bird alardeara que habría dominado a Havlicek si hubiese jugado contra él. “Dije, ‘Bien, hagámoslo ya’”, dijo Mr. Havlicek. “Hice un movimiento para tomar el balón, pero al hacerlo lo golpeé en una zona muy delicada. Él cayó y se quedó en el suelo por dos minutos. Le dije, ‘Es todo. Perdiste. No eres lo suficientemente duro como para haber jugado en mi época”. Mr. Havlicek pudo haber pasado su retiro pescando, lo cual había sido una vocación de toda la vida. Por más de tres décadas, patrocinó un torneo de pesca de celebridades en Martha’s Vineyard a beneficio de Genesis Foundation for Children. Como había ahorrado mucho de su salario e invertido desde temprano en los restaurantes Wendy’s, su situación económica era segura. “No tengo que trabajar si no quiero”, dijo. Mr. Havlicek no tenía interés en ser entrenador o ser un hombre de negocios convencional. “Cuando me retiré, no quería estar en la situación de trabajar de 9 a 5”, dijo. En lugar de eso, Mr. Havlicek se convirtió en orador de varias firmas, incluyendo a Xerox, cuyos competidores japoneses se parecían a los Lakers. Durante sus días como jugador activo, los Celtics tuvieron marca de 5-0 en las series finales de la NBA contra Los Angeles. “El tipo es el embajador de nuestro deporte”, dijo su rival por mucho tiempo, Jerry West. “John siempre dio lo mejor de sí cada noche y tenía tiempo para todos, compañeros de equipo, aficionados, la prensa. Simplemente es el atleta ideal que todos esperan”. Mr. Havlicek deja a su esposa Beth, y sus hijos Jill y Chris. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 01 de mayo de 2019.

