lunes, 23 de septiembre de 2019
Entrevista con Michael Connelly. Los Fundamentos Claves de la Narrativa.
About Writing Roland
www.writerstudio.com.au/about-writing/michael-connelly-interview-key-fundamentals-of-storytelling
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El Arte y la esencia de Escribir.
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Haber leído prácticamente todos los libros de Michael Connelly y haberme inspirado en su personaje, Detective Harry Bosch, para escribir mi novela No Man’sLand, significó un gran retorno a mis raíces periodísticas, al sentarme con él en el Wharf durante el 2015 SydneyWriter’s Festival para entrevistarlo.
Es un verdadero maestro de la esencia de la escritura y me siento muy afortunado de hacerle todas esas preguntas que han estado burbujeando en mi subconsciente por años. Me complace decir que me pareció un tipo muy decente
Sus libros, de los cuales se han vendido 58 millones de copias en todo el mundo, han sido traducidos a 39 idiomas, y han ganado docenas de premios, incluyendo el Edgar. Ahora Bosch es una serie televisiva que cuenta con Connelly como guionista y productor. Se transmite en Australia en SBS One, desde el 29 de julio de 2015.
Nunca le mostró sus primeras dos novelas a nadie. Su tercera novela, el Black Echo, fue publicada en 1992 y ganó el Mystery Writer’s of America Edgar Award. Desde entonces nunca ha detenido su carrera como escritor. Hoy todo lo que hace es escribir y promover sus libros.
La Importancia del Personaje.
Uno de los verdaderos placeres de las novelas de Connelly es que el lector se siente totalmente en sintonía con sus personajes principales Bosch y Micky Haller, un abogado, en la serie Lincoln Lawyers. Se ve y siente el mundo a través de sus ojos, se entiende su motivación y lógica y se experimenta el viaje con ellos.
“Todo tiene que ver con el personaje, personaje, personaje”, dijo Connelly. “Siempre busco algo que revele quien es Bosch. Siempre busco algo que agregue una pequeña nota de carácter. Puede ser un recuerdo, o una línea de diálogo interno o un pedazo de historia de fondo”.
De hecho, le dio el nombre de Hieronymus Bosch a su personaje (aunque todos lo llaman Harry), por el pintor holandés del mismo nombre porque eso le da la oportunidad de añadir otro detalle del personaje. Las pinturas de Bosch dibujan un mundo que se fue por el camino equivocado y recuerdan a Connelly la escena del crimen.
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Personaje y estructura – Las dos caras de la moneda. Una existe para revelar la otra.
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Le dije como en nuestras clases a menudo citábamos a Sean Ryan, el creador de la serie detectivesca de televisión por cable, The Shield, al hablar de estructura. Ryan dijo que lo que determinaba el proceso de escritura de las historias de la serie no eran las pistas, las armas, o los asesinatos sino el arco emocional del personaje.
“Eso es correcto”, dijo Connelly. Esas cosas (las pistas, las armas, etc.) son parte de la mística de escribir este tipo de historias. En algun momento no importan, pero son necesarias”.
De acuerdo a Connelly, lo que mejor revela el carácter de Bosch y lo hace resonar con el escritor y el lector, son las escenas.
“Cuando regreso a cinco escenas de los libros de Harry Bosch que he escrito en veinte años”, dijo él, “las escenas que destacan no son las de él arrestando a alguien o disparándole a un malandro, son las de Harry negociando con políticos o tratando de trabajar en la burocracia”.
Él cita una escena de uno de sus libros, la cual recuerdo bien, donde una burócrata no le facilita a Bosch la información que necesita para su caso. Asi, que cuando ella sale de la oficina, Bosch desplaza el escritorio. Cuando ella regresa tropieza con el escritorio y derrama su café, lo cual genera un ambiente de justicia poética.
“Esos detalles del personaje”, dijo Connelly, “definen todo lo que es Harry Bosch”.
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El Corazón de una Historia.
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Le dije a Connelly que para esta entrevista traté de articular una explicación de porqué sigo regresando a sus novelas.
Lo que logré fue esto. Que hay un tema intrínseco que subyace en sus libros, el cual creo llama la atención de muchas personas. Resumí mis pensamientos en las siguientes oraciones.
La realidad de la experiencia humana es que como Bosch, estamos solos en un mundo retador y a menudo hostil. Lo que le permite a Bosch seguir adelante es su compromiso por tomar la próxima decisión correcta sin importar sus circunstancias personales. Y al final de muchas historias, lo que lo salva es su apertura para amar sin importar si es una mujer o su hija.
“No había pensado en eso de esa manera”, dijo Connelly. “Pero me gusta lo que dice. Su sentido de justicia, o todos importan o nadie importa, es la esencia de ese personaje. Alguien sincero en un mundo muy caótico ciertamente es atractivo”.
Entonces traté de articular lo que creía era una de las razones por la que los lectores como yo se conectaban con tales personajes tan profundamente.
Cuando leemos acerca de alguien como Bosch actuando noblemente, eso nos hace sentir bien por Bosch, por la humanidad y por nosotros. Cuando nos imaginamos actuando como Bosch si estuviésemos en una situación similar.
“Esa línea, me gustaría pensar que puedo actuar de la misma forma, resuena conmigo”, dijo Connelly. “Pienso que eso es lo que muchos escritores quieren hacer”.
“Las personas me preguntan a menudo que si soy como Harry Bosch. Me gustaría pensar que actuaría como Harry cuando se presente la oportunidad, cuando las cosas se complican y alguien tiene que dar la cara. Espero ser capaz de hacer eso”.
Todos lo esperamos.
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Prácticas de trabajo
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Cuando Connelly empezó a escribir sus primeras novelas, solía trabajar de noche como si tuviese un trabajo a tiempo completo como reportero del crimen en un periódico. En el presente escribe cuando quiere. Pero cuando empieza una historia nueva, le gusta escribir en una habitación oscura, con la misma lámpara con que escribía hace veinte años.
No lleva un conteo de palabras o fija un número de horas. Lo más importante para él es hacer algo que haga avanzar su historia todos los días.
“Un avance en la historia puede ser cualquier cosa”, dijo él, “un párrafo, una línea de la historia o una pieza de diálogo. Tan pronto como hago avanzar la historia, he tenido un buen día. Si tengo un par de centenares de buenos días, tendré un libro”.
“Tomo un poco de la embestida de un toro herido. Siempre releo lo que escribí el día anterior para ubicarme en mi historia y crear el momento del día. Y cuando escribo y algo no sale bien, sigo adelante porque sé que regresaré y lo arreglaré. Para mí todo tiene que ver con el momento”.
Él investiga mucho y siempre va al lugar de todas las escenas de sus novelas, pero no toma notas o fotos. Y solo usa lo necesario para hacer avanzar la historia.
