jueves, 22 de septiembre de 2011

Treinta años de aquella fulgurante pelea de Ray Leonard y Tommy Hearns.

Acabábamos de regresar a clases luego de una larga huelga. El
Instituto Tecnológico de Cumaná recuperaba la vida de la actividad
académica, aunque la desazón flotaba en toda la comunidad. El gobierno
había violentado el funcionamiento de la institución al nombrar
unilateralmente nuevas autoridades. Los temas deportivos resultaban
bálsamos que aliviaban aquellas heridas infligidas por una democracia
dictatorial.
En aquellos días de inicios de septiembre de 1981 un enfrentamiento
pugilístico martillaba las páginas deportivas, programas de radio y
televisión además de las tertulias deportivas. Ray Sugar Leonard
campeón de los pesos welter del Concejo Mundial de Boxeo, enfrentaría
a Thomas Hearns campeón welter de la Asociación Mundial de Boxeo, para
unificar el título de la categoría.
Mientras discutíamos una clase sobre la basicidad de las aminas
después de la clase, Luis sacó el Meridiano y poco a poco la discusión
llegó hasta el gimnasio. Luis decía que Leonard le ganaba a Hearns.
Ramón y Armindore replicaban que Hearns tenía dos mandarrias en las
manos y Leonard no iba a resistir esos impactos. Pedro y Alfredo
opinaban que era una pelea muy difícil. Para ponerle más picante al
ambiente me incliné por Leonard y así todo estaba super parejo.
Leonard había ganado el campeonato de los pesos Welter del CMB al
noquear a Wilfredo Beníez en el décimoquinto asalto en 1979. Luego
perdió ese título ante Roberto Mano è piedra Durán en una decisión muy
cerrada en junio de 1980 y lo recuperó cinco meses después en aquella
recordada pelea del “No más” en la cual Durán abandonó en el quinto
round. En junio de 1981 Leonard subió a la categoría de los pesos
medio medianos para realizar una pelea. Noqueó a Ayub Kalule en nueve
rounds para ganar el título de los medio medianos de la AMB.
Hearns ganó el campeonato de los welter de la AMB en 1980 al noquear
a José Pipino Cuevas en el segundo round de un combate escenificado en
Detroit, Michigan. Hizo tres defensas exitosas ante Luis Primera,
Randy Shields y Pablo Baez.
Leonard llegaba con record de 30-1 (21 KO). Hearns estaba invicto en
32 peleas (30 KO). La pelea estaba pautada para el 16 de septiembre de
1981 en el Caesars Palace de Las Vegas, Nevada.
Antes, durante y después de las clases, los trabajos dirigidos y las
prácticas de laboratorio, la discusión por la pelea subía en
vehemencia. Más de una vez los profesores nos pidieron silencio.
Cuando faltaba una semana para la pelea el ambiente empezó a
caldearse con emociones y discusiones que llegaban hasta que
desmontábamos el último experimento en el laboratorio. La porfía
llegaba a los asientos del autobús, el chofer nos quedaba mirando. “Me
parece que esa pelea ya empezó aquí”. Una tarde los epítetos subieron
tanto de volumen que decidimos apostar algo para amortiguar la
disputa. Acordamos que los que perdieran debían comprar lo necesario
para hacer un sancocho de pescado a la orilla del río, además de
prepararla y por supuesto comprar la bebida. Eso calmó un poco los
ánimos. Tanto Ramón y Armindore como Luis y yo nos frotábamos las
manos pensando en lo fácil que iba a ser almorzar a costa de los
perdedores al día siguiente de la pelea. Sin embargo cada vez que
aparecía una noticia nueva, la discusión reaparecía.
Aquel enfrentamiento convocó a 23.618 aficionados alrededor del ring
y una teleaudiencia de algunos 300 millones.
Los primeros asaltos se desarrollaron de acuerdo a lo esperado.
Leonard boxeaba desde afuera y Hearns lo perseguía. Cuando terminó el
quinto round empecé a visualizarme en la avenida Perimetral a las seis
de la mañana para comprar el pescado del sancocho. Leonard había
tenido dificultades para escapar del incisivo y largo jab de Hearns.
Tenía una apreciable hematoma debajo del ojo izquierdo. Hearns había
tomado una ventaja considerable en las tarjetas.
En el sexto round me levanté de la mecedora. Leonard se fue encima y
conectó un gancho de izquierda a la barbilla. Mientras Ray Sugar
zarandeaba a Tommy recorrí todo el salón. Eso duró hasta el octavo
round cuando round se recuperó con una estrategia de pegar y moverse,
así empezó a ganar puntos otra vez. Los papeles se invirtieron: ahora
Leonard era el perseguidor y Hearns el boxeador.
El día de la pelea los únicos que hablaban de boxeo eran Alfredo y
Pedro. Decían que Hearns se veía grande. Que Leonard iba a tener que
echarle un cerro para poder ganar. Le dije a Luis entredientes: “Eso
lo vamos a ver esta noche”. Armindore y Ramón chocaban las manos con
una sonrisa que atravesaba el aula.
Hearns ganó desde el noveno hasta el duodécimo round en las tarjetas
de los jueces y el árbitro. Volvíeron las imágenes de nosotros
preparando el sancocho a la orilla del río. Me llamó la atención de
los gritos que daba el legendario entrenador Angelo Dundee en la
esquina de Leonard. Tenía los ojos afilados y una maraña de venas
brotadas en el cuello. “¡Estás botando la pelea hijo! ¡La estás
botando!”
Leonard salió a echar el resto en el décimo tercer round. Aún cuando
tenía el ojo izquierdo muy hinchado. Después de impactar a Hearns con
un derechazo, logró asestarle una combinación explosiva que lanzó a
Hearns contra las cuerdas. Hearns se levantó, pero se volvió a caer al
final del round.
En el décimocuarto round, luego de golpear a Hearns con una derecha
por encima del brazo, Leonard llevó a Hearns contra las cuerdas, allí
desarrolló otra combinación intensa que obligó al árbitro a detener el
combate y acreditarle a Sugar Ray Leonard el Campeonato Mundial
Unificado del peso Welter. Hearns dominaba las tarjetas 124-122,
125-122 y 125-121.
Estuve saltando como dos minutos, mientras veía la celebración de
Leonard a hombros de sus segundos, suspiré profundo, me había salvado
de ir a comprar pescado y vituallas a la boca del Manzanares. Deseaba
con todas mis fuerzas que amaneciera rápido para echarle broma a los
muchachos e irnos para el río.
Antes de apagar el televisor hablaban de una discusión debida a los
puntajes de los rounds seis y siete. Aún cuando Leonard dominó,
zarandeando a Hearns, los tres jueces le dieron ambos asaltos por
margen de 10-9. Muchos sintieron que la puntuación no fue apropiada y
que esos rounds debieron haber sido anotados 10-8.
Luis llegó temprano a la casa. Nos reunimos con Armindore y Ramón en
“las cuatro esquinas” para agarrar el bus hacia San Juan. Alfredo
llegó a última hora y agarró una de las bolsas que le entregaron
Armindore y Ramón. Pedro se adelantó en su motocicleta. Cuando el
autobús remontaba el “policía acostado” de la alcabala, los agentes
hicieron la señal de alto. Revisaron lo que llevaba cada pasajero. Se
quedaron viendo las bolsas que llevaban Ramón y Armindore. Hicieron
una seña a Alfredo y se los llevaron a la caseta. Mientras caminaban
por el pasillo nos señalaron “¿Y a estos no los van a registrar? Ellos
vienen con nosotros”. Desde la ventanilla vimos como los policías
ordenaban a los muchachos a pegarse contra la pared mientras los
revisaban de la cabeza hasta los pies. A la distancia se escuchaban
los lamentos de Ramón: “Perdió Hearns. Tuvimos que ir a comprar el
pescado, la vitualla,. Y ahora nos requisan como malandros”.