domingo, 3 de marzo de 2019

En 1969, o 2019, Navegar Alrededor del Mundo en Solitario es Frustrante

Chris Museler. The New York Times. 22 de febrero de 2019. En 1968, nueve veleristas se dispusieron a competir en la Sunday Times Golden Globe Race, la primera competencia alrededor del mundo, organizada, en solitario, sin paradas. Ellos se dirigían a lo desconocido, sin idea de cómo sus veleros o sus mentes se comportarían en casi un año de aislamiento. Algunos veleros se rompieron, lo cual forzó el abandono de varios competidores. Los veleristas sucumbieron ante la presión emocional. Un competidor, Donald Crowhurst, intentó alterar su circunnavegación, y entonces desapareció, abandonando su velero en el Atlántico. Robin Knox-Johnston fue el único que terminó la competencia, al regresar el 22 de abril de 1969, luego de 312 días en el mar. Para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la competencia, otra Golde Globe Race fue planificada. Los organizadores pensaron que esta sería diferente, pero la moderna Golden Globe Race ha demostrado que no fue más fácil. El pasado julio, 17 veleros de 37 pies de eslora partieron desde Les Sables-d’Olonne, Francia. Dos veleristas han regresado hasta la meta. Solo tres permanecen navegando; uno todavía está a meses de la meta. Otros abandonaron sus veleros a 15.000 millas de distancia en el Oceano Índico y todavía se recuperan de sus dramáticos rescates en el océano. “No hemos tenido tantos competidores que hayan llegado a la meta como esperábamos”, dijo Don McIntyre, fundador de la competencia y circunnavegador. La Golden Globe Race fue creada para promover la navegación oceánica en el velerista promedio, en veleros pequeños con presupuestos modestos. A los competidores no se les permite usar autopilotos eléctricos, en vez de eso usan aspas de viento para timonear como en la primera Golden Globe. Solo se permite comunicación por radio; se utilizan sextantes para la navegación. Alrededor de 100 personas han navegado en solitario, sin paradas, alrededor del mundo por debajo de los tres grandes cabos, el Cabo de Buena Esperanza en SudÁfrica, Cabo Leeuwin en Australia y Cabo de Hornos en Chile, la ruta patrón para una circunnavegación en solitario. Muchos de esos veleristas han competido en la Vendée Globe, una carrera en solitario alrededor del mundo que empezó en 1989. A diferencia de los botes modernos de alta velocidad de la Vendée, los cuales pueden escapar de tormentas al navegar a velocidades de 30 nudos, los botes pequeños, de quilla completa de la Golden Globe son regularmente alcanzados por las depresiones, especialmente en el océano sureño. McIntyre dijo que los veleros de 37 pies usan mástiles modernos, diseñados para manejar el impacto de las pesadas olas oceánicas. Aún así varios botes han sido arrollados o desmantelados, la mayoría en el océano Índico. Abhilash Tomy, un piloto naval indio, se lesionó la espalda severamente cuando su velero fue arrollado y desmantelado a mitad de camino entre el Cabo de Buena Esperanza y Australia, uno de los lugares más remotos del planeta. Otro competidor resultó desmantelado en la misma tormenta, la cual tenía vientos de 70 nudos y olas de 15 metros. Susie Goodall fue rescatada a principios de diciembre después que su velero se fue a pique 2.000 millas al oeste de Cabo de Hornos. Con su velero inundado y sin motor o electrónica, ella solicitó rescate y fue levantada de su colapsado velero por la grúa de un carguero que pasaba. Goodall todavía tiene que hablar en público de su experiencia. “Susie estaba en una situación desesperada”, dijo McIntyre, quien habló con todos los veleristas afectados a través de la competencia para coordinar los rescates. “Ella le dedica su vida a esto. Entonces es rescatada por el gancho de una grúa, y todo desaparece instantáneamente” McIntyre dijo que había hablado con Tomy acerca de su accidente y rescate, pero “huabía límites, era muy temprano”. Mark Slats, uno de los dos veleristas que ha llegado a la meta, dijo que las tormentas parecían interminables y que los competidores se buscaban para apoyarse, un lujo que Knox-Johnston no tuvo en la primera Golden Globe. “Hubo un verdadero aspecto humano en la