viernes, 5 de junio de 2015
Familias de las víctimas de los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 encuentran nueva esperanza para el recuerdo
Sam Borden. 31-05-2015. The New York Times.
Por 43 años las familias de las víctimas del ataque terrorista en los Juegos Olímpicos de Munich han presionado y emplazado al gobierno alemán y el Comité Olímpico Internacional por algún tipo de reconocimiento oficial para rendirle honores públicos a los muertos en la masacre.
Ahora pueden estar más cerca que nunca.
La construcción de un monumento en memoria de las víctimas esta programada para empezar este año, dijeron oficiales del gobierno alemán y la viuda de una de las víctimas. El monumento estará en el sitio de la antigua villa de los atletas en Munich, donde 11 atletas y entrenadores israelíes fueron tomados como rehenes por miembros del grupo palestino septiembre negro.
De acuerdo a Ankie Spitzer, cuyo esposo, Andre, un entrenador de esgrima, fue asesinado en el ataque, el Comité Olímpico Internacional siempre ha expresado un gran interés por crear un monumento para las víctimas dentro del estadio olímpico de los Juegos de Rio 2016, así como también incluirán un gran elemento conmemorativo en la ceremonia de clausura de Rio, la primera vez que las víctimas serán homenajeadas de esa manera.
Spitzer ha presionado al Comité Olímpico Internacional por décadas para que reconozca formalmente la masacre en los juegos. Ella dijo que ella y familiares de las otras víctimas se sintieron muy motivados por el progreso de su petición para que se haga el recordatorio.
“Pienso que nuestra puja está muy cercana de terminar”, dijo ella.
En una declaración por correo electrónico, el Comité Olímpico Internacional dijo que había rendido honores repetidamente a las víctimas a través de los años, comenzando con un día de suspensión de las competencias durante los Juegos de Munich para un servicio memorial, y que los oficiales olímpicos habían atendido regularmente a eventos conmemorativos del ataque en todas las décadas desde que este ocurrió.
“La memoria de las víctimas de la tragedia olímpica más grande de la historia no se está desapareciendo y no será olvidada por el Comité Olímpico Internacional”, dijo la declaración.
Sin embargo el Comité Olímpico Internacional se había opuesto por mucho tiempo a cualquier recordatorio oficial durante los Juegos de el ataque o de las muertes de los atletas y entrenadores israelíes. Más recientemente, en los Juegos de 2012 en Londres, el antíguo presidente del Comité Olímpico Internacional, Jaques Rogge rechazó propuestas del gobierno israelí y dos representantes de los Estados Unidos por un minuto de silencio durante la ceremonia inaugural.
“Esto no ha sido una diversión para mí”, dijo Spitzer. “Tengo un trabajo y una familia, y el tiempo pasa. Pero le debo esto a los 11. Le debo esto a ellos”.
“Yo vi la habitación. Vi lo que ocurrió ahí”.
Ella agregó: “Me paré ahí, yo era una muchacha de 26 años con un bebé de meses de nacido, y me dije, si este es el lugar donde mi esposo pasó las últimas horas de su vida, si el llega a casa en una urna, no me voy a quedar callada el resto de mi vida, voy a hablar de esto y a asegurarme de que la gente sepa que esto nunca se olvidará”.
Werner Keng, un oficial mayor del ministerio de educación y artes del estado alemán de Bavaria, dijo el monumento de Munich se espera que abra al público para septiembre de 2016. Keng dijo que la creación de un monumento en honor a las víctimas del ataque de Munich era una deuda de vieja data, y especuló que la duda de hacerlo antes se habría relacionado a la vergüenza entre algunos miembros del gobierno alemán.
El ataque, que ocurrió durante unos Juegos Olímpicos organizados por los alemanes como una manera de mostrar los cambios de su país en la era de postguerra, involucró un número reconocido de errores y fallas de seguridad. “Todos están de acuerdo en que se cometieron muchos errores, fue un desastre terrible”, dijo Keng. “El monumento llega tarde, pero desde nuestro punto de vista, no tan tarde”.
Keng dijo que el monumento estaría cercano al edificio de la villa de los atletas donde los israelíes habían sido mantenidos como rehenes. Se espera que este tenga un costo de unos 1.7 millones de euros (un poco menos que 2 millones de $), y los costos serán compartidos por el gobierno Bávaro, el gobierno federal alemán, el Comité Olímpico Internacional, y la Fundación para el Desarrollo Global del Deporte, una organización dedicada a promover el juego limpio y otras iniciativas relacionadas al deporte.
David Ulich, el presidente de la fundación, la cual hubo estado siguiendo los esfuerzos de las familias, dijo que la elección de Thomas Bach, un alemán, a la presidencia del Comité Olímpico Internacional en 2013, había sido el punto de inflexión en el proceso. El gobierno Bávaro había empezado las discusiones para construir un monumento en 2012, y una vez que él reemplazó a Rogge, Bach rápidamente permitió que el Comité Olímpico Internacional se involucrara. Bach es un antiguo esgrimista olímpico quien compitió en los Juegos de Montreal de 1976, él tenía una conexión personal con algunas de las víctimas de los ataques de Munich.
Con los presidentes previos, el Comité Olímpico Internacional había frustrado a las familias de las víctimas en sus intentos por hacer que el ataque de Munich fuese conmemorado oficialmente en los Juegos. Mientras los oficiales olímpicos asistían a los eventos memoriales organizados alrededor de los Juegos, Bach se unió a Rogge y otros en el que se hizo en Londres 2012, nunca hubo movimiento alguno del Comité Olímpìco Internacional para tener un minuto de silencio oficial por las víctimas.
Los abogados de las familias a menudo han cuestionado el gran papel que los políticos han jugado para que el Comité Olímpico Internacional declinara homenajear a las víctimas. Spitzer dijo que entendía lo delicado del conflicto Israelí-Palestino y los temores del Comité Olímpico Internacional de que se politicen los Juegos, y por esa razón ella a menudo ha aclarado a los oficiales que el tributo no tendría que ser para el equipo israelí. Ella presionó al Comité Olímpico Internacional para simplemente tener un momento en el cual los atletas actuales sean informados de que en el pasado, “11 miembros de la familia olímpica llegaron con un sueño y se fueron a casa en una urna”.
Mientras aun se trabaja en los planes para un recordatorio oficial en los Juegos de Rio, Bach ha dejado claro que el cree que el movimiento olímpico debe darle un reconocimiento formal y sensitivo a las víctimas de Munich y otros olímpicos que han muerto, como el atleta de trineo georgiano Nodar Kumaritashvilli, quien murió durante una carrera de práctica en los Juegos de Vancouver de 2010. En la inauguración de la planificada area de duelo en la Villa Olímpica de Brasil, dijo Bach, habrá una oportunidad para el Comité Olímpico Internacional de “recordar a todos aquellos que perdieron sus vidas en los Juegos Olímpicos”.
Spitzer dijo que sus conversaciones con Bach y otros oficiales olímpicos han continuado y que ella esperaba que Bach considerara hacer el recordatorio como una parte de la ceremonia inaugural en vez de hacerlo en la clausura de los Juegos.
“Estamos esperando Rio con tal anticipación”, dijo Spitzer. “No puedo decir si nuestros esfuerzos terminaron, pero no soy la única. Hay una segunda generación ahora, porque hubo 14 niños dejados sin padre, y ellos tienen familias también”.
“Todos nosotros vivimos a las sombra de los olímpicos desde Munich, y veremos cuan lejos llega esto. Pero estamos felices con el primer paso que se ha dado. Puedo decir eso con seguridad”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 1 de junio de 2015
Entrevista: Nadia Comaneci
06-08-2004.
Si le hubiese tocado decidir, Nadia Comaneci se habría convertido en médico cirujano y satisfecho su fascinación para lidiar con la sangre a diario. En lugar de eso tuvo que convertirse en la gimnasta más celebrada del mundo.
“Es difícil creer que en dos años celebraré el trigésimo aniversario de mis logros olímpicos”, le dijo Comaneci a Reuter en una entrevista previa a los Juegos Olímpicos de Atenas que empiezan la semana siguiente.
