sábado, 23 de septiembre de 2017

Jake LaMotta, un ‘Toro Salvaje’ dentro y fuera del cuadrilátero, fallece a los 95 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 20 de septiembre de 2017. Jake LaMotta, conocido en el boxeo como “El Toro Salvaje”, quien se fajó a su manera rumbo al campeonato de los pesos medios de boxeo, y cuya vida se convirtió en el tema de una película aclamada, falleció este martes 19 de septiembre en Aventura, Fla., cerca de Miami. Su prometida por mucho tiempo, Denise Baker, dijo que él murió en Palm Garden of Aventura, un hogar de cuidados y centro de rehabilitación, donde había sido atendido. Un “vago bueno para nada” con terrible temperamento, como después se describió a si mismo, LaMotta aprendió a boxear en un reformatorio del norte de Nueva York, donde había sido enviado por intento de robo. Luego de mantenerse invicto como amateur, saltó al profesional en 1941 y descargó su intensidad sobre docenas de oponentes. Despues se convirtió en símbolo de la cultura pop cuando el director Martin Scorsese contó su historia en su película de 1980 “Raging Bull” (“El Toro Salvaje”), basada en la memoria de LaMotta (1970) del mismo nombre, escrita con Joseph Carter y Peter Savage. Robert DeNiro ganó un premio de la academia por su interpretación de LaMotta, y la película fue nominada en seis categorías, incluyendo la de mejor fotografía. LaMotta era capaz de absorber una andanada de golpes y luego descargar un ataque más brutal sobre el oponente. Como escribió en su memoria, él se “salía de la esquina, lanzando golpes, sin rendirse, resistía todo el castigo que el otro tipo podía infligir y seguía allí, apretando con todo”. Ray Arcel, uno de los entrenadores de boxeo de más renombre, dijo de LaMotta, “Cuando estaba en el cuadrilátero, era como si estuviese en una celda peleando por su vida”. Muy recordado por sus seis peleas con Sugar Ray Robinson, LaMotta ganó 83 combates (30 por nocaut) y perdió 19 (incluyendo una “arreglada” la cual confesó ante un panel del congreso, le prometieron que si perdía esa pelea tendría una oportunidad por el título). También tuvo cuatro tablas (empates). Logró el campeonato de los pesos medios en junio de 1949, al detener al campeón, Marcel Cerdan, en Briggs Stadium de Detroit, y solo fue noqueado una vez en sus 106 peleas. Mr. Scorsese hizo su película mucho después que LaMotta había dilapidado su dinero, dijo que había ganado 1 millón de dólares en el cuadrilátero, y había pasado por una serie de matrimonios tormentosos, fue enviado a prisión una vez más y cayó en la obesidad. “Yo imagino que Jake piensa que esa es una película acerca de él”, le dijo Mr. Scorsese a The New York Times poco después del estreno de “Raging Bull”. “Pero quienes piensan que esa es una película de boxeo, están fuera de sus cabales. Es brutal, seguro, pero es una brutalidad que podría ocurrir no solo en el cuadrilátero de boxeo, sino en una habitación o en una oficina. Jake es un hombre elemental”. LaMotta boxeó más de mil rounds con Mr. DeNiro, tutoreándolo para el papel que le valió el Oscar como mejor actor. Cathy Moriarty, en su debut profesional, interpretó a la segunda esposa de LaMotta, Vikki, una hermosa rubia quien resistió un matrimonio caótico, y fue nominada al Oscar como actriz de reparto. LaMotta tuvo sentimientos encontrados acerca de la película. “Tuve una especie de rechazo al principio”, le dijo a The Times. “Entonces noté que esa era la realidad. Así fueron las cosas. Yo era un bastardo no muy bueno. Así no es como soy ahora, pero es como era entonces”. Giacobbe LaMotta nació en el Lower East Side of Manhattan el 10 de Julio de 1922, uno de cinco hijos. Recordaba que su padre, un inmigrante siciliano quien vendía frutas y vegetales, golpeaba con frecuencia a su esposa, hija de inmigrantes italianos, y a sus hijos. La familia se mudó a Filadelfia y luego al Bronx, donde vivían en un lugar