competencia”, dijo Slats, quien trató de aconsejar a Gregor McGuckin por radio sobre como manejar su velero en medio de grandes olas durante una tormenta antes que McGucking resultara desmantelado días después. “Nos ayudamos en medio de esto a través del radio”. McIntyre dijo que muchos de los veleristas no estaban mentalmente preparados para el aislamiento de la competencia. “Estos veleristas vienen de un mundo diferente al de 1969”, dijo él. “Estamos tan acostumbrados a estar conectados. Esto derrumbó a muchas personas. Es una competencia sorprendente, y si no se está allí por las razones apropiadas, la mente encontrará la manera de retirarse de la competencia”. Los involucrados también dijeron que los patrones de clima global están generando tormentas más fuertes. “No quiero esconderme detrás de la mala suerte, pero en realidad parece cierto que las condiciones del océano del sur están cambiando y que el clima es más duro”, dijo McIntyre. Knox-Johnston, quien ahora compite en la Clipper Race, una carrera de veleros alrededor del mundo con paradas para los aficionados, dijo que los efectos del cambio climático podían limitar este tipo de competencias. “Sabemos que con el calentamiento de las aguas, la atmósfera se hace menos estable y hay más tormentas”, dijo él. “Si queremos que las personas crucen los océanos, tenemos que estudiar eso. ¿Serán las cosas eventualmente muy inseguras debido al clima?” Jean-Luc Van Den Heede de Francia, quien ha competido en varias carreras alrededor del mundo, ganó el trofeo Golden Globe el 29 de enero, al finalizar en 211 días, 23 horas, 12 minutos. A los 73 años de edad, es la persona más longeva en completar la ruta en solitario y sin paradas, toma el testigo de Knox-Johnston, quien tenía 67 años cuando completó la Velux 5 Oceans Race en 2007. “Tu mente nunca es la misma después de esto”, dijo Van Den Heede en una entrevista el día que terminó la carrera. “Aprendes a ser optimista, a tomar la vida como viene. Solo, tienes mucho tiempo para pensar, para observar tu vida. No tienes tiempo en la vida normal con las presiones y las reuniones. Aquí eres tu propio maestro”. Slats, un holandés de 42 años de edad, terminó tres días después de Van Den Heede. Pasó al segundo lugar en el extremo frío del océano del sur y se colocó a 60 millas de Van Den Heede en un punto del Nor Atlántico. “A veces bajo una vela y tengo que ir adentro a hervir agua y calentar mis manos antes de instalar la vela nueva”, dijo él. A pesar de los accidentes, dijo Knox-Johnson, las lecciones aprendidas en la carrera beneficiarán a los veleristas. “Estoy hablando con todos los competidores acerca de porque resultaron desmantelados”, dijo él. “Hemos aprendido lo suficiente para navegar con seguridad en el océano. Esto abrirá muchos horizontes. Tiene que ser correcto, es bueno para nuestro deporte”. Se espera que Uku Randmaa e Istvan Kopar completen la carrera a mediados de marzo. Tapio Lehtinen, quién pasó Buenos Aires la semana pasada, debería terminar hacia finales de junio. Se espera que todos, a excepción de Lehtinen, afectado por un crecimiento masivo de cangrejos zánganos en el fondo de su bote, venzan el tiempo de 312 días de Knox- Johnston. La Golden Globe Race ahora se programa cada cuatro años. Aunque algunos de los veleros de esta edición eran idénticos, la carrera de 2022 tendrá una clase abierta y otra para réplicas de “Joshua”, el velero rojo brillante que Bernard Moitessier navegara en la primera Golden Globe. El francés, después de circunnavegar el mundo una vez, decidió no terminar la carrera y se quedó en Tahití. A pesar de su accidente en el mar, MsGuckin y Tomy planean competir en la carrera de 2022. McIntyre dijo que habría un máximo de 20 veleros permitidos, ya hay confirmados 12 participantes para la próxima carrera. Hasta Goodall dijo que estaba interesada en competir otra vez. “Algunas personas viven para la aventura; así es la naturaleza humana”, dijo ella en una declaración después de ser rescatada. “Y para mí, el mar es donde reside mi aventura”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 28 de febrero de 2019.

miércoles, 27 de febrero de 2019

D’Angelo Russell es Poesía en la Cancha. Dicho por un Poeta.