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Cuando llega el momento de sentarse a escribir, dice que se sienta y a menudo escribe un montón de porquería, se permite cometer errores a lo largo del camino, mientras caza la inspiración con un palo.
Cree mucho en el poder de reescribir y editar. “Reescribir es lo máximo”, dijo él. “Si se logra o no, todo está en la reescritura”.
Pensamientos finales sobre escribir.
“Nunca lamas tu dedo y lo sostengas en el viento”, dijo Connelly. “Cuando se trate de lo que quieras escribir. Mira dentro de ti. ¿Qué tipo de historia quieres escribir? ¿De que clase de personajes quieres escribir?
“Si quieres ser escritor, entonces escribe. No pienses en eso, hazlo. Cada experiencia de escritura es un proceso de aprendizaje. Mientras más lo haces, mejor estarás”.
Dijo que intenta mantenerse escribiendo novelas con el procedimiento de Bosch.
“Lo que sea que quiera hacer como escritor puede ser hecho en ese marco de trabajo”, dijo él. “Espero escribir por otros 20 años. Tengo una fuerte conexión con Harry y la manera como ve el mundo. Me gusta tenerlo en mi vida. Es lo que hace que todo valga la pena”.
Pienso exactamente de la misma forma acerca de mi personaje principal Russell Carter en No Man’s Land. Estoy en el segundo libro de la serie y me gusta compartir el viaje con Carter mientras eso nutre mi espíritu a diario. Ese es una de los grandes placeres de escribir ficción.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 22 de agosto de 2019.
lunes, 2 de septiembre de 2019
Steve Cucchiaro Explica la Matemática del Velerismo.
El matemático de MIT hizo carrera en las finanzas y sabe que el curso de la carrera es otro sistema complejo que necesita ser analizado.
John Clarke. The New York Times. 29 de agosto de 2019.
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Después de años de largas horas construyendo un negocio de mil millones de dólares, el inversionista Steve Cucchiaro de Boston, vendió su compañía y regresó a lo que lo hace feliz: el velerismo. El una vez miembro del equipo olímpico de velerismo de Estados Unidos, encuentra un balance entre administrar un negocio nuevo y el velerismo.
“Me siento como si tuviera la oportunidad de competir contra los mejores del mundo y navegar a los niveles más altos de los años 1970”, dijo Cucchiaro de 67 años. “Me alejé del velerismo, pero después de pasar algun tiempo empecé a extrañarlo”. Regresó al velerismo en serio en 2014 y competirá en la Maxi Yacht Rolex Cup en Flow, su Nautor’s Swan 601. Esta conversación ha sido editada y condensada.
¿Cuándo empezó a practicar velerismo?
Mi papá me puso en contacto con el velerismo. Él era un niño de Boston, y estaba en un programa que iniciaba a los niños en el velerismo, de otra manera no tendría esa oportunidad. Años después, cuando yo tenía unos 4 años, mi papá fue invitado a unirse a la asociación local de velerismo. Recordó lo mucho que le había gustado el velerismo de niño, así que empezamos a competir como familia.
Finalmente, mi papá sugirió que tomara el velero y empezara a competir con mis amigos. Hacía eso cada sábado en un 110, un bote de 24 pies. Participábamos y usualmente llegábamos últimos o penúltimos, pero fue una buena experiencia de aprendizaje.
Usted fue a MIT y obtuvo un grado en matemática ¿Ese pensamiento analítico le ayudó como velerista?
El equipo de velerismo era muy importante. Me convertí en capitán, y clasificamos como Nº 1 del país por un tiempo.
Algo que aprendí en MIT como matemático fue como analizar sistemas complejos. Eso me ha ayudado en los negocios y en el velerismo. El mundo entero está lleno de sistemas complejos. La ruta de las carreras de velerismo es un sistema complejo. Los mercados de inversión son un sistema complejo. A veces las cosas parecen ser aleatorias, como cambiará la dirección del viento o la manera que se comportan los mercados, pero no lo son. Todas son relaciones de causa efecto. Se puede usar la matemática para distinguir entre el azar y la señales reales de causa efecto.
Con el velerismo, noté que hay algo de probabilidad y azar, pero también hay patrones. Al estudiar el clima, se puede determinar si este es un día cuando este va a variar y oscilar en un rango, o empezar en una dirección y cambiar a otra. Dependiendo de los sistemas del clima, se puede aumentar la comprensión de eso y entonces cambiar la estrategia.
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También estuvo en el equipo olímpico de velerismo de Estados Unidos. Cuénteme de eso.
Clasificamos y ganamos la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1979. Antes de los juegos Olímpicos de 1980, el Presidente Carter dijo que boicotearía esos juegos debido a la invasión soviética de Afganistán. Me sentí muy mal por todos los atletas que habían estado entrenando toda la vida. Yo había estado trabajando a medio tempo. En ese momento, decidí que dejaría de navegar y trabajaría a tiempo completo.
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Ahora que está de vuelta en el velerismo ¿Le gusta el aspecto de ensamblar un equipo?
Cuando pongo junto a un equipo de veleristas, veo a las personas alcanzar metas. Veleristas diferentes tienes fortalezas diferentes. Algunos son buenos en la manera como maniobran el bote, mientras otros son particularmente buenos en como recogen las velas o ajustan el rig para hacerlo rápido. Luego están las fortalezas en táctica, decisión y estrategias. Esa es mi fortaleza. Trato de estar un paso o dos por delante de otros botes y trato de ser consistente.
Me gusta armar un equipo que sea muy cooperativo internamente, donde las personas se ayuden realmente entre sí, sin gastar energía compitiendo entre ellas, sino para que el equipo como un todo sea super competitivo y utilice todas sus energías para ser lo mejor posible. Al pelear internamente se gasta y desperdicia mucha energía.
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¿Qué tal es estar de vuelta en el velerismo de competencia?
La diferencia más grande es que hay veleros más grandes, lo cual significa equipos más grandes. Eso me ha permitido reconectarme con grandes amigos veleristas de los años 1970 y 1980. En vez de una tripulación de dos, es una de 10 o 15. Es casí como una gran reunión. Que cosa tan maravillosa de hacer después de todos estos años.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 31 de agosto de 2019.
martes, 20 de agosto de 2019
¿…y qué fue de aquel país?
