viernes, 20 de octubre de 2017

Where I’m Calling From (Desde donde llamo). Historias Nuevas y Seleccionadas. Raymond Carver.

Matrimonio y otros nexos sorprendentes. 15 de mayo de 1988. Marilynne Robinson. De las 37 historias de la nueva colección de Raymond Carver, “Where I’m Calling From”, 30 han aparecido en cuatro volúmenes previos, dos de ellos, con estos títulos: “What We Talk About When Talk About Love” (“De Que Hablamos Cuando Hablamos de Amor”) y “Cathedral”. Tomo este volumen para hacer una nueva mirada a la carrera de Mr. Carver, una convicción inspirada en mi por el hecho de que me gustaría hacer una colección. Para resumir, propongo sacar a Raymond Carver del campo de los minimalistas. Por 150 años o algo así, cada tipo de arte cuyo estilo ha causado que sea identificado como “moderno”, ha sido interpretado de la misma forma, como una contemplación de, y protesta contra, un mundo drenado de placer, vacío de significado, espiritual y culturalmente en bancarrota, etc. Esa es supuestamente la “condición moderna”, a la cual somos instruidos para aceptarla con objetividad como una cosa existente, como el peñón de Gibraltar. Sin importar como, desde todo punto de vista, esta nación es, como siempre ha sido, abstraída como Bizancio, sus hombres de la calle están acostumbrado a ver la vida en términos cósmicos. Tales hábitos mentales estructurados y valiosos, nos decimos, son de lo que carece nuestra época y cultura, una deficiencia que refleja nuestro arte, al ser más o menos incapaz de proceder de otra manera. La idea de lo “moderno” es tan vieja que ha tenido que ser redefinida como “lo post-moderno” y forrada con aseveraciones de que el nuevo producto es más duro, más cínico, en total más abismal de lo que estamos acostumbrados. Las suposiciones acerca de lo que debería hacer el escritor tienden a fomentar la curiosidad por lo que de hecho hace. Raymond Carver generalmente es tomado como ejemplo para epitomizar esta árida tradición, para liderar una nueva versión de de ella llamada “minimalismo”. Incluirlo dentro de este canon es considerado un gran elogio, al ser considerado lugar común la aseveración de que un escritor serio no puede tener un objetivo más alto que movilizar de nuevo sus huesos. Así que partiendo de la base de la fuerza que los estudiantes y la crítica perciben en su trabajo, Mr. Carver ha sido más o menos forzado. Entonces otros críticos le achacan el paisaje desesperado y disminuido que encuentran en la ficción contemporánea, viéndolo a través de los ojos de sus imitadores y admiradores. De hecho, Mr. Carver aparece en la línea de descendencia del realismo estadounidense. Sus debilidades son el sentimentalismo y el sensacionalismo. Su gran don es escribir historias que crean significado a través de su forma. Se ha prestado mucha atención a su prosa y a su preocupación por la vida muy ordinaria y con la disrupción, el divorcio, el desplazamiento, la tristeza, el ingrato negocio de obtener ingresos de trabajos pequeños e indeseados. Él debería ser famoso por la belleza conceptual de sus mejores cuentos, y ser aliviado de sus peores trabajos, lo cual podría pasar como negligencia relativa. La narrativa prominente de la ficción de Mr. Carver está típicamente alterada o aplanada. Los cuentos tienen en común una especie de desconcierto, justificada en los mejores por el hecho de que sus cargas son verdaderamente misteriosas. Las anécdotas, de querer un mundo mejor, asomadas e intraducibles como sueños recordados (lo cual a veces son) aparecen en esos cuentos como para sugerir que son análogas a la ficción, y también a la conciencia, específicamente a la conciencia compartida, colectiva o vinculante. Por mucho tiempo ha sido usual lamentar la ausencia del mito en la vida moderna, como si las intuiciones de los primordial y lo esencial fuesen productos de la cultura y estuviesen disipadas de ciertas imágenes e ilusiones, como si las fuerzas que describe el mito no fuesen reales o lo suficientemente poderosas para imponerse sobre nuestra atención a todo lo ajeno. El desconcierto de los mejores de estos cuentos no implica una ausencia de significado sino una fealdad en la cara del significado, una cosa muy diferente. Mr. Carver utiliza su estrecho mundo para generar configuraciones sugestivas que podrían no ocurrir en uno más amplio. Su impulso por simplificar es como un intento por crear un silencio, no para oir menos, sino para oir mejor. Nada es tan poderosamente recurrente en estos cuentos como la imaginación de otra vida, siempre como si la imaginación del propio narrador o protagonista fuese una experiencia del yo, cual espectro confuso. Es como si la replicación de las condiciones de una vida en otra rescatara a una de los terrores del accidente y lo aleatorio, como si el germen del mito o el arquetipo fuese hallado en el trabajo, en el plasma tupido de la experiencia sin estructura. Esto me parece que expresa lo racional de la práctica artística de Mr. Carver. En “Neighbors” (“Vecinos”), una pareja, los Miller, husmean en el apartamento contiguo al suyo mientras la pareja que vive allí está ausente. Los Miller están de alguna manera seducidos por el apartamento, un lugar ordinario, excepto por las rarezas y originalidades traídas de las vacaciones que hacen a la vida de sus vecinos parecer más “completa y brillante” que la de ellos. La desprotegida intimidad del apartamento cerrado estimula la atracción entre los Miller, los hace sentir amorosos y felices. Lo que experimentan le da sentido a su vida, endulzada un poco por los logros alcanzables. En “Why Don’t You Dance?” (“¿Por qué no bailas?”) un hombre cuyo matrimonio ha colapsado pone su mobiliario a la venta en un mercado de garaje, donde lo ha dispuesto como estaba dentro de su casa, trajo un cable de extensión eléctrica para conectar el televisor y el tocadiscos. Una pareja joven viene y revisa los muebles, se toma unos tragos y entonces a petición del hombre, bailan en la calle. La intimidad del matrimonio es anulada, expuesta, reactivada, y distanciada a la vez. Se puede decir que el momento sugiere memoria, arte, el vínculo de la intimidad en un mundo de extraños, la fantasmagoría del apego de uno a cualquier lugar o relación. ''So Much Water So Close to Home'' , trata acerca del matrimonio de un hombre aterrorizado por su propia insensibilidad y una mujer de gran fragilidad emocional, cuyos miedos están enfocados alrededor de la violencia subyacente en el carácter del hombre. El esposo, Stuart, ha participado en un incidente que no involucra culpa legal ni comprobada por instrumentos, no al menos en lo que él puede testificar. Él y tres amigos fueron a pescar en la montaña y encontraron el cuerpo de una mujer flotando boca abajo en el arroyo. Luego de tomar algo de licor y reflexionar, arrastran el cuerpo hasta un árbol por las muñecas y lo dejan como lo encontraron, por tres días, hasta que terminan de pescar. La historia es contada por la esposa de Stuart, quien describe a los hombres cocinando, bebiendo y jugando naipes en medio de la noche mientras el cuerpo flota en el agua fría. Eso es de pesadilla, y el estado de trance de los hombres, que burbujea allí, está lleno de sugerencias oscuras, lo cual en la mente de la esposa, se confunde con el crimen. Stuart sabe antes de decirle a ella del incidente, como debe hacerlo, porque fue reportado en el periódico, que ella se sentirá muy afectada por eso. Él intenta expresiones de amor, pero son crudas, y solo refuerzan los miedos de ella más que tranquilizarla. Mientras se hace más afectada y ausente se convierte en más dependiente por su lealtad y amor, que son reales, aunque con arranques intermitentes de rabia y frustración por la recaida de él y su propia torpeza. El cuento es puro Carver. Establece un paradigma visual muy simple y contundente, la mujer del arroyo de pesca, lo cual es el trabajo a realizar en el resto del cuento. El centro de la narrativa es la identificación profunda y emocional de la esposa con la mujer ahogada, y también entre el esposo y la esposa. Stuart nota que su esposa de nuevo se desliza hacia la enfermedad. Ella ve el miedo de él y lo compadece. El matrimonio es la forma más compleja y característica de las extensiones imaginativas del yo que tanto preocupan a Mr. Carver. Hacer justicia a ''What We Talk About When We Talk About Love'' no es posible en un espacio pequeño. Se trata de un ejemplo extraordinario del descubrimiento del significado en sugestivas anécdotas visuales, de un suicidio con la cabeza vendada, caballeros cimbrados hasta morir por el peso de la armadura, una pareja vieja vendada, intentos y resistencia, y un apicultor con casco y guantes y ropas acolchadas. Esta serie de imágenes análogas emerge de la conversación entre dos parejas matrimoniales que beben ginebra en una mesa de cocina, las cuales saben por experiencia que el amor es homicida, auto-destructivo, simbiótico y posiblemente fugitivo. Cuando uno de los hombres, al final, se imagina asesinando a su antigua esposa, la implicación es que él aún la ama. De nuevo, la ficción ofrece patrones, parábolas, las cuales parecen cargadas de sugestión, y eluden los poderes de interpretación de aquellos quienes reconocen el significado de estos. El cuento concluye: “Podía oir mi corazón latir. Podía oir el corazón de todos. Podía oir el ruido humano que hacíamos sentados, sin movernos, ni siquiera cuando la habitación oscureció”. En ''Bicycles, Muscles, Cigarettes'', un hombre viene a defender a su joven hijo, quien tiene dificultades con los vecinos. El muchacho expresa su afecto por su padre al decirle que siempre recordará a su abuelo, y que desea poder haber conocido a su abuelo a la edad de su padre, y a su padre a su edad, ansioso por imaginarse en sus vidas, simplemente para intensificar su placer. En “Distance”, un tipo divorciado le cuenta a su hija adulta, a quien ve solo en raras ocasiones, una historia acerca de la infancia de ella, llamándose “el muchacho” y a la madre “la muchacha”. Al final de la historia ambos lamentan la pérdida de la cálida vida común que han conjurado. En “Fat”, una mesera está fascinada con un hombre tan obeso que se refiere a sí mismo en un plural melancólico y consciente. La mujer empieza a imaginarse voluminosa como él, tanto que su esposo parece “una cosa pequeña casi inexistente. Tales configuraciones de identificación, distanciamiento