Nacida en 1961, en la ciudad industrial de Onesti. Hija de Gheorghe, mecánico automotriz y su esposa Stefania, Comaneci hizo historia olímpica cuando se convirtió en la primera gimnasta en lograr un perfecto 10 durante la competencia por equipos de los Juegos de Montreal en 1976.
Luego de sorprender a los jueces con su destreza elegante y desafiante de la gravedad en las barras asimétricas, la adolescente rumana realizó otras seis rutinas perfectas antes que terminaran los juegos.
Mientras la atleta de 1.40 metros de altura se iba de Canadá con medallas de oro en la competencia general, el riel de equilibrio y las barras asimétricas, su logro forzó a la federación mundial de gimnasia a rediseñar su sistema de anotación.
“Recuerdo todo de 1976. Recuerdo que tenía 14 años y recuerdo mis rutinas”, dijo Comaneci, ahora de 42 años.
“Recuerdo que antes de los Juegos Olímpicos, me preguntaron ‘¿Qué piensas que vas a hacer en los Juegos Olímpicos?’ y dije ‘Espero ganar una medalla y si es posible va a ser de oro’.
“No tenía idea de que nunca había habido un 10 porque yo no seguía el deporte. Apareció un 1.00 en la pizarra porque no tenían los espacios para colocar el 10.00”.
“Debido al estupor alrededor del recinto, observé el 1.00 en la pizarra y no entendía lo que estaba pasando”.
“Me preguntaba si lo iban a cambiar a 9.00 o algo por el estilo, porque todos estaban confundidos y yo sabía que mi rutina no había sido tan mala”, dijo ella entre sonrisas.
Ojo cuidadoso.
A pesar de pasar sus años de formación en un gimnasio, donde ella entrenaba al menos seis horas diarias bajo el ojo cuidadoso de Bela Karolyi, Comaneci nunca imaginó que el resto de su vida tendría mucho que ver con lo que logró cuando tenía 14 años de edad.
“No tenía idea del impacto que causaría a partir de esas rutinas. Solo me di cuenta después, cuando la gente me veía y recordaban exactamente donde estaban cuando yo conseguí mis 10”, dijo Comaneci, quién ganó otras dos medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980.
“A los 14 años, piensas en competir, retirarte y conseguir un trabajo. No pensaba que la gimnasia era una carrera que iba a cambiar mi vida”.
“Pensaba que me iba a retirar a los 20 años e iba a ser cirujano. Me gusta la sangre, he presenciado algunas cirugías, soy muy curiosa sobre ellas. Para mí fue increíble observarlas”.
“Pensaba que iba a conseguir un trabajo como mi mamá o mi padre”.
“Estoy sorprendida de cómo las personas aún me recuerdan y me asocian con los Juegos de 1976 y de que ahora recibo dinero por lo que hice a los 14 años”.
A pesar de tener un estilo de vida privilegiado en Rumania después de sus logros olímpicos, Comaneci decidió escapar del régimen brutal de Nicolae Ceausescu en noviembre de 1989.
Con la ayuda de unos contrabandistas, Comaneci atravesó a pie terrenos helados y bosques pantanosos para llegar a la frontera con Hungría antes de viajar a los Estados Unidos cuatro años después.
Aunque Ceausescu fue depuesto y ejecutado solo semanas después, Comaneci estaba determinada a hacer una vida nueva en Estados Unidos.
Puertas abiertas.
“Es duro ajustarse a la vida después de la gimnasia para algunas personas porque no pueden encontrar donde encajar y no saben que hacer”.
“Si eres una campeona olímpica, puedes hacer muchas cosas y esto te puede abrir las puertas de otras oportunidades”.
“Pero una vez que atraviesas esas puertas, la gente no viene a ti y te da su dinero porque seas una campeona olímpica. Tienes que hacer algo bueno. Ese el reto que tienes”.
“Puedes usar todo lo que has logrado por tantos años y crear una vida para ti”.
“Hoy es más fácil porque hay muchas opciones. En mi época había solo dos opciones, entrenadora o jurado. No había nada más. Ahora se puede dictar conferencias, hacer promociones y cosas como esas”.
Mientras sus ambiciones de convertirse en profesional de la medicina nunca se cumplieron, Comaneci ha perfeccionado el arte de hablar en público desde que se casó con el antíguo gimnasta estadounidense Bart Conner, doble medallista de oro olímpico, hace ocho años.
En los cuatro meses previos a los Juegos de Atenas, Comaneci calculó que había pasado solo 10 días en su hogar de Oklahoma.
Su trabajo promocional la ha llevado a Rumania, Holanda, India, Portugal y alrededor de Estados Unidos en ruta hacia Atenas.
Sin embargo, Comaneci está feliz de que estará en Grecia solo como espectadora.
“Lo que solíamos hacer hace muchos años fue duro para nuestra generación, pero estoy feliz de no competir en la actualidad, es mucho más duro”, dijo ella.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 28 de mayo de 2015
Entrevista con Emil Zatopek, el famoso corredor de larga distancia
Frank Csongos 20-06-1996.
Praga- Fue el sistema deportivo comunista que creó al legendario Emil Zatopek. Pero el mismo sistema buscó destruirlo cuando el corredor de larga distancia hizo declaraciones contra la invasión soviética de Checoslovaquia.
Y él todavía paga el precio. Vive muy modestamente. Tiene problemas de salud. Pero no se lamenta de nada.
Zatopek es uno de los grandes héroes de los Juegos Olímpicos modernos. En la cita olímpica de Londres de 1948, ganó oro en los 10000 metros y plata en los 5000.
En Helsinki 1952, ganó tres medallas de oro: en los 5000 metros, 10000 metros y la maratón. Una lesión le impidió ganar más medallas cuatro años después.
Ahora, a los 73 años le es difícil caminar debido a una infección viral, Zatopek habló de su vida en una amplia entrevista con RFE-RL en su casa de un suburbio de Praga. Comparte su vida con su esposa, Dana Zatopkova.
Dana también es una campeona olímpica. Ella ganó oro en jabalina en Helsinki en 1952 y plata en Roma en 1960.
Ambos nacieron el 19 de septiembre de 1922. “Emil es cuatro horas mayor que yo”, dice ella con una sonrisa.
“Yo no quería ser un corredor”, dijo Zatopek en la entrevista. “Estaba trabajando en una fábrica de zapatos durante la guerra y ellos me pidieron correr en una competencia. Dije que me dolía la rodilla. El doctor me examinó. Dijo, ‘Puedes correr’. Así que lo hice y llegué segundo. Así es como empezó todo”.
Cuando los comunistas tomaron el poder en Checoslovaquia, Zatopek y otros atletas talentosos recibió privilegios y recursos solo disponibles para unos pocos.
“¿Quién podía viajar en un país comunista?” recordó Zatopek. “Sólo un diplomático o un deportista. Ninguna persona normal. Era una gran ventaja, pero también era desventaja. Porque estas personas podían ver el progreso en el mundo. Y regresar a casa, a un país donde el tiempo se había detenido”.
Zatopek estableció 18 records mundiales en carreras de larga distancia durante una impresionante carrera desde finales de los años 1940 hasta finales de los ’50. Le fue entregado el rango de coronel de la armada. Era el consentido del sistema.
“El sistema usaba al deporte como propaganda”, dijo Zatopek. “Teníamos todo, tiempo para entrenar, ropas para entrenar, buena comida para entrenar. Todo. Solo había un problema: resultados”.
Cuando las tropas soviéticas invadieron Checoslovaquia en agosto de 1968, Zatopek hizo pública su oposición. Dijo que a los soviéticos no se les debería permitir participar en los Juegos Olímpicos de 1968 porque tal acto de fuerza iba contra el espíritu olímpico.
Una semana después, fue citado al ministerio de la defensa y expulsado de la armada. “Fui sentenciado a trabajos manuales en una mina de uranio”.
Zatopek dice que pudo resistir la experiencia debido a que “para un deportista el trabajo duro no es malo”. Además, dice él, le pagaban mejor que en la oficina. Trabajó en la mina por unos meses.