Aún resonaba en el entorno el murmullo del agua contra las piedras. El hombre de cabellos platinados hacía señas hacia el tronco de la ceiba que se erguía a un costado del río. “¡Apúrate chico, después tu abuela me llama la atención y no me gusta que me estén regañando a esta edad!” Siempre que íbamos a darnos un chapuzón parecía que éramos fugitivos, que teníamos el tiempo contado. Él decía que aún tenía que limpiar el aserrín y ordenar las puertas que había cepillado ese día, “…mañana debo entregarlas a primera hora…” Yo le insistía tanto que hacía más de una semana que no íbamos a bañarnos en Los Ipures, le recriminaba que era un esclavo de la carpintería, que el terminaba soltando el formón, y se secaba el sudor, mientras tomaba las llaves del Hillman, “Está bien pero solo va a ser un baño de media hora, la vamos a contar desde el momento en que lleguemos a Los Ipures”. Entonces yo le replicaba “No señor el tiempo se va a contar desde que entremos al río”. Luego de una mirada solemne, él estiraba los labios y asentía. Abuelo apenabas pasaba cinco o diez minutos en el agua y salía como eléctrico a vestirse, decía que estaba cerca el atardecer y después el frío le taladraba la piel. Entonces empezaba una discusión atropellada, él pretendía que nos largáramos. Yo le reclamaba que apenas habíamos llegado. Solo cuando el sol titubeaba mediante reflejos que teñían el cielo de carmesí, yo ensayaba varios saltos a través de siete piedras asomadas en la superficie. Mientras me ponía el pantalón de caqui detrás de la ceiba, abuelo encendía el motor y el Hillman resonaba como si fuese a explotar, cada aceleración me hacía llevar las manos a los oídos. “¡Ya…eso atormenta!”
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En medio de las curvas enrevesadas que corcoveaban junto al canal de riego, varios montículos de arbustos zigzagueaban la orilla de la carretera. Cada cien metros había un parapeto con pomalacas, jobitos o nísperos. Cuando vi el primer balde volteado con tres paqueticos de papel de cuaderno cosidos con hilo y aguja, le hice señas a abuelo para que se detuviese, solo que acababa de acelerar y fue imposible detenerse. Mi silencio prolongado le hizo darme dos palmaditas en el hombro. “Sé que te gustan mucho las semillas de merey”: Dos o tres kilómetros más adelante, avisté otro balde en medio de la penumbra del ocaso. Abuelo aminoró la marcha. “¿Tú que eres, gato o lince?” Pasamos como dos minutos llamando a los vendedores, miraba y remiraba los paqueticos. Abuelo me dijo en voz baja “Ni se te ocurre tocarlos”. Finalmente, cuando regresábamos resignados al carro, una voz cantarina restalló detrás de la casa de bahareque. Una señora de cabellos lisos y rostro bronceado sacó varias semillas de merey del bolsillo de su vestido y nos las ofreció. Abuelo aprobó la calidad, y le pagó por dos paqueticos a la señora, ella insistió en regalarme un paquetico, luego de varias negativas abuelo accedió, cuando regresaba contento al Hillman, él me templó por la mano derecha “¿Cómo se dice?” Me dirigí a la señora e incliné el rostro. “¿Muchas gracias”. La mirada de abuelo se mantuvo filosa hasta que arrancó el carro, “Siempre te he dicho que hay que ser agradecido y respetuoso, muy respetuoso”.
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Saboreaba las semillas de merey mientras disfrutaba de la brisa fresca del atardecer que entraba por las ventanillas. A la salida de las curvas de Gamero, justo antes de Las Charas, vimos relumbrar el escarlata fosforescente de un triángulo de seguridad. Me quedé mirando a abuelo cuando detuvo el Hillman unos cincuenta metros delante de un Ford Falcon verde oliva. “¿Por qué siempre tiene que pararse cuando ve a alguien en problemas?” Abuelo sabía lo que yo pensaba, por eso me miraba con los ojos entrecerrados como diciendo: “¡Cállese, eso no es asunto suyo!” Se presentó y el semblante del hombre cambió por completo, como si le hubiese vuelto el alma al cuerpo. Después de revisar el motor, el radiador y el resto de las partes automotrices; abuelo me dijo que sacara los cables de auxilio debajo del asiento del piloto mientras el sacaba la batería del Hillman. Luego de varios intentos el Ford arrancó, pero al poco rato se volvió a apagar. Luego de repetir esa rutina varias veces abuelo le dijo que la batería estaba dañada. El tipo se llevó las manos a la cabeza. Abuelo regresó con un mecate amarillo y se metió debajo del Ford, ajustó varios nudos en el chasis y le dijo que lo iba a remolcar hasta Cumaná. El hombre casi se abrazó con abuelo, pero a él no le gustaba ese tipo de efusividades. Le preguntó en que parte de la ciudad vivía. Llegaron a Cumaná a eso de las seis y media de la tarde, las sombras empezaban a decretar la noche. Abuelo me miraba por el rabillo del ojo. “¿Ves porqué es importante regresar a la hora convenida o un poco antes?” Subimos al barrio San Francisco por la iglesia Santa Inés. Había unos muchachos jugando pelota de goma en la calle Sucre. Abuelo se sorprendió de que el Hillman pudiese avanzar en la subida del cementerio. Cuando llegamos a la casa del dueño del Ford, abuelo me dijo que llamara a los muchachos y los invitó a tomarse unos refrescos en la bodega de la esquina. “¿Cómo hicieron ustedes cuatro para resistir el peso de ese carro?”
Alfonso L. Tusa C. 20 de agosto de 2019. ©
sábado, 3 de agosto de 2019
Cumanacuerismos: Bar Restaurant La Fuente.
Había que rodar unos ochocientos metros, o quizás un kilómetro, tal vez kilómetro y medio. En esa época me parecía una gran distancia, salir dela calle La Florida, el solar de asfalto frente al hospital, la calle Las Flores, las siete cuadras que recorría hasta el centro, era como un viaje espacial. Aunque aquello seguía siendo el valle de Cumanacoa, cuando trascendíamos los linderos de La Represa y avanzábamos en la carretera flanqueada por los cañaverales, me parecía un viaje a lo desconocido. Una curva antes de llegar había una estación de combustible, si mal no recuerdo era de gasóleo, había una publicidad muy llamativa, un poste blanco de algunos tres metros de altura, en el tope tenía un escudo rojo con números blancos, se leía Philips 66. Lo primero que me llamaba la atención de aquel viaje, era que papá empezaba a disminuir la velocidad del carro y los sonidos entraban por las ventanillas. El impacto del río sobre las piedras al costado derecho templaba mis ojos hacia la cinta brillante que saltaba junto a unas escaleras que subían a una especie de salón con techo de ramas de cocotero. Justo antes del rótulo que decía San Salvador había una entrada, donde papá dobló a la derecha y estacionó el carro entre dos pilotes de concreto.