y desplazamiento se hacen recurrentes una y otra vez. Un cuento interesante, aunque problemático, es titulado “The Calm”. Un hombre ha violado el código de la cacería de venados, al dispararle en la panza a un venado y luego no proceder a terminar la miseria del animal. La historia de la cacería es contada por el propio hombre, quien parece inconsciente de la impresión que cause en sus oyentes. Aparentemente el hombre ni ha leído a Hemingway, ni conoce lo suficiente la ética local, aunque él es local, para entender como sus revelaciones lo afectan. Sin embargo, ningún lector sufrirá un momento de duda. La calma del título es creada por un barbero, quien tranquiliza la indignación de los otros. Al final del cuento, en una especie de conclusión, el narrador, quien ha visto todo desde la silla del barbero, dice que fue durante todo eso que decidió dejar a su esposa. Ese final parece arbitrario, pero no lo es, si dejarla es una violación del deber ser, como el miserable asunto con el venado. Mr. Carver está tan obsesionado con el matrimonio como escritor desde William Blake, y nunca trata ligeramente su disrupción. La calma generada por la neutralidad del barbero, con la cual se disipa el juicio y se disipa la fealdad, permite que el narrador tome su decisión. El barbero ve en el espejo la cara del narrador, “pero si el barbero ve algo, no ofrece ningun comentario”. Hay tal calma en la sociedad, no para degradarse, si para maravillarse mucho, aunque esto permita la mayoría de las formas de traición y auto-desgracia. Es la condición de la autonomía moral. Como en “Fat” y “Why Don’t You Dance?” nos es dado a conocer que un momento de experiencia vernácula ha sido entendido y repetido como significativo, aportando un término en una analogía. En “Why Don’t You dance?” el punto de vista en realidad oscila, pertenece al hombre divorciado al comienzo y a la mujer joven al final. Los objetos de la casa, presentada como un lugar ritual, tienen significado para ambos porque, literal y figurativamente, son una posesión común. Los últimos siete cuentos, de preparación previa, son más amargos y humoristas, escritos en una prosa más elegante y elegíaca que los primeros. En “Boxes” el debilitamiento de la conexión con la vida de una mujer vieja se manifiesta en su continuo movimiento, nunca es capaz de sentirse tranquila en casa. “Whoever Was Using This Bed” trata de una pareja, que se despierta con una llamada telefónica, quienes hablan durante la noche acerca de los dolores y ansiedades que los afectan en esos momentos, pero se pierden en la amnesia de la conciencia de la luz del día. Finalmente llegan a la pregunta de si el enchufe debe o no ser desconectado si uno de ellos estuviere gravemente enfermo. Es una conversación natural muy divertida. Su insomnio, y la ropa de dormir ajada, llevan a la mente al extremo de la intimidad que implica su matrimonio, aun hasta el punto de uno posiblemente escogiendo el final de la vida del otro. En el cuento llamado “Intimacy”, un escritor visita a su antigua esposa, una mujer furiosa de que su vida con él haya sido canibalizada para hacer ficción y de que él haya convertido en éxito publicar los pasajes más oscuros de su matrimonio. Ella está consciente de haberle dado material nuevo, aun en su amargura, y la historia, con el escritor como narrador, significa que ella ha hecho eso. Pero él se arrodilla en la sala de ella y se queda allí inmóvil hasta que ella lo disculpa. Entonces ella lo manda a volar. El divorcio nunca ocurre en los cuentos de Mr. Carver. El matrimonio es, en esencia, una amistad inocente, desesperadamente vulnerable hasta el desarreglo y la mala suerte, pero siempre precioso, sus placeres perdidos siempre son recordados lealmente. Mientras él sale de la casa, ve a los niños lanzándose una pelota. “Pero”, dice él, “ellos no son mis hijos, ni tampoco suyos”. “Menudo” trata de un hombre sorprendido miserablemente en una infidelidad, en el punto de perder a su segunda esposa cuando no se ha recuperado de la pérdida de la primera.”Elephant” es un maravilloso pequeño cuento que debería ser considerado, si alguno lo será alguna vez, ante el clamor en ciertos lugares por un cuento de Carver acerca de gracia y trascendencia. El narrador, una especie de Pere Goriot suburbano, está siendo desangrado de su sustancia por una antigua esposa, una madre quien es “pobre y codiciosa”, un hijo ineficiente, una hija ineficiente con dos hijos y una vida buena para nada, y un hermano quien cuenta historias de mala suerte. El hombre está empobrecido, consumiendo su crédito, trabajando y preocupándose, tratando de cumplir con las demandas infinitas de todos ellos. Entonces sueña que su padre lo carga de niño en los hombros. La imagen le trae un gran alivio. Piensa en su hija, “Dios la bendiga y la ampare”, y espera que su hijo sea feliz, y agradece que aun tiene a su madre, y que su antigua esposa, “la mujer que yo solía amar mucho”, esté viva en algún lugar. Entonces quizás muere. Es llevado a través del lugar donde trabaja a una velocidad sorprendente para el “carro de un gran subpagado”. Sea que la muerte ha ido a buscarlo, o sea una libertad sobrenatural, el final tiene un sentido teológico diferente. El cuento final, “Errand”, es acerca de la muerte de Chekhov, una pieza muy formal en la cual se muestra a ese estimado hombre dándose crédito en el evento de su muerte. Un escritor generalmente invoca a otro escritor cuando desea hacer una comparación. Mr. Carver, cuyas historias son ocasiones narrativas en las cuales una imagen cargada flota como un holograma, me recuerda muy poco de Chekhov, excepto en que el trabajo de Mr. Carver, como el de Chekhov, establece los términos en los cuales debería ser interpretado. Raymond Carver no es un escritor fácil de leer. Sus narrativas son a menudo comunes. A veces parece intentar probar que las personas insensibles también tienen sentimientos. Y, mientras el impulso es generoso, la experiencia de mirar el mundo a través de los ojos de un personaje tan crudo como el narrador de “Cathedral”, por ejemplo, es altamente desagradable. En “Feathers”, una historia centrada en el momento fugaz en el cual un bebe feo y un pavo real enlodado se divierten bajo la mesa del comedor, la atención del lector es desplazada hacia una molesta figura de yeso de dientes desalineados, exhibido como un trofeo en el comedor de esa extraña casa. En esta historia, como en “Cathedral”, los personajes son superados por una experiencia estética o realización. Mutatis mutandis, eso es Henry James, la belleza es el modo como el mundo dirige el alma humana. Pero hay agregado como el que deja Mr. Carver, y ese agregado es más irritante debido a que se siente intencional. Los personajes a veces parecen preparados o condescendientes. Esa es la condición desde la cual son rescatados en el curso de la historia. Mr. Carver es más como el poeta William Carlos Williams, quien declaró que “no había ideas sino cosas”, y quien vaciaba los bolsillos de la banalidad y encontraba su contenido hermoso. El proceso de la ficción de Mr. Carver es transformar nuestra percepción. Quizás lo que él hace no puede ser hecho de otra forma. Y visto desde suficiente distancia, un problema interesante puede tomar su lugar entre las cosas hermosas. Marilynne Robinson es la autora de “Housekeeping”, una novela. ‘La gracia ha llegado a mi vida’ Como un personaje de sus cuentos, Raymond Carver ha sido un “miembro a tiempo completo” de los pobres trabajadores. “Siento mucha simpatía por ellos”, dijo él. “Son mi gente. Los conozco. Nunca podría dejar de escribir de ellos”. Mr. Carver creció en una familia de clase trabajadora en la costa occidental y se casó a la edad de 19 años. Él y su esposa, Maryann, fueron de trabajo en trabajo y de pueblo en pueblo. “Siempre estábamos buscando algo mejor•, dijo él en una entrevista telefónica desde su hogar en Port Angeles, Wash. “Trabajábamos duro, pero nunca era suficiente”. El fue conserje y trabajador de un aserradero, ella era operadora telefónica y mesera, “Estábamos buscando un lugar donde yo pudiera escribir y mi esposa y nuestros dos hijos pudieran ser felices. Eso no parecía ser mucho que pedir. Pero nunca lo encontramos”. El matrimonio de Mr. Carver, el cual se disolvió en 1977, ha influido mucho en su trabajo. “Me casé muy joven, y eso afectó mucho mi vida emocional”, dijo él. Mr. Carver, quien tiene 49 años de edad, reconoció que tiene una “visión oscura de la vida”, pero no tan oscura como solía ser. “En los últimos años, alguna luz radiante y, si se quiere, la gracia ha llegado a mi vida. Yo era alcohólico y fui capaz de superar eso. Mis hijos y yo estábamos separados, pero nos hemos reencontrado de nuevo. Hubo un tiempo cuando mi antigua esposa y yo no podíamos vernos a la cara, pero las cosas están bien ahora. Y entonces llegó Tess. Mi vida cambió dramáticamente el día cuando la conocí”. Mr. Carver ha vivido con la poetisa Tess Gallagher los últimos 10 años, Tienen una casa de roble y pino en la Olympic Peninsula. Él escribe en el frente, mirando el Juan de Fuca Strait; ella escribe en la parte trasera, mirando a las Olympic Mountains. “Es agradable contar con un lector perceptivo y severo alrededor cuando se necesita uno”, dijo él. Al compilar “Where I’m Calling From”, Mr. Carver decidió no incluir todos sus cuentos. “Hay algunos con los que no me siento a gusto y no me gustaría verlos impresos otra vez. Solo escogí los que sentí que podía vivir con ellos”. Despues de escribir el cuento final del libro, acerca de Chekhov perdiendo la batalla ante la tuberculosis, Mr. Carver supo que tenía cáncer de pulmón. Tuvo una operación el otoño pasado, luego una recaída y solo terminó una ronda de radioterapia. “Cortaron dos tercios de mi pulmón izquierdo”, dijo él. “Eso me asustó mucho. Pero estaré bien. Todos tienen grandes esperanzas. Tengo libros que escribir. El próximo libro es de poemas”. Pero la radioterapia está pasando factura. “Ha sido duro escribir las últimas dos semanas. Eso te cansa mucho. No siento que pueda pelear 10 rounds con nadie. Es duro, pero voy a superar eso. Me siento el hombre más afortunado de los alrededores. He tenido muchas bendiciones”. Stewart Kellerman. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 10 de octubre de 2017

Un cirujano sin miedo de enfrentar sus errores dentro y fuera del quirófano.