Él solo fue rehabilitado después del colapso del comunismo en 1989.
Zatopek dice que el deporte amateur se acabó, “todo depende del patrocinio”. Pero dice que este sistema produce mejores atletas.
“Los de Atlanta este año, serán los mejores Juegos Olímpicos jamás organizados”, dice él. Pero Zatopek dice que no tiene planes de asistir. “No conocemos a los campeones nuevos. Tenemos un buen televisor”.
Zatopek dice que duda si en la actualidad sería dueño de alguna marca mundial porque los corredores más talentosos de larga distancia ahora vienen del mundo subdesarrollado.
“Nuestros niños van a la escuela en auto o bus”, dice él. “Ven televisión. Los niños de África, caminan y corren”.
Zatopek dice que no tiene de que lamentarse en el mundo de los deportes.
“Quería probar que podía ganar”, dice él. “Estoy satisfecho. Soy feliz”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 21 de mayo de 2015
Joey Alexander, una sensación de 11 años del jazz clásico quien rara vez limpia las teclas del piano.
Joey Alexander, una sensación de 11 años del jazz clásico quien rara vez limpia las teclas del piano.
Nate Chinen. The New York Times. 12-05-2015.
Los aplausos se hicieron largos y sonoros para Joey Alexander luego que había interpretado su última pieza al piano en una presentación reciente y a casa llena en el Dizzy’s Club Coca-Cola de Manhattan.
Al mirar su ovación, él se paró entre su bajista y su baterista, en un intento por recibir el reconocimiento como grupo. La escena fue dulcemente cómica: Su cabeza apenas alcanzaba el pecho de ellos.
Lo cual tenía sentido, dado que Joey, la última estrella mediática del jazz, tiene 11 años.
Esto estaba muy lejos de ser su primera aparición en público. Él se convirtió en una sensación de la noche a la mañana, con su actuación como invitado hace un año en una gala de Jazz en Lincoln Center, la cual le ganó profusos elogios. Su primer álbum, “My Favorite Things” (Motéma), sale esta semana, y él está programado para una serie de apariciones en los meses venideros, incluyendo una en el Newport Jazz festival en agosto.
Descubierto en Jakarta, Indonesia, hace tres años, Joey se mudó con sus padres a Nueva York el año pasado, con la ayuda de luminarias del jazz como el trompetista Wynton Marsalis, quien lo llamó “mi héroe” en Facebook y con quien ahora comparte un manager.
Todo es parte de la vida improbable de un niño prodigio. Joey puede ser de quien más se haya hablado en el jazz por un rato, aunque él no está solo. Hay un José André Montaño, un pianista ciego de 10 años de Bolivia; Kojo Roney, un baterista de diez años quien dio un concierto el mes pasado en Brooklyn; y Grace Kelly, 22 años, una saxofonista alto quién tuvo su primer álbum a los 12 años. La lista sigue, con algunos prodigios que desarrollan carreras exitosas y otros que se quedan cortos de su promesa inicial.
Es natural guardar sentimientos mezclados sobre este fenómeno, y para un crítico es todo menos imperativo. La aclamación entregada a los prodigios musicales usualmente involucra algún tipo de mezcla de impresión de acto circense e intercambio de comodidades futuras. Toda la atención puesta en ellos puede distorsionar la ecología de una forma de arte, aún mientras trae noticias positivas de su supervivencia. Y, como con cualquier talento joven célebre, hay una pregunta de intención: ¿Quién se beneficia más del renombre que reciben estos intérpretes? ¿Hay una manera de maravillar la precocidad sin alterar el desarrollo de un artista?
Joey parecía un ángel hace varios años cuando se empezó a formar su reputación en los círculos del jazz: pequeño de estatura, con una gruesa pollina sobre la cara que aún mostraba trazas de gordura infantil. Ahora es más alto, aunque la imagen de él en un piano grande aun puede ser desconcertante, especialmente cuando se escucha lo que interpreta.
En persona se presenta como cualquier muchacho amable e inteligente de escuela secundaria. Salió a una caminata en Central Park la semana pasada en jeans y una franela de Joy Division. “Um, no conozco mucho la banda”, admitió, “pero me gusta la franela”.
Él respeta y ama claramente su forma de arte. “El jazz es una música difícil”, respondió a una pregunta sobre grandes expectativas, “y de verdad hay que trabajar muy duro y también disfrutar la interpretación; esa es la parte más importante”.
Los prodigios del jazz rara vez tienen comando total de su arte. Ellos tienden a exhibir una superabundancia de técnica y conocimiento general pero un suplemento deficiente de los intangibles, lo que los partisanos del jazz llaman “madurez”. Y aún la más virtuosa interpretación de una composición es de uso limitado en el jazz, por lo menos cuando se trata de una carrera de solista.
Para un pianista de jazz, la maestría significa mucho conocimiento de armonía, ritmo y orquestación, todo convergiendo en síntesis elocuente.
Joey Alexander tiene control sobre bastante de eso. “My Favorite Things”, producido por Jason Olaine, el director de programación y giras de jazz en Lincoln Center, le muestra como ser un músico reflexivo así como uno natural, con una paleta de armonía sofisticada y una sensibilidad dinámica.
En el álbum, Joey trabajó con intérpretes elitescos como el bajista Larry Grenadier. “Yo estaba capcioso”, dijo Mr. Grenadier de la invitación para grabar. “Lo que típicamente encuentro con los niños prodigio es que vienen de esta clínica, el estilo de Europa occidental para acumular conocimiento. Lo que encontré con Joey es que proviene de un estilo más intuitiva y comunitario de tocar música, lo cual es muy hermoso ver”.
Por mucho el álbum está caracterizado por desarmar la autoposesión, especialmente por su historia de fondo, la cual es difícil de ignorar. Joey, cuyo nombre completo es Josiah Alexander Sila, nació en Bali, a muchas millas del establecimiento de jazz más cercano. Sus primeros encuentros con el jazz fueron a través de los discos compactos que su padre, Denny Sila, había llevado a casa en los años 1990, después de conseguir un grado en finanzas en Pace University en Manhattan.
Él y la madre de Joey, Fara, tenían un negocio de turismo. Ellos son de hablar suave, amigables y poco presumidos: en apariencia la cosa más alejada de unos padres de escenario, aunque ellos sienten un claro orgullo por el talento de Joey. Y por su carrera, “Fluimos con eso”, dijo Mr. Sila almorzando en Central Park. “Nunca esperamos nada”.
Joey empezó a tocar piano a los 6 años, al interpretar una melodía de Thelonius Monk de oído, lo cual llevó a Mr. Sila, un pianista amateur, a enseñarle algunos fundamentos. Más allá de eso, Joey recordó, “Oía discos, y también YouTube, por supuesto”.
Él tocó en sesiones de descarga en Bali y luego en Jakarta, cuando su familia se mudó allí. A los 8 años, tocó para el pianista Herbie Hancock, quién estuvo en Jakarta como embajador de buena voluntad de Unesco. (“Usted me dijo que creía en mí”, recordó Joey el pasado otoño, dirigiéndose a Mr. Hancock en una gala para la Jazz Foundation of America, “y ese fue el día cuando decidí dedicar mi niñez al jazz”). Él tenía 9 años cuando entró al primer Master-Jam Fest, una competencia de jazz para todas las edades en Ucrania. Ganó el premio grande.
Pronto uno de sus videos en YouTube llamó la atención de Mr. Marsalis, director artístico de Jazz en el Lincoln Center, quien lo invitó a presentarse en la gala de 2014 de la organización. Joey interpretó una versión como solista de la balada de Monk “Round Midnight” para cerrar y se ganó una ovación de pie, críticas relucientes y algunos promotores influyentes.
Jeanne Moutoussamy-Ashe, la fotógrafa y viuda de la estrella de tenis Arthur Ashe, invitó a Joey para actuar en la gala del Arthur Ashe Learning Center, ante una multitud que incluía al antíguo Presidente Bill Clinton. Ella luego presentó a Joey y su familia a Gordon Uehling III, fundador del CourtSense Tennis Training center; él los alojó en su finca de Alpine, N.J., donde Novak Djokovic a menudo se queda durante el Abierto de Estados Unidos. (Joey tiene acceso a un piano Steinway ahí, el cual toca cuando no toma lecciones escolares en línea).