Alfonso L. Tusa C.

martes, 6 de septiembre de 2011

El desquite de Antonio Gómez.

Podría decirse que a partir de la derrota (por decisión) de Pedro Gómez a
manos de Shozo Saijo el 09 de febrero de 1969, la carrera de Antonio Gómez
dio un vuelco en cuanto a su actitud sobre el ensogado. Hasta esa fecha
Antonio se había caracterizado por enfatizar el arte de la esgrima que lo
hacía practicar una gran defensa. El público lo calificaba de “apático y
frío”. La derrota de su hermano lo hizo jurar que lo vengaría y a partir de
allí empezó a complementar su defensa con efectivas combinaciones de
certeros impactos.

Antonio había decidido practicar el pugilismo animado por las
demostraciones de Pedro. “Siempre me gustó verlo pelear y entrenar, tanto
que un día Heli Montes me preguntó si quería boxear. Le contesté que sí y me
dijo que me fuese al día siguiente por la tarde con un pantaloncito corto y
unas vendas”.

El salto al pugilismo rentado ocurrió a los 22 años. Gómez arregló la
transición a través de Heli Montes. “Mi esperanza era llegar a ser campeón
nacional, no campeón mundial. Cuando conquiste el título nacional, me
retiro. Así lo dije varias veces”.