Kelly Whiteside. The New York Times. 16 de febrero de 2019. El poeta y el piloto de baloncesto no se conocen. Pero ven los paralelismos en sus artes, el tira y encoge entre la creatividad y el pragmatismo, entre intrepidez y seguridad. Antes de esta temporada, Mikko Harvey, un poeta ganador de premios por mucho tiempo enamorado del estilo de juego de D’Angelo Russell, se preguntaba si los Nets encontrarían un lugar para el nuevo piloto, cuyo juego imaginativo puede vacilar entre lo hermoso y lo estúpido. ¿Se lanza el pase sin mirar por su estética y belleza cuando un pase práctico sería lo indicado? ¿Se escribe poesía o se pintan retratos cuando otras carreras son escogencias más prudentes? “Aupar a D’Angelo parece como un voto por el arte, un voto por la imaginación y un voto por lo absurdo”, dijo Harvey. Si ese es el caso, lo absurdo es ganar. A los 22 años de edad Russell jugará en su primer juego de estrellas de la NBA este domingo 17 de febrero. Harvey empezó a seguir a Russell cuando estaban en Ohio State hace cinco años, Harvey como estudiante de último año, Russell como estudiante de primer año que jugaba con los Buckeyes. Harvey se enamoró del sentido artístico en el juego del piloto. Observar a Russell es como ver a un patinetero en el aire, flotando a través de una serie de acrobacias y cabriolas, dijo Harvey. “Aguantas la respiración preguntándote si va a aterrizar o no”. Cuando le contaron de esa analogía, Russell sonrió. “Puedo relacionarlo”, dijo él. “Se trata del riesgo versus la recompensa. Juego libremente, tomando ventaja en el límite de lo que permite la defensa, pero también tomo lo que quiero. Y eso va desde un disparo difícil que entra o un pase complicado que llega a su destino. Puede ser un contraataque o una pelota en el aire”. “Hay un equilibrio. Pienso que mi éxito esta temporada viene de hallar ese equilibrio. Pero para los entrenadores, eso puede ser desesperante, contraatacar tantas veces o tratar de hacer un pase largo o lanzar al aro tantas veces”. Hasta ahora, el riesgo ha dado resultados. Russell se ha convertido en líder de un equipo que ha excedido las expectativas. Con marca de 30-29, los Nets han sobrepasado el total de victorias de la temporada pasada con menos de un tercio de temporada regular por jugar. En su cuarta temporada en la liga, Russell ha tenido éxito al mantenerse fiel a su artista interno mientras opera en el sistema de los Nets. En 58 juegos, ha promediado topes vitalicios en puntos (20.3), asistencias (6.6), porcentaje de cestas de campo (43.6), porcentaje de cestas triples (37.2) y porcentaje de tiros libres (82.4). “Es un gen creativo lo que tiene”, dijo Kenny Atkinson, entrenador de los Nets. “Los artistas veces te vuelven loco porque quieren seguir dando más, y tiene que haber una disciplina. A veces se pone muy creativo. Su mayor fortaleza puede ser una debilidad, pero su creatividad y nuestra estructura se han convertido en un buen matrimonio. Mientras más lo he conocido, más lo he dejado ser agresivo. Claro, a veces me molesto, pero voy en camino a darle más libertad al muchacho”. Aunque las jugadas artísticas de Russell han superado a las tontas, esta temporada, hay oportunidades cuando Atkinson quiere arrancarse el cabello a manotazos. En octubre, contra Nueva Orleans, con los Nets adelante por un punto y 7.5 segundos por jugar, Russell miró a su izquierda, sabiendo que Caris LeVert estaba a su derecha. Su pase a ciegas fue lejos del alcance de LeVert y perdieron la pelota, los Pelicans ganaron. “No dejé de mirar solo por no mirar”, dijo Russell, agregando que falló al calcular la velocidad del pase. “Pero debí haber mirado”. Más recientemente, contra Boston, con los Nets abajo por 7, Atkinson sentó a Russell por los 8 minutos y 42 segundos finales, aunque el piloto había marcado 25 puntos en 24 minutos. Luego que Russell fallara dos intentos de rebote y perdiera la pelota dos veces, Atkinson lo sacó en lo que llamó un “momento de enseñanza”. Despues de la derrota, Russell aceptó su responsabilidad sin quejarse, señal de su crecimiento desde su llegada a los Nets. Las destrezas de liderazgo de Russell están muy lejos ahora de la inmadurez que le afectó en su temporada de novato con los Lakers de Los Angeles, quienes lo seleccionaron como segunda opción en el draft de 2015. Ese año hizo una grabación secreta de su compañero de equipo Nick Young admitiendo haber engañado a