viernes, 2 de marzo de 2018

Ahora se puede decir: Bárbara Stevens tiene 1000 victorias a su nombre.

Harvey Araton. The New York Times. 20-02-2018. PLEASANTVILLE, N.Y. — El problema era con el pase apropiado, con la ubicación en la zona de la pintura, con la incapacidad del equipo para pasarle el balón a la jugadora más alta en un lugar donde pudiera hacer uso de su tamaño y fuerza en la condición más provechosa. Todo esto fue dolorosamente aparente para la entrenadora Bárbara Stevens en la banca de Bentley University, cuando Victoria Lux su espigada centro, tuvo dificultades en la primer tiempo con la defensa de Pace University. Su equipo parecía que iba a sufrir una derota inesperada. Stevens, la matrona de Bentley, una grande por mucho tiempo en la Division II y campeona nacional en 2014, ya prepara sus modificaciones del entretiempo. “Las integrantes del equipo se acercaron y aportaron un gran cantidad de opiniones” dijo ella al reflexionar sobre el juego, el cual se realizó a finales del mes pasado. “Yo pensaba que no teníamos la ubicación correcta, hablé de eso en el entretiempo, hice algunos ajustes”. Con suficiente confianza, en la primera posesión de Bentley de la segunda mitad, Lux se ubicó cerca del canasto y el balón circuló hacia el costado y entonces se lo lanzaron a ella sobre una defensora pequeña de Pace. Con una mejor ubicación, el resultado fue exitoso. Dos puntos para Lux en ruta a una segunda mitad dominante y una victoria 72-66 como visitantes, la milésima segunda de la carrera de 41 años de Stevens, un recorrido de excelencia contínua que, a un nivel de celebridad nacional, ha sido un secreto a voces. Lo cual no necesariamente es un problema para ella. “Llegué a un lugar donde creía me desempeñaba mejor, fuera de la luz pública”, dijo Stevens. Desde sus primeros días como entrenadora principal en 1977, en Clark University, Worcester, Mass., hasta los tres años de ensayo en la University of Massachusetts antes de establecerse en un recorrido contínuo de 32 años en Bentley en Waltham, un suburbio de Boston, la vida de Stevens a menudo ha sido objeto de ajustes estratégicos, como lo fue aquella noche ante pace. Es un enfoque que le ha permitido identificar la posición preferida, el lugar perfecto, y no ha sido el tope en la escalera de mando. Décadas antes de que Stevens se convirtiese en la quinta entrenadora universitaria que ganaba 1000 juegos, ella fue una estrella creciente, en medio del movimiento para elevar el perfil del juego, para promover la equidad de géneros en el deporte. Siempre ha sido una de las grandes embajadoras del juego femenino y una gran líder para las mujeres en general”, dijo Muffet McGraw, gran entrenadora en Notre Dame, en una entrevista telefónica. Stevens ha tenido relaciones profesionales y amistades con las entrenadoras reconocidas en el mundo del baloncesto, personas como McGraw y las otras cuatro miembros del club de las 1000 victorias: la leyenda de Tennessee Pat Summit; Sylvia Hatchell de Carolina del Norte; Tara VanDerveer de Stanford, y más notablemente, Geno Auriemma de Connecticut, con quien Stevens condujo los campamentos de baloncesto de Estados Unidos a principios de la década de 1990. Todas hacen vida en la Division I, excepto Stevens, quien también es la única entrenadora de la Division II en haber sido presidente de la Women’s Basketball Coaches Association en 1984-85. Ella dirigió conta McGraw mientras estaba en Massachusetts y McGraw en Lehigh. Su equipo de Massachusetts de la temporada 1985-86 perdió una ventaja de segundo tiempo ante una escuadra de Connecticut que jugaba su séptimo juego en la temporada del debut de Auriemma. “No recuerdo otra cosa adicional a que ambos no teníamos equipos muy buenos”, dijo Stevens. “Quien iba a saber que él transformaría el programa de la forma como lo hizo?” ¿Quién iba a saber que Stevens, luego de irse de Massachusetts y reubicarse en Bentley, una universidad privada con matrícula combinada (pre y post grado) de 5500 estudiantes y una reputación de negocios y finanzas altamente respetada, establecería un programa que en ocasiones ha sido llamado el UConn de la Division II? Eso era en términos de consistencia, longevidad y fundamentos de calidad, porque Stevens solo ha ganado un título nacional (con un equipo invicto) por 11 de Auriemma. Pero en más de tres décadas en Bentley, tiene un porcentaje de victoria por encima del 80 por ciento, ha estado en 29 torneos de la NCAA, ha ganado 14 títulos regionales, ha participado en 10 semifinales y ha logrado una docena de temporadas con al menos 30 triunfos. Fue elegida al Women’s Basketball Hall of Fame en 2006, entró en la misma clase, coincidencial pero felizmente, de Auriemma. “Ella es una de mis favoritas en la profesión”, escribió Auriemma en un correo electrónico. “La manera como ella desarrolla su programa es impresionante, pero el aspecto más impactante de su programa es como ellas compiten consistentemente y ganan campeonatos. Sin importar de cual división hablamos, es una de las mejores entrenadoras del país”. Lo cual en la cultura de los entrenadores ambiciosos, lleva a una pregunta obvia: Despues de tanto éxito, ¿por qué Stevens ha permanecido en Bentley? Le han preguntado eso muchas veces, por supuesto, aunque principalmente quienes no la conocen, o han llegado tarde a su historia, o están fuera de su círculo. No fueron los años en Massachusetts y su marca de 34-49 allí lo que atenuó el llamado de las grandes universidades, después que Stevens pasó a Bentley y empezó a acumular victorias siguieron llamándola. “Muchas universidades D-1 me buscaron a través de los años”, dijo ella. “Tuve que decidir si era la oportunidad para mudarme de nuevo, o era la calidad de vida que quería, el espacio que encontré cuando llegué aquí, un balance maravilloso”. ¿Pudo haber tenido eso en una universidad de gran presupuesto, donde las presiones inherentes son mayores y los reclutas élite cada vez más imitan a los hombres, convencidos de que son, como jugadores, la esencia de sus videos promocionales? “Desafortunadamente, de alguna manera veo el juego femenino de alta competencia avanzando en la misma dirección que el masculino”, dijo Stevens. Señala con rapidez que no cada programa de la Division I es como el de Connecticut, o Notre Dame, donde la brecha entre los recursos para cada género se ha estrechado hasta ser muy pequeña o inexistente. En Connecticut, Chris Dailey, el entrenador asociado de Auriemma por mucho tiempo, a menudo ha citado esa desafortunada realidad, como una de las motivaciones de ella para no tener un programa propio. Así que Stevens se quedó en Bentley, como McGraw dijo de su amiga, “No siempre tienes que tener más cuando ya tienes todo lo que quieres”. En Bentley, ella no ha estado sola en ese respecto. El entrenador de baloncesto masculino, Jay Lawson está en su vigésimo séptimo año. Bob DeFelice, el entrenador de beisbol, ha trabajado allí por medio siglo. Dick Lipe, el director de información deportiva, está en su año 41. “Atraemos muy buenos estudiantes-atletas aquí”, dijo Stevens. “Son inteligentes, motivados, por eso aún estoy entrenando”. La entrenadora asociada de Stevens, C White, jugó para ella cuando cambió el siglo. Christiana Bakolas, la entrenadora asistente, fue piloto y capitana del equipo que ganó el título en 2014. “Llegamos al Final Four en mi segundo año, al Elite 8 en mi primer año”, dijo Bakolas. “Lo queríamos hacer por ella”. Mientras tanto, McGraw recordaba una conversación con Stevens poco después del título de 2014, el cual fue logrado con una reacción ante West Texas A&M con menos de seis minutos por jugar. Stevens, dijo McGraw, insistía en que la victoria era algo en lo que siempre había trabajado porque quería que cada jugadora de Bentley la saboreara. Su reputación se ha convertido en una receta del éxito, su programa un destino para las jugadoras universitarias de alto nivel quienes pueden no haber sabido de Stevens antes que alguien, un tío entrenador de baloncesto en el caso de Bakolas, mencionara a esta flaca nativa de Massachusetts, de sonrisa natural y actitud calmada quien se ha forjado un lugar en la historia del baloncesto femenino en casa, fuera de la luz pública. “Entendemos lo que somos, donde estamos, en el area de Boston, no hay mucha atención”, dijo Stevens. “A veces ni la comunidad de Bentley presta atención. Pero soy una persona extremadamente apasionada y competitiva, consumida por lo que hago. Nuestros recursos son diferentes a los de la D-I. Nuestros grupos de trabajo son más pequeños. Pero reclutamos con mucho ahínco”. Como programa de Division II, Bentley puede ofrecer becas, y ha sido común que las jugadoras escojan este campus de rápido acceso a los programas de Division I en Boston, dadas las ofertas académicas de Bentley junto a la reputación de Stevens de llevar a sus equipos hasta bien avanzado marzo. Becca Musgrove jugó tres años en Brown antes de perder su año final por una lesión, entonces aplicó por la escuela de Bentley y por una pasantía en entrenamiento. Con un año de elegibilidad pendiente, se ha convertido en parte vital de la rotación de Stevens, una jugadora incisiva quien marcó 20 puntos en el triunfo ante Pace, el número 1002. “Nunca me propuse ganar 1000 juegos”, dijo Stevens. “Solo me preparaba para ganar el próximo juego”. La noche del logro llegó el 17 de enero, en casa contra Adelphi, un rival de conferencia de Northeast-10, la comunidad de Bentley llenó el gimnasio. En los segundos finales de una victoria 78-66, los aficionados corearon el nombre de Stevens, sus jugadoras vaciaron un balde de confetti sobre ella y se paró frente al micrófono para hablar de sacrificio, de las reuniones familiares que se perdió a través de los años por atender a su familia de estudiantes-atletas. “Me disculpo con ellos por eso”, dijo ella, sin prometer que nunca más estaría ausente. Una solterona de 63 años, Stevens miró alrededor y vio a su madre, había salido en una fría noche de Nueva Inglaterra, en su silla de ruedas. Vio finalmente a los reporteros de los medios de Massachusetts finalmente prestar atención. Vio a sus jugadoras, las actuales y las antiguas, con lágrimas en las mejillas, hasta algunas quienes compartieron con ella en Clark y no eran más jóvenes que ella. La cuenta progresiva hasta 1000, después de todo había empezado cuando Steven apenas había terminado la universidad. Fue un largo camino hacia la luz pública, su merecida posición y lugar. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 02 de marzo de 2018.