Jennifer Senior. The New York Times. 05-10-2017. En 2003, la columnista de The Washington Post Marjorie Williams, aquejada con cáncer de hígado, escribió que finalmente había encontrado lo que tanto le molestaba acerca del entonces candidato presidencial, Howard Dean: Su arrogancia de doctor. “¿Donde más sino en la medicina”, pregunto ella, “se encuentras hombres y mujeres quienes nunca admiten un error?” En realidad, eso también ocurre frecuentemente en política. Henry Marsh está en el negocio de admitir sus errores. Se puede ver en el título de su segunda memoria, “Admissions: Life as a Brain Surgeon”, y fue el tema central de su primera, “Do No Harm”, publicada en su natal Inglaterra con amplio reconocimiento, en 2014, y luego aquí un año después. Una de las razones por las cuales los pacientes encontraban condescendencia de los médicos especialmente los odiosos es por que eso los minimiza, si se está muy enfermo, lo último que te minimicen más. Pero los deseos de los pacientes, nota Marsh, a menudo son paradójicos. Ellos también sufren por la suprema confianza que deben tener en sus médicos, especialmente en los cirujanos, porque han confiado sus futuros, la única posibilidad de sobrevivir en algunos casos, en custodia de sus médicos. “Así que rápidamente aprendemos a alterar la realidad”, escribe Marsh, “a pretender tener un nivel de competencia y conocimiento mayor que el que tenemos, y tratar de proteger un poco a nuestros pacientes de la tenebrosa realidad que a menudo enfrentan”. Con el tiempo, escribe Marsh, muchos médicos empiezan a internalizar las historias que se cuentan a si mismos acerca de su juicio y destrezas superiores. Pero lo mejor, añade él, es que desaprenden sus autosugestiones y llegan a aceptar su falibilidad y aprenden de sus errores. “Siempre aprendemos más de los errores que del éxito”, escribe él. “El éxito no nos enseña nada”. Este fue un tema prominente en el último libro de Marsh, los lectores pueden tener una especie de déjâ vu al leerlo. Como “Do No Harm”, “Admissions” es vago y reiterativo, un vuelo rasante a través de las ansiedades del médico y sus vergüenzas privadas. De nuevo, él recuerda sus errores de cálculo y catástrofes quirúrgicas, al citar la observación del médico francés René Leriche de que todos los cirujanos cargan cementerios internos de los pacientes cuyas vidas han perdido- De nuevo, se queja de las restricciones de un cada vez más despersonalizado sistema de salud británico, el cual momifica a sus médicos en carretes de cinta roja. De nuevo, él describe su teatro de operaciones en todo su esplendor de Grand Guignol, con cerebros inflamados en sus cráneos y dispositivos de succión “absorbiendo obscenamente” mientras tumores que evaden su alcance. Algunos de los procedimientos son sorprendentemente crudos. Son básicamente carpintería con sangre. (La carpintería, al estilo más anticuado, es una de las diversiones más apasionadas de Marsh). Pero en este libro, Marsh se ha retirado, lo cual significa que está haciendo un inventario completo de su vida. Sus reflexiones y recuerdos hacen de “Admissions” una memoria mucho más introspectiva que la primera. Y debido a que se está haciendo más viejo, su propia mortalidad se ha convertido en preocupación central, si su cerebro fuese una gráfica de torta, la muerte tendría una tajada sustancial. Buena parte de “Admissions” también ocurre lejos, porque Marsh pasa la primera fase de su retiro en Nepal, trabajando junto a su amigo Dev, quien ha establecido un hospital privado de neurocirugía en Katmandú. Marsh se había convertido en un corresponsal foráneo, reportando sobre como se practica la medicina en ese país pobre, poliétnico, recientemente arrasado por la guerra civil. Esta es una sus observaciones más sobrias: “Solo en Estados Unidos he visto tanto tratamiento dedicado a tantas personas con tan poca oportunidad de tener una recuperación completa”. Las razones son diferentes. Los pacientes que Dev trata no se sienten tan identificados con esas operaciones como impactados por ellas, con una “exagerada fe” en su éxito. “Ellos no tienen idea del daño cerebral”, le dice Dev a Marsh. “Piensan que si el pñaciente está vivo se podría recuperar”. Muchos pacientes (o sus familias) no aceptan cuando Dev les dice que una operación no tiene sentido o es muy peligrosa. Es una tragedia. Los resultados de una cirugía cerebral superflua, o de una complicada, son salvajes y si el proceder de Dev se hace incorrecto , las familias enojadas no solo se quejan o demandan como en Inglaterra. Amenazan con violencia. La hija de Dev fue secuestrada una vez a punta de pistola y solicitaron rescate. “Admissions” contiene otros asuntos interculturales. Marsh se refiere a los excesos de la medicina estadounidense, lo cual continúa sorprendiéndolo. Poco después de retirarse, visitó el Texas Medical Center en Houston, donde le mostraron un destornillador eléctrico para ajustar placas de titanio en el cráneo. Ese era el estado del arte, algo caro, estimó que eso ganaría cinco segundos respecto a un destornillador manual. También se impactó (y asustó) cuando vio aprendices practicando cirugía con una cabeza destrozada, ¿de donde la habían sacado? Nadie tenía la mínima idea. Cuando Marsh regresó a Inglaterra dos semanas después, le contó a un colega acerca de eso. “¿Solo una?” replicó el colega. “Tuve 15 cabezas congeladas, enviadas desde Estados Unidos para mi taller básico de cráneo el año pasado”. Sin embargo el aspecto más resaltante de “Admissions”, no tiene nada que ver con medicina. Es como Marsh de retrata. Cuando era joven, escribe él, estuvo cerca del suicidio y pasó un tiempo en un hospital psiquiátrico. A la vez, añade, él “siempre fue un tremendo exhibicionista”. También tuvo dificultades con la agresión y continúa teniéndolas, es competitivo e impaciente y tiene mal carácter. Tuvo un escarceo adúltero en algún momento, y en otra ocasión pasó por un amargo divorcio. Terminó su carrera en un gesto casi vaudeviliano de ignominia, al lesionar la nariz de un enfermero por resistirse a removerle el tubo nasogástrico a un paciente. También terminó una larga y significativa amistad con un cirujano ucraniano a quien visitaba y asistía anualmente. Aunque probablemente lo hizo por razones justificadas. Es mejor que las particularidades sean leidas. El retiro de Marsh es atareado pero ansioso. Por primera vez siente una verdadera relación con sus pacientes. A medida que envejece, se hace más evidente que tendrá que enfrentar el mismo dilema irresoluto que tuvieron al prolongar la vida. “Tenemos que escoger entre probabilidades, no certezas, y eso es difícil”, escribe. “¿Qué tan probable es que ganemos tantos años adicionales de vida, y cual podría ser la calidad de esos años?” Está aterrorizado de morir en un hospital, cuidado por extraños indiferentes. Empieza “Admissions” diciéndonos que ha adquirido un estuche de suicidio, en caso de que la muerte sea muerte y dolorosa, y termina con una discusión civilizada acerca de la eutanasia. Pero confiesa que no sabe si tendrá el coraje de apresurar su propia muerte. La puede ser la más profunda de sus admisiones. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 9 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro gana el Premio Nobel de Literatura.