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Era un ambiente expansivo, de imaginación híbrida entre el Baedeker 2000 de Andrés Eloy Blanco y las Trizas de Papel de José Antonio Ramos Sucre. Todo un caleidoscopio de sentimientos que empezaba al lanzar la mirada hacia el costado izquierdo. Las paredes tenían diseños en rombos y paralelas infinitas de caña brava y el techo mostraba un brillo apagado de láminas de cinc dispuestas en escalones espaciados de conexiones intercaladas hacia espacios atmosféricos que traían oxígeno, vahos de caña de azúcar y graznidos de gavilanes. Por lo general me le escapaba a papá y me escurría en el salón donde estaba la rockola, para mí era una versión ruidosa y obesa del robot de “Perdidos en el Espacio”, me acercaba con desconfianza, imaginaba que de pronto salían monstruos espaciales armados hasta los dientes. Las luces de la parte superior descubrían un mapa de cartulina blanca donde estaban dispuestas en duplas todas las canciones de su geología. Vi a un tipo de anteojos oscuros meter una moneda en una rendija lateral y empezó a sonar un bolero de Javier Solís “Si Dios me quita la vida…antes que a ti..” El tipo caminaba tan ladeado que casi se iba de bruces.
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Regresé con una locha y un medio, papá me advirtió que iba a estar pendiente del tipo de música que iba a poner. Pasé como cinco minutos escrutando todos los compartimientos del menú de la rockola, Yester me, yester you… de Stevie Wonder, El Retrato de Mamá de José Luis Rodríguez, Acompáñame de Enrique Guzmán, Noches de Blanco Satén de La Casa del Sol Naciente, Cuando un hombre ama a una mujer de Percy Sledge, Como yo te quiero de Cherry Navarro, Tú la vas a perder de Los Darts, Que me importa el mundo, de Rita Pavone, La Rubia y la Trigueña de Billo’s Caracas Boys, La Danza de la Chiva de Los Melódicos. Metí el medio en la ranura y presioné L45. Mis Costumbres. Tom Jones. Un brazo mecánico se movió y sacó un disco 45 rpm de una bandeja y lo colocó bajó la aguja. El tipo de los anteojos oscuros se levantó con cara de pocos amigos. Papá vino casi corriendo y me dijo: “¡Lo primero que te dije y vas a poner esa música alborotada!”. Me fui hasta el fondo de la estancia y desde allí tarareaba la canción en mi mente, cuando papá se fue, empecé a chasquear los dedos .
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Entre el salón de la rockola y el patio de mesas de cemento que se extendía bajo un techo vegetal de jabillos, bucares y apamates; había una entrada diagonal de algunos diez metros de longitud. Allí se extendía la línea de bowling más original e inolvidable que he visto. Sobre el cemento rústico, habían dispuesto una superficie de madera pulida. Al fondo se erigían diez pines algo más pequeños del tamaño normal. El bolo había que solicitarlo al dueño, era algo más pequeño y más liviano que los usados en el bowling convencional. Por lo general jugaban los adultos, aunque también dejaban jugar a los niños con la condición de que sus padres los vigilaran. Papá me dijo que todo ese aparataje lo había hecho el carpintero de Cumanacoa, uno que tenía su taller frente a la escuela Pedro Luis Cedeño. Cada vez que empezaba un juego con papá, me hacía prometer que cuando dijera que era suficiente no me iba a molestar y cada vez lo miraba con cara de pocos amigos cuando decía que había terminado el juego. No había espacio para tomar impulso, era casi como un juego con metras inmensas y tampoco había canales, el que lanzaba desviado perdía el turno siguiente.
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Lo más impresionante y emocionante de La Fuente residía en la atmósfera que se respiraba al llegar a la orilla del río, la brisa se engarzaba en los escalones que bajaban hasta el agua y la vista se perdía en el verdor de los cañaverales. El sonido del agua contra las piedras invitaba a recorrer cada uno de los recovecos de aquel curso de río brioso y salvaje, cada roca saltada planteaba una aventura, cada resbalón me retaba a subir más entre la chorrera, entre la potencia de la corriente. Podían pasar siete horas, el atardecer descorría las cortinas sobre cualquier tarde sabatina, y entonces lamentaba que era hora de partir, siempre regateaba dos minutos más para un último chapuzón, para una postrera zambullida en busca de algún guijarro redondeado que atesorar para recordar los detalles de esos momentos, pero solo sacaba piedras triangulares o deformes. De salida convencía a papá para que comprara una bolsita de maní salado, aun puedo saborear ese maní, las maniobras de papá para salir del estacionamiento y la paciencia para subir hasta la carretera, había que tener cuidado con los carros que venían de San Salvador, los que venían desde Cumanacoa se sentían en el puente.
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Alfonso L. Tusa C. 03 de agosto de 2019. ©
lunes, 29 de julio de 2019
Carlos Cruz Diez: Su cinética anclará siempre las emociones de los venezolanos en el aeropuerto.
Ayer mientras veía una película en televisión pasaron un micro del Maestro Diez, había fallecido luego de un largo periplo por los andariveles del arte, por la incandescencia de la cinética, por el vértigo de los colores en movimiento. En ese momento sentí, recordé que un país más que el territorio, las costumbres o los restos que pueden quedar de él a consecuencia del totalitarismo, son todos los seres humanos incansables, tenaces, perseverantes, estudiosos que siguen buscando respuestas, posibilidades de superación, aristas para trascender a mejores estadios de afecto verdadero, de progreso amplio, de instinto expresivo. Entonces la imagen profunda, alargada, vertiginosa de todas esas líneas de colores inesperados, acechantes de todo lo que llevamos por dentro cuando pisamos los parajes de ese aeropuerto, inundó mi vista y toda la mente se recargó de nostalgia, del dolor que lleva por dentro todo aquel cuando se aleja de su lar patrio, no por motivos de trabajo o placer, sino empujado por las garras de los malvados, por las fauces de la tiranía, por las zarpas del totalitarismo. Entré por un momento al taller artístico del maestro Cruz Diez y lo vi soltar los brazos hasta estirar todo el pecho para diseñar, orquestar, forjar el entramado, el laberinto sensorial de aquellos colores sublimados, evaporados, alborozados con trazos de una emoción contenida, de una voz escondida que aparece para decirnos que hay muchas aristas, muchas cotas, muchos recovecos en el laberinto y en muchas de ellas, hay elementos que nos pueden servir para iniciar un renacimiento. Lo vi trabajar con sus herramientas de ingeniero, de carpintero, de electricista, sobre muchas facultades que pocos recuerdan hay en el alma del venezolano y olía mucho a pundonor, a arepa pilada, a perinola, a papagayo de veradas tiernas pero resistentes, a Ramoncito en Cimarrona a ritmo de cuatro, a gurrufío de chapas ruidosas, a bienmesabe de coco y guanábana, a alfondoque y majarete.