lunes, 26 de febrero de 2018

Mi primera compañera de clases.

Jayson Tatum. The Players’ Tribune. 15 de abril de 2016. Lo vi de inmediato. Tan pronto como mi mamá estacionó el carro frente a nuestra casa y empezamos a caminar hacia la puerta del frente. Eso estaba ahí. Crecer en San Luis, te permite saber de este tipo de cosas, oyes los cuentos, Pero nunca antes lo había visto. Un pedazo pequeño de papel rosado pegado a nuestra puerta. Una notificación de desalojo. Mi mama rompió en llanto tan pronto la vio. Si no era que cortaban la calefacción, era el agua, siempre parecía como si hubiese un problema tras otro. Ella estaba afectada. Fue a su habitación. Podía oirla llorar a través de la puerta. También fui a mi habitación. Estaba muy molesto conmigo por ser tan pequeño, incapaz de ayudar, sin control de nada. Por supuesto, yo era solo un niño de 8 o 9 años de edad, por lo que no entendía la totalidad de la situación, pero sabía lo suficiente para sospechar lo que significaba ese papel rosado. ¿Dónde vamos a vivir? ¿Con quién nos vamos a quedar? ¿Quién nos va a socorrer? *** Mucho antes de la escuela secundaria, yo había asistido a la universidad. Mi mamá me tuvo cuando tenía 19 años de edad. Era estudiante de primer año en la universidad. Estaba decidida a no convertirse en otra estadística, a no terminar viviendo de las dádivas del estado, a no abandonar la escuela. Así que me llevó a clases con ella. Desde cuando era bebé hasta que tuve unos ocho años de edad, cuando mi mamá iba a la universidad, yo iba con ella. Recuerdo sentarme al fondo de sus clases, comer meriendas o sumergirme en libros o video juegos. Me mantenía tranquilo, escuchando allá y acá, para mí, la mayoría de los profesores parecían aburridos y hablaban mucho. Yo tenía mis cosas en que enfocarme, ella tenía las suyas. Se sentía normal. Así que eso fue lo que hicimos. Cuando mi mama no podia pagar una niñera y abuela estaba trabajando, íbamos a clase juntos. Para cuando yo estaba en sexto grado, mi mamá se había graduado de abogada en la St. Louis University. Nunca olvidaré su graduación en la escuela de leyes. Fueron todos mis primos y abuelos. Cuando anunciaron el nombre de mi mamá, me puse de pie y grité “¡Te amo! ¡Estoy orgulloso de ti!” Ella lo había hecho, se lo dije despues de la ceremonia, pero me corrigió. “Lo hicimos”. Pienso que todo lo que mamá trabajó y todo lo que vivió, no me impactó realmente hasta este año pasado, ante la expectativa de Duke este otoño. Aquellas noches cuando ella todavía estaba en la universidad, nos sentábamos juntos en la mesa del comedor. Cada quien hacía su tarea. Ella iba y venía desde la cocina, preparaba la cena mientras le hacía preguntas acerca de mis ejercicios de matemáticas. “Mamá era la mejor en matemáticas, siempre encontraba la manera de simplificar las cosas de manera que yo pudiese entender). Y cuando era hora de ir a la cama, me llevaba a mi habitación y regresaba a la mesa del comedor, ahí se quedaba largas horas, estudiando, leyendo, asegurándose de estar al día con sus deberes escolares. A menudo me decía, “Jay, no dejes que nadie te diga lo que puedes o no puedes ser. No te importa eso”. Cuando en el liceo se hizo evidente que el baloncesto se estaba convirtiendo en parte importante de mi vida, sus palabras en casa se hicieron más vehementes. He jugado baloncesto desde que podía caminar. Mi papá jugó en la universidad y luego unos años como profesional en el exterior, por eso no lo veía mucho en esos primeros años. Pero hay fotos mías de cuando era bebé, en sus juegos. Se podría decir que el juego ha sido parte de mi desde el principio. Cuando solo tenía tres años de edad, tuve que jugar en la liga sub-5 en nuestro YMCA porque era mucho más alto que los otros niños de mi edad. Cuando mamá descubrió que todo lo que yo quería era jugar baloncesto, empezó a demandar que trabajara igual de duro en la escuela. Ella no quería que las personas me miraran y pensaran, Él solo es un atleta. Todo lo que puede hacer es jugar baloncesto. No puede hablar bien. De pronto había nuevas reglas en la casa. Si mis notas no estaban donde ella quería que estuviesen, entonces no habría torneos de baloncesto los fines de semana. “Si, seguro, está bien mamá”, replicaba sarcásticamente. “Las mamás de mis amigos no tienen esas reglas”. Solo me comportaba como un niño. Gran error. Un día, ella regresó a casa luego de una reunión con los profesores acerca de mi rendimiento escolar. Señaló las dos C en mis calificaciones. Se sentó conmigo y desarrolló una de esas conversaciones, una de esas largas conversaciones de las madres. Si saben a lo que me refiero, saben lo que quiero decir. Cuando llegó el torneo de baloncesto de fin de semana, ella no hizo ningún escándalo. No me dejó jugar. Sin piedad. Eso fue una advertencia. Nunca más volví a subestimar a mi mamá. Eso solo ocurrió una vez. Desde entonces nos convertimos en un equipo como lo habíamos sido cuando ella me llevaba a la universidad. En ese tiempo, ella había hecho todo lo que estaba a su alcance, tenía dos trabajos, tomaba trabajos adicionales como limpiar las casas de las personas, hacía sus deberes escolares, además de todas sus responsabilidades de madre. Ni cuando se graduó se detuvo su trabajo duro, así que yo necesitaba dar lo mejor de mí también. Mientras me hacía más alto y fuerte, empecé a madurar de otras formas. Traté intensamente de ocuparme de mis tareas escolares para que ella no tuviese que revisarme tanto como solía hacerlo. Traté de ser tan independiente como pude para aligerar su carga un poco. Empecé a lavar y planchar mi ropa, a ir por mi cuenta al gimnasio, preparar mi desayuno en la mañana, y si ella trabajaba hasta tarde, yo trataba de tener la comida lista cuando ella llegaba a casa. (Mis futuros compañeros de habitación en la universidad tuvieron suerte. Aprendí a hacer unos tacos maravillosos). Mi juego también mejoró. El verano previo a mi llegada a la escuela secundaria, me invitaron a un campamento de baloncesto élite en Atlanta. Allí había muchachos quienes tenían sus propios videos YouTube, cintas con su música preferida, de todo. Reconocí algunos otros jugadores, Josh Langford, V.J. King, Bam Adebayo, como principales reclutas de la secundaria. Llegué como el chico nuevo. Nadie sabía mi nombre ni de donde venía. Pero al final del fin de semana, sentí que algunas personas más sabían mi nombre. El baloncesto universitario estaba en mi radar, y tal vez una beca de estudios. Al aproximarme a mi primer año en la secundaria, mamá me sentó para una de sus charlas. La manera como yo admiraba a Kobe y LeBron, dijo ella, era la forma como los jóvenes de San Luis me admirarían: Era un basquetbolista de renombre en potencia. Lo que fuera que hiciera fuera de la cancha, dijo ella, era tan importante como los números que lograra en ella. Además de las tareas escolares, mamá me involucró con el trabajo voluntario, prestando ayuda en los refugios de los desamparados y tutoreando jóvenes atletas-estudiantes de la ciudad. Iba a sus prácticas y juegos, hablaba con ellos de los problemas que enfrentaban en la escuela. A veces yo hablaba en sus banquetes o cumplía otras funciones en el equipo. No estaba acostumbrado a dar consejos. ¿Qué le puede decir un muchacho de 18 años a otros jóvenes? Siempre empezaba de la misma forma, con una historia. Cuando cursaba la escuela primaria, mis maestros caminaban alrededor del aula preguntándole a los niños que querían ser cuando crecieran. La mayoría de mis compañeros de clases decía que quería ser médicos o abogados. Yo siempre decía, “Quiero ser un basquetbolista profesional”. Usualmente el maestro sonreía y decía, “Eso es inspirador, pero piensa en algo más realista”. Entonces les decía a esos atletas-estudiantes lo que me decía mi mamá. “No dejen que nadie les diga lo que pueden o no pueden ser. No les importa eso”. “Soy como ustedes”, les decía. “Soy de estas cuadras, jugué en estas ligas, mi familia ha tenido sus dificultades igual que las de ustedes. No hay secreto especial. Solo hay que trabajar duro y automotivarse. (Y si son afortunados, tendrán una mama quien los motivará mucho más). Cuando empezaron a llegar las ofertas de becas de estudio, cada carta hacía llorar a mi mamá. La llamada del entrenador K fue un sueño hecho realidad, un sueño que ella había estado preparando para mí en esos últimos dos años, aun cuando yo no estuviese tan seguro de que eso me iba a ocurrir. Pensé que las lecciones habían terminado, pero estaba equivocado. Hasta cuando supe que iba para Duke, mamá siguió motivándome. Ella iba a mi habitación cuando yo veía televisión, tomaba el control remoto y preguntaba, “Jay, si viniese un reportero de noticias hacia ti después de un juego y te preguntara, ‘¿En que pensabas durante los momentos decisivos del juego?’ ¿Qué le dirías?” En ese momento, no entendí lo que ella hacía, solo quería ver televisión. “¡Mamáaaaaa! Nadie va a venir y me va a hacer esa pregunta”. Pero ella insistía, así que terminé siguiéndole el juego. Ella sostenía el control remoto empuñado bajo mi barbilla, como un micrófono imaginario. Mirando en retrospectiva, eso fue muy divertido, pero pienso que eso ayudó a prepararme. Ahora nunca me pongo nervioso cuando tengo que hablar con los medios. Mi mamá encontró la manera de mantener nuestra casa luego de aquella nota de desalojo. Se dedicó como con sus grados universitarios, sus largas noches haciendo varios trabajos, encontró la manera. La casa no es nada espectacular, solo tiene dos habitaciones y un baño. Pero es nuestro hogar. A veces mi mamá y yo soñamos despiertos acerca de ayudar a otras madres solteras quienes tratan de salir adelante. Hablamos de convertir nuestra casa en un lugar donde una madre y su hijo puedan vivir sin pagar alquiler por un año o dos mientras se estabilizan, de manera que no tengan que pasar por lo que mamá y yo vivimos, preguntándonos si en 30 días todavía tendríamos un hogar. Espero que algún día nuestro sueño se haga realidad. Ahora Duke está en mi horizonte. Y eso solo es posible por mi mamá, mi compañera universitaria original. Gracías mamá, por asegurarte de que yo me alimentara, por asegurarte de que tuviéramos un hogar, por convertirme en la persona que soy hoy. …y por asegurarte de que hiciera mis deberes escolares. Prometo mantenerte informada de mi rendimiento universitario. Además, sé que igual lo revisarás. Gracias otra vez mamá. Lo hiciste. Me equivoqué. Lo hicimos. Jayson Tatum. Colaborador. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 24 de febrero de 2018.

jueves, 1 de febrero de 2018

Mi hermano Dave.