infectado de ratas. LaMotta atacaba con un punzón de hielo a los compañeros de clase quienes se burlaban de él, y dejó inconsciente a un corredor de apuestas del vecindario al golpearlo con un tubo de plomo mientras lo atracaba. Destacó como el principal peso medio a principios de la década de 1940, al haber sido rechazado del servicio militar para la segunda guerra mundial debido a una operación del hueso temporal en la infancia que le afectó el oído. En febrero de 1943, le propinó a Robinson la primera derrota de su carrera en la pelea 41 de Robinson, al ganarle una decisión de 10 asaltos luego de ponerlo contra las cuerdas. Robinson ganó las otras cinco peleas, pero LaMotta también derrotó a prominentes púgiles como Fritzie Zivic, Tony Janiro y Bob Satterfield. Al Silvani, un entrenador de LaMotta, sentía que este era más peligroso cuando parecía vencido. Como Silvani recordó en “Corner Men” de Ronald K. Friend (1993), LaMotta “se recostaba contra las cuerda simulando estar mal y en simultaneo, esto no es exageración, te lanzaba siete, ocho, nueve, diez ganchos de izquierda”. LaMotta había sido considerado favorito para derrotar a Billy Fox en una pelea del peso semicompleto en noviembre de 1947, pero las apuestas estaban 3-1 a favor de Fox poco antes de la pelea, debido evidentemente a la inyección de dinero por parte del crimen organizado desde Filadelfia. LaMotta fue zarandeado por Fox, y la pelea fue detenida en el cuarto asalto. La comisión atlética del estado de Nueva York sospechaba que LaMotta había perdido la pelea deliberadamente, pero él alegó que estaba afectado por una ruptura de bazo que sufrió en los entrenamientos. Fue sancionado con una multa de 1000 $ y una suspensión de siete meses por ocultar una lesión. Pero en 1960, cuando el subcomité anticorporativo y monopolio del senado realizó audiencias sobre la influencia del crimen organizado en el boxeo, LaMotta admitió que había acordado perder la pelea con Fox a cambio de obtener una largamente buscada oportunidad por la corona del peso medio. Dijo que uno de los hombres quien arregló la pelea fue Blinky Palermo, el manejador de Fox y reputado pez gordo de Filadelfia. LaMotta recibió su oportunidad 17 meses después de la pelea con Fox, y derrotó a Cerdan por nocaut técnico en el décimo asalto para convertirse en campeón del peso medio. Cerdan, ciudadano francés, iba en camino a Estados Unidos para la pelea de revancha cuando falleció en un accidente aéreo. LaMotta defendió satisfactoriamente su título dos veces, luego lo perdió con Robinson cuando la pelea, efectuada en Chicago Stadium el 14 de febrero de 1951, fue detenida en el décimotercer asalto. LaMotta estaba ensangrentado pero nunca cayó a la lona. La pelea fue conocida como la segunda masacre del día de San Valentín, en alusión a la matanza legendaria de Chicago en 1929. La carrera de LaMotta se vino abajo después que perdió el título, el 31 de diciembre de 1952, luego de seis meses de inactividad, fue noqueado por única vez en su carrera, al perder ante Danny Nardico en una pelea del peso semicompleto. Se retiró, luego regresó en 1954 por unas pocas peleas antes de renunciar por su bien. Fue inducido al Salón de la Fama del boxeo internacional en 1990. La furia perpetua de LaMotta lo llevó a golpear a su primera esposa, Ida. Se volvió a casar en 1946, su nueva esposa, Vikki, era una adolescente, pero ese matrimonio, también cayó en dificultades en medio de las debilidades de LaMotta por la bebida y las mujeres. Ella solicitó el divorcio en 1956. Él se casó seis veces. En 1957, mientras administraba un local nocturno y bar, LaMotta fue acusado de animar a una menor a convertirse en prostituta. Pasó seis meses en la cárcel y trabajó en la construcción de una carretera. Animado a probar en el negocio del espectáculo por Rocky Graziano, también un antiguo campeón del peso medio, quien se había convertido en actor y