su prometida para ese momento, la rapera Iggy Azalea. El video se hizo público, Young y Azalea terminaron, y a continuación hubo una disfunción en los camerinos del equipo. Luego de dos temporadas, los Lakers cambiaron a Russell a los Nets. “D’Angelo es un jugador excelente”, le dijo Magic Johnson, presidente de los Lakers, a los reporteros en 2017 después de presentar a Lorenzo Ball, el sustituto de Russell. “Tiene talento para ser estrella. Queremos agradecerle por lo que hizo por nosotros. Pero lo que yo necesitaba era un líder. Necesitaba alguien que pudiera hacer mejores a los otros jugadores y también que ellos quisieran jugar con él”. Russell se ha convertido precisamente en lo que Johnson deseaba: una estrella, un líder y alguien quien hace mejores a los que le rodean. “Hace que el juego sea divertido porque lo hace más fácil”, dijo el alero Joe Harris. “Es un jugador cerebral. Si alguien desentona, él piensa como transmitirle el ritmo”. En un viaje reciente, mientras el resto del equipo dormitaba en el avión, Atkinson palmeó a Russell en el hombro y le dijo que había sido llamado al juego de estrellas, Russell sería reserva, reemplazaría al lesionado Victor Oladipo. Russell contuvo las lágrimas. “Al revisar la temporada, pienso que nadie, incluido yo, pensó que sería convocado al juego de estrellas”, dijo Russell. “Me siento como que lo que me ha ocurrido en la liga, me ha enseñado que cuando te enfocas y te sumerges en tu arte, de pronto empiezan a ocurrir cosas buenas”. Y con lo bueno, viene algo más: presión. Como la mayoría de los fanáticos de los Nets, Harvey, el poeta, está emocionado con el éxito del equipo pero también lleno de ansiedad. ¿Qué tal si mientras se acercan a uno de los puestos de postemporada, se abre una puerta inesperada y caen hasta el sótano? ¿O que tal si Russell tiene una recaída? “Aún cuando las cosas están saliendo bien, estoy preparado por si todo se derrumba”, dijo Harvey, de 26 años de edad, quien previamente vivió en Brooklyn, donde enseñó escritura creativa y trabajó como editor en la revista Poets & Writers. El fanatismo del poeta abandonó los confines de su imaginación el año pasado cuando en una entrevista con un blog literario canadiense, le pidieron que describiese su obsesión secreta de internet. Confesó: “Veo sus juegos, leo comentarios sobre él en el sitio web de fanáticos NetsDaily, sigo su Instagram, etc. Ocasionalmente aparece en mis sueños”. Si encontrar un balance entre el juego intrépido y el sobrio es lo que Russell ha aprendido esta temporada, Harvey por supuesto ve un paralelismo con la poesía. “No es fácil mezclar este tipo de energía impredecible en un sistema establecido”, dijo Harvey. “Aún así ese es uno de los hermosos retos de hacer arte: encontrar formas de innovar en la estructura. Un poema puede ser naturalmente inventivo siguiendo un esquema de rima del siglo 18. La creatividad de él brilla cuando tiene un buen sistema para retirarse o para reaccionar en contra, su imaginación se ha hecho mucho más coherente”. Harvey se basa en un ensayo, “The Figure a Poem Makes” (“La Figura que Hace un Poema”) de Robert Frost, para describir el proceso creativo. “Hace falta el trabajo duro para convertirse en un gran artista, pero también se requiere algo misterioso e intuitivo”. Como un pedazo de hielo en una plancha caliente, el poema debe cabalgar en su propia fusión”, escribió Frost. “Un poema puede ser pulido una vez que exista, pero no puede haber preocupación por su existencia. Su cualidad más preciosa reside en avanzar por si mismo y arrastrar consigo al poeta. Se puede leer cientos de veces: Siempre mantendrá su frescura como un pétalo mantiene su fragancia. No puede perder el sentido del significado que una vez se desenvolvió por sorpresa al aparecer”. Cuando esas palabras fueron leídas a Russell, sus ojos se desorbitaron. “Asistí a la Robert Frost Middle School”, dijo Russell, quien es de Louisville, Ky. “Eso es fascinante. Me gusta la forma como hizo eso”. “Tan lejos como llegue el proceso mental, cuando se agregan palabras a un poema, se tiene que pensar en cuantas interpretaciones le puede dar el lector. Como dijo Robert Frost, nunca pierde vigencia, se puede leer centenares de veces y mantiene su frescura. Eso se puede trasladar al baloncesto. La mente puede llevar tu juego a muchos niveles diferentes”. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 24-02-2019.