The Players Tribune. 23 de enero de 2017. Paul Holmgrem. Presidente de los Flyers de Filadelfia. Cuando tenía 12 años de edad, le pedí a mis padres que me enviaran a un campamento de hockey de una semana en Bemidji StateUniversity. La universidad está a tres horas de donde vivíamos en el lado este de St. Paul. Mi papá, Edward Holmgren, trabajaba en la U.S Post Office mientras mi mamá se quedaba en casa para levantar la familia. Las finanzas eran muy ajustadas. Si, había suficiente comida, pero no teníamos los 110 $ para enviarme al campamento de hockey. En 1967, eso era el equivalente de 800 $ de hoy. No es que fuésemos pobres, pero no había mucho dinero para gastos adicionales. Yo era el bebé de la familia, el más joven de cuatro hijos. Mi hermano mayor inmediato, Mark, me llevaba solo 15 meses, y usé mucha de la ropa que no le servía, abrigos viejos, pantalones y zapatos siempre llegaban hasta mi cada vez que Mark crecía hacia otra talla. De todo lo que me daba lo que más me gustaba eran los patines. Hasta que casi tuve 11 años no tuve unos propios. Vivíamos en una casa de un baño, sin ducha. Era un clásico. Un hogar al estilo St. Paul. Dave, mi hermano mayor por ocho años, compartía habitación en el piso de arriba con Mark y conmigo. Estoy seguro de que no podía ser divertido tener por compañeros de cuarto a dos niños pequeños, pero Dave era especial. Dave nunca llegó a verme disfrutar los beneficios de lo que aprendí en Bemidji State. Dos años antes, había quedado ciego, por complicaciones con su diabetes. Cuando él tenía ocho años, fue a un campamento de verano al norte de Minnesota, donde de pronto se enfermó de gravedad y casi muere. Los médicos le diagnosticaron diabetes, le indicaron una dieta y el uso de insulina bajo control. Vivió una vida normal por unos años después de eso. Pero a medida que pasaba el tiempo, parecía que todo lo malo que podía ocurrirle a un diabético, le ocurría a él. Dave era el cerebro de los hermanos Holmgren, un mago en matemáticas y química. Quería incursionar en el negocio de la venta de sándwiches, esperaba convertir una tienda en cadena comercial. Pero su vista empezó a fallar y se convirtió en impedimento. También tenía dolores constantes en todo el cuerpo, algo que empeoró con el tiempo. Tenía 19 años de edad, y dos en la universidad, cuando regresó a casa llorando porque había chocado su Chevy Nova ’62. “No puedo ver”, le dijo a mis padres, Pero aún con esas dificultades, siempre recuerdo a Dave ejecutando algun trabajo después de clases o en el verano. Un año trabajó en un auto lavado, el año siguiente en un restaurant. No lo recuerdo sin trabajar. Tenía algo de dinero ahorrado, y quería hacer eso por mí. Yo jugaba futbol americano y beisbol en Harding High, pero vivir en Minnesota implicaba que también jugaba hockey. El hockey estaba en todas partes. El hockey es todo. Si no estaba jugando en la calle frente a la casa, estaba en el campo East View Playground dos cuadras más allá. Los fines de semana jugaba con mis amigos desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la noche, tal vez hacía un alto para almorzar. Y después que terminábamos las tareas, regresábamos a jugar. El día de escoger la carrera universitaria, escribí jugador de hockey en el cuestionario que todos debían llenar. Debido a la diferencia de edad, Mark y yo éramos más cercanos que con respecto a Dave y mi hermana mayor Janice. Éramos más inclinados hacia el deporte que ellos. Si hablaba con alguien de hockey, ese era Mark. No recuerdo haber hablado con Dave de mi interés por el deporte. Pero al mirar hacia atrás, obviamente él estaba pendiente. Sino ¿Por qué habría pagado para que yo fuese a ese campamento de hockey? El campamento de Bemidji State era uno de los mejores de NorteAmérica. Estaba a cargo de Bob Peters ( el entrenador de Bemidji State desde 1967 hasta 2001) y Murray Williamson (dos veces entrenador del equipo olímpico de Estados Unidos y medallista de plata en 1972). Uno de los instructores del campamento era Larry Pleau, quien entonces tenía alrededor de 20 años y jugaba hockey juvenil en Montreal. Era uno de los pocos jugadores estadounidenses considerado entre los grandes prospectos de NHL para esa época. No puedo recordar en detalle lo que se enseñaba, pero el campamento era muy completo. Lo más importante para mí en ese momento era estar sobre el hielo todos los días. Era el paraíso. Recuerdo haber ganado algun tipo de premio por logros alcanzados y regresar a casa más entusiasmado con el hockey que nunca antes. Ir a ese campamento me motivó más que nunca a seguir una carrera en el deporte. Quizás aún sin el regalo de Dave pude haber jugado en la NHL, pero lo dudo. Todo lo que hice en el hockey (incluso ser entrenador y gerente general) se lo debo a Dave. Hasta este día, me asusta pensar que nunca le agradecí apropiadamente por eso. También me tortura algo que ocurrió pocos años después de eso, algo que Dave y yo nunca aclaramos. Cuando yo tenía 13 o 14 años de edad, Dave quería ir al centro a comprar los boletos para un concierto. Esos eran los tiempos antes de que se hicieran las leyes que permiten que los discapacitados tengan acceso al transporte público. Dave necesitaba tomar un bus para ir a comprar los boletos, pero no le permitían que llevara a su perro guía, Prudy, en el bus. Así que me pidió que lo acompañara. Probablemente yo no quería ir, pero lo hice de todas formas. Cuando el bus se detuvo en la parada a unas pocas cuadras de nuestra casa y se abrieron las puertas, le dije a Dave, “¿Quieres que suba?” Lo que quise decir fue, “¿Quieres que suba primero los escalones?” De esa manera, podría ayudarlo a entrar al bus. Pero pienso que por mi actitud, el me malinterpretó. Dijo algo como, “Si no quieres ir, iré solo”. Viajamos en silencio en el bus. Nunca le expliqué lo que quise decir, y he llevado eso conmigo desde entonces. Sé que eso puede parecer insignificante, pero eso se quedó conmigo porque sentí que lo había desilusionado. Él era una roca, siempre había estado ahí para mí. En su momento de debilidad, me había solicitado algo muy simple…y fui indolente. Mi recuerdo de ese día siempre me ha pesado. Esa es la razón por la que siempre he compartido esta historia. Es muy importante que las personas resuelvan sus diferencias, hablen de sus puntos de vista y traten de aclarar sus malas interpretaciones. Una vez que se hace tarde para solventar algo, aunque sea algo insignificante, es imposible dejar a un lado la culpa. No sé que tanto molestó a Dave ese incidente. Quizás un poco o tal vez nada. Era un tipo duro, de una generación que creía que los disgustos se debían guardar. Mi papá nunca hablaba de haber estado en la segunda guerra mundial, y después que vi a Dave llorar ante él y mamá ese día que chocó el carro, nunca habló de cuanto dolor sentía. Todavía puedo verlo sentado en su silla en las noches, con Prudy a su lado, mientras mirábamos Gilligan’s Island o Hogan’s Heroes. El último era probablemente nuestro programa favorito. Hasta mi papá reía. Los ojos de Dave estaban cerrados y parecía que no prestaba atención, pero reía con nosotros. Aunque la sonrisa en su rostro, era más una mueca de dolor. Estaba batallando. Sus dolores de cabeza eran horrendos. Tenía que sentarse en una ducha caliente para aliviarse. Sus órganos se estaban apagando. Estaba muriendo frente a nosotros. Pero cuando eres un niño, no te percatas de las personas a tu alrededor. Cerca del fin, supe de la gravedad del caso. Llegó un momento cuando los médicos le dieron dos años de vida. No recuerdo si él llegó tan lejos o no, pero cuando finalmente fue al hospital no había muchas expectativas de que regresara. Nadie lo dijo, pero todos lo sentíamos. El 3 de diciembre de 1970, un día antes de mi cumpleaños 15, llegué desde la escuela y vi el carro de Paul Lindquist frente a la casa. Sentí un peso en el estómago, sabía lo que significaba eso. Mamá había acompañado a Dave en el hospital cuando el falleció ese día. Solo tenía 23 años de edad. Su novia, Karen, con quien yo había asumido se casaría algun día, estuvo con él hasta el final. Mamá y papá se mantuvieron tan estoicos como pudieron; dijeron que Dave no sufriría más. Oyes eso cada vez que alguien muere, pero yo nunca había experimentado la muerte antes, no sé si saber que Dave no sufriría más era un consuelo. Mi hermano se había ido. Era todo lo que podía ver en ese momento. Hasta Prudy entendió lo que había ocurrido mejor que yo. Ella murió el día siguiente. “Su trabajo había terminado”, dijo mi madre. Todos tenemos momentos difíciles en nuestras vidas, pero cada vez que uno tiene tropiezos en el camino, pienso en Dave. La manera como el afrontó la vida, por aterradora que esta fuera, día a día, con dignidad, es algo que se ha quedado conmigo todos estos años. He conocido a muchas personas duras en mi vida, pero ninguna como mi hermano Dave. Uno de mis lamentos más grandes es que él no viviera para verme jugar en la NHL. Eso fue algo grande para todos en mi familia. Él habría estado orgulloso. A medida que envejezco, sus años finales parecen regresar a mí. Pensar tanto en él solo ha incrementado mi sentimiento de culpa, y mi necesidad de compartir nuestra historia, y la historia de porque fui al campamento de Bemidji State. No recuerdo haberle agradecido, aunque mi padre me había dicho que lo hiciera. Y aún si lo hice, estoy convencido de que no le agradecí lo suficiente. Después de todos estos años, no hay muchos días en que no piense en Dave. Su regalo inició mi recorrido, siempre le estaré agradecido. Paul Holmgren / Colaborador Traductor. Alfonso L. Tusa C. 1 de febrero de 2018.