Jazz at Lincoln Center ve no solo un prodigio, sino un embajador. “Estamos muy interesados en incorporar a Joey en nuestra extensión educativa”, dijo Mr. Olaine, “llevarlo a las escuelas medias para que toque frente a niños de su edad. Él podría inspirar a la gente joven a escuchar y disfrutar la música de jazz”.
La pregunta que sobresale con un músico tan joven y bueno como este es si es prematuro seguir carrera como solista. Normalmente, un prodigio aprende al lado de los maestros, dijo Mr. Olaine. “Pero Joey es un caso tan extraordinario que pienso que ninguno de nosotros lo haya visto antes. Él todavía no es un músico formado por completo, no sabemos en que se va a convertir. Pero justo ahora, está listo para ser un líder”.
Eso puede ser verdad. Pero había espacio para crecer en el trío reciente de Joey. Al trabajar con el baterista Sammy Miller y el bajista Russel Hall, quienes aparecen en su álbum, él se sumergió en las baladas, el blues y los standards, incluyendo “Giant Steps” (Pasos Gigantes) la pieza de John Coltrane cuyas tortuosidades armónicas siempre han sido territorio de prueba para los improvisadores. (Es el primer surco del álbum de Joey).
La melodía alcanzó un nivel impresionante, provocaba gritos, pero durante el progreso de la interpretación, Joey no siempre estuvo en el punto rítmico más firme. Un original, “Ma Blues”, fue hermoso pero derivativo. Y mientras tocaba una brillante introducción a “Monk’s Mood”, su instrumento no delineaba la arquitectura interna de la canción, ocasionalmente tomaba un desvío hacia el blues.
Hay una razón por la cual hasta los más portentosos prodigios del jazz pasan por un aprendizaje. Esto ha sido una realidad para Gadi Lehavi, de Israel, y Beka Gochiashvili, de Georgia, pianistas acostumbradas a los elogios desde la niñez, ambas ahora tienen 19 años, con altos créditos como instrumentistas. Fue real para Julian Lage, un guitarrista quien recibió atención nacional a los 8 años, él antes de su carrera como solista fue tutoreado por el vibrafonista Gary Burton, un antíguo prodigio.
Por su talento excepcional, Joey es un candidato principal para consejos similares. Cuando le preguntaron si recordaba algún consejo importante de un jazzista experimentado, él momentáneamente se quedó sin palabras. Con sus ojos brillantes, dijo, “algo que las personas siempre me dicen es: ‘Sigue tocando’”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
miércoles, 20 de mayo de 2015
50 años de aquella película The Sound of Music
Marzo 2015
Este año marca el quincuagésimo aniversario de The Sound of Music, película que cautivó audiencias en 1965. Julie Andrews y Christopher Plummer reflexionan sobre la realización del clásico, su amistad de décadas, así como de las montañas que han escalado desde entonces
Alex Witchel
No sorprendería a nadie, quizás, saber que Julie Andrews viaja con su propia tetera.
Hacia el final de una tarde del pasado invierno, ella y Christopher Plummer se reunieron en el Loews Regency Hotel, en Manhattan, para hablar del quincuagésimo aniversario de la versión de cine de The Sound of Music, la cual está siendo relanzada en abril. Para cualquiera que haya visto la original en 1965, le parecerá imposible que haya pasado tanto tiempo. Ahora que Plummer tiene 85 años y Andrews 79, se podrá imaginar como se sienten ellos.
Fue durante la filmación de The Sound of Music que Andrews y Plummer iniciaron una amistad, la cual, medio siglo después, sigue aún fortaleciéndose. El esposo de Andrews, Blake Edwards, dirigió a Plummer en The Return of the Pink Panther en 1975, y su amistad persistió hasta la muerte del director, en 2010. (Edwards y Andrews estuvieron casados por 41 años; Plummer ha estado casado con su esposa, Elaine, desde 1970). En 2001, Andrews y Plummer coprotagonizaron una producción televisiva de On Golden Pond, y en 2002 ellos fueron de gira por Estados Unidos y Canadá en una pieza teatral llamada A Royal Christmas. Ahora ellos tienen la apariencia de una vieja pareja de esposos.
Una vez que la tetera de Andrews fue puesta en funcionamiento y el té fue preparado y servido, los dos se sentaron en el sofá de una habitación para hablar. Acababan de regresar de una sesión de fotografías. Pregunté como les fue, y Andrews saltó: “bien yo estaba vestida de negro. Él estaba vestido de negro. Estábamos en un ambiente blanco. Tenía un gran par de aretes, y mi cabello estaba de verdad excitante. Todo se hizo de manera improvisada”.
“No me notaste para nada ¿verdad?” preguntó Plummer
“No lo hice”, respondió ella con vigor.
Él anunció. “No he comido nada en días”.
Ella respondió en ascuas. “Oh, cariño, eso es terrible”.
Él continuó, “Había una cena de caridad anoche, y la comida era tan mala que nadie comió nada”. Ella registró en sus bolsos. El miraba esperanzado, todo lo que ella sacó fue un frasco de Advil. “Tengo que tomar estas, lo siento”, dijo ella, agitando algunas píldoras, las cuales cayeron en la alfombra. Ella las agarró y las tragó. “Hubo muchas escaleras hoy”, dijo ella, mientras continuaba escarbando hasta que encontró una barra de granola y mantequilla de mani Kashi. “Traje media galleta de mantequilla de maní”, le dijo ella bromeando.
Él miró la galleta de reojo. “No media”, dijo . “Un cuarto”.
Bien muchachos. Parte de la razón por la que estamos aquí es hablar de su amistad de 50 años.
“A que se refiere con amistad”, preguntó Andrews.
“Exactamente”, dijo Plummer.
No era su asunto favorito
A través e las décadas, Plummer ha permanecido reticente sobre interpretar al Capitán von Trapp. Él era, a principios de los ’60, un celebrado actor de teatro y decidió hacer la película principalmente como entrenamiento para personificar a Cyrano de Bergerac en un musical de Broadway (un papel que no se materializaría hasta 1973). En su lugar, a los 34 años, con manchones grises en su cabello, se encontró a bordo de un barco a la deriva, lo que consideró de un buen barco de juguete como padre de siete niños entusiastas, una monja melodiosa, y el silbido de un oficial de la armada. De hecho, cuando se estrenó The Sound of Music, las críticas fueron feas. Pauline Kael la catalogó de “diseñada mecánicamente” para transformar a la audiencia en “en imbéciles emocionales cuando nos oímos tarareando las enfermizas, buenas canciones”.
En el New York Times, Bosley Crowther concedió que Andrews “actúa con armonía y valentía”, mientras condena a los otros actores adultos “son completamente horrendos, especialmente Christopher Plummer como el Capitán von Trapp”.
Plummer regresó al teatro, donde era, es y siempre será un gigante. (Su Iago fue una maestría, igual que su Lear). Diez años después de The Sound of Music, él se encontró trabajando en la pantalla grande interpretando a Rudyard Kipling, como contrafigura de Sean Connery y Michael Caine, en la película de John Huston, The Man Who Would Be King, desde entonces ha trabajado con frecuencia en las películas. En 2012, ganó el premio de la Academia para el mejor actor de reparto por la película Beginners, en la cual interpretó a un esposo y padre quién se convierte en homosexual más adelante en su vida. Él ha conseguido el papel principal en Remember, una película de terror dirigida por Atom Egoyan y está escogiendo entre dos nuevos papeles en sendas películas.