había sido su amigo desde que compartieron en el reformatorio, LaMotta luego trabajó como cómico y actor. Apareció como barman en la película de Paul Newman “The Hustler” (1961) e interpretó al pandillero Big Julie en una producción de 1965 del musical “Guys and Dolls” en el City Center de Manhattan. LaMotta apareció junto a Ms. Baker en una producción de Broadway, “The Lady and the Champ”, la cual se exhibió por dos semanas en 2012. En 2015 se estrenó una segunda película acerca de su vida, “LaMotta: The Bronx Bull”, con William Forsythe interpretando a LaMotta. No hubo ninguna relación con la película “Raging Bull”. Además de Ms. Baker, los supervivientes de LaMotta incluyen a sus hijas, Jacklyn O’Neill, Christie LaMotta, Elisa LaMotta y Mia Day; las hijas de Ms. Baker, Meggen Connolley y Natalia Baker; los hermanos de Jake, Joe y Al, y sus hermanas, Maria Hawfield y Anne Ramaglia. Sus hijos, Jack y Joseph, fallecieron en un período de siete meses en 1998, Jack de cáncer y Joseph en un accidente de aviación. La fortaleza de LaMotta apareció en toda su intensidad en sus peleas con Sugar Ray Robinson, a quien muchos consideran el mejor boxeador libra por libra de la historia. Robinson aparentemente había extenuado a LaMotta, conocido entonces como el toro del Bronx, en su segunda pelea, y se dio cuenta que no era así. “Lo tenía contra las cuerdas”, recordó Robinson en su autobiografía, “Sugar Ray” (1969), escrita con Dave Anderson, un columnista deportivo para The Times. “Tenía la cabeza gacha y lo tenía medido. Su cabeza se levantó y lanzó un gancho izquierdo que casi me atravesó el estómago. Eso dolió mucho, me hizo llorar, como un niño pequeño. Gané por decisión, pero aprendí que Jake LaMotta era un animal”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Órbita Elíptica: MirceaCartarescu

Sharon Mesmer. Paris Review. 26 de febrero de 2014. En el verano de 2011, pasé todas las tardes revisando mediante el mapeo de Google, la vecindad de Chicago donde crecí. Bajé las persianas, subí el aire acondicionado, y tipeé las intersecciones que definen Back of theYards, nombrado así por su proximidad con el Union Stockyards, en la ventana de búsqueda. Estaba en la etapa inicial de un arranque nervioso, intentando obsesivamente revivir el pasado, el único lugar donde, yo creía, existía la continuidad. FiftyFirst y Loomis fue mi punto de partida: la intersección donde estaba ubicada la oficina del médico de la familia. Una hoja de prescripción en blanco, de 1965, que encontré en la caja de joyas de mi difunta madre me proporcionó la dirección de la oficina. Mi madre y yo habíamos tenido una relación contenciosa, pero ese verano imaginé que abría su tumba y ponía los brazos de su esqueleto sobre mis hombros, “Pensé que los huesos podían hacerlo”, para citar a Plath. Utilicé los objetos de la caja de joyas (listas de víveres, un polvo compacto “Moondrops” de Revlon, viejas tarjetas de pago de Sears, rosarios de cristal azul, una pintura labial Coty) para reconstruir su existencia, y encontrar esa prescripción fue como hallar la llave de una puerta cerrada por mucho tiempo. Ir al médico había sido una especie de rutina familiar, cada tres meses había que llevar a mi abuela para revisar su diabetes, no estaba segura si había soñado con aquellas excursiones a ese pequeño consultorio. Mi madre iba al piso de abajo para vestir a mi abuela: malla de cabello limpia, faja y pantys gruesas; broche de cuarzo, vestido presentable en lugar de las ropas manchadas de uso diario, zapatos negros ortopédicos en vez de las pantuflas de casa; y las prótesis dentales tomadas del vaso del lavamanos del baño. Luego ella corría hacia el piso de arriba para vestirnos a mi hermana y a mí, nos ponía perfume Chantilly en la parte posterior de las muñecas. El tío Stas nos llevaba allí, mi hermana y yo íbamos en el asiento trasero con nuestra abuela entre nosotras, nuestra