jueves, 6 de diciembre de 2018

Medio ciego.

Mi Tierra. Luis Arismendi. Intensidad de campanas bajaba diagonal desde la torre de catedral hacia el semisótano del liceo Antonio José de Sucre donde había empezado el curso de lenguaje Braille. Desde que la visión empezó a fallarme luego de un accidente doméstico donde espesas polvaredas de cemento impactaron mis ojos, yo me persuadí que tenía que encontrar la manera de seguir conectado con los detalles geográficos, los aromas arqueológicos, la arquitectura emocional de Cumaná. Por un lado debía encontrar un medio, un vehículo mediante el cual recrear las imágenes que iba grabando y rotulando en mi mente, por el otro ya tenía una armonía, una melodía que resonaba en mi cráneo por encima del estruendo de campanas, era una letra vertiginosa que levantaba mi alegría por haber encontrado la rareza de un curso de Braille en Cumaná, donde los vacíos de cultura desentonan con su escena de poesía, prosa, música y gastronomía. La cadencia de la canción sensibilizaba cada célula de mis dedos en el aprendizaje de los símbolos Braille, podía sentir cada esquina, cada pared de bahareque, cada calle tortuosa del centro o del barrio San Francisco. “Mi tierra…allá donde nace la luna…tus calles me traen los recuerdos…” Intentar aprender a escribir en Braille para plasmar todo lo que me hacía sentir esa canción, me hacia permanecer en el semisótano del liceo hasta que el profesor casi me tenía que sacar a empellones. Cuando yo trataba de reclamar que no me dejaba unos minutos para practicar lo que había aprendido, me respondía que ya eran las ocho de la noche y de pronto se disculpaba, aunque no lo decía, yo entendía perfectamente que él había olvidado mi condición de cuasi ciego. Entonces hacía un esfuerzo supremo y le comentaba que la luna estaba muy cerca del medio del cielo, en ese lugar desde el cual alumbra todo el centro de Cumaná, principalmente la catedral, el liceo y la plaza Andrés Eloy Blanco. El profesor respiraba profundo y yo sabía que miraba cada milímetro de mi rostro. En medio de la memorización de los símbolos Braille, yo intentaba recordar pasajes de poesías de Andrés Eloy Blanco, José Antonio Ramos Sucre o José Antonio López y de pronto podía entender y conversar con ellos desde esa sintonía con el alma de la ciudad, con los vahos que impregnan la ciudad de humedad desde las riberas del río Manzanares, con la brisa de cobalto que sopla desde el mar, con la esencia de arenque mezclada con jobo de la India que ebulle a medio camino entre Caigüire y la avenida Perimetral. Logré escuchar parte de un diálogo entre Andrés Eloy y Ramos Sucre acerca de la mejor hora para apreciar el espíritu de Cumaná, sus tradiciones, su magia, la incandescencia de sus atardeceres, el alivio de sus mediodías refugiado bajo la sombra de un bucare del parque Ayacucho, saboreando los grumos de una chicha tan espesa que puede llevarnos el mediodía entero en trasegar, en asimilar, en incorporar la geografía del momento a nuestra memoria. Durante la caminata diaria por la calle Montes, recreaba todas las imágenes que había soñado la noche anterior, lo primero que hacía al entrar al semisótano era preguntarle al profesor como se hacía la ñ, como se modelaban los símbolos de admiración, como se marcaba la diéresis…el profesor chasqueaba la lengua y reclamaba que él no era una máquina, a su debido tiempo el iba a explicar todo eso en clase. Yo me decía que no iba a perder todos los conceptos e inspiraciones que Ramos Sucre había compartido conmigo y lamenté no haberlo hecho al abrir los ojos e incorporarme en la cama, quizás estaba tan anestesiado por la intensidad de aquella prosa poética o por la profundidad de la poesía en prosa, que se me confundían intentando reproducirlas sobre el lienzo añil de la mañana cumanesa, ahora tenía que guardarlos, y empecé a garrapatear a ciegas vocablos desparramados, encaramados que fluían a un ritmo incontenible, la esencia de la canción permanecía en el fondo, bajo el entramado firme de las frases de Ramos Sucre, de su inspiración. El profesor estiraba el cuello y yo tapé el cuaderno con el hombro. Cientos de reflejos bajaban por el tragaluz a modo de periscopio que salía de la pared del fondo. Los sonidos de la calle Montes, el soplo de la brisa, las pisadas de las lagartijas sobre el latón del tragaluz, hacían que me imaginara en la sala de mando de un submarino y buscara a Julio Verne para que me dijera donde estaba el capitán Nemo, con la misma fruición que intentaba regresar al sueño para preguntarle a Ramos Sucre cuales creía él eran los mejores lugares de Cumaná para escribir poesía, ¿Dónde podía sentarme desde las seis de la mañana hasta el mediodía hasta completar el cuerpo de una poesía, o la extensión de una prosa, o los pasajes de un ensayo, sin pausas, sin respirar, sin pestañear? Había muchos sentimientos incrustados en el cuerpo de aquella canción, la letra me hacía enhebrar cada una de las imágenes de la ciudad hasta apreciarla con la mejor visión que hubiese tenido en mi vida. Sentía la melodía apretarme el cuello y martillarme los huesos hasta sacarme lágrimas, por eso había registrado todos los buscadores de internet hasta encontrar detalles inéditos del lenguaje Braille, por eso el profesor se escandalizaba cuando me veía modelar oraciones en Braille con signos que él no había impartido en clase. El paso, el momento, la respiración de la música, los secretos de la letra. Todos esos detalles existían en lenguaje común, con vista, con noción de profundidad tangible, con color. Esa era mi respuesta, por eso asistía a aquel semisótano cada vespertina y me calaba los regaños y hasta los sarcasmos del profesor. Hasta ese momento no había tenido oportunidad de comunicárselo porque necesitaba aprovechar con la mayor inmediatez cada una de las ideas o conceptos que impartía el profesor. El había resultado clave en mi tentativa de aprender Braille, en mi obstinación por darle a esa canción una versión invisible pero muy especial, que mostrara más profundidad que los sentimientos de la versión original. Que en el caso que se perdieran todas las partituras y hasta la letra y hubiese que recrear la canción desde la versión Braille, esta reapareciera con una fuerza telúrica que mostrara el sismo que sentía en las manos al modelar cada uno de los símbolos Braille. “Alla puso Dios la alegría…y la mujer mas bella….Y dice el poeta al cantar…¡Cumaná quién te viera!”. Alfonso L. Tusa C. © 02-10-2016.