Su mirada era profunda y sus pasos livianos, imperceptibles, casi flotantes sobre la realidad implacable, urgente, que reclama gestión y diligencia, empeño y obstinación, pundonor y entrega, todo a la vez, todo en ráfaga, sin descanso, con mucha prisa y poca pausa. Escuché su voz grave y fluida, llena de efusividad, cuajada de convicción; apretaba tornillos, ajustaba hilos, delineaba más las asíntotas de la realidad y la imaginación de grandes logros, de grandes metas. De pronto esas persianas inmensas del suelo del aeropuerto parecieron cerrase, y en un tris se abrieron y mostraron todo el remolino emocional que amenaza reventar todas las costillas hasta fundir el esternón de cada venezolano forzado a abandonar su tierra por motivos muy evidentes aunque la historia oficial se esmere en mostrar lo contrario. Entonces percibía la sonrisa natural, angulosa, inmaculada del maestro, la policromía burbujeaba en sus anteojos, la diligencia brotaba en su mirada, se veían caminos muy definidos en el laberinto, muy claros en la disposición a hurgar en las heridas, muy prestos a discutir con la nostalgia hasta convertirla en aquellos días de mañanas relucientes, de mediodías de pabellón y atardeceres de parrillas.
Percibía la sensación de solaz y escape de aquella obra a medio camino entre la pintura y la escultura a la entrada del Centro Plaza, ahora entiendo que mi mayor empeño por regresar a ese espacio residía y reside en las ansias por volver a dejar escapar la mirada en ese túnel de esperanza y libertad que despliega esa y todas las obras del Maestro Diez. Cada visita al Centro Plaza recarga mis sentidos, martilla mis ideas, me abofetea y me dice “Si es posible rozar la justicia y templarla hacia la realidad, hace falta mucho trabajo, mucha dedicación, pero de eso trata la vida, de que la suerte te encuentre trabajando”.
Entonces vuelvo a escuchar una de las últimas frases del Maestro en el micro: “Somos un país de afecto, de amigos, y eso hay que conservarlo a como dé lugar”.
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Alfonso L. Tusa C. 29 de julio de 2019. ©
sábado, 6 de julio de 2019
Maya Moore Deja el Baloncesto. Un Prisionero Necesita su Auxilio.
Moore, una estrella de la WNBA, dijo que quería llevar a la acción las conversaciones de justicia social. Ahora está en una temporada sabática para tratar de colaborar para liberar a un hombre que ella cree fue encarcelado injustamente.
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Kurt Streeter. The New York Times. 30 de junio de 2019.
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JEFFERSON CITY, Mo. — Una de las jugadoras más grandes del baloncesto manejó por un sendero estrecho llamado el camino de no más víctimas. Esa vía conducía a la prisión.
Estacionó frente al Jefferson City Correctional Center, una penitenciaría de máxima seguridad en Missouri central rural. Atravesó las pesadas puertas del frente esa mañana de mayo e hizo cola con dos docenas de personas: los padres, hijos, nietos y amigos de los reclusos.
Algunos se acercaron para conocerla, Maya More de la WNBA, pero nadie en la tensa y silenciosa sala le prestó atención.
Cada visitante, incluida Moore, dos veces medallista de oro olímpico, dos veces campeona de la NCAA y cuatro veces campeona de la WNBA, esperó para ser escoltado por guardias armados hasta una gran sala llena de reclusos.
Moore estaba allí para ver al recluso Nro. 101145. Se trata de Jonathan Irons, quien cumple condena de 50 años. En 1998, un jurado le encontró culpable de atraco y asalto con arma mortal. El tenía 16 años de edad cuando ocurrió el crímen.
Moore está convencida de que Irons fue condenado injustamente. “No más victimas”, dijo ella, haciéndose eco del nombre del camino por el que había manejado, lo cual reconoce lo hecho injustamente a los reclusos. Su cabeza se agitó con desdén. “Cada vez que vengo aquí, pienso en eso. La hipocresía”.
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Su decisión asombró a los aficionados.
Ha pasado poco más de un mes de la 23ra. temporada de la WNBA, pero Moore no está con su equipo las Lynx de Minnesota. Está fuera por todo el año, tal vez más. A los 30 años de edad, sana y en su mejor momento, está haciendo algo virtualmente impensable para una atleta de su estatura: tomarse un año sabático, un viaje lejos de la lucha por el campeonato.
Ella contesta con lo que dice es un llamado de Dios. La mayor parte de su vida, otros la han definido como “la Reina Invencible” y la “Superestrella Perfecta”. Ahora ella cree que Dios quiere que ella se aleje de la competencia y considere lo que es realmente importante.
Cuando Moore anunció su partida en febrero, estremeció la WNBA, a sus aficionados y a muchas personas cercanas a ella.
“Todos estábamos atónitos”, dijo Geno Auriemma, quien fue su entrenador en la University of Connecticut. “Pensé, ‘Epa ¿Qué ocurre? ¿Hay algo en lo que Maya necesita privacidad? ¿Es algo personal?’ Todavía estoy muy sorprendido”.
El baloncesto la quiere de vuelta. Sin embargo, ella le dijo a The New York Times, que un regreso era improbable. “No sé como va a ser el futuro”, dijo ella. “Vamos a meternos en esa incómoda tensión por un año y veremos”.
Sus razones son complejas. El desgaste es una. Hasta las mejores jugadoras del baloncesto profesional femenino ganan mucho menos que sus contrapartes masculinos. Para aumentar sus ganancias, ella ha jugado en muchas ligas alrededor del mundo, con poco descanso. El desgaste, dijo ella, ha pasado la factura.
Para apreciar lo que ella describe como “el llamado”, uno tiene que entender por qué visitó la prisión de Jefferson City en mayo. Los atletas están hablando de incrementar la urgencia respecto a los temas sociales, pero pocos están tan comprometidos como Moore. Convencida de que Irons ha sido victimizado por un sistema de justicia racista, ha invertido dinero y tiempo en un esfuerzo por liberarlo.
Hacer la diferencia mediante un caso, dijo Moore, puede desencadenar un movimiento creciente para cambiar la jurisprudencia estadounidense.
El día siguiente a su visita a la prisión, Moore manejó hacia el Cole Country Courthouse, donde un juez consideraría la petición de Irons para reabrir su caso. Moore asistiría al tribunal con miembros de su familia. Han crecido tan cercanos a Irons que lo llaman “Big J” y lo tratan como uno de los suyos.
Juntos, dijo Moore, “convertirán en algo justo una terrible violación de derechos”.
Ella encontró un nuevo propósito en su viejo hogar.
Parece ser que a través de algo que buscaba para su futuro, Moore ha llegado a Jefferson City.
Allí fue que ella nació, donde descubrió el baloncesto a los 3 años de edad, cuando su madre, Kathryn Moore, colocó un aro de plástico en una puerta de su pequeño apartamento.
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“Eso no fue suficiente para ella”, dijo Kathryn Moore.