Si a Plummer le gusta o no, el legado de The Sound of Music alimenta su capital. El bien parecido, sutilmente triste, viudo Capitán von Trapp fue siempre el romántico de la película, nunca Rolf, el acartonado mensajero adolescente. El hecho de que una monja guitarrista, de mal vestir y buenos valores tomara el elegante puesto de la Baronesa es pura justicia hollywoodense. Fuera de pantalla, el bien nacido Plummer (su bisabuelo, Sir John Abbott fue primer ministro de Canadá) pasó su vida compensando esto como un notorio chico malo, bebiendo en exceso, burlándose de sí con humor autodespreciativo mientras alegremente desperdiciaba lo que le convenía . Su memoria de 2008, A pesar de mí, es un recorrido por el negocio del espectáculo.
Andrews es un animal diferente. The Sound of Music siguió a Mary Poppins seis meses despues, estas fueron precedidas por su triunfo en Broadway como Eliza Doolittle en My Fair Lady. Jack Warner la rechazó para la versión cinematográfica de My Fair Lady, y contrató a Audrey Hepburn en su lugar (dobló su voz para cantar). Durante la ceremonia de los premios Golden Globe, cuando Andrews ganó como mejor actriz de musical o comedia por Mary Poppins, ella le agradeció a Warner en su discurso de aceptación.
Desde entonces ella ha sido una estrella del cine. Aunque congelada en las mentes de millones como un híbrido improbable de niñera y monja, Andrews es mucho más, su triunfo en el cine y el teatro en Victor/Victoria de su esposo es un ejemplo de su rango, junto a su giro dramático aclamado por la crítica en la versión cinematográfica de Duet for One. Además de su voz cantante natural, lo que siempre la ha definido es el trabajo duro. Durante los ensayos de My Fair Lady, su coprotagonista, Rex Harrison, mostraba desdén por sus habilidades dramáticas y quería que la reemplazaran. El director, Moss Hart, detuvo los ensayos para trabajar a solas con Andrews por 48 horas para mejorar su actuación. Como ella lo dice en su memoria, Home, cuando Hart terminó, su esposa, Kitty Carlisle Hart, le preguntó como le había ido. “Ella estará bien”, replicó Moss. “Ella tiene esa terrible fuerza británica que te hace preguntar como fue que perdieron la India”.
En el caso de Andrews, ella se ganó cada parte de esa fuerza. Su mujeriego abuelo materno contrajo sífilis y murió a los 43 años: la causa fue “parálisis de lo insano”. Él había infectado a su esposa, y ella falleció dos años después. La madre de Andrews, una dotada pianista, dejó a su padre para casarse con un intérprete de vaudeville, Ted Andrews, y ellos y Julie trabajaron juntos muchos años viajando por varios lugares. Su padre alcohólico trato de abusar de ella varias veces. Su madre también se convirtió en alcohólica. Cuando Julie tenía 14 años, su madre confesó que su primer esposo no era el padre biológico de Julie. Su padre real provenía de una relación de un solo encuentro. Aunque Andrews lo conoció, ella nunca permitió una relación.
Ella trabajó para mantener financieramente a su familia a través de toda su niñez, también ayudo a criar a sus hermanos menores. Su inamovible personalidad de buena muchacha servía como un antídoto para sus complicadas circunstancias, y eso también sirvió para convertirla en una política experta, entrenamiento ideal para una estrella. Ella estrecha manos, hace contacto visual, usa nombres apropiados, y ha perfeccionado el arte de contestar una pregunta, no con la respuesta real sino con la que decide dar.
Mientras ella y Plummer engulláin sus respectivas fracciones de barra de mantequilla de maní, recordaron A Royal Christmas. “Actuamos en cada desagradable pista de hockey desde Canadá hasta Florida”, dijo Andrews. “Teníamos buses grandes donde dormir. También iban la London Philarmonic y el Westminster Choir y los Somebody Bell Ringers y el Something Ballet. Y Chris y yo haciendo nuestra parte. Resultó ser una gran diversión bajo circunstancias dificiles”.
“La mayor diversión estaba en el bus”, dijo él. “Teníamos nuestro propio bar, así que no esperábamos a llegar a donde fuésemos”.
Si, pero como ahora tomábamos té, quizás podría regresar a The Sound of Music, la cual empezó su vida como un musical de Rodgers y Hammerstein que ganó un Tony en 1959. William Wyler firmó para dirigir la versión cinematográfica pero nunca se entusiasmó con la historia; la abandonó para hacer The Collector. Robert Wise, ganador de un premio de la academia por codirigir West Side Story con Jerome Robbins (y nominado por mejor edición en Ciudadano Kane), se encargó, y The Sound of Music ganó el premio a la mejor película de 1965, y él ganó su segundo Oscar como mejor director.
Pero al menos alguien en esta habitación parece parece importarle esto como al niño que él nunca quiso y que no puede quitarse de encima.
“Bien, nunca noté eso”, dijo Andrews, “porque ese fue el momento de mi carrera cuando todo explotó. Eso y Poppins”. (Andrews ganó 225000 $ por un acuerdo de dos películas que incluía su papel como María.)
“Tan cínico como siempre fui sobre The Sound of Music”, dijo Plummer, “Respeto que representa un alivio ante todos los tiroteos y persecuciones de carros que se ve por estos días. Es algo maravilloso, anticuadamente universal. Tiene chicos malos y los Alpes, tiene a Julie y sentimientos a borbotones. Nuestro director, el querido viejo Bob Wise, mantuvo todo bajo control. Un hombre agradable. Dios, que personaje. Quedan muy pocos de ellos en nuestro negocio”.
Eso probablemente es verdad, aunque considerando todo, Plummer parece estar haciéndolo muy bien estos días.
“No me estoy quejando de mí”, dijo él, levantando sus manos. “Es agradable ser descubierto de nuevo a esta avanzada edad. De verás me quito el sombrero ante Mikey Rooney. Él andaba de gira en sus 90”.
Que poco apropiada persona para él admirar.
“Pienso que de todos los tipos viejos quienes vivieron hasta una edad extraordinaria y se mantuvieron trabajando”, continuó Plummer, “él fue el más vital. John Gielgud todavía trabajaba cuando tenía 96, pero lo que John llevaba a las tablas era una vida de ornato. Mickey Rooney era un pequeño animal que atacaba todo con mucho fuego como lo hacia cuando era un muchacho. Era tan bueno en todo, bailando tap, cantando con Judy, rompiéndote el corazón como el entrenador en The Black Stallion. Y se las arregló para casarse 18 veces. Todas eran altas. Dios lo bendiga”.
Parece como si hacerse viejo mientras se permanece bien parecido en Hollywood equivale a pasar desapercibido.
“Si”, dijo el riendo. “Es extraordinario ¿no? Pero estoy impresionado de que me convertí en un actor de carácter muy temprano. Odiaba ser galán. Empiezas a preocuparte por tu rostro. Por favor”
Bien, de regreso a la mistad de ustedes dos. Ellos se miraron uno al otro.
“Ella no tiene nada que decir”, dijo Plummer, divertido.
Andrews avanzó. “Él era un actor tan grande que cuando fue probado para The Sound of Music todo lo que pensé fue, ¿Cómo voy a enfrentar esto? Pero pasamos un tiempo muy bueno. Nunca tuvimos un cruce de palabras, nada”.
“No”, aceptó él. “Ella puede ser terrible con su disciplina, pero lo hace de manera agradable”.
“¿Quién fue que me llamó monja con navaja?” preguntó ella
Él suspiró. “Es verdad. Monja con navaja”.
“Pensaba que fuiste tú”, dijo ella.
“No”.
¿Es verdad que Plummer solo estuvo 11 días en Austria?
“Algo como eso”, dijo él. “Fue un calendario terriblemente corto”.
“No pudo haber sido solo 11 días”, protestó ella. “Vamos”.
“No, realmente, hubo muy pocos días. Tuve mucho tiempo para mí, por eso engordé. Bebí mucho y comí todos esos maravillosos dulces austríacos. Cuando fui a grabar, Robert Wise dijo, ‘Dios mío, te pareces a Orson Welles’. Tuvimos que rehacer los trajes”.