Alexandra Alter y Dan Bilefsky. The New York Times. 05-10-2017. Cuando era joven, Kazuo Ishiguro quería ser cantante y compositor de canciones. Cantaba en clubes folklóricos y tuvo varias evoluciones estilísticas, incluyendo una fase poética púrpura, antes de establecer sus letras confesionales. Nunca tuvo éxito en el negocio de la música, pero escribir canciones le ayudó a moldear el estilo de prosa elíptica e idiosincrática que lo convirtió en uno de los escritores británicos más influyentes de su generación. “Esa fue una muy buena preparación para el tipo de ficción que llegué a escribir”, dijo Mr. Ishiguro en una entrevista de 2015 con The New York Times. “Tienes que dejar mucho del significado bajo la superficie”. Mr. Ishiguro llegó a publicar 7 novelas aclamadas, y este jueves 5 de octubre fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, el reconocimiento literario más grande del mundo. Mr. Ishiguro, 62, es bien conocido por sus novelas “TheRemains of the Day” (“Lo que Resta del Día”) acerca de un mayordomo quien sirve a un señor inglés en los años previos a la segunda guerra mundial, y “NeverLet Me Go” (Nunca me Dejes Ir”), una melancólica historia de amor en una escuela británica. Él ha regresado obsesivamente a los mismo temas en su trabajo, incluyendo las fallas de la memoria, la mortalidad y la naturaleza porosa del tiempo. Su cuerpo de trabajo destaca por la inventiva subversión de los géneros literarios, su agudo sentido del lugar y su análisis crítico del sistema de clases británico. “Si se mezcla a Jane Austen con Franz Kafka entonces se tiene a KazuoIshiguro, pero hay que agregar un poco de Marcel Proust a la mezcla”, dijo Sara Danius, la secretaria permanente de la academia sueca. Ms. Danius describió a Mr. Ishiguro como “un escritor de gran integridad”. “Nunca ve a los costados”, dijo ella. “Ha desarrollado un universo estético propio”. En una conferencia de prensa en la oficina de su editor de Londres este jueves, Mr. Ishiguro fue muy parco, al decir que el premio fue algo inesperado. “Si hubiese tenido alguna sospecha, me habría lavado el cabello esta mañana”, dijo. Añadió que cuando piensa en “todos los grandes escritores vivientes quienes no han ganado este premio, me siento ligeramente como un impostor”. En una carrera que se extiende por más de 35 años, Mr. Ishiguro ha ganado amplio reconocimiento por su prosa fuerte y sobria emocionalmente. Sus novelas a menudo están escritas en primera persona, con narradores escépticos quienes niegan las verdades que son reveladas gradualmente al lector. La resonancia de sus argumentos viene a menudo del rico contexto, las cosas no dichas, y las brechas entre la percepción del narrador y la realidad. El escritor canadiense Michael Ondaatje, autor de “The English Patient”, dijo que estaba “fascinado” con la decisión de la academia. “Él es un escritor raro y misterioso, siempre me sorprende, con cada libro”, escribió en un correo electrónico. Nacido en Nagasaki, Japón, en 1954, hijo de un oceanógrafo, mr. Ishiguro se mudó a Surrey, Inglaterra, cuando tenía 5 años de edad, y asistió a Woking County GrammarSchool, una escuela que era, como le dijo a TheGuardian, “probablemente la última oportunidad de saborearlos vestigios de una sociedad inglesa que se desdibujaba rápidamente”. Mr. Ishiguro descubrió la literatura de muchacho cuando se topó con los cuentos de Sherlok Holmes en la biblioteca local. “Tenía alrededor de 9, 10 años, y no solo leía obsesivamente acerca de Holmes y Watson, empecé a comportarme como ellos. Iba a la escuela y decía cosas como: ‘Por favor, siéntese’ o ‘Eso es más singular’, dijo él en una entrevista con The Times Book Review. “Las personas en esa época asociaban eso con que yo era japonés”. Despues de estudiar inglés y filosofía en la University of Kent, en Canterbury, pasó un año escribiendo ficción, eventualmente obtuvo una maestría de arte en escritura creativa, y estudió con escritores como Malcolm Bradbury y Angela Carter. Mr. Ishiguro destacó temprano entre la multitud literaria. En 1983, fue incluido en la lista de los mejores escritores jóvenes británicas de la revista Granta, uniéndose a luminarias como Martin Amis, IanMcEwan y Salman Rushdie. Publicó su primera novela, “A Pale View of Hills”, acerca de una mujer japonesa de mediana edad que vivía en Inglaterra, en 1982, y siguió con “AnArtist of theFloatingWorld” narrada por un pintor japonés viejo, ambientada en el Japón posterior a la segunda guerra mundial. Su profunda comprensión de las convenciones sociales y afectaciones de su tierra adoptada moldeó su tercera novela, “TheRemains of the Day”, la cual ganó el BookerPrize y trataba de un mayordomo, quien luego fue inmortalizado en una película protagonizada por Anthony Hopkins. Mr. Ishiguro, quien escribe sus primeras versiones a mano, dijo después que había escrito el libro en cuatro semanas en una enfebrecida arrancada. Cuando publicó “TheRemains of the Day”, Mr. Ishiguro temía que se estaba repitiendo al escribir otra novela en primera persona con un narrador poco confiable,pero la crítica vio el libro como una partida extrema. “Me preocupaba que las personas dijesen, ‘Oh, es el mismo libro otra vez, acerca de un tipo viejo recordando su vida, lamentando que es muy tarde para cambiar las cosas”, le dijo a The Times. “En vez de eso, dijeron, “Sus libros siempre están ambientados en Japón; este es un gran salto para usted’. Hice eso con casi cada libro”. Un literato iconoclasta, Mr. Ishiguro ha ensayado con géneros como ficción detectivesca, historias del oeste, ciencia ficción y fantasía en sus novelas. La crítica consideró “TheUnconsoled”, una novela surrealista acerca de un pianista en una ciudad europea indeterminada, como realismo mágico cuando esta apareció en 1995. “WheWeWereOrphans” fue considerada como una novela detectivesca. Su novela de 2005, “NeverLet Me Go”, fue reconocida como otro salto estilístico hacia la ciencia ficción futurista, aunque fue ambientada en la década de 1990. Su novela más reciente, “TheBuriedGiant”, desafió las expectativas una vez más. Una historia fantasiosa ambientada en la Bretaña arturiana, la novela se enfoca en una pareja de viejos, Axl y Beatrice, quienes abandonan su pueblo en busca de su hijo perdido, y encuentran a un viejo caballero. Aunque está llena de fantasía, con ogros y dragones, también es una parábola que explora muchos de los temas que han preocupado a Mr. Ishiguro a través de su carrera, incluyendo la frágil naturaleza de la memoria individual y colectiva. Al seleccionar a Mr. Ishiguro, la academia sueca, la cual ha sido criticada en el pasado por usar el premio para hacer una declaración política, pareció enfocarse en el más puro mérito literario. El premio Nobel de Literatura es entregado en reconocimiento del cuerpo entero de trabajo de un escritor más que por título en particular. Los ganadores han incluido a gigantes literarios internacionales como SaulBellow, Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez y Toni Morrison. En otros años, la academia ha seleccionado oscuros escritores europeos cuyo trabajo no fue leído ampliamente en inglés, incluyendo al novelista francés, J.M. Le Clézio (2008), la escritora rumano-alemana Herta Müller (2009), el poesta y traductor sueco Tomas Transtromer (2011) y el novelista francés Patrick Modiano (2014). De los 114 ganadores quienes han recibido el premio desde que fue fundado en 1901, 14 han sido mujeres. Recientemente, la academia a menudo a subestimado novelistas y poetas a favor de escritores que trabajan de forma poco convencional. El año pasado, el premio fue entregado al cantante y compositor de canciones Bob Dylan, “por haber creado nuevas expresiones poéticas en la tradición de la gran canción estadounidense”, una decisión que enfureció a algunos tradicionalistas. En 2015, el Nobel fue a las manos de la periodista y prosista bielorusa Svetlana Alexievich, quien es conocida por sus expansivas historias orales, y en 2013 ganó la cuentista canadiense Alice Munro. Mr. Ishiguro, el vigésimonoveno novelista de habla inglesa que gana el premio, destaca de algunas decisiones previas por su accesible estilo prosístico. En una rareza para escritores, Mr. Ishiguro es querido por la crítica y los académicos y es exitoso comercialmente, su trabajo es ampliamente conocido y leído, y ha sido adaptado al cine, y series televisiva en Japón. Sus novelas han vendido en conjunto más de 2.5 millones de copias en Estados Unidos. “Él ha logrado un rango extraordinario, y escribe con mucha restricción y control acerca de algunos grandes temas, acerca de la memoria y la pérdida de esta, acerca de la guerra y el amor”, dijo SonnyMehta, director y editor jefe de Alfred A. Knopf, quien ha trabajado con Mr. Ishiguro desde su novela de 1989 “TheRemains of the Day”. En una entrevista telefónica este jueves 6 de octubre, Mr. Ishiguro, sonaba anonadado, dijo que estaba sentado a la mesa en su cocina escribiendo un correo electrónico en su hogar de Londres, donde vive con su esposa Lorna, cuando sonó el teléfono. Era su agente, quien le dijo que el comité Nobel había anunciado su nombre. Entonces llamó la BBC, y un enjambre de periodistas y fotógrafos se agolparon frente a su puerta. “Fue muy embarazoso”, dijo él. “Mis vecinos probablemente pensaron que yo era un asesino en serie o algo por el estilo”. Mr. Ishiguro parece estar en una fase prolífica: Dijo que está trabajando en una novela nueva, y tiene varias adaptaciones cinematográficas de sus libros en proceso, así como un par de proyectos de teatro. “Tengo una novela por terminar, y no es una novela fácil”, dijo él. “Va a ser difícil retomarla cuando se asiente la polvareda de este episodio”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 2 de octubre de 2017

Jake LaMotta fue más que un ‘Toro Salvaje’.