martes, 30 de enero de 2018

Mort Walker, el Creador de la tira cómica ‘Beetle Bailey’, fallece a los 94 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 27 de enero de 2018. Mort Walker, el creador de la tira cómica de “Beetle Bailey” acerca de un recluta del ejército quién holgazaneó por siete décadas en el campamento Ciénaga para consternación de sus superiores y la delicia de sus seguidores en las fuerzas armadas y más allá, falleció este sábado 27 de enero en su hogar de Stamford, Conn. Su muerte fue confirmada por su hijo Brian. Mr. Walker tuvo la participación más larga de cualquier caricaturista por una creación original, dijo King Features, la cual inició su registro de “Beetle Bailey” en 1950, en una declaración. “Poco sabía cuando fui reclutado que iba a conseguir casi cuatro años de investigación gratis”, recordó Mr. Walker en su colección “The Best of Beetle Bailey” (1984). El ejército me envió a varios lugares para que mis experiencias fuesen amplias”, escribió él. “Fui recluta, corporativo, sargento, teniente y fui atolondrado en cada rango”. Mr. Walker empezó a dibujar desde joven y después de la universidad vendía sus dibujos al The Saturday Evening Post, acerca de un estudiante de Rockview University llamado Spider, con un sombrero calado hasta los ojos, quien se las ingeniaba para que su compañero de habitación le hiciera todos sus trabajos. En 1950, en medio de la guerra de Corea, Spider mutó a Beetle Bailey en un uniforme del ejército. La tira cómica de Mr. Walker sustituyó los dormitorios por las barracas, los profesores por sargentos y generales, y los procedimientos académicos por la burocracia militar. En los primeros episodios que mostraron a Beetle Bailey en uniforme, esta vez con una gorra del ejército cubriendo sus ojos, tomó una prueba de aptitud y preguntó cual sería su especialidad. “Ni ingeniero…Ni cocinero…Ni chofer..”, le dijo el evaluador del ejército. “¡Tienes una habilidad sobresaliente! ¡Evitar el trabajo!” Y así ocurrió a través de la guerra de Corea, la guerra de Vietnam y las guerras de Irak y Afganistán, aunque “Beetle Bailey” pocas veces se hizo asunto de interés actual. La guerra del personaje principal era con el propio ejército, y aunque nunca fue promovido más allá de soldado raso, él se ganó la aprobación del rudo sargento (oficialmente Orville P. Snorkel) y del comandante del campamento Ciénaga, General Amos T. Halftrack. El periódico Stars and Stripes, publicado por miembros de las fuerzas armadas, vetó a “Beetle Bailey” desde su edición de Tokyo en 1954, como resultado de la preocupación militar de que la disciplina decaería luego del final de la guerra coreana y que la tira cómica podría inspirar falta de respeto por los oficiales. El veto, reportado en la prensa con grado de ridiculez, se extendió por casi una década, tal como recordó Mr. Walker, eso solo sirvió para mejorar el perfil de la tira cómica, que fue acogida en unos 1.800 periódicos alrededor del mundo. Brian Walker dijo que la tira continuará, y que él y su hermano Greg habían estado trabajando en ella con su padre por décadas. Addison Morton Walker nació el 3 de septiembre de 1923, en El Dorado, Kan., y creció en Kansas City, Mo., donde su padre, Robin, era arquitecto, y su madre, cuyo nombre de soltera fue Carolyn Richards, trabajaba como ilustradora de un periódico. Él dibujaba para el periódico de su escuela primaria, y empezó a vender caricaturas a las revistas a los 14 años de edad, se convirtió en diseñador editorial principal de las tarjetas Hallmark a los 18 años de edad. Continuó sus dibujos mientras cumplía servicio militar en Italia, al trabajar en inteligencia y después comandando un campo de prisioneros de guerra alemán. Se graduó en la University of Missouri en 1948, editó revistas humorísticas para Dell Publishing y produjo caricaturas para grandes revistas antes que un editor del Saturday Evening Post llamado John Bailey le propuso crear una serie de caricaturas acerca de sus compañeros de la universidad. Mr. Walker más adelante le dio al personaje generado a partir de Spider, el apellido Bailey en honor al editor que inspiró sus caricaturas de la universidad. Mr. Walker modeló el personaje a través de un amigo de la escuela secundaria y la universidad quien era alto y delgado y a menudo se metía en problemas inocentemente. El sargento con sobrepeso y dientes desalineados estaba basado en un sargento que Mr. Walker había conocido. El grupo del campamento Ciénaga también incluía al perro uniformado del sargento, Otto y a la secretaria sexy del general Halftrack, Miss Buxley. Por mucho tiempo a Mr. Walker le sugirieron que incluyese un personaje negro, pero él sentía que podía haber reclamaciones si convertía al personaje en excentrico como los otros del campamento Ciénaga. Decidió crear un oficial con peinado afro a quien le gustaba la ropa informal, así introdujo al teniente Jack Flap a comienzos de la década de 1970. “Hubo un rumor inicial de las personas quienes o pensaban que yo hacía propaganda o ridiculizaba a los negros”, recordó Mr. Walker. “Stars and Stripes me vetó de nuevo y el senador Proxmire tuvo que convencerlos de reinstalarme”, continuó él, en referencia a William Proxmire de Wisconsin. Después agregó un personaje asiático-estadounidense, Corporal Yo, y un oficial inclinado hacia la alta tecnología, Chip Gizmo. “Siempre hay cambios”, le dijo Greg Walker a CBS en 2015. “Ahora todos tienen un teléfono celular, computadoras y todo eso”. Mr. Walker recibió el premio de la National Cartoonist Society como caricaturista del año en 1953. Fue invitado al Pentágono en 2000 para recibir el reconocimiento más alto para un civil por parte de la Secretary of the Army, el Distinguished Civilian Service. En las afueras del centro de estudiantes de la University of Missouri, hay una estatua de Beetle Bailey, forjada en bronce. Mr. Walker trabajaba con sus socios Jerry Dumas, Bob Gustafson y Bud Jones así como con varios de sus hijos en la creación de ideas gag. Además de “Beetle Bailey”, creó a “Hi and Lois”, con Dick Browne, basada en las vidas de los miembros de la familia de Mr. Walker; “Boner’s Ark”, acerca de animales inusuales y su búsqueda de tierra firme; y “Sam’s Strip”, acerca de un personaje de tiras cómicas desarrollando su propia tira cómica. Fundó “Sam’s Strip” con Mr. Dumas, quien luego se hizo cargo y la renombró como “Sam and Silo”. Al trabajar desde su hogar y un estudio en Stamford que una vez le perteneciera a Gutzon Borglum, el escultor de Mount Rushmore, Mr. Walker fue también un historiador de tiras cómicas y coleccionista. En 1974, abrió el International Museum of Cartoon Art en Greenwich, Conn. Su colección extensiva de dibujos y libros, incluye creaciones de Walt Disney, Charles Schulz, Walt Kelly y Rube Goldberg, luego fue alojada en Rye Brook, N.Y., y en Boca Ratón, Fla., ahora está en Ohio State University en Columbus como parte del Billy Ireland Cartoon Library & Museum. Además de sus hijos Brian y Greg, sus sobrevivientes incluyen a su segunda esposa Catherine Carty; dos hijastras, Pricilla Prentice y Whitney Prentice; y sus hijos Polly, Margie, Neal y Roger del matrimonio con su primera esposa, Jean Suffill, el cual terminó en divorcio. “Beetle Bailey” utilizó el ejército como escenario, pero su popularidad provenía de la vida cotidiana y las batallas universales contra las figuras autoritarias y la burocracia desquiciada. “Principalmente tiene que ver con trabajar, jugar, comer y dormir”, le dijo Mr. Dumas, quien empezó a trabajar con Mr. Walker en la década de 1950, a The New York Times en 2000. “Eso significa que puede ser entendida y relacionada por las personas de todo el mundo”. Cuando el Defense Department felicitó a Mr. Walker en su cumpleaños 80, él dijo: “El humor trata de la fragilidad humana. A las personas les gusta ver las debilidades de la especie humana. Y las relacionan con el tipo pequeño, él de abajo”. Jeffery C. Mays colaboró como reportero. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 17 de enero de 2018

Túnel secreto de Berlín es un eco de la guerra fría.