“Nunca lo noté. No lo hice”, insistió ella. “Sé que tu y yo conectamos un par de veces. Una fue cuando estaba empapada, después que se volteó el bote donde estaba con los niños. Es uno de mis momentos favoritos de la película. Nunca te he dicho esto, fue justo antes de que fuésemos al gazebo y tú te había despedido de la Baronesa. Estabas tratando de decir que estabas contento de que María regresara. Y como un niño, dijiste que estuvo mal que me largara y estaría muy mal si me fuera de nuevo. Fue tan sentido”.
Él fijó la Mirada, mientras yo señalaba que ella ha dicho esto antes. Muchas veces.
“¿Lo he hecho? Ella miró sorprendida.
“Bien, es la primera vez que he oído esto”, protestó él lealmente. “Era difícil hallar escenas actuables. Ernest Lehman, quién era un maravilloso guionista, lo hizo muy bien en The Sound of Music, considerando que fue escrita como un musical, no como una obra de teatro”.
Andrews sonrió. “Había muchas posibilidades potenciales de distracción. Tú fuiste el pegamento que nos unió porque nunca permitirías eso y yo traté de colaborar”.
“Era más fácil para el Baron, por supuesto”, dijo Plummer, “porque era un poco malicioso”.
La Baronesa real, María von Trapp, madrastra de los siete niños von Trapp, la última de los cuales, también llamada María, falleció en 2014 a los 99 años, quería tener más influencia en la película de la que tuvo; fue relegada a aparecer como extra. “Nos conocimos, pero tuve que ver más con ella después”, dijo Plummer. “Un amigo mío de las Bahamas nos invitó a Elaine y a mí, oh no, Elaine no estaba conmigo; bien, la esposa que haya tenido ese momento, a tomar el té, y fui a la casa de mi amigo, sus otros invitados eran el gobernador general de las Bahamas y la baronesa. Allí estaba ella de nuevo. Había nadado en una famosa competencia de natación de las Bahamas, y ganó, por supuesto. Hicieron que un bote la siguiera, y le lanzaban bananas de vez en cuando. Pero pensé, Dios mío, que extraordinario contraste con esta criatura”. Él señaló a Andrews. “Ella era muy grande”.
Andrews sonrió. “Ella era una muchacha de mucho peso. Después, cuando yo tenía mi propia serie de televisión, ella fue y cantó conmigo. Ella era muy dulce”.
En 1997, la voz cantor de Andrews fue destruida en su esencia luego que ella se sometiera a una cirugía para remover nódulos no cancerígenos de su garganta. “No hablo mucho de eso”, dijo ella, lució muy mal cuando lo mencioné.
En lo sucesivo, ella buscó apoyo para su dolor en el centro de rehabilitación Sierra Tucson. “Fue devastador”, dijo ella. “Pensé que tal vez la recuperaría. Eso fue antes que notara que habían removido tejido. Pero por el año y medio que esperé que algo milagroso ocurriera, pensé que debía hacer algo o me volvería loca. Mi hija Emma y yo empezamos a trabajar juntas y formamos nuestra pequeña compañía para publicar libros”. (Las dos han escrito 26 libros para niños juntas bajo el propio sello de Andrews). Un día me estaba quejando de mi destino y dije, ‘Dios, extraño cantar Emma. No sé como explicarte’. Y ella me dijo, ‘Lo sé, pero mira, has encontrado una nueva forma de usar tu voz’. Uno de nuestros libros se ha convertido en musical, The Great American Mousical, el cual dirigí en la Goodspeed Opera House, en Connecticut. Y otro, Simeon’s Gift, ha sido adaptado para una orquesta sinfónica y cinco intérpretes. También soy una miembro orgullosa del equipo de Los Angeles Philharmonic”.
“La música clásica fue mi primer amor”, intervino Plummer. “Ella me ha dado un disfrute extraordinario y ha sido una gran influencia en mi trabajo, particularmente en los clásicos, donde tienes que saber cuando viene el coda y cuando el climax. Haces tu propia sinfonía con las palabras. Lamento no haber continuado estudiando piano clásico, lo cual empecé a hacer de niño”.
“Y yo lamento no haber ido a la universidad”, agregó Andrews. “No tuve educación nunca, y mi madre dijo, ‘Tendrás una educación mucho mejor en la vida’. Lo hice hasta cierto punto, aunque siempre desearé poder haberlo intentado”.
Bien, como íconos de una película clásica que durará por siempre, si cada uno pudiera cambiar una cosa, ¿Cuál sería?
“Me hubiese cambiado a mí y conseguido a alguien más”, dijo Plummer.
“Oh, cállate”, replicó Andrews. “Yo probablemente cambiaría un par de maneras de cómo canté algo”, siguió ella, “porque siempre me parece muy descontrolado cuando comienza la película. Pero ¿sabes que? También es una película de una época particular que se ha mantenido a través de los años. Nunca empiezas siendo una estrella. Tomas cualquier trabajo que se presenta, y si tienes suerte, la película es exitosa. Mi madre me inculcó eso: ‘No seas presumida. Siempre habrá alguien que puede hacer lo que tu haces y probablemente hasta mejor que tú’. Eso fue un gran entrenamiento”.
En años recientes, las canciones de The Sound of Music se han hecho populares, desde Salzburgo hasta London’s West End hasta Hollywood Bowl, con audiencias atendiendo a las presentaciones completamente disfrazados. Ni Andrews, ni Plummer han asistido a una. “Hay esta gran historia de un joven en Londres”, dijo ella, “quién estaba pintado de dorado de pies a cabeza. Le preguntaron, ‘¿Qué eres en la película?’ Y él dijo, ‘Soy Ray, una gota de sol dorado’”.
Habíamos pasado de la hora del té a la hora de la cena. Andres insistió en que los acompañara abajo al Regency Bar & Grill para tomar un trago. Ahí, se les unió su tripulación de carretera: Steve Sauer, el manager de Andrews; Rick Sharp, su maquillador; John Isaacs, su peluquero; Elaine Plummer; Lou Pitt, el manager de Plummer; y la esposa de Pitt, Berta. Por estos días, Plummer vive en Connecticut y pasa los inviernos en Florida; Andrews vive en Long Island para estar cerca de Emma y el negocio de ambas, aunque ella mantiene un apartamento en Santa Monica.
Andrews y Plummer se sentaron uno al lado del otro en el centro de una mesa larga, de espaldas a la habitación. Él ordenó vino, sus días serios de bebida terminaron, me lo había dicho antes. Andrews ordenó su usual Martini, con aceitunas.
Mientras se brindaba en la mesa, agradecía a los dos por invitarme. Andrews sonrió graciosamente, mientras Plummer soltó, “Bien, ¡yo no te invité!”
Todos bebieron y ordenaron la cena. Este grupo ha estado en la carretera por tanto tiempo, ellos podrían haber estado celebrando su propia navidad. Cuando Plummer y Andrews hablaron, se recostaron uno contra el otro, sus frentes casi se tocaban. Gradualmente, las personas de las otras mesas empezaron a identificarlos, volteaban hacia adelante para ver si podían creerle a sus ojos. Después de todo, la última vez que la mayoría de nosotros los vio juntos, estaban subiendo esa montaña hacia la libertad.
Y 50 años después, seguían aquí. Seguros. Y aun en familia.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
jueves, 14 de mayo de 2015
La última entrevista de Neil Armstrong: una rara mirada de un hombre y su misión lunar
Neil Armstrong's last interview: rare glimpse of man and moon mission
El astronaut concede pocas entrevistas, pero le regaló a la audiencia australiana sus memorias del Apolo 11 y preocupaciones por la Nasa.
Paul Gallagher
Sábado 25-08-2012
La última entrevista de Neil Armstrong fue imprevista. Pero quizás apropiada, dados sus logros. En mayo the Certified Practicing Accountants de Australia reservaron casi una hora del tiempo del antíguo astronauta para discutir su expedición a la luna en 1969.
El jefe ejecutivo Alex Malley le dio un toque de profundidad al momento apelando a detalles de la familia de Armstrong, su padre Stephen trabajó como auditor para el gobierno del estado de Ohio.