Carlo Rotella. 21-09-2017. The New York Times. Cuando un campeón fallece, una ola de nostalgia envuelve la cultura. Es como un “cohete de verano”, el calor de fusión que produce un lavado de nieve que pasa sobre un pueblo de Ohio cuando despegan las naves espaciales en las “Martian Chronicles” de Ray Bradbury. Mientras más famoso sea el campeón, más potente será la ola. La partida de esta semana de Jake LaMotta a la edad de 95 años, quien fuese campeón mundial de los pesos medios desde 1949 hasta 1951, ha desencadenado una ola de nostalgia por…1980. Ese fue el año del “Toro Salvaje” de Martin Scorsese, protagonizada por Robert De Niro como LaMotta, una celebrada actuación que fijó un nuevo patrón para inmersión de un actor en un personaje. El personaje ha eclipsado tanto al hombre que ahora es difícil ver al tipo que murió este martes alrededor del LaMotta de De Niro. El asimilador de castigo descrito en la película y en casi cada nota obituaria es una estilizada característica de Jake LaMotta el boxeador, quien fue no solo fuerte y resiliente sino también un gran artista. Más que un absorbedor de golpes, él fue un tremendo peleador quien pasaba con maestría la mayoría de los impactos donde la película lo presenta como un masoquista al recibir puñetazos en el mentón. Fue un incansable atacante quien derribaba a sus oponentes con andanadas de golpes, también los burlaba con movimientos tácticos que los tentaban a confiarse. No hay discusión al plantear que “El Toro Salvaje” altera la historia en nombre del espectáculo y la narrativa. Eso es lo que hacen las películas. Pero que el personaje de la película sustituya al LaMotta histórico, un proceso en el cual cooperó el propio Jake, no solo hace más difícil darle su puesto como boxeador. También nos dificulta llegar al lodo histórico adherido a las raíces de ese personaje: el mundo que moldeó LaMotta, y el conocimiento de lo que fluía a través de eso. Él peleó cuando el boxeo aún era foco central no solo de la escena deportiva sino de la cultura estadounidense de la era industrial, intercalado con la rutina del trabajo manufacturero e incrustado en las texturas de la vida del vecindario mediante el gimnasio, el bar y el salón del sindicato. El declive gradual del boxeo hasta el estado de deporte pequeño ha empujado a esa época casi más allá de nuestro alcance. Como resultado, hemos perdido contacto con mucho del conocimiento acerca de los cuerpos, la fuerza y el trabajo que llevaba ser bueno con las manos en la era dorada del boxeo. Floyd Mayweather Jr., el mejor boxeador de nuestra época, se ha buscado que se reían en su cara cuando reclama que es el mejor peleador de todos los tiempos porque está invicto. Él es un virtuoso de la defensa, bendecido con mentores quienes le transmitieron preciosos remanentes de la práctica de la época dorada, pero su reclamo es vacío. Dos palabras mágicas que refutan ese clamor son: “Jake LaMotta”. LaMotta peleó una serie de seis combates con Sugar Ray Robinson, quien generalmente es reconocido aun por aquellos poco conocedores de boxeo, como el mejor de todos los tiempos. El clásico enfrentamiento entre el más grande y fuerte LaMotta y el elegante Robinson produjo peleas muy cerradas llenas de destreza, corazón y suspenso. Robinson ganó cinco de ellas, pero LaMotta le infligió su primera derrota en la otra. La hoja de Robinson muestra balance de 175-19, con 6 tablas; la de Mayweather, peleó contra oponentes bien escogidos en una era cuando las estrellas pelean mucho menos y por mucho más dinero, es 50-0. Para el propósito de una comparación, se puede dejar a un lado las otras 194 peleas de Robinson y simplemente reconocer que tener marca de 5-1 ante LaMotta fue un trabajo de lejos más impresionante que todas las victorias de Mayweather. Le mencioné eso a Mayweather una vez, tras bastidores en un espectáculo de WrestleMania, donde esperaba mientras Manny Pacquiao tuviese experiencia de boxeo suficiente para que pelear con él, tuviese sentido de acuerdo al negocio,. La respuesta de Mayweather fue como siempre, “¿Pero Robinson se mantuvo invicto?” Pelea seis veces con un LaMotta en su apogeo y veremos si sigues siendo invicto. Poco después que hablé con Mayweather, llamé a LaMotta, quien le dio crédito por ser inteligente para hacer más dinero recibiendo mucho menos golpes. LaMotta dijo: “Peleé 13 años, 106 peleas, e hice 750.000 $ en total. Pelear todo el tiempo te mantiene fuerte, te capacita para saber recibir castigo, pero hubiera peleado menos si hubiera hecho más dinero”. Dijo que hubiese hecho lucha libre fingida o cualquier cosa que le hubiese pedido, mientras el trabajo significara ser bien pagado y no golpeado. Mayweather es el púgil que ha ganado más dinero en la historia, sin nadie que se le acerque al explotar las condiciones de negocio del boxeo para maximizar el radio de recompensa. Pero él no puede compartir esa distinción y llegar remotamente cerca de ser el mejor peleador de todos los tiempos. Para acercarse a esa verdad simple, hay que regresar a través de la película hasta el mundo de las peleas de mitad de siglo, hasta lo que Robinson sabía hasta los huesos, engranado entre 200 peleas profesionales, incluyendo seis duros combates con Jake LaMotta. Carlo Rotella es el director de estudios americanos en Boston College y co-editor, junto a Michael Ezra de “The Bittersweet Science: Fifteen Writers in the Gym, in the Corner, and at Ringside.” Traducción: Alfonso L. Tusa C.

domingo, 1 de octubre de 2017

Nicole Krauss: By the Book (Por el Libro)

The New York Times. 7 de septiembre de 2017. La autora de “Great House”, “The History of Love” y más recientemente, “Forrest Dark” prefiere leer novelas clásicas en los aviones: “Doce horas de economía no es el momento para apostarle a un libro”. ¿Cuáles libros están ahora en su mesa de noche? “Sapiens: A Brief History of Humankind” de YuvalHarari; las brillantes historias de Nachman de Leonard Michaels; “I Am the Brother of XX” y “These Possible Lives”, ambas de Fleur Jaeggy; una nueva colección de poesía de Yehuda Amichai editada por Robert Alter; “HHhH” de Laurent Binet; “Moving Kings”, de Joshua Cohen; “Portraits” de John Berger; “A Time of Gifts”, de Patrick Leigh Fermor; “Pondlife”, de Al Alvarez; y un libro de pinturas de Fra Angelico. ¿Cuál ha sido el último gran libro que ha leído? “Landmarks”, de Robert MacFarlane, en el cual él describe como a medida que la infancia se traslada al interior de la casa, y palabras como helecho, avellano y sauce se caen del OED, y son reemplazadas por el reproductor de MP3, la banda ancha, y la sala de chat, y las palabras del paisaje que habitamos son reemplazadas por el lenguaje de la realidad virtual y la política global, estamos perdiendo el vocabulario preciso proveniente de siglos de contacto íntimo con la naturaleza local, y en el proceso perdemos nuestra habilidad para ver y distinguir esa naturaleza, y nos hacemos crecientemente insensatos a ella. MacFarlane pasó años coleccionando palabras de toda Bretaña, en todos sus dialectos, las cuales son reportadas en glosarios y se leen como un regalo. También leí recientemente “Enormous Changes at the Last Minute” de Grace Paley, estoy trabajando unos cuentos, y ella sabía muy bien como ser libre en ellos, y releí “The Little Virtues” de Natalia Ginzburg, el cual encontré tan grandioso como siempre. Pero más que todo “Zurau Aphorisms” de Kafka, traducido por Michael Hoffman y con una breve pero hermosa introducción de Roberto Calasso. ¿Cuál es la cosa más interesante que usted haya aprendido de un libro recientemente? Hace poco un amigo me regaló un libro llamado “Art and Experience in Classical Greece” de J.J. Pollitt, el cual describe el estado de ansiedad que perseguía a los antiguos griegos y los llevaba a su obsesión con el tipo de orden que puede neutralizar el caos y evitar lo irracional. El libro, generó cierta luz, para mí, sobre nuestra obsesión actual con el conocimiento de los hechos, y su relación con nuestra creciente ansiedad. ¿Cuál novela clásica ha leído recientemente por primera vez? Antes de volar a casa desde Tel Aviv este verano, fui a una librería de segunda mano. Doce horas de economía no es el momento para apostarle a un libro, así que salí de ahí con los clásicos que pude encontrar. Leí “The Prime of Miss Jean Brodie” de Muriel Spaks, cuyas oraciones punzantes e imágenes aún se sienten frescas y vívidas. Traté de leer otra vez “The Group” de Mary McCarthy, y fallé otra vez. En vez de eso pasé el resto del vuelo leyendo “The Book of Laughter and Forgetting, de Milan Kundera, el cual disfruté, y no solo porque tengo debilidad por la serie completa “Writers From the Other Europe” que Penguin y Philip Roth publicaron en los años ’70 y ’80. El desarrollo lento de la estructura relajada e intuitiva del libro que introduce muchos personajes y cuentos