Christopher F. Schuetze y Palko Karasz. The New York Times. 12 de enero de 2018. Berlín.- “Fue un momento muy impactante. Trajo memorias de una época cuando como joven yo había jurado luchar contra el muro”. Esas fueron las palabras de Carl Wolfgang Holzapfel, un jubilado de 73 años quien dice que ayudó a excavar un túnel debajo del muro de Berlín en la década de 1960. La entrada del túnel, un intento desesperado por perforar la cortina de hierro y reunir una familia dividida, fue descubierta esta semana luego de permanecer escondida por más de 50 años. El descubrimiento ha promovido las memorias de un oscuro capítulo de la historia de Berlín. Sellado y olvidado. Cuando Alemania Oriental cerró su sección de Berlín en agosto de 1961, muchas familias fueron separadas. Poco después, un grupo de cuatro berlineses occidentales, en respuesta al llamado de un hombre llamado Gerhard Weinstein, encontraron un almacén abandonado de una vía férrea cercana al muro que dividía la ciudad, y comenzaron a excavar. De acuerdo a Torsten Dressler, el arqueólogo quien encontró la entrada del túnel, ellos querían llegar hasta el sótano de un edificio de apartamentos al otro lado del muro. El túnel sería utilizado para llevar al oeste a la hija menor de Mr. Weisntein y algunos de sus familiares y amigos. El almacén y el sótano, físicamente a una pedrada uno de otro, conectaban a un mundo separado políticamente, refugiaban al grupo, de los guardias fronterizos y proveían una entrada segura a la ruta de escape. No ocurrió así. Cuando el túnel de 260 pies, que avanzaba alrededor de 13 a 16 pies bajo la superficie, se acercaba a su conclusión, la Stasi, la temida policía secreta de Alemania Oriental, intervino. Destruyeron el túnel y arrestaron a todos los potenciales fugitivos. El túnel fue sellado, abandonado y olvidado, solo para ser descubierto recientemente cuando los trabajadores de Mauerpark, un area verde cercana a la antigua zona de regulación alrededor del muro, lo encontraron durante un trabajo de construcción. Escapes Audaces Se construyeron alrededor de 75 túneles debajo del muro durante sus tres décadas de existencia, muchos de ellos alrededor de Bernauer Strasse. Los edificios residenciales cercanos aportaban resguardo para excavar y para entrar a los pasadizos. Un escape que recibió amplia atención fue filmado por NBC en 1962. El canal televisivo aportó el dinero para el esfuerzo de unos estudiantes de Berlin Occidental por conectar dos sótanos a cada lado del muro. El documental resultante, llamado “El Túnel”, relató el escape de 29 hombres, mujeres y niños, y aumentó las preguntas acerca de ética periodística. En el otoño de 1964, 57 personas escaparon desde el este a través de un túnel que empezaba en el baño abandonado de un patio. Pero este escape marcó un punto de inflexión. Un guardia fronterizo de Alemania Oriental murió en un tiroteo entre las fuerzas de seguridad y las personas que apoyaban el escape desde el lado occidental. El guardia de 21 años de edad, Egon Schultz, se convirtió en héroe en el este después de su muerte, lo que llevó a muchos en el oeste a cuestionar la sabiduría de promover tales fugas. Preservar un Legado Bernauer Strasse avanza paralela al lugar del antiguo muro por un largo trecho. La calle también aloja al muro memorial de Berlín. Mr. Dressler, el arqueólogo, dice que ha habido un cambio de actitud acerca de preservar el muro. Al principio había un fervor por erradicar cualquier señal de la odiada barrera. Pero el afán por documentar, y en algunos casos de preservar, la infraestructura de la frontera ha ganado terreno. A mediados de la primera década del siglo 21, un grupo de arqueólogos, preservacionistas y planificadores urbanos empezaron a compilar una lista de las estructuras involucradas en la división de la ciudad. Por ejemplo, el lugar de la entrada del túnel encontrado recientemente, no estuvo siempre en Berlín Occidental. Un año antes de la caída del muro, la frontera fue movida cerca de 165 pies hacia el oeste en un intercambio de terreno con el cual el gobierno de Alemania Oriental esperaba evitar que las personas huyeran desde un estadio de futbol cercano. Identificar los remanentes del muro y de túneles de escape como este es una parte crucial para asegurar que la historia, y las personas afectadas, no serán olvidadas, dijo Mr. Dressler. “Este fue un túnel que tuvo un efecto dramático”, dijo Mr. Holzapfel, quien ayudó a escavarlo. “Veintiuna personas fueron arrestadas como resultado de ese túnel, y una mujer murió en prisión”. Christopher F. Schuetze reportó desde Berlin, and Palko Karasz desde Londres. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 5 de enero de 2018

Gordon Banks: Inglaterra era tan buena como Brasil en 1970, pero me intoxiqué con comida contaminada.