viernes, 2 de noviembre de 2018

La afición deportiva de Teodoro Petkoff.

La voz de Héctor Becerra sonaba preocupada en el teléfono. Habíamos acordado un artículo de 2000 palabras para la edición aniversario de Tal Cual y yo había escrito un texto de 3000. El jefe de la sección deportiva del diario me informó que si no hacía el ajuste, difícilmente podrían publicar el artículo. Por más que intenté resumir el texto no hallaba la manera de hacerlo. Había demasiados elementos apasionantes, impactantes, esenciales, si sacaba alguno de ellos el artículo quedaría mutilado. Por eso en la próxima llamada de Héctor me preparé para asumir mi barranco. Esa vez la voz sonaba eufórica. “Si vamos a publicar tu artículo con las tres mil palabras. Teodoro lo revisó y le gustó muchísimo. Dice que todas las mañanas de ese año, revisaba El Nacional y El Universal para ver que había hecho Bob Gibson, si había vuelto a ganar Denny McLain, si Luis Tiant se había metido en otra seguidilla de innings sin permitir carreras o si Tom Seaver seguía quemando las garrochas de los bateadores. Le gustó mucho el título “El Año del Pitcher”. Creo que lo que hizo que aceptara el artículo con todo y las 3000 palabras fue que le hizo recordar que en ese 1968 Cesar Tovar jugó las nueve posiciones el 22 de septiembre ante los Atléticos de Oakland y en el primer inning ponchó a Reggie Jackson. También recordó un juego de veintipico de innings que terminó 1-0 que ganaron los Astros de Houston ante los Mets de Nueva York”. No supe que decir, Héctor me preguntó varias veces si estaba ahí. Apenas contesté con un “Sí” aprisionado por la sorpresa, por la pasión deportiva de un hombre cuyo día a día era la política. Cuando buscaba patrocinio para publicar mi libro biográfico sobre Isaías Látigo Chávez, me enteré mediante una entrevista, que Teodoro había vivido en Chacao durante su adolescencia. Quizás en medio de mi desespero o de mi imprudencia, conseguí el número telefónico de la dirección del diario Tal Cual y pedí hablar con Teodoro. Para mi sorpresa, en menos de dos minutos escuché la voz grave al otro lado del auricular. “Si, viví en Chacao pero no puedo ayudarte respecto al Látigo, no lo conocí personalmente. Con mucho gusto hubiese conversado contigo sobre él. En cuanto a patrocinio ahorita no tenemos disponibilidad. Sin embargo sigue adelante, estoy seguro de que tienes un gran libro en el horno. Eso sí, cuando lo publiques me guardas una copia, también quiero recordar esos juegos que lanzó y no pude ver”. Aún sin conseguir ninguno de mis objetivos, sentí que había logrado algo muy valioso. Mis publicaciones en Tal Cual habían empezado cuando envié a la redacción deportiva un texto con motivo de la desaparición del pugilista Joe Frazier. Titulé el texto “Un Tren Humeante”. Al día siguiente Becerra me envió un correo electrónico informándome que iban a publicar mi artículo, que a Teodoro le había agradado muchísimo porque él recordaba muchísimo la primera pelea Frazier-Ali, siempre lamentó que Frazier no hubiera llegado tan alto como debería y pensaba que aquel texto de alguna manera era un homenaje apropiado para Smoking Joe. Quizás la imagen imperecedera que siempre guardaré de Teodoro subyace en una mañana del Dia de La Chinita en el estadio Luis Aparicio El Grande. Me parece recordar que el comentarista de Radio Caracas Televisión entrevistaba a varias personalidades en la tribuna central. Cuando conversó con Teodoro, este le comentó que había seguido el beisbol desde su infancia en El Batey. Que siempre había sido seguidor de Luis Aparicio y por eso en algún momento se hizo simpatizante de los Tiburones de La Guaira. Con mucha propiedad le dijo al entrevistador que él estaba en el estadio Universitario cuando Aparicio se sacó de la alineación para poner a jugar a un novato llamado Enzo Hernández. Muchos en la tribuna lamentaron y hasta le reclamaron a Aparicio que estaba desmejorando el equipo. En la próxima jugada, Hernández tomo una pelota detrás de tercera base y pintó un strike en el mascotin de Mike Epstein. Desde ese momento lo llamaron “el segundo tomo de Luis Aparicio”. Para sorprender más aun al comentarista, Teodoro le dijo que él después se enteró que Enzo Hernández ya tenía cierto renombre desde el beisbol amateur, porque en un campeonato nacional AA, Alfonso Chico Carrasquel era manager del equipo de Anzoategui y se empeñó en llevar a las prácticas a un short stop juvenil. Cuando llegó el momento de hacer el corte, el jefe de la delegación le dijo a Carrasquel que aun cuando el muchachito del campocorto era muy bueno aun le faltaba para jugar a ese nivel y por tanto había que sacarlo. Carrasquel respondió enfático: “Si Enzo Hernández no es el short stop de mi equipo, renuncio”. Alfonso L. Tusa C. © 02 de noviembre de 2018.