y los deja confrontarse entre ellos mientras revela lentamente sus preocupaciones, es aun extremo e inclasificable 40 años después. Al resumir el libro en esas páginas, John Updike, lo consideró más que una colección de cuentos, “pero no una novela”. ¡No estoy de acuerdo! Kundera tampoco. Él asemeja la forma del libro a “la variación de una novela”, la variación es la forma con la cual Beethoven y el padre de Kundera, un musicólogo, se obsesionaron en sus años finales. “Lo que Beethoven descubrió en sus variaciones fue otro espacio y otra dirección…Beethoven profundiza en esas 16 medidas como si hubiese bajado en una mina hasta las entrañas de la Tierra”. ¿Cuales escritores, novelistas, guionistas, críticos, periodistas, poetas, de la actualidad, admira usted más? Aun no quiero aceptar que W.G. Sebald y Roberto Bolaño, quienes trabajaron hasta ayer, hoy ya no viven. Cada uno publicó por solo una década antes de morir a sus cincuenta y tantos años, no sin antes expandir nuestra idea de lo que una novela puede ser. La mitad de lo que se ha publicado por estos días lleva sus marcas, y así es imposible para mí pensar en escritores actuales sin pensar primero en ellos. Después están Laszlo Krasznahorkai, Rachel Cusk, Jenny Erpenbeck, David Grossman, Yoel Hoffman, Karl Ove Knausgaard, para nombrar algunos. Leo mucha ficción contemporánea traducida, pero poca estadounidense y británica, lo cual pienso tiene que ver con el hecho de que la novela social me aburre, no me importa una buenas historia plana, prefiero la reflexión al diálogo, del cual puedo sentir sospecha.Pero no, eso es demasiado, ahora estoy exagerando. Tal vez tengo algo que reconocer. Y por supuesto ocurre que leo algunos libros nuevos en inglés que me impresionan: Pienso que la primera novela de Claire-Louise Bennett, “Pond”, publicada aquí el año pasado, es extraordinaria. ¿Cuál es el mejor libro que usted recibió como regalo? Cuando tenía seis o siete años de edad mi abuelo me dio un libro llamado “The Aleph-Bet Story”, el cual describía una personalidad única para cada una de las letras hebreas. Eso fue inolvidable. No sé si estaba consciente de eso entonces, pero ahora pienso que ese libro debió haberme dado la primera sensación de que el lenguaje tiene vida propia. ¿Qué tipo de libros le ocasiona mayor placer de lectura en la actualidad? Las novelas que llegan a su coherencia de manera inusual y elegante. Que estiran las formas solo para satisfacer el misterioso control interno del libro. Adoro cuando siento que el autor y yo nos sorprendemos al encontrarnos. ¿Cómo prefiere leer? ¿En papel o digital? ¿Un libro a la vez o varios simultáneamente?¿De día o de noche? Cada vez que haya tiempo, y ahora que mis hijos tienen 11 y 8 años de edad, lentamente voy recuperando más tiempo para mí. Las ventanas de mi habitación están de frente al este y no tienen cortinas, despertar con esa luz y un libro es una maravilla para mí. Leo muchos libros a la vez, todos en papel. Pienso que el libro debe ser el objeto más perfecto diseñado por el ser humano. Su belleza física y su excelencia, pero también está la manera como absorbe la presencia de sus lectores. Te, tinta, dedos grasosos, recibos, clima, pero más que eso, algo de espíritu también, así cuando años después se toma el libro del estante, un reflejo de tu antíguo yo te salta encima. No puedo superar eso fácilmente. ¿Cuáles géneros evita? No me gusta lo práctico en un libro. No quiero saber como hacer las cosas. Sé que es una desventaja, pero no quiero consejo o ayuda. Solo quiero algo de ese otro mundo que viene y describe el nuestro con significado. Quiero si es posible, un poco de infinidad, lo cual no pienso que sea mucho pedir. No tiene que ser literatura. Veamos los jardines, por ejemplo. Los jardines son fuentes excelentes de infinidad. Puedo mirar felizmente por horas las fotografías de un libro acerca de Sissinghurst o el jardín de Saiho-ji, y leer todo lo que Vita Sackville West y esos monjes japoneses tenían en mente. Pero no me den ningún libro acerca de cómo hacer un jardín. ¿Cuáles libros podrían sorprender a las personas de encontrarlos en sus estantes? ¿Además de todos mis pequeños libros de bolsillo de sabiduría Yiddish? No sé, mis libros de Young Thug y Gucci Mane. Firmados. ¿Que clase de lectora era usted de niña? ¿Cuáles libros y autores infantiles eran sus favoritos? Mi madre es inglesa, ella era la que nos leía, mi primera palabra fue A. A. Milne, Beatrix Potter, Kenneth Grahame, Lewis Carroll y Roald Dahl. Ninguno de ellos pensaba que era necesario proteger a los niños de la oscuridad. Por el contrario, ellos guiaban a sus lectores directo hasta ella. Eso le da a uno un enorme sentido de ser respetado como niño. No solo de que crean que puedes manejar las cosas como son, sino de ser aceptado como no completamente bueno. Ser reconocido como alguien que lleva la oscuridad por dentro. Pienso que no he confiado en ningun autor quien no haya tenido esa convicción. Si usted organizara una cena literaria. ¿Cuáles tres escritores, vivos o muertos, invitaría? Al autor de Genesis y al autor del Book of Samuel, solo para finalmente saber quienes eran esos dos, y preguntarles que quisieron decir con eso, y pedirles una copia de las versiones inéditas. Y a Kafka. Pero tendría que ser un refrigerio. Con lo cual siento que ellos estarían de acuerdo. No se puede escribir de esa manera y ser un comelón. ¿Qué piensa leer a continuación? Lo que sea que publique New Directions o Archipelago. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Jake LaMotta, un ‘Toro Salvaje’ dentro y fuera del cuadrilátero, fallece a los 95 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 20 de septiembre de 2017. Jake LaMotta, conocido en el boxeo como “El Toro Salvaje”, quien se fajó a su manera rumbo al campeonato de los pesos medios de boxeo, y cuya vida se convirtió en el tema de una película aclamada, falleció este martes 19 de septiembre en Aventura, Fla., cerca de Miami. Su prometida por mucho tiempo, Denise Baker, dijo que él murió en Palm Garden of Aventura, un hogar de cuidados y centro de rehabilitación, donde había sido atendido. Un “vago bueno para nada” con terrible temperamento, como después se describió a si mismo, LaMotta aprendió a boxear en un reformatorio del norte de Nueva York, donde había sido enviado por intento de robo. Luego de mantenerse invicto como amateur, saltó al profesional en 1941 y descargó su intensidad sobre docenas de oponentes. Despues se convirtió en símbolo de la cultura pop cuando el director Martin Scorsese contó su historia en su película de 1980 “Raging Bull” (“El Toro Salvaje”), basada en la memoria de LaMotta (1970) del mismo nombre, escrita con Joseph Carter y Peter Savage. Robert DeNiro ganó un premio de la academia por su interpretación de LaMotta, y la película fue nominada en seis categorías, incluyendo la de mejor fotografía. LaMotta era capaz de absorber una andanada de golpes y luego descargar un ataque más brutal sobre el oponente. Como escribió en su memoria, él se “salía de la esquina, lanzando golpes, sin rendirse, resistía todo el castigo que el otro tipo podía infligir y seguía allí, apretando con todo”. Ray Arcel, uno de los entrenadores de boxeo de más renombre, dijo de LaMotta, “Cuando estaba en el cuadrilátero, era como si estuviese en una celda peleando por su vida”. Muy recordado por sus seis peleas con Sugar Ray Robinson, LaMotta ganó 83 combates (30 por nocaut) y perdió 19 (incluyendo una “arreglada” la cual confesó ante un panel del congreso, le prometieron que si perdía esa pelea tendría una oportunidad por el título). También tuvo cuatro tablas (empates). Logró el campeonato de los pesos medios en junio de 1949, al detener al campeón, Marcel Cerdan, en Briggs Stadium de Detroit, y solo fue noqueado una vez en sus 106 peleas. Mr. Scorsese hizo su película mucho después que LaMotta había dilapidado su dinero, dijo que había ganado 1 millón de dólares en el cuadrilátero, y había pasado por una serie de matrimonios tormentosos, fue enviado a prisión una vez más y cayó en la obesidad. “Yo imagino que Jake piensa que esa es una película acerca de él”, le dijo Mr. Scorsese a The New York Times poco después del estreno de “Raging Bull”. “Pero quienes piensan que esa es una película de boxeo, están fuera de sus cabales. Es brutal, seguro, pero es una brutalidad que podría ocurrir no solo en el cuadrilátero de boxeo, sino en una habitación o en una oficina. Jake es un hombre elemental”. LaMotta boxeó más de mil rounds con Mr. DeNiro, tutoreándolo para el papel que le valió el Oscar como mejor actor. Cathy Moriarty, en su debut profesional, interpretó a la segunda esposa de LaMotta, Vikki, una hermosa rubia quien resistió un matrimonio caótico, y fue nominada al Oscar como actriz de reparto. LaMotta tuvo sentimientos encontrados acerca