Armstrong, quién raramente concedía entrevistas, obsequió a su audiencia con noticias de cómo él pensaba que el Apolo 11, el cual los llevó a él, Buzz Aldrin y Michael Collins a la luna, solo tenía una “posibilidad del 50%” de hacer contacto seguro con su superficie y un 90% de regresar a casa.
Él dijo que era “triste” que las ambiciones del gobierno actual de Estados Unidos con la Nasa fuese tan reducidas comparadas con los logros de los años ’60.
“La Nasa ha sido una de las inversiones públicas más exitosas para motivar a los estudiantes a hacerlo bien y alcanzar todo lo que puedan lograr”, dijo Armstrong. “Es triste que estemos llevando al programa en una dirección que reducirá la motivación y estimulación que da a la gente joven”.
Él dijo que a corto plazo, aquella decisión le estaba causando un contrasentido a la agencia, agregó: “Estoy muy preocupado por las nuevas políticas de la agencia espacial. Tenemos una situación en Estados Unidos donde la Casa Blanca y el Congreso tienen una posición extraña sobre cual debe ser la dirección a tomar en el futuro. Ellos están como jugando un juego y la Nasa es el control que mueven hacia delante y atrás”.
Armstrong había hablado de sus padres, la fascinación de su juventud por volar y sus experiencias de pilotar aviones de combate en la guerra coreana.
Él también expresó un sentido de predestinación acerca de su trabajo como piloto de prueba, al rechazar preocuparse por tareas futuras porque él pensaba que algo podía salir mal y entonces estaría ocupado en activar la eyección o en reparar una válvula.
Mientras se acercaba el día del lanzamiento, Armstrong dijo que tenían todo preparado en un cronograma. “Un mes antes del lanzamiento del Apolo 11, decidimos que teníamos suficiente confianza para tratar e intentar…un descenso a la superficie”.
Armstrong recordó el momento cuando recibió la llamada para preguntarle si el resto de la tripulación del Apolo 11 estaba listo para hacer aterrizar en la luna.
“Los jefes preguntaron, ‘¿Piensas que tú y tus muchachos están listos?’ Les dije que sería agradable tener otro mes, pero estábamos en una carrera y teníamos que aprovechar la oportunidad que teníamos. Tenía que decir que estábamos listos, que estábamos listos para el alunizaje”.
Él describió los tormentosos 12 minutos del descenso a la luna, cuando notó que el piloto automático del módulo lunar Eagle estaba preparando hacer aterrizar a la tripulación en la pendiente de un cráter lunar. “La computadora nos mostró donde se pretendía aterrizar, era un lugar muy malo, en el costado de un gran cráter de aproximadamente 100-150 metros de diámetro con pendientes muy pronunciadas cubiertas con rocas muy grandes, para nada un buen lugar donde aterrizar”, dijo él.
Armstrong tomó los controles manuales y ejecutó los comandos para aterrizar como un helicóptero en un area más plana hacia el oeste con solo 20 segundos de combustible.
En referencia a “un pequeño paso para un hombre, un salto gigantesco para la humanidad”, Armstrong dice que no pensó en esas palabras hasta después que habían aterrizado a salvo.
De su tiempo en la superficie lunar, él dijo: “Fue especial y memorable pero instantáneo porque había trabajo que hacer. No estábamos ahí para meditar. Estábamos ahí para cumplir unas tareas. Así que nos dispusimos a hacerlas”.
Armstrtong también tuvo tiempo de responder a la pregunta favorita de los teóricos de la conspiración: ¿Fue el aterrizaje en la luna un montaje?
“Las personas aman las teorías de conspiración”, replicó él. “Me refiero a que son muy atractivas. Pero nunca fueron una preocupación para mí porque sé que un día, alguien va a regresar allá y va atraer la cámara que dejé”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
lunes, 11 de mayo de 2015
Adiós Little Joe
Mark Goodman. People Magazine. 15-07-1991. Vol. 36. Nro. 1.
Luego de una feroz batalla final, Michael Landon sucumbió al cáncer rápida y tranquilamente, la familia que él valoraba estaba reunida alrededor de su cama.
Para incontables televidentes de las últimas tres décadas, Michael Landon era el tipo de cabellos largos que personificaba individuos juveniles de gran corazón. Como Little Joe Cartwright (Bonanza) y Charles Ingalls (Little House on the Prairie-La Pequeña Casa de la Pradera), él irradiaba la calidez del hogar, la armonía de la antígua familiaridad estadounidense, así como el sentido de perseverancia ante todas las calamidades, de manera natural y humana. Como Jonathan Smith, el ángel consciente de los problemas humanos en Highway to Heaven (Autopista al cielo), él trazó un camino hacia la comunidad del espíritu humano. Mas allá, como escritor, director y productor, se convirtió en un a fuerza fenomenal de entretenimiento, uno de pocos actores capaces de tomar las riendas de su carrera y enrumbarla según su visión personal.
Fuera de la pantalla, Landon representaba facetas más rudas del sueño estadounidense. La calidez y el sentido de lealtad familiar estaban ahí, de seguro. Él fue padre de seis hijos y adoptó tres más y se adaptó con fiereza a los ritmos de la familia, quizás, en parte, debido a que él fue el clásico niño infeliz determinado a alcanzar, a fuerza de voluntad, los logros más grandes en un mundo hostil.
Así cuando el 8 de abril fue anunciado que Landon de 54 años, había caído víctima de cáncer pancreático, un público desconcertado veía con expresión solemne como él había hecho la sentencia de su vida. “Si voy a morir”, le dijo a la revista LIFE tres semanas después de su diagnóstico, “la muerte tendrá que pelear mucho para vencerme”. De hecho fue una dura pelea pero Landon perdió, por supuesto, en un final de una escena dolorosa que el deseó que solo su esposa compartiera.
Luego del descubrimiento del cáncer, el cual se había extendido a su hígado, Landon se retiró con su tercera esposa, Cindy, de 34 años, y sus dos pequeños hijos a su rancho de 10 acres en Malibu, donde él se preparó para la batalla con un a dieta vegetariana, un programa de vitaminas, enzimas y acupuntura. Se sometió a quimioterapia el 18 de abril. A principios de mayo se sometió a un procedimiento experimental consistente en la administración intravenosa de una droga anticancerígena.
Estos tratamientos tenían poca oportunidad de éxito. Solo el 3 % de los pacientes de cáncer pancreático y el 5 % de quienes sufren cáncer de hígado sobreviven cinco años. De acuerdo a la Sociedad Estadounidense de Cáncer, los estudios relacionan al cigarrillo y el alcohol con estas formas de malignidad. Landon ha admitido que él practicó mucho ambos vicios. El publicista retirado de NBC, Bill Kiley dice: “Solíamos apostar a que sus calcetines olían a humo, porque inhalaba muy profundamente”.
A mediada que se regó su condición, miles de cartas de aliento y apoyo llegaban diariamente. Grupos de amigos visitaban la casa y hacían vigilias en las puertas del rancho. “Tengo una cantidad X de energía”, decía Landon, “y la que tengo la quiero compartir con mi familia”. Los hijos más pequeños de Landon, Sean de 4 años y Jennifer de 7, estaban “emocionalmente distraídos”, dice el amigo de mucho tiempo y socio de negocios Kent McCray, “pero Michael les pasaba su fuerza a ellos”. De acuerdo al colega John Warren, Landon también pasaba tiempo grabando cintas de video con sus últimos deseos para la familia y amigos.
Hasta el final, dice McCray, “su mente se perdía de vista…Contaba chistes, estaba muy lúcido, muy brillante, no mostraba ningún decaimiento”. Cuando su publicista, Harry Flynn, dudaba hace dos semanas si tomar unas cortas vacaciones, Landon dijo. “No seas tonto. Pásala bien. Estaré bien”. Dice Flynn. “Él sonaba bien. Pero entonces decayó en pocos días”.