Debutó el 18 de febrero de 1967 en Caracas ante el tambien venezolano
Eduardo Blanco. Lo anestesió en el tercer round. Labró un invicto de 7
peleas hasta que se atravesó Domingo Bastidas el 01 de septiembre de aquel
1967. Salió vencido por nocaut técnico. Antonio alegó que Bastidas lo había
golpeado en el cuello, por lo que debió abandonar. Pidió la revancha. El 29
de enero de 1968 y se desquitó en una clara decisión de 8 rounds. Este
triunfo resultó el cuarto de otra seguidilla de victorias, esta vez de 9.
Entonces perdió una discutida decisión el 04 de noviembre de 1968 (8 rounds)
ante Gustavo Briceño. Derrotó a Manuel Arnal y a Mario Enrique antes de
cobrar venganza de Briceño al noquearlo en 9 asaltos el 30 de marzo de 1969.

El 02 de septiembre de 1971 Antonio Gómez salió a buscar a Shozo Saijo
desde el principio. En el primer round lo alcanzó con un jab y el japonés
fue a la lona pero el árbitro Alfred Giarruso no hizo el conteo de
protección por considerar que había sido un resbalón del hasta entonces
campeón mundial.

La primera gran oportunidad de Antonio Gómez se presentó el 22 de agosto de
1969 en Los Ángeles, Estados Unidos. “Habían llamado a Ramiro Machado para
que Cruz Marcano peleara con Hawkins, pero el Loco estaba de farra y me
dijeron a mì. Fui como carne de cañón a pelear con el tipo. Pedro me estuvo
explicando varias cosas antes de viajar, y como el tenía más experiencia que
yo, hice lo que me dijo”. El boxeador cumanés se impuso por nocaut en el
décimo asalto y quedó listo para enemigos de cartel como el colombiano Kid
Pambelé y el mexicano Gil Noriega.

En el segundo round Gómez se desplazó con elegancia y la seguridad que
reflejó mientras hablaba con los entrenadores Willie Ketchum y Heli Montes,
con su representante Ramiro Machado y con los 17 venezolanos que estaban con
él en el hotel. Sacudió tres veces el jab y aplicó el upper en un
contragolpe. Las esperanzas de que el título mundial de los plumas pasara a
manos venezolanas crecían.

El careo con Gil Noriega se realizó el 14 de febrero de 1970 en Los
Angeles. Gómez ganó por nocaut en 7 asaltos. Empezaron a llamarlo “El
noqueador de Los Angeles”.

El 20 de abril de 1970 enfrentó en Tijuana, México, al “manito” Memo
Morales quién había derrotado al campeón nacional de los plumas Cruz Marcano
el 20 de febrero de 1970. Gómez lo anestesió en 3 rounds y vengó a su
paisano. Le ganó decisión en 10 rounds al tambien mexicano Antonio Hernández
en Los Angeles. Entonces fue en búsqueda del campeonato de los pesos pluma
del estado de California frente a Fernando Sotelo. El 05 de septiembre de
1970, en Los Angeles, Gómez noqueó en el noveno salto.

En el tercer round Saijo salió a echar del resto. Antonio lo recibió con
izquierdazo al mentón. Algunos venezolanos empezaron a saltar en el ring
side. Tuvieron que regresar a sus asientos cuando Saijo se levantó a los ocho
segundos de conteo y atacó con garra. Llevó a Gómez contra las cuerdas y lo
zarandeó con impactos de ambas manos. Antonio se sorprendió y respondió con
derecha fuerte al mentón.

Extendió su seguidilla de victorias a 14 con triunfos ante Ray Vega, por
nocaut en 7 rounds, el 09 de noviembre en Caracas. Y ante el dominicano Juan
Collado por decisión en 10 rounds, el 14 de diciembre en Caracas.

En el cuarto asalto Gómez impactaba sin contemplación ante un hombre que
resistía gallardamente en defensa del título que había ganado en1968.

El 27 de febrero de 1970 en Caracas, derrotó por decisión apretada al
joven Esteban DeJesus que venía invicto en 18 peleas (17 nocauts). El 28 de
mayo, en Caracas, terminó de reiterar su condición de aspirante número 1 al
título de los plumas de la AMB. Entonces fulminó en el primer round al
mexicano Vicente García.

En el quinto, Gómez metió dos veces el jab y cuando el campeón respondía con
otro, el venezolano lanzó su mano derecha en recto y Saijo dobló las piernas
y cayó de espaldas. El ábitro Giarruso frotó los guantes de Saijo cuando
este se levantó con la guardia erguida. Gómez se abalanzó de nuevo y golpeó
a los costados. Lo tumbó por 8 segundos con derechazo en gancho. Saijo
volvió a levantarse tambaleándose. Pero se volvió a encontrar con el ataque
del venezolano. Saijo cayó por vez definitiva a los 2:07 minutos. Era el
primer nocaut que recibía en su carrera.



Alfonso L. Tusa C.