de la película. “Tuve una especie de rechazo al principio”, le dijo a The Times. “Entonces noté que esa era la realidad. Así fueron las cosas. Yo era un bastardo no muy bueno. Así no es como soy ahora, pero es como era entonces”. Giacobbe LaMotta nació en el Lower East Side of Manhattan el 10 de Julio de 1922, uno de cinco hijos. Recordaba que su padre, un inmigrante siciliano quien vendía frutas y vegetales, golpeaba con frecuencia a su esposa, hija de inmigrantes italianos, y a sus hijos. La familia se mudó a Filadelfia y luego al Bronx, donde vivían en un lugar infectado de ratas. LaMotta atacaba con un punzón de hielo a los compañeros de clase quienes se burlaban de él, y dejó inconsciente a un corredor de apuestas del vecindario al golpearlo con un tubo de plomo mientras lo atracaba. Destacó como el principal peso medio a principios de la década de 1940, al haber sido rechazado del servicio militar para la segunda guerra mundial debido a una operación del hueso temporal en la infancia que le afectó el oído. En febrero de 1943, le propinó a Robinson la primera derrota de su carrera en la pelea 41 de Robinson, al ganarle una decisión de 10 asaltos luego de ponerlo contra las cuerdas. Robinson ganó las otras cinco peleas, pero LaMotta también derrotó a prominentes púgiles como Fritzie Zivic, Tony Janiro y Bob Satterfield. Al Silvani, un entrenador de LaMotta, sentía que este era más peligroso cuando parecía vencido. Como Silvani recordó en “Corner Men” de Ronald K. Friend (1993), LaMotta “se recostaba contra las cuerda simulando estar mal y en simultaneo, esto no es exageración, te lanzaba siete, ocho, nueve, diez ganchos de izquierda”. LaMotta había sido considerado favorito para derrotar a Billy Fox en una pelea del peso semicompleto en noviembre de 1947, pero las apuestas estaban 3-1 a favor de Fox poco antes de la pelea, debido evidentemente a la inyección de dinero por parte del crimen organizado desde Filadelfia. LaMotta fue zarandeado por Fox, y la pelea fue detenida en el cuarto asalto. La comisión atlética del estado de Nueva York sospechaba que LaMotta había perdido la pelea deliberadamente, pero él alegó que estaba afectado por una ruptura de bazo que sufrió en los entrenamientos. Fue sancionado con una multa de 1000 $ y una suspensión de siete meses por ocultar una lesión. Pero en 1960, cuando el subcomité anticorporativo y monopolio del senado realizó audiencias sobre la influencia del crimen organizado en el boxeo, LaMotta admitió que había acordado perder la pelea con Fox a cambio de obtener una largamente buscada oportunidad por la corona del peso medio. Dijo que uno de los hombres quien arregló la pelea fue Blinky Palermo, el manejador de Fox y reputado pez gordo de Filadelfia. LaMotta recibió su oportunidad 17 meses después de la pelea con Fox, y derrotó a Cerdan por nocaut técnico en el décimo asalto para convertirse en campeón del peso medio. Cerdan, ciudadano francés, iba en camino a Estados Unidos para la pelea de revancha cuando falleció en un accidente aéreo. LaMotta defendió satisfactoriamente su título dos veces, luego lo perdió con Robinson cuando la pelea, efectuada en Chicago Stadium el 14 de febrero de 1951, fue detenida en el décimotercer asalto. LaMotta estaba ensangrentado pero nunca cayó a la lona. La pelea fue conocida como la segunda masacre del día de San Valentín, en alusión a la matanza legendaria de Chicago en 1929. La carrera de LaMotta se vino abajo después que perdió el título, el 31 de diciembre de 1952, luego de seis meses de inactividad, fue noqueado por única vez en su carrera, al perder ante Danny Nardico en una pelea del peso semicompleto. Se retiró, luego regresó en 1954 por unas pocas peleas antes de renunciar por su bien. Fue inducido al Salón de la Fama del boxeo internacional en 1990. La furia perpetua de LaMotta lo llevó a golpear a su primera esposa, Ida. Se volvió a casar en 1946, su nueva esposa, Vikki, era una adolescente, pero ese matrimonio, también cayó en dificultades en medio de las debilidades de LaMotta por la bebida y las mujeres. Ella solicitó el divorcio en 1956. Él se casó seis veces. En 1957, mientras administraba un local nocturno y bar, LaMotta fue acusado de animar a una menor a convertirse en prostituta. Pasó seis meses en la cárcel y trabajó en la construcción de una carretera. Animado a probar en el negocio del espectáculo por Rocky Graziano, también un antiguo campeón del peso medio, quien se había convertido en actor y había sido su amigo desde que compartieron en el reformatorio, LaMotta luego trabajó como cómico y actor. Apareció como barman en la película de Paul Newman “The Hustler” (1961) e interpretó al pandillero Big Julie en una producción de 1965 del musical “Guys and Dolls” en el City Center de Manhattan. LaMotta apareció junto a Ms. Baker en una producción de Broadway, “The Lady and the Champ”, la cual se exhibió por dos semanas en 2012. En 2015 se estrenó una segunda película acerca de su vida, “LaMotta: The Bronx Bull”, con William Forsythe interpretando a LaMotta. No hubo ninguna relación con la película “Raging Bull”. Además de Ms. Baker, los supervivientes de LaMotta incluyen a sus hijas, Jacklyn O’Neill, Christie LaMotta, Elisa LaMotta y Mia Day; las hijas de Ms. Baker, Meggen Connolley y Natalia Baker; los hermanos de Jake, Joe y Al, y sus hermanas, Maria Hawfield y Anne Ramaglia. Sus hijos, Jack y Joseph, fallecieron en un período de siete meses en 1998, Jack de cáncer y Joseph en un accidente de aviación. La fortaleza de LaMotta apareció en toda su intensidad en sus peleas con Sugar Ray Robinson, a quien muchos consideran el mejor boxeador libra por libra de la historia. Robinson aparentemente había extenuado a LaMotta, conocido entonces como el toro del Bronx, en su segunda pelea, y se dio cuenta que no era así. “Lo tenía contra las cuerdas”, recordó Robinson en su autobiografía, “Sugar Ray” (1969), escrita con Dave Anderson, un columnista deportivo para The Times. “Tenía la cabeza gacha y lo tenía medido. Su cabeza se levantó y lanzó un gancho izquierdo que casi me atravesó el estómago. Eso dolió mucho, me hizo llorar, como un niño pequeño. Gané por decisión, pero aprendí que Jake LaMotta era un animal”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Órbita Elíptica: MirceaCartarescu

Sharon Mesmer. Paris Review. 26 de febrero de 2014. En el verano de 2011, pasé todas las tardes revisando mediante el mapeo de Google, la vecindad de Chicago donde crecí. Bajé las persianas, subí el aire acondicionado, y tipeé las intersecciones que definen Back of theYards, nombrado así por su proximidad con el Union Stockyards, en la ventana de búsqueda. Estaba en la etapa inicial de un arranque nervioso, intentando obsesivamente revivir el pasado, el único lugar donde, yo creía, existía la continuidad. FiftyFirst y Loomis fue mi punto de partida: la intersección donde estaba ubicada la oficina del médico de la familia. Una hoja de prescripción en blanco, de 1965, que encontré en la caja de joyas de mi difunta madre me proporcionó la dirección de la oficina. Mi madre y yo habíamos tenido una relación contenciosa, pero ese verano imaginé que abría su tumba y ponía los brazos de su esqueleto sobre mis hombros, “Pensé que los huesos podían hacerlo”, para citar a Plath. Utilicé los objetos de la caja de joyas (listas de víveres, un polvo compacto “Moondrops” de Revlon, viejas tarjetas de pago de Sears, rosarios de cristal azul, una pintura labial Coty) para reconstruir su existencia, y encontrar esa prescripción fue como hallar la llave de una puerta cerrada por mucho tiempo. Ir al médico había sido una especie de rutina familiar, cada tres meses había que llevar a mi abuela para revisar su diabetes, no estaba segura si había soñado con aquellas excursiones a ese pequeño consultorio. Mi madre iba al piso de abajo para vestir a mi abuela: malla de cabello limpia, faja y pantys gruesas; broche de cuarzo, vestido presentable en lugar de las ropas manchadas de uso diario, zapatos negros ortopédicos en vez de las pantuflas de casa; y las prótesis dentales tomadas del vaso del lavamanos del baño. Luego ella corría hacia el piso de arriba para vestirnos a mi hermana y a mí, nos ponía perfume Chantilly en la parte posterior de las muñecas. El tío Stas nos llevaba allí, mi hermana y yo íbamos en el asiento trasero con nuestra abuela entre nosotras, nuestra madre iba adelante, discutiendo en polaco con Stas durante el viaje de cinco minutos (si, cinco minutos). Ahora, mientras miraba la oficina mediante Google Maps, vi que la puerta del frente y las ventanas estaban enmarcadas y noté una mancha brillante y transparente en el zaguán. Yo sabía que la mancha era el resultado del movimiento de la cámara al tomar la foto, pero sentía que la mancha era mi alma: el recuerdo intenso la había proyectado de vuelta allí, y había