Ian Ladyman para el Daily Mail. 23 de enero de 2016. Cada mañana de martes cuando se encuentra con sus viejos compañeros de equipo de Stoke City para una caminata alrededor del lago en Trentham Gardens, Gordon Banks enfatiza sobre el paso del tiempo. “Cuando yo era joven los viejos siempre se preguntaban a donde se habían ido los años y yo solía preguntarme de que estaban hablando”, sonrió esta semana. “Ahora que tengo esa edad soy igual que ellos. Todo ha ocurrido tan rápidamente, es increíble. Algunos de los viejos de Stoke, yo, Denis Smith, Terry Conroy, Jimmy Greenhoff, caminamos una vez a la semana y hablamos de eso esta mañana. El tiempo vuela”. Este año, es de reflexión para Banks, un momento para celebrar el pasado más que preguntar a donde ha ido. Este julio se cumplen 50 años desde que Inglaterra ganó la copa del mundo en Wembley, y el portero de Sir Alf Ramsey, en la actualidad batallando por segunda vez con un cáncer de riñón, está listo para compartir algunas de las mejores memorias de su vida. “El secreto del equipo era como nos estimábamos entre nosotros”, le dijo Banks a Sportsmail. “No queríamos que se ignorara a nadie”. “Las personas hablan de algunos de nosotros más que de otros, pero había héroes en todo el equipo. Hombres desinteresados”. “Fíjese en Roger Hunt. Las personas no se dieron cuenta todo lo que él corrió para que Geoff Hurst pudiese tener espacio para marcar sus goles. Las personas no ven eso. Nosotros si. Alan Ball fue nuestro mejor jugador escogido por los propios futbolistas. Lo merecía. Trabajó muy duro, arriba y abajo, arriba y abajo. Nunca falló un pase o un disparo. Nunca estuvo en los titulares, pero sin él no podíamos ganar. “Es grandioso celebrar el aniversario, de verdad. Estoy más orgulloso de lo que cualquiera pudiese pensar. Es muy triste que personas como Bobby Moore y Alan ya no están con nosotros. Ellos hicieron mucho por ese equipo. Es injusto que no los podamos tener con nosotros este año”. Banks ya no tiene su medalla de la final de la copa mundial. Como muchos del equipo de Ramsey, la vendió en Christie’s por más de 120.000 libras esterlinas, para ayudar a sus tres hijos a comprar sus primeras casas. “Me entristece mucho, pero fue una decisión práctica que tuve que tomar”, dijo él. “Algunos de los otros jugadores lo han hecho. No sé donde fue a tener. No tenía otra forma de ayudar a los muchachos. Pero hubiese querido haberla mantenido”. Banks tiene un OBE y para finales de este año se puede beneficiar de una creciente campaña para premiar a los miembros sobrevivientes del equipo de 1966 con el título de caballero. “Nunca he criticado nada de la orden de caballero para Geoff Hurst”, dijo él. “Pero siempre me pareció injusto escoger un solo hombre de un equipo porque obviamente sin el resto de los jugadores él no hubiera sido capaz de hacer lo que hizo” “Así, que sí, sería muy especial que nos dieran esa orden. Veremos”. Lo que Banks tiene en abundancia son historias. Nació en Yorkshire, empezó su carrera con Chesterfield de adolescente mientras cavaba fosas y cargaba ladrillos en un sitio de construcción. “Mi papá me había hecho abandonar la escuela a los 15 años después que fui dejado en libertad por el equipo de la escuela en Sheffield”, recordó él. “Dijo que la escuela no era buena si yo no estaba en el equipo representativo y me hizo buscar un trabajo”. Subsecuentemente, Banks se hizo de un nombre con Leicester City y Stoke City, quienes juegan en el King Power Stadium, y por supuesto, con Inglaterra. Ahora a los 78 años de edad, es presidente vitalicio de Stoke, miembro de un panel de tres hombres y asistente regular en Britannia Stadium. Recientemente se encontró con el joven portero de Stoke e Inglaterra, Jack Butland. “Quería preguntarle porque los porteros ahora no tienen defensores en los palos durante los corners pero lo olvidé”, rió. Banks aprecia el juego moderno pero los recuerdos de sus días de gloria permanecen nítidos y las diferencias entre ahora y entonces son impresionantes. Pocos porteros en la era moderna entrarían en pánico antes de un gran juego debido al extravío de un paquete de goma de mascar. “Yo no usaba guantes en aquellos días, solo cuando había humedad”, dijo Banks. “Los propensos a dolores en las manos les gusta los que se compran para usar en invierno con el sobretodo”. “Pero aprendí del antiguo portero de Manchester City, Bert Trautman a conseguir un par de piezas de goma de mascar y empezar a masticarlas. Me dijo que esperara hasta justo antes que se acabara el dulce de la goma y la escupiera en mis manos y la extendiera en ellas. Entonces cuando los rivales llegaran a la mitad del terreno solo tenías que cerrar las palmas e inmediatamente se ponían pegajosas y te ayudaban a capturar el balón cuando venía”. “En la copa mundial, el masajista Harold Shepherdson siempre solía darme algo de goma de mascar antes de los juegos, pero antes de la semifinal contra Portugal yo estaba en el camerino y le dije a Alf, “¿Dónde está mi goma? No está en la mesa de masajes”. “Alf miró a Harold y este se puso rojo y dijo, “La olvidé”. Así que Alf lo envió a la parte baja de Wembley. A buscar al agente de noticias más cercano. Para ese momento estábamos parados en el túnel listos para salir. “Él debió correr por todo Wembley como un trueno. Al final terminó consiguiéndome la goma de mascar a tiempo. No hubiese sido el mismo sin ella. Me había acostumbrado mucho a la goma…” Para la ocasión cuando llegó el momento más famoso de su carrera, Banks había cambiado la goma de mascar por los guantes de portero. El tiempo estaba, como siempre, avanzando. México 1970 y Banks hace aquella atajada ante Pelé, un momento que cambió su vida. Interesantemente, él no siente que esa fue la mejor atajada de su carrera. “No, fue un penal que le detuve a Geoff Hurst contra Stoke en la semifinal de la League Cup en 1972”, dijo él. Sin embargo, la atajada ante Pelé parece tan fenomenal ahora como lo fue entonces. Los años no han disminuido su majestuosidad Inglaterra en la copa mundial de 1966 Etapa de grupos Inglaterra 0-0 Uruguay Inglaterra 2-0 Mexico Inglaterra 2-0 Francia Cuartos de final Inglaterra 1-0 Argentina Semi-final Inglaterra 2-1 Portugal Final Inglaterra 4-2 (AET) Alemania Occidental. Es una pena que un comentario mítico de Moore resulta ser que no fue