Cuando Kathryn estaba embarazada de Maya, se mudó desde Los Angeles para Jefferson City, que tenía menos de 45.000 habitantes. Kathryn era soltera, pero muchos primos de ella vivían en el pueblo. Reggie Williams y su esposa, Cherilyn, fueron dos baluartes. Se convirtieron en padrinos de Maya, estuvieron presentes para su bautizo en una pequeña iglesia del centro y en sus juegos de baloncesto de la escuela primaria y bachillerato básico.
El desgaste empezó. Equipos competitivos. Expectativas. La presión que siempre está conectada con ser el mejor.
Moore se mudó con su madre para Atlanta y llevó a su equipo de secundaria a tres campeonatos estadales. Rápidamente creció hasta los dos metros de estatura. Pulió su juego y se ganó comparaciones con Michael Jordan. De vuelta en Jefferson City, sus primos habían llegado a conocer a Irons a través del ministerio de la prisión. Estaban impresionados por su amigabilidad y disposición para aprender. “Había algo acerca de él”, dijo Reggie Williams. “Solo una paz”.
Durante su año final, Moore y sus primos fueron de vacacione a un lago cercano a Jefferson City. Williams había desarrollado tanto interés por el caso de Iron que pasó meses investigándolo. Un día en el lago, distribuyó varios archivos del tribunal en una mesa y los estudió.
“¿De qué trata todo esto?” pregunto Moore “¿Por qué estás haciendo esto?”
Ella estaba impactada por los hechos desnudos. Irons era un pobre adolescente afroamericano quien había sido tratado como adulto y condenado por un jurado blanco en su totalidad. El crimen fue violente e involucró una pistola, pero no se encontró ningún arma. Ninguna evidencia de sangre, ni huellas de pisadas o dactilares conectaba a Irons con el crimen. Su sentencia de 50 años fue entregada en un juicio que terminó cuando el tenía 18 años, la edad de Moore.
‘Estoy aquí’, dijo ella, ‘porque me importa’.
Moore recuerda el día cuando conoció a Irons, comenzando con el impacto de las puertas de la prisión detrás de ella. Eso la hizo temblar. Esto fue hace doce años, justo antes de que ella se convirtiera en estrella en UConn.
Irons estaba escéptico, Aún se acostumbraba al hecho de que la familia de Moore se estaba convirtiendo en parte importante de su vida. Pensó que la adolescente Moore estaba ahí para una visita de trámite.
Ella se sentó frente a él. Dijo que quería oir su historia. De donde era él. Como había sido su crecimiento.
‘Estoy aquí’, dijo ella, ‘porque me importa’.
Él se desplomó en lágrimas.
Jugaron damas. Moore ganó. “No pienso que notó lo competitiva que soy”, dijo ella riendo. “gané, y eso es todo. No le voy a dar otra oportunidad”.
Entonces suavizó la voz. “No hasta que salgo de allí”.
‘Ella es luz. Pura luz’.
En una tarde reciente, Irons se sentó en una sala aislada para una entrevista. Estaba limpio, afeitado y llevaba una camisa gris holgada. Un guardia estaba cerca. Irons sonreía. Llamó a Moore una salvavidas que le da esperanza.
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“Ella es luz”, dijo él. “Pura luz”.
Al crecer pobre, sin recursos, le prestaba poca atención a la escuela. Se mantenía en la calle. “Soy el primero en admitir que no era un muchacho modelo”, dijo él. “Fui un delincuente juvenil, tomé muchas malas decisiones”.
Pero dijo que había cambiado. Como prueba, ofreció una serie de recomendaciones de la administración de la prisión.
Fue enfático: No cometió el crimen por el cual fue hecho prisionero.
Eso ocurrió en O’Fallon, Mo., un suburbio de clase trabajadora predominantemente de raza blanca en San Luis, la noche del 14 de enero de 1997. Un hombre de 38 años de edad, Stanley Stotler, regresaba a su hogar y fue asediado por un atracador, dice el registro del tribunal. Hubo disparos, dos del atracador con una pistola calibre .25, y uno de Stotler en auto defensa. Los registros muestran que él había ido a buscar su pistola 9 milímetros cuando oyó algo en su closet.
El atracador huyó, pero Stotler, quien no pudo ser localizado para esta historia, estaba herido seriamente. Una de las balas del atracador le había pegado de lleno en la sien derecha, pero fue capaz de llamar a la policía.
Una semana después, Irons fue arrestado. El día del crimen, él había estado en el vecindario de Stotler con una pistola. Aunque tenía 16 años, un delito menor previo por cometer infracciones con un carro significó que fuese calificado como adulto.
Su juicio empezó el 19 de octubre de 1998.
Una pieza de evidencia clave fue el testimonio del detective en la audiencia antes del juicio: Describió un interrogatorio en el cual Irons dijo que había irrumpido en la casa de Stotler pero no podía recordar más nada porque había estado borracho.
No hubo notas del interrogatorio, ni grabaciones. Irons fue interrogado sin abogado o guardián, y ningún oficial de policía estaba presente. El detective, quien falleció, no pudo ser contrastado durante el juicio porque estaba enfermo.
Irons siempre ha negado haber hecho tal confesión. En la sala de aislamiento de la prisión, dijo que había tenido una pistola ese día, pero que no era una clibre .25. Dijo que estuvo simplemente en el vecindario equivocado, en el momento equivocado, en la época equivocada.
Durante los años 1990, la Casa Blanca y el Congreso aprobaron penas rudas para jóvenes agresores, muchos de ellos muchachos y hombres pobres afroamericanos barridos por la policía, sus convicciones en algunos casos fueron cambiadas años después por pruebas forenses u otra nueva evidencia.
“No sean suaves con él porque es joven”, sentenció el fiscal de la causa durante el juicio de Irons. “Es tan peligroso como cualquiera que lo triplique en edad. Necesitamos enviarle un mensaje a ciertas personas jóvenes, si quieren actuar como adultos, van a ser tratados como tal”.
Irons fue condenado el 4 de diciembre de 1998. Varias apelaciones fueron desestimadas.
Lo que él más recuerda de sus primeros años en prisión es la soledad y el miedo.
“Era un niño, rodeado de hombres curtidos”, dijo él. “Pensé que siempre sería yo solo contra el mundo. Que nunca habría nadie de afuera que me apoyara”.
Ella lo veía como a un hermano.
Moore había crecido dando la justicia por sentado. Pero durante la universidad, ella empezó a considerar a Irons como un hermano.
Era duro ir a Jefferson City para hacer visitas, pero ellos se mantenían en contacto de la mejor manera. Ella le enviaba libros de sus escritores espirituales favoritos. A veces antes de los grandes juegos de ella, hablaban por teléfono.
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Se estaba formando un vínculo.
El baloncesto elevó a Moore en 2011, su primer año como profesional, cuando ayudó a las Lynx a ganar el campeonato de la WNBA y fue nombrada mejor novata de la liga. Tres años después, fue nombrada jugadora más valiosa de la WNBA.