viernes, 26 de octubre de 2018

Cincuenta años después aquel oro olímpico de Morochito Rodríguez todavía brilla.

Ahora puedo entender mejor la razón de aquel cuadrilátero de boxeo en el desfile del carnaval de Cumana. Era febrero de 1969. Yo sabía de Morochito Rodríguez y su hazaña en los Juegos Olímpìcos de México 1968. Pero como todo niño de siete años de edad, estaba más pendiente de mis juegos infantiles. Aquel año había sido muy, muy duro para la humanidad. El mayo francés, el asesinato de Martin Luther King Jr., la muerte de Robert Kennedy, la matanza de estudiantes en Tlatelolco. El planeta parecía un lugar horrendo y oscuro. Aquí en Venezuela, tal vez el único otro escenario hacia el cual las personas podían voltear era la preparación del equipo olímpico de boxeo, pero nadie pensó por un instante que un solo púgil tendría al menos la oportunidad de ganar una medalla de bronce. Aquel equipo solo había realizado dos jornadas de entrenamiento una en Machiques, estado Zulia, la otra en Tucupita, Territorio Federal Delta Amacuro. Había serias dudas respecto a la nueva categoría minimosca. Las autoridades boxísticas pensaban asistir a los Juegos Olímpicos sin representante en ese nivel, pero el periodista Carlos González habló con ellos y los convenció de que tenían que llevar a Morochito Rodríguez al magno evento olímpico. Rodríguez empezó su participación en los Juegos Olímpicos el 17 de octubre. Tuvo que enfrentar al cubano Rafael Carbonell, poseedor de una gran experiencia en el boxeo amateur internacional, incluidos los Juegos Olímpicos de Tokyo 1964. Así que Morochito tuvo que fajarse e intercambiar muchos golpes con su rival. Debió echar el resto en el tercer asalto porque la pelea estaba muy apretada. Su actuación fue tan intensa que el público y hasta Carlos Gonzalez, quien transmitía por radio la pelea para Venezuela, se puso de pie para aplaudir a Morochito. Luego se supo que había terminado la pelea con una mano lesionada. En la parte trasera de una camioneta pick-up, habían recreado las cuerdas, la lona, la campana, los baldes de los entrenadores y los gritos. La multitud de las calles de Cumaná gritaba, “¡Vamos Morocho, muéstranos como ganaste esa medalla de oro!” El 20 de octubre la refriega fue ante el ceilandés Khata Karunarathe. Aunque el rival era un tipo alto, Morochito encontró la manera de tumbarlo dos veces y el árbitro tuvo que detener las acciones en el segundo asalto. Mientras la camioneta pick-up avanzaba en el desfile de carnaval, las personas alzaban la voz para saludar a un hombre de franela blanca y pantalones azul marino quien estaba al lado del boxeador en una esquina del cuadrilátero. Entre la multitud, algunos padres explicaban a sus hijos que ese hombre era Ely Montes, el entrenador de boxeo quien había formado a Morochito Rodríguez al inicio de su carrera. El que le enseñó como atacar aunque estuviese acusando el castigo de sus rivales. El que pasó varias horas explicándole como debía lanzar sus puños o como esquivar los golpes mediante movimientos de cintura. El que lo regañaba cuando no seguía las instrucciones. El 23 de octubre, el diminuto púgil cumanés escuchó las observaciones de su entrenador, Angel Edecio Escobar, quien le dijo que tenía que aprovechar el hecho de que su rival, el estadounidense Harlan Marbley tenía una herida en una mano. Morochito había vencido a Marbley en los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1967. Morochito no se confió y desarrolló una andanada imparable de ataques en los tres asaltos para adjudicarse la victoria. Hubo un momento, durante el desfile, cuando la camioneta se detuvo más de diez minutos en una esquina, entonces pude mirar mejor el rostro del boxeador. Recordé una madrugada en un bar cercano a Puerto Sucre. Eran las cinco de la mañana. Mis hermanos se acercaron al lugar donde unos tipos jugaban bolas criollas. Felipe le dijo a Jesús Mario, “Hermano, ese es Morochito Rodríguez, el boxeador que ganó la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg y ahora irá a los Juegos Olímpicos de México”. Jesús Mario no quería creerlo, hasta que uno de los tipos le dijo al más diminuto que si él iba para los Juegos Olímpicos no debería frecuentar ese tipo de lugares, si quería al menos ganar una medalla de bronce tenía que cuidar su salud. Felipe tomó su balde desde el suelo y nos dijo que era hora de ir hasta la costa, ya los pescadores estaban por regresar desde alta mar. Escobar siempre recordaba una entrevista con los medios en la Villa Olímpica ante la posibilidad de que Morochito consiguiera la primera medalla de oro para SurAmérica. Atletas y personalidades de la región fueron a saludar a Morochito para animarlo y desearle lo mejor en la pelea por la medalla de oro. Durante la ceremonia del pesaje hubo un inconveniente debido a un ligero sobrepeso de Morochito. Ángel Edecio Escobar le dijo que tenían solo diez minutos para resolver eso, de lo contrario perdería la pelea sin lanzar un puño. Morochito empezó a correr y escupir desesperadamente pero el sobrepeso permanecía. Cuando la tristeza y los lamentos invadieron los rostros, alguien de la delegación venezolana le dijo a Morochito que se quitara la prótesis dental. Así fue como finalmente hizo el peso y las sonrisas de la delegación coreana desaparecieron. Antes de la pelea, Carlos González se preparaba para la transmisión radiofónica hacia Venezuela desde el ring side de la Arena de México. Estaba algo molesto porque había tenido algunas dificultades para establecer la conexión radioeléctrica. Todo eso se olvidó cuando apagaron las luces y los púgiles subieron al cuadrilátero. González no podía creer la escalofriante ovación que le dio el público a Morochito. Empezaron a corear gradualmente “Ro-drí-guez, Ro-drí.guez, Ro-drí-guez hasta que todo el lugar parecía un pandemónium. Cuando el árbitro llamó a los púgiles al centro del cuadrilátero y les explicó las reglas, todo estaba listo. Morochito solo tenía una imagen en su mente, las calles de El Salao, su barrio de Cumaná. Entonces sonó el campanazo y Ángel Edecio Escobar gritó. “Vamos Morochito, este es tu día”. Despues de dos asaltos iniciales muy cerrados, Morochito echó el resto en el tercero al descifrar el laberinto de Young Ju Lee mediante la técnica de boxeo que había aprendido de Ely Montes. Vivió un gran momento y atacó repetidamente el torso y el rostro del coreano. Cuando sonó el campanazo final, una gran incertidumbre invadió la arena. Ángel Edecio Escobar trató de calmar a Morochito diciéndolo que había dominado la mayor parte del tercer asalto. Carlos Gonzalez estaba casi delirante, desde su asiento en el ring side, anunció que en cuestión de minutos se sabría la decisión de los jueces. Cuando el árbitro llamó a los boxeadores al centro del cuadrilátero y levantó la mano derecha de Morochito, Carlos Gonzalez tuvo que controlar sus emociones, enmudeció por fracciones de segundo, entonces anunció: “Ganó el Morocho, ganó Venezuela…” Entonces corrió hacia el cuadrilátero. Morochito casi no hablaba, sus ojos estaban vidriosos. González le preguntó como se había sentido durante la pelea. Morochito solo dijo que estaba feliz. Mucho tiempo después, diría que en ese momento solo pensaba en su madre y su ciudad. Hubo otro momento difícil en la ceremonia del himno nacional porque la delegación boxística no tenía bandera. Entonces, desde la multitud un estudiante universitario venezolano le lanzó una bandera venezolana. Alfonso L. Tusa C. 17 de mayo de 2018. ©