En aquellos últimos días su salud se deterioró rápidamente. En su último fin de semana, Landon reunió a su círculo íntimo en el rancho, incluyendo a Cindy, sus nueve hijos y McCray y esposa. Ellos hicieron una vigilia en la habitación de Landon en el primer piso, donde muy cerca del fin, de acuerdo a McCray, Landon dijo, “Los amo mucho a todos pero ¿podrían bajar y darme algo de tiempo con Cindy?” Ella fue la única que estaba a su lado cuando falleció, alrededor de la 1:20 p.m. del lunes 1 de julio. El cuerpo de Landon fue cremado el día siguiente, y para ese momento, no se habían anunciado planes para un funeral.
Si sus amigos y familia tuvieron solaz, fue en la extraordinaria calma de Landon. Flynn habla de las últimas horas de su viejo amigo: “Era como saltar de un trampolín. Él sabía lo que venía, y fue valiente hasta el final”.
Landon fue un perfeccionista paradójico quien se pasó la vida tratando de modelar y representar actos que valieran la pena y si no pateaba traseros cuando alguien se atravesaba en su camino. “Si, yo soy perfecto. Es un problema que he tenido toda mi vida”, le comunicó a Ed Friendly, cocreador de Little House on the Prairie, durante una acalorada discusión en 1974. (Friendly se había ido antes que la serie empezara a transmitirse).
Este sentido de moral solitaria, y los métodos extremos de cumplir su voluntad, le fueron inculcados a Landon desde temprano. Nació como Eugene Oowitz el 31 de octubre de 1936, en Forest Hills, N.Y., y creció con su hermana en Collingswood, N.J. Su padre judío, Eli Orowitz, era un gerente de teatro y publicista de películas; su madre irlandesa-católica, Peggy O’Neill, era una actriz menor que abandonó su carrera. Eugene veía a sus padres discutir todo el tiempo. “Dile a tu padre que la cena está lista”, recuerda Landon que le decía su madre, aunque Eli estaba en la habitación.
Los muchachos de la escuela secundaria le gritaban a Landon “Judío bastardo” desde los carros. En una gran comunidad cristiana, los padres no les permitían a sus hijas salir con él. Las presiones familiares y sociales lo hicieron un orinador de camas crónico. La humillación fue incrementada por la práctica de su madre de colgar las sábanas empapadas en la ventana de su habitación. (Landon documentó su traumatica niñez en la película de NBC de 1976 The Loneliest Runner-El corredor más solitario). En verdad su formación incluía una noción profunda de la televisión como promotora del entretenimiento. Rodeado por muros de silencio, él una vez explicó, “Creé relaciones familiars donde las personas permanecen juntas porque se comunican”.
La universidad reforzó su sentido de aislamiento. Eugene (quién cambió su nombre a Michael Lane en los años ’50 y finalmente a Michael Landon) se convirtió en un lanzador de jabalina élite en la secundaria y estableció una marca nacional en su año final con un envío de 211 pies y 7 pulgadas. Eso le proporcionó una beca de pista y campo en la University of Southern California. Pero atleta a o no, un muchacho soñador de Nueva Jersey, con cabellos rizados hasta los hombros no iba a ser bien recibido en un campus de los años ’50.
Sus compañeros de equipo lo persiguieron y hasta lo tumbaron para cortarle el cabello. Landon, furioso, lanzó sus brazos en protesta, perdió su beca y pronto abandonó la escuela.
Antes del corte de cabello y la pérdida de la beca hubo un momento de melancholia que dejó una herida más profunda en Landon. En 1954, Landon viajó a Los Angeles con su padre agente publicitario, quien creía que sus antíguos colegas de RKO Radio Pictures, ahora en Paramount Studios, le ofrecerían un trabajo. “Espera aquí”, le dijo a su hijo en la puerta. “Regresaré en un minuto”. Treinta minutes después regresó su padre, cabizbajo, ni siquiera pudo pasar del guardia.
Años después Landon le contó a un reporter que aquel momento humillante le hizo tomar una decisión en la vida. “Sin importar lo que hiciera”, dijo él, “No iba a deberle a nadie un favor. Y no esperaba nada de nadie que tuviese que ver con negocios…No iba a recibir basura de nadie”.
Como resultaron las cosas, él no tuvo necesidad de eso: Un ejecutivo del cine lo vio y sugirió que se enrolara en la escuela de actuación de Warner Bros. Pronto, Landon estaba actuando en prestigiosas producciones de TV en Studio One y G.E. Theater. Hizo su debut en el cine en 1957 en una favorita de la época, I Was a Teenage Werewolf, como el hombre lobo estrella.
Aproximadamente al mismo tiempo, Landon empezó una tormentosa carrera marital. En 1956 se casó con la secretaria legal Dodie Fraser, una relación que duró seis años. Él adoptó al hijo de Dodie, Mark, y otro niño, Josh. La pareja se divorció en 1962 y en 1963 Landon se casó con la modelo Lynn Noe, con quien tuvo cuatro hijos (Michael Jr., Christopher, Leslie y Shawna). También adoptó a la hija de Noe, Cheryl.
Su carrera actoral despegó realmente dos años despues cuando aceptó el papel de Little Joe en Bonanza, la primera serie del oeste transmitida a color. Landon, Lorne Greene, Dan Blocker y Pernell Roberts hicieron del viudo Cartwright y sus muchachos la primera familia del oeste, y la serie duró 14 años. Greene tomó a Landon bajo su protección y una vez lo describió de esta manera: “¡Mike es un tipo muy dulce pero extremo! Terco…Él es muy impulsivo. Mike hará una cosa un día que lamentará ocho días después. Cuando se trata de sentido del humor, Mike tiene uno muy bueno”.
Roberts no pensaba así. Él y Landon, quién para mediados de los años ’60 también dirigía y producía episodios, chocaban en las grabaciones. Roberts abandonó el programa luego de seis años. (El ahora último sobreviviente de Bonanza, Roberts diría la semana pasada que se sentía “profundamente afectado por la muerte de Michael”.)
La dedicación feroz de Landon empezó a desplegarse durante los años de Bonanza. Para contrarrestar su fama emergente, durante la segunda temporada del programa, él empezó a tomar docenas de píldoras tranquilizantes al día. Eventualmente dejó el hábito de las píldoras. “Todavía tengo días muy laboriosos”, reconoció Landon su tendencia a trabajar en exceso. “Siempre he tenido que trabajar muy duro para ser feliz”.
Y hacía el trabajo, ante y detrás de las cámaras. Para el tiempo cuando desarrolló Little House on the Prairie en 1974, Landon había entendido que los actores pueden comandar en la escena pero los productores son los dueños de la casa. Landon empezó a escribir episodios de Little House on the Prairie y demandó, y ganó, el control creativo del programa. Como Jay Bernstein, para entonces publicista de Landon, reflexionó: “Su asunto siempre fue sobre control…la etiqueta nunca significó nada para él…Sentía que tenía una visión que podía usar para dirigir y producir y quería hacer los movimientos que lo pusieran en posición de hacerlo”.
Veintidos temporadas de series exitosas hicieron eso para Landon. Cuando el fue con la idea de Highway to Heaven a NBC, el joven presidente Brandon Tartikoff tuv que escuchar. Landon no solo obtuvo su programa, sino que Highway junto a The Cosby Show, sacaron a NBC del sótano de las mediciones. Y como Cosby, Landon era el productor ejecutivo de su programa, y a menudo dirigía y escribía por muy poca cosa. Como dijera Tartikoff, “Lo aprecio mucho. Mi canal de ensueño tendría 22 horas de talentos como el suyo”.
En sus últimas semanas en el rancho, su enfermedad llamó la atención de cientos de miles de seguidores, muchos de ellos jóvenes televidentes quienes habían crecido con Landon como nuestro repositorio cultural de un sentido de decencia común, de la integridad moral de las cosas. Esta cuerda universal templada por Landon tuvo su eco por su viejo colega, el antíguo presidente Ronald Reagan, quien dijo, “Su trágica batalla con el cáncer tocó los corazones de cada estadounidense, como lo hizo su espíritu indomable”. Y Landon cerró su propio libro con una gracia serena que rechazó sucumbir a la tragedia. “No es como si hubiese perdido mucho”, dijo él. “He tenido algo muy bueno aquí”.
Traducción: Alfonso L. Tusa C.
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