Cuando no competía en los juegos de la WNBA, ella estaba de nuevo compitiendo por la medalla en los Juegos Olímpicos o liderando equipos campeones en las ligas más lucrativas de Europa o China.
Aunque Moore es una hogareña quien comparte su casa de cuatro pisos en Atlanta con su madre, rara vez asistía a su iglesia local o visitaba su numerosa familia. Disponía de poco tiempo para descansar, para todo menos para su deporte.
Entonces llegó el verano de 2016.
∙ Philando Castile, afroamericano de 32 años de edad, fue herido de muerte por un policía en Minnesota.
∙ Alton B. Sterling, afroamericano de 37 años de edad, fue herido de muerte por un policía en Louisiana.
Cinco oficiales de Dallas fueron fatalmente atacados por un sniper durante una protesta de acerca de la brutalidad policial.
En un juego de la WNBA de ese verano, Moore y sus compañeras de las Lynx usaron franelas negras sobre sus uniformes. En la parte delantera se leían las frases: “El Cambio empieza con Nosotros. Justicia y Credibilidad”. En la espalda: “Las Vidas Negras Importan”, junto a los nombres de Castile y Sterling, más el escudo de la policía de Dallas.
Hubo reacción inmediata, pero Moore dijo, “Había encontrado mi voz”.
Con Irons en mente, ella empezó a hablar de un tema: reformar el sistema de justicia criminal, con énfasis en el cambio de la manera como los fiscales ejecutan sus trabajos.
Abogados y jueces, llegó a creer ella, necesitaban una mejor comprensión “de que los cuerpos negros y marrones son más vulnerables debido a la historia de nuestro país, que nuestro sistema de justicia históricamente ha operado con espíritu racista”.
“Eso es verdad”, dijo ella, “pero no una verdad reconocida”.
Moore no puede decir cuando regresará al baloncesto.
Su punto de inflexión en el baloncesto llegó en 2018.
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Moore recuerda haber llamado a Cheryl Reeve, la entrenadora de las Lynx, al final de la temporada regular. Le dijo a Reeve que su agenda exhaustiva había agotado su deseo de seguir jugando. Batalló con el sentimiento de que estaba abandonando el equipo. Ella dijo que Reeve, quien rechazó una solicitud de entrevista para esta historia, la convenció de que no tenía que ser perfecta todo el tiempo.
Oir eso, dijo Moore, la ayudó a drase cuenta de que estaba bien dar un paso al costado.
Algunos aficionados han especulado acerca de que Moore está tratando de forzar un cambio hacia Atlanta Dream. O que está tratando de conseguir que la WNBA aumente los salarios desde un techo de 120.000 $ por temporada.
Ella niega que esté buscando nuevo equipo en la WNBA, las jugadoras, dice ella, merecen mejores remuneraciones, pero el período sabático de Moore ha incluido dejar de lado los grandes salarios de las ligas de otros países. El dinero no es la razón por la que no usa el uniforme este año.
¿Cuándo regresará al baloncesto?
“La palabra’ incertidumbre’ es la respuesta más ajustada, la que siento más apropiada”, dijo ella.
¿Hay la posibilidad de que no regreses?
“Cierto, esa es la incertidumbre. La incertidumbre es otro año fuera, o potencialmente…”
¿El retiro?
“Esa es una posibilidad”, dijo ella, “pero no quiero hablar tan pronto”.
Su vida es mucho más simple ahora. Sin el extenuante ajetreo de los viajes ni la alta presión de los juegos. Moore pasa la mayor parte de su tiempo en su hogar de Atlanta. Allí duerme, visita a sus primos, practica con su guitarra acústica y presta voluntariado en un centro del vecindario en un lugar que antes fue un fumadero de crack. Asiste a estudios bíblicos y canta en un coro en Passion City Church.
Cuando puede, ve jugar a las Lynx por televisión, pero la antigua pasión por estar en la cancha ya no existe.
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‘Todavía estamos en la pelea’.
Moore está contribuyendo con los costos de uno de los mejores abogados defensores de Missouri para que trabaje en el caso de Irons. El abogado trabaja en lo que Irons ve como su oportunidad final para conseguir la libertad: una solicitud para reabrir el caso la cual se basaría principalmente en una mirada a la evidencia de huellas dactilares y en nuevos testimonios de los expertos.
Esto fue lo que llevó a Moore hasta Jefferson City en mayo, hasta la prisión, y luego al tribunal de fachada de piedra.
Se esperaba que el juez Daniel Green decidiera en si permitir una revisión de evidencias este verano.
A Irons no se le permitió presentarse. Moore se sentó junto a su familia en una de las filas de atrás, preguntándose si el juez rechazaría la petición sobre el tema. Escuchó a uno de los abogados de Irons construir su argumento. Oyó al fiscal decir que no debería haber revisión porque Irons ya había agotado sus recursos.
Moore se puso tensa.
El juez Green garantizó otra audiencia para agosto, pero no para enfocarse en si Irons debería ser liberado. Primero, el juez quería oir los argumentos de la reclamación del fiscal de que el caso debería permanecer cerrado.
Mientras Moore y su familia abandonaban el tribunal, parecían compungidos.
“Al menos aun tenemos una oportunidad”, dijo ella. Le pidió a su familia que perseverara y creyese, como lo habían hecho durante sus carreras por el campeonato.
“Todavía estamos en la pelea”, dijo ella. “Vamos a tener que ser pacientes. Tendremos que esperar para encontrar la respuesta”.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 05 de julio de 2019.
viernes, 5 de julio de 2019
Mantener la Diversión en los Deportes Infantiles.
“La evidencia muestra que lo que hace verdaderamente divertidos los deportes para los niños es el esfuerzo duro, hacer progresos, ser buen deportista, experimentar un entrenamiento positivo”, dijo un doctor de medicina deportiva.
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Perry Klass, MD. 01 de julio de 2019. The New York Times.
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Un nuevo reporte clínico sobre los deportes organizados para niños, preadolescentes y adolescentes de la American Academy of Pediatrics sigue prestando atención a la pregunta de la diversión.
El reporte indica evidencia de los muchos beneficios que la participación en deportes tiene para los niños, desde adquirir destrezas motoras hasta desarrollar una autoimagen positiva, desde las fuertes interacciones sociales hasta altos niveles de actividad física y buen manejo del peso. Pero especialmente en los niños más jóvenes, todo esto debería generarse a partir del deseo del niño por salir y jugar, y los niños que participan en deportes organizados deberían tener también mucho tiempo para actividades menos formales con los amigos.
“Eso no tiene que ver necesariamente con ganar”, dijo la Dra. Kelsey Logan, la directora de medicina deportiva del Cincinnati Children’s Hospital, y coautora de la declaración. “La evidencia muestra que lo que hace verdaderamente divertidos los deportes para los niños es el esfuerzo duro, hacer progresos, ser buen deportista, experimentar un entrenamiento positivo”.