verdadero. “Le digo a mis audiencias posteriores a las cenas que Bob se inclinó y dijo, “Banksy, trata de mantenerlos a raya. Nada de corners necios”, sonrió él. “Pero en realidad él no dijo eso. Solo me tocó el hombro y dijo, “Bien hecho”. Pero oí a Pelé gritar “Gol” después que cabeceó. Pensó que me había vencido”. En los primeros años de su carrera, Banks nunca practicaba de esa manera en la portería. Leicester no tenía un campo de entrenamiento, así que los jugadores solían correr en Filbert Street, levantar algo de pesas en el gimnasio y luego jugar un cinco versus cinco en el estacionamiento. No había lugar para zambullirse. Para 1970, sin embargo, Banks había progresado, estudiaba a los oponentes y ordenaba a los jugadores de reserva de Stoke a venir en las tardes para que le patearan disparos directos y cruzados. Ese día en Guadalajara, eso dio resultado. “En México tuve que tener prácticas adicionales”, recordó él. “Era muy caliente. Estábamos desequilibrados con los botes en las piedras en el entrenamiento y la superficie era dura debajo de la grama”. “Noté en las sesiones de disparos que a veces el balón se levantaba un poco más en el primer rebote y se alzaba más de lo normal”. “Eso fue lo que me ayudó a hacer esa atajada al ser capaz de anticipar que iba a rebotar hacia arriba y eso significó que pude controlarla”. Inglaterra en la copa mundial de 1970. Etapa de grupos Rumania 0-1 Inglaterra Brasil 1-0 Inglaterra Inglaterra 1-0 Checoslovaquia Cuartos de final Alemania Occidental 3-2 (AET) Inglaterra Inglaterra perdió ese juego del grupo, 1-0, Banks fue vencido por otro ícono brasileño, Jairzinho. Fue su ausencia al enfermarse con comida contaminada lo que le costó el juego de cuartos de final ante Alemania Occidental, cuando el equipo de Ramsey desperdició una ventaja de 2-0 para perder 3-2 en prórroga. Tristemente el portero suplente, Peter Bonetti contribuyó con un error decisivo. “Sentí mucha pena por Peter”, dijo Banks. “Lo metieron a jugar a última hora. Tenía mucho tiempo sin jugar y ahí estaba frente a ese gran equipo. Nunca lo culpé. Él era un buen portero”. “Siento que a Jack Butland le puede ocurrir lo mismo si el técnico de Inglaterra no lo pone a jugar en varios juegos. Se necesita saber como jugar la posición, los nervios, el túnel, los himnos. Jugar para Inglaterra en grandes juegos es diferente a cualquier cosa y debes tener la oportunidad de acostúmbrate a eso. Banks nunca ha creido en la teoría de que fue intoxicado deliberadamente antes del juego ante Alemania Occidental pero a través de los años su posición ha cambiado ligeramente. “Lo que me extrañó fue que todos nos sentamos juntos y comimos exactamente la misma comida, entonces ¿por qué yo fui el único intoxicado?” dijo él. “Nunca pensé que hubo algo raro, pero he empezado a preguntarme ¿Por qué solo yo salí intoxicado? Eso no es positivo ¿o si? Es una pena porque pensaba que el equipo era tan bueno como el de 1966, éramos tan buenos como Brasil, que fue campeón”. “Pienso que pude haberle dado un respiro a la defensa (contra Alemania Occidental) y ayudarnos a avanzar. Y si hubiéramos hecho eso pienso que pudimos haber ganado de nuevo”. La carrera inglesa de probablemente uno de nuestros mejores porteros de todos los tiempos terminó en una carretera en Staffordshire una noche de octubre de 1972. Al tratar de pasar, el Ford Consul de Banks se estrelló contra una van Austin A60, lo cual ocasionó que le tomaran 220 puntos de sutura en las lesiones faciales que le costaron la visión en el ojo derecho. “No podía creer lo que hice”, dice él. “Fue mi culpa, estúpido. La van la manejaba un tipo pequeño. Lo pude oir llorando, pero afortunadamente para mí, el no estaba herido”. “No podía ver nada, pero me alivié al oir eso”. Banks luego jugó una temporada en la North American Soccer League con los Strikers de Fort Lauderdale, ganaron la competencia contra equipos que tenían algunas caras conocidas. “Pelé, Beckenbauer, Carlos Alberto…todos ellos estaban ahí”, dijo él. “No puedo creer lo bien que jugué con un ojo. Eso muestra lo que puedes hacer si lo intentas”. La carrera de Banks pasó su factura física, fractura de cadera, dedos, clavícula y nariz entre las lesiones. En tiempos recientes, sin embargo, Banks ha batallado contra un enemigo mucho más siniestro. El cáncer le costó un riñón hace 10 años y en 2014 le descubrieron un tumor en el otro. “Estoy recibiendo quimioterapia vía pastillas y me siento bien”, dijo él. “Hay algunas cosas horribles que el medicamento le hace a mi estómago y las plantas de mis pies, pero hago jardinería, lavo el carro, juego golf dos veces a la semana, hago algo de ejercicio en casa y estoy saliendo adelante”. “Necesito un carrito para el golf, pero de eso se trata”. “Debo hacerme otro examen en un par de semanas. Me he hecho dos y el tumor se ha hecho más pequeño cada vez así que espero que solventemos eso”. Si su tratamiento no es exitoso entonces su única esperanza sería un trasplante. Por el momento, sin embargo, Banks ha tomado una actitud pragmática. Durante nuestras dos horas juntos, él fue enérgico, compañía divertida. La alegría que siente por las memorias de su carrera es clara. No podría pensar mejorde Ramsey, a pesar de su imagen taciturna. “Fue un adelantado a su tiempo, fue un gran técnico”, dijo él. Y él se está anticipando a la serie de cenas, entrevistas y llamadas para fotografías que sin duda lo acompañarán a través de este año aniversario. Esta vez él se asegurará de que también inviten a su esposa Úrsula. “No habíamos visto a nuestras esposas por seis semanas durante el torneo de 1966”, reveló él. “Ellas fueron a la final y nos dijeron que estarían en el hotel para la cena luego del juego. El viaje por Londres fue eterno. Había personas por todas partes. Cuando llegamos a la vía principal fuera de Hyde Park, no pudimos seguir avanzando. Tuvimos que seguir caminando a través de la multitud”. “No sé quien tenía el trofeo, pero estaba ahí. Entonces cuando estábamos en la habitación del hotel le pregunté a mi esposa porque no se estaba acicalando y me dijo, “No nos invitaron”. No podía creerlo. Pero así fue”. “Así que bajamos y solo estábamos nosotros y el equipo alemán para la cena. Estuvo bien, al menos para nosotros. Los alemanes estaban disgustados”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