sido capturada entre los marcos de las ventanas de la sala de espera, detrás de las cuales mi hermana aún estaría sentada junto a mi madre, señalando los anuncios de los trajes de baño Catalina en la revista Look abierta en su regazo, al lado de mi abuela con sus piernas cruzadas en los tobillos, apretando su monedero, a su lado estaba mi tío aplastando su cigarrillo en un cenicero de metal. Me sentí ligeramente disgustada de mis recurrentes intentos. ¿No estaba perdiendo el tiempo y autoflagelándome por la mala relación que tuve con mi madre? ¿De que manera esta indulgencia con la nostalgia me beneficiaría como escritora? Con la experiencia de cuarenta años como poeta sabía como traducir las experiencias difíciles al lenguaje, pero ¿de que serviría esta? Parecía que la única manera de avanzar sería mediante la memoria, aunque nuca me había gustado ese género. (¿Otra historia de la abuela?). Aún así me sentí motivada a seguir el cúmulo de imágenes (en la oscuridad, parecía), y mi intuición, que aun funcionaba a pesar de la inmensa ansiedad, seguía impulsándome a prestar atención. Si Blinding la apoteosis del recuerdo de Mircea Cartarescu, hubiera estado disponible en inglés en aquel entonces (como lo está ahora, traducida recientemente por Sean Cotter), lo habría considerado como libro guía para ese viaje. El libro empieza con un mapeo de memoria estratificada de la infancia del autor en Bucarest pero se convierte en algo mucho más grande y complejo. Para los neófitos, Blinding es el primer volumen, subtitulado “The Left Wing” (“El Ala Izquierda”), de una trilogía de 1.352 páginas. Juntos, los tres libros forman la imagen de una mariposa: dos alas y el abdomen, el ala izquierda tiene la naturaleza femenina correspondiente a la madre, el ala derecha la masculina correspondiente al padre. En las secciones discursivas intercaladas entre el argumento que avanza hacia adelante (aunque a modo de sueño), el narrador, también llamado Mircea, soliloquiza con la idea que todos manejamos, de nuestra conformación corporal, la estampa indeleble de nuestro origen dual, existente “entre el pasado y el futuro como el cuerpo vermiforme de una mariposa, entre sus dos alas”; y él escribe, “un gesto de la infancia consume más tiempo y espacio que diez años de adultez”. Leer eso fue muy revelador. Mediante mi poesía y ficción, yo había descrito la casa de dos plantas de Racine Avenue que mi bisabuelo había construido después que había llegado desde Polonia en 1908 y donde mi abuela, mi madre, y yo habíamos crecido, aunque los momentos vividos ahí habían ocurrido hacía muchos años, aun estaban claros y presentes, eran mágicos. Yo tenía relumbrones de memorias, de mi papá abriendo un cobertor pesado con cierre ubicado a un costado de las escaleras de nuestro lado de la casa, y como los dos vimos en las aguas en movimiento a una mujer con su vestido de novia flotando. O husmeando en la cómoda de mi abuela en su habitación oscura para encontrar una caja pequeña que contenía un objeto muy extraño, me arriesgué a revelar mis actividades ilícitas para saber que era eso (ella me dijo que eso era una espina de la Corona de Espinas: “Yo estaba muy enferma, y un cura polaco me la dio”). O viendo como (¿soñé eso?) ella hacía aparecer el arco iris sobre un tazón de madera lleno de agua de lluvia recogida durante tres semanas bajo un trío de pinos en el jardín delantero. ¿Cómo podía darle forma a esas imágenes , y mantener sus extrañas resonancias? Mircea, el narrador, provee el modelo para mapear la geografía recordada/soñada de la niñez. Me había mudado a la cuadra de Stefan cel Mare cuando tenía cinco años, y la inmensidad de sus escaleras, pasillos y pisos me había dado, por años, un vasto y extraño terreno a explorar. Regresé allí muchas veces, en la realidad y en sueños, o mejor dicho, en un contínuo de realidad-alucinación-sueño, sin saber porque la visión de esa larga cuadra, con ocho escaleras, con la fachada de su ventana panorámica, con tiendas mágicas en la planta baja, mobiliario, electrodomésticos, reparación de televisores, siempre me llenaba de emoción. Nunca pude mirar esa parte de la calle con tranquilidad. Al leerla, se podría pensar que Blinding es una memoria. Tiene algunas características de ese género, pero su método para recordar es quimérico. Sus muchas historias entrelazadas, por ejemplo, son las memorias imaginadas de los personajes más allá de la del narrador, en particular la madre de Mircea, María. Ella es una figura artística en esta “ala” femenina de la trilogía: su historia narra, contiene, y lanza las historias de los otros personajes; ella es una presencia fantasmal y completamente palpable. Cuando vi a Cartarescu en un evento de la presentación de la traducción al inglés, mencionó que cada vez que carecía de información acerca de su madre, la imaginaba. En una de las primeras partes del libro, el narrador Mircea “imagina” a su madre, mediante su prótesis dental, en una calle de Bucarest: “Ah, Mamma”, susurré en el silencio. Observé la prótesis dental por pocos minutos en la penumbra de la luz, hasta que que el atardecer apareció tan escarlata como la sangre en las venas, y el artilugio dental empezó a brillar con una luz interior, como si un gas fluorescente hubiese inflamado la superficie de goma. Y entonces mi madre apareció como un fantasma junto a la prótesis”. Escenas como esa facilitan la creencia de que las palabras al trabajar al servicio de la imaginación pueden revivir a los muertos. Prefiero el título rumano de Blinding, Orbitor, porque contiene la palabra orb (órbita), la cual sugiere lo que hacemos tanto el narrador Mircea como yo: girar, en nuestras memorias, alrededor de un lugar del planeta (Mircea en Bucarest, yo en Back of the Yards), como en una órbita, un término usado por los cazadores de fantasmas para indicar lo que un espíritu podría ser visto haciendo. El título rumano también sugiere la manera como la mente gravita instintivamente hacia ciertos lugares, como un planeta alrededor del sol: Todo es extraño, porque todo es de hace mucho tiempo, y porque todo está en ese lugar donde no se puede contar los sueños de memoria, y porque esas grandes zonas del mundo no estaban, para ese momento, separadas entre sí. Y experimentar la extrañeza, sentir la emoción, estar petrificado ante una imagen fantástica, siempre significa la misma cosa: regresar, dar la vuelta, descender por la rapidez arcaica de la mente, mirar con ojos de larva humana, pensar algo que no es un pensamiento con un cerebro que no es aun cerebro, y que se funde en la rapidez de sentir placer, lo cual al crecer, es dejado atrás. Si la invención de la escritura cambió la manera de contar cuentos para siempre (haciendo innecesaria la memoria), entonces un trabajo escrito en el cual la poesía le da ritmo a la acción (para parafrasear a Rimbaud) puede devolver a los lectores, y escritores, a un lugar donde las funciones instructivas y restaurativas de la memoria pueden ser utilizadas. Para mí esa mancha brillante del zaguán podría haber sido mi alma buscando algo en el pasado, pero también podría haber sido yo tratando de forjar un tipo de escritura que empieza en la memoria pero se convierte en algo mucho más grande y sofisticado, algo ordinario y extraordinario, como la niñez. Recuerdo un día caliente y brillante del verano de 1969: el viento había cambiado de dirección y una brisa arrastraba un hedor desde los corrales hacia nuestra casa. Mi madre con rulos en su cabello cubiertos con una malla de polyester, bajó las escaleras del porche gritando a mi hermana y a mí para que le ayudáramos a recoger las sábanas del tendedero para colgarlas en el sótano (ella prefería que olieran a humedad del sótano antes que a carne muerta. Protestamos porque estábamos ocupadas jugando al “aterrizaje en la luna”; nuestro carrito rojo era el módulo de exploración lunar y el patio era la superficie de la luna. Pero noté que si nos parábamos entre las sábanas y mirábamos hacia arriba, mientras mamá las templaba del tendedero, el sol, que brillaba sobre nosotras, reflejaría secuelas de rayos coloreados. Y si cerrábamos los ojos apretándolos, veíamos imágenes en negativo de las sábanas y los árboles debajo de nuestros párpados. No hablamos de eso en el día, pero esa noche, en nuestras camas, hablamos infinitamente de nuestro descubrimiento: esas cosas ordinarias como sábanas y luz solar y ojos (y como descubrí después, prescripciones en blanco) pueden ser las llaves para llegar a lugares extraordinarios. Las colecciones de poesía más recientes de Sharon Mesmer son Annoying Diabetic Bitch (Combo Books) y The Virgin Formica (Hanging Loose Press). Una selección de sus poemas aparece en la segunda edición de Postmodern American Poetry: A Norton Anthology. Ella enseña escritura creativa en NYU y la New School. Traducción: Alfonso L. Tusa C.