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La Dra. Michele LaBotz, profesional de medicina deportiva cerca de Portland, Me., y miembro del concejo de medicina deportiva y acondicionamiento AAP, dijo: “Mucho de lo que dirige el complejo industrial deportivo es, cual fue la actuación de tu equipo este año, a corto plazo”. Pero como alguien a quien le importa estos jóvenes atletas, dijo que le preocupa más el desarrollo de ellos a largo plazo, tanto en términos de habilidades atléticas y “su habilidad para avanzar y tomar buenas decisiones”.
Los padres de preadolescentes más jóvenes deberían “considerar la variedad a medida que sus hijos se mueven”. Si todo lo que hacen es un deporte de carreras como el futbol, dijo ella, no están haciendo todos los movimientos que necesitan. “Hay que capacitar a los niños más pequeños para mover sus cuerpos de tantas maneras como sea posible, tanto en el deporte organizado y también en los juegos informales”, dijo.
“Los niños más jóvenes necesitan variedad, no repetición, ese es un gran error que veo una y otra vez”, dijo la Dra. LaBotz. Ella puede ver padres con hijos de 8-9 años de edad cuyo entrenador de futbol quiere que dejen la natación por el futbol sala, por ejemplo, y “esa no es la decisión correcta”. Los niños deben balancear un deporte de carreras como el futbol con otro que usa más la parte superior del cuerpo como beisbol o natación, o tenis, dijo ella, o con una actividad que requiera más control de movimiento como las artes marciales, o gimnasia, o danza.
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La Dra. Logan dijo que algunos niños, aunque participan en deportes de conjunto, pueden no estar lo suficientemente activos que requiere su salud. “Los padres y los pediatras asumen que en el deporte organizado, los niños obtienen suficiente actividad física, pero eso podría no ser cierto”, dijo ella. “Podría haber muchos períodos de inactividad en la práctica”.
Varios estudios han observado esto en deportes diferentes, dijo ella, y la manera de educar a los entrenadores con estrategias para incrementar la cantidad de actividad desde moderada hasta vigorosa para cada integrante del equipo. “Observa lo que tu hijo hace en el campo”, dijo la Dra. Logan. “Te podría sorprender lo que ves”.
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Para los niños quienes hacen ejercitaciones vigorosas, descansar también es importante. “Entrenar duro es importante, le digo esto a los pacientes todo el tiempo, pero también es importante recuperarse totalmente”, dijo la Dra. LaBotz. “Al ejercitarte destrozas tu cuerpo, este se hace más fuerte en el período de recuperación entre ejercitaciones. “Si los niños juegan en varios equipos, o llegan a casa del beisbol a lanzar pelotas en el patio, pueden estar cambiando poco sus cuerpos”.
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Los niños necesitan unos días a la semana alejados del deporte organizado, y también necesitan períodos más largos de descanso, al menos un par de bloques de cuatro semanas cada año alejados de manera que su actividad solo sea jugar casualmente con amigos.
Y ante toda la importancia de los entrenadores y compañeros de equipo, los estudios muestran que los padres son imprescindibles. “La relación entrenador-atleta es increíblemente importante”, dijo la Dra. Logan, pero la evidencia muestra que los padres tienen un papel más central en apoyar a los niños para obtener el máximo en su actividad deportiva.
“El deporte organizado debe ser diseñado a la medida de la etapa de desarrollo del niño, no solo de su edad”, dijo la Dra. Logan, así que es particularmente importante estar seguro de que el entrenador esté trabajando con los niños en la manera apropiada desde el punto de vista del desarrollo. Los padres pueden jugar papel importante aquí, buscando que sus hijos vean para que están listos de acuerdo a su desarrollo, y no forzándolos a destiempo hacia situaciones que pueden ser frustrantes.
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Cuando ella ve niños con lesiones relacionadas al deporte en su práctica, la Dra. LaBotz dijo, que se enfoca en entender la mecánica detrás de la cual eso ocurrió, y como puede ser prevenido. “El mejor pronosticador de las lesiones futuras es la lesión pasada”, dijo ella. “¿Qué es lo que lleva a ese niño a lesionarse?”
También ve a los niños con lesiones crónicas y de sobreexposición, dijo ella, y “hago la charla de recuperación una y otra vez”. Habla de la importancia del descanso apropiado, acerca del papel que cumple tener suficientes horas de sueño en la prevención de lesiones, acerca de la cantidad correcta de los tipos correctos de nutrición, “obtener lo que se necesita de las comidas antes que depender de los suplementos”.
A veces, dijo ella, esto implica explicar a los padres, quienes han llegado a sentir que los carbohidratos deben ser evitados a todo costo, que estos son de hecho “el mejor, el combustible más efectivo para los atletas jóvenes”. Les dice que si no tienen carbohidratos a la mano, “el cuerpo dañará los músculos, y se ha trabajado muy duro para construirlos”.
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La Dra. Logan dijo que ha empezado a conversar con los padres acerca del tema del abuso de los entrenadores y de lo que tienen que buscar en un programa para comprobar que el ambiente es seguro. “La mayoría de los padres no hace ninguna pregunta de la organización deportiva promotora”, dijo ella. Recomienda una lista de revisión desarrollada por la Dra. LaBotz, disponible en la página web de AAP.
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La Dra. LaBotz señala que “las formas más prevalentes de abuso en los deportes de conjunto ocurren entre compañeros de equipo, acoso, persecución”. Ella habla con los padres acerca de prestar atención a la experiencia emocional del niño en el equipo. Hay que estar pendientes del mismo tipo de señales que se podrían ver con el acoso en otros contextos ¿Está tu hijo rehuyéndole a sus compañeros? ¿Pareciera estar cambiando la personalidad de tu hijo? Y más que todo, hay que seguir hablando, seguir haciendo preguntas, mantenerse involucrados con los hijos.
“Los padres juegan un absoluto papel esencial en apoyar el progreso del niño, las destrezas, el desarrollo, la alegría”, dijo la Dra. Logan. Los padres deberían vigilar otros aspectos de la vida de los niños, asegurarse de que están durmiendo bien, que se están alimentando bien. “Tengo muchas conversaciones acerca de cómo el deporte organizado encaja con el resto de la vida del niño”, dijo la Dra. Logan.
A veces los adultos, la programación y la presión pueden alejar la diversión de los niños que originalmente querían salir y jugar, dijo la Dra. LaBotz. “He aprendido a preguntarle al niño directamente: ¿Te estás divirtiendo? En el deporte hay solo una respuesta correcta: Debería ser, ‘Si, seguro’ con algo de entusiasmo”.
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Traducción: Alfonso L. Tusa C. 05 de julio de 2019.
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