El Poder Estelar de Johnny Hallyday (Jimi Hendrix fue su artista alternativo)

Dana Thomas. The New York Times. 7 de diciembre de 2017. Pocas personas en Estados Unidos habían, o han sabido de Johnny Hallyday, la estrella de rock conocido como el Elvis de Francia, quien falleció esta semana a la edad de 74 años. Pero como dijera una vez el gurú de las relaciones públicas francés, Gilles Plaquet, “En Francia, desde 1945, ha habido tres estrellas: de Gaulle, Brigitte Bardot y Johnny Hallyday”. Como prueba de esto, para celebrar su cumpleaños 50, en junio de 1993, Mr. Hallyday realizó tres mega conciertos en el estadio Parc des Princes de Paris, cada uno tuvo una audiencia de 60.000 personas y contó con una tarima de 120 metros; una plataforma construida en la base militar de la ciudad francesa de Strasbourg, que simulaba los rascacielos de Nueva York; 100 miembros de su club de motocicletas Harley Davidson, el Desperados, lo escoltó a través de un puente sobre la multitud; una banda de 20 músicos; un grupo grande de coristas sexy; un ballet de carros estadounidenses; acróbatas saltando desde los techos; y fuegos artificiales. Antes de eso, Mr. Hallyday se sentó en su casa de la 16th Arrondissement de Paris para reflexionar sobre su carrera, en una entrevista que se publica aquí por primera vez. ¿Cuántos discos ha grabado usted? No lo sé. De verdad no lo sé. Muchos. En los años ’70 hacíamos discos con la misma frecuencia con que íbamos al cine. Podíamos hacer un disco en seis semanas. Ahora eso nos lleva seis meses. En el último disco, el cual hicimos en Nueva York, trabajé con Richie Sambora de Bon Jovi. Jon Bon Jovi, está escribiendo dos canciones para mi próximo disco, con Richie. Richie es un buen amigo mío, y estoy orgulloso de eso, porque honestamente, me gusta lo que hace. ¿Qué es el rock ‘n’ roll? Ya no hay más rock ‘n’ roll. Para mí el rock ‘n’ roll murió al final de la década de 1960. Hay música básica, pero no rock ‘n’ roll. No me gusta el rap. No lo odio. Escucharía uno bueno, pero nunca lo interpretaría. ¿Hay música pop buena? No mucha. En Francia la única es de Vanessa Paradis. Lo que tiene adentro, lo que ella da que nunca puedes aprender. Ella es como Brigitte Bardot. Brigitte Bardot no era una buena actriz pero nadie podía interpretar un papel como ella lo hacía porque tenía algo más. Vanessa es igual. Cuénteme de sus inicios en la música. Tenía 16 años de edad cuando grabé mi primer disco. No quería ser cantante. Quería ser actor y fui a la escuela de teatro en Paris, pero era costoso y las personas quienes me criaron no tenían tanto dinero. Así que empecé a tocar rock ‘n’ roll en clubes de baile los fines de semana para pagar mis clases de actuación. Entonces me convertí en cantante. Usted dijo “quienes me criaron”. ¿Eso significa que no eran sus padres? Mi padre dejó a mi madre cuando yo tenía seis meses de edad, y mi madre era modelo y no podía hacerse cargo de mí. Así que la hermana de mi padre se encargó de mí, y ella tenía una hija quien era bailarina, quien se casó con un estadounidense llamado Lee Halliday. Ellos me llevaron de gira. Mi nombre es Jean-Philippe Smet, pero adopté el nombre Johnny Hallyday porque ellos me llamaban John. Fui criado por un estadounidense. ¿Es por eso que siempre se ha inclinado por el rock estadounidense? ¿Y hace versiones francesas de canciones estadounidenses? Si. Mis músicos favoritos son estadounidenses. A principios de los años ’60, Eddie Cochran y Gene Vincent. Despues, Creedence Clearwater Revival, y después, un poco Rick James. Y Jimi Hendrix. Él fue my artista alternativo por un tiempo. Lo descubrí en Londres en un club una noche. Yo estaba con Otis Redding, comíamos en el restaurant del club, y oimos esa guitarra increíble. Fuimos a ver quien estaba tocando, y era Jimi. Yo estaba por empezar una gira por Europa, y necesitaba un artista alternativo, le dije, “¿Quieres ser mi complemento?” Y el dijo, “Si”. Así que estuvo de gira conmigo por seis meses, y nos hicimos amigos. Despues que él hizo “Hey Joe”, me dijo, “Tengo una versión que no estoy usando ¿La quieres?” Le dije, “Si”. Fui a Londres y grabé “Hey Joe” en francés, con Jimi Hendrix tocando la acústica. Esa fue una número 1 por dos meses. Despues de eso, él se convirtió…bien tu sabes de Jimi. Empezó a tomar todas esas drogas, y luego falleció. Alguien a quien extraño en mi vida es a Jimi. Jimi fue uno de mis pocos mejores amigos. Odio a las drogas por eso. Las drogas se han llevado a todos los buenos amigos que conocí. ¿Le gusta ser una estrella? No. No mucho. ¿Por qué? Bien, porque es dificil vivir la vida siendo estrella. Yo era muy joven cuando empecé. Siento como si hubiera perdido mi vida adulta. Como compartir con una mujer, ser estrella ha afectado todo. Me refiero a que no puedo vivir una vida normal con una mujer. Una mujer quien quiera tener hijos. Me gustaría tener una vida normal, con esposa e hijos que llevar a la escuela, pero no sé si sería capaz. Es difícil encontrar esa mujer. Estoy intentándolo, espero encontrarla antes de morir. Traducción: Alfonso L. Tusa C.