madre iba adelante, discutiendo en polaco con Stas durante el viaje de cinco minutos (si, cinco minutos). Ahora, mientras miraba la oficina mediante Google Maps, vi que la puerta del frente y las ventanas estaban enmarcadas y noté una mancha brillante y transparente en el zaguán. Yo sabía que la mancha era el resultado del movimiento de la cámara al tomar la foto, pero sentía que la mancha era mi alma: el recuerdo intenso la había proyectado de vuelta allí, y había sido capturada entre los marcos de las ventanas de la sala de espera, detrás de las cuales mi hermana aún estaría sentada junto a mi madre, señalando los anuncios de los trajes de baño Catalina en la revista Look abierta en su regazo, al lado de mi abuela con sus piernas cruzadas en los tobillos, apretando su monedero, a su lado estaba mi tío aplastando su cigarrillo en un cenicero de metal. Me sentí ligeramente disgustada de mis recurrentes intentos. ¿No estaba perdiendo el tiempo y autoflagelándome por la mala relación que tuve con mi madre? ¿De que manera esta indulgencia con la nostalgia me beneficiaría como escritora? Con la experiencia de cuarenta años como poeta sabía como traducir las experiencias difíciles al lenguaje, pero ¿de que serviría esta? Parecía que la única manera de avanzar sería mediante la memoria, aunque nuca me había gustado ese género. (¿Otra historia de la abuela?). Aún así me sentí motivada a seguir el cúmulo de imágenes (en la oscuridad, parecía), y mi intuición, que aun funcionaba a pesar de la inmensa ansiedad, seguía impulsándome a prestar atención. Si Blinding la apoteosis del recuerdo de Mircea Cartarescu, hubiera estado disponible en inglés en aquel entonces (como lo está ahora, traducida recientemente por Sean Cotter), lo habría considerado como libro guía para ese viaje. El libro empieza con un mapeo de memoria estratificada de la infancia del autor en Bucarest pero se convierte en algo mucho más grande y complejo. Para los neófitos, Blinding es el primer volumen, subtitulado “The Left Wing” (“El Ala Izquierda”), de una trilogía de 1.352 páginas. Juntos, los tres libros forman la imagen de una mariposa: dos alas y el abdomen, el ala izquierda tiene la naturaleza femenina correspondiente a la madre, el ala derecha la masculina correspondiente al padre. En las secciones discursivas intercaladas entre el argumento que avanza hacia adelante (aunque a modo de sueño), el narrador, también llamado Mircea, soliloquiza con la idea que todos manejamos, de nuestra conformación corporal, la estampa indeleble de nuestro origen dual, existente “entre el pasado y el futuro como el cuerpo vermiforme de una mariposa, entre sus dos alas”; y él escribe, “un gesto de la infancia consume más tiempo y espacio que diez años de adultez”. Leer eso fue muy revelador. Mediante mi poesía y ficción, yo había descrito la casa de dos plantas de Racine Avenue que mi bisabuelo había construido después que había llegado desde Polonia en 1908 y donde mi abuela, mi madre, y yo habíamos crecido, aunque los momentos vividos ahí habían ocurrido hacía muchos años, aun estaban claros y presentes, eran mágicos. Yo tenía relumbrones de memorias, de mi papá abriendo un cobertor pesado con cierre ubicado a un costado de las escaleras de nuestro lado de la casa, y como los dos vimos en las aguas en movimiento a una mujer con su vestido de novia flotando. O husmeando en la cómoda de mi abuela en su habitación oscura para encontrar una caja pequeña que contenía un objeto muy extraño, me arriesgué a revelar mis actividades ilícitas para saber que era eso (ella me dijo que eso era una espina de la Corona de Espinas: “Yo estaba muy enferma, y un cura polaco me la dio”). O viendo como (¿soñé eso?) ella hacía aparecer el arco iris sobre un tazón de madera lleno de agua de lluvia recogida durante tres semanas bajo un trío de pinos en el jardín delantero. ¿Cómo podía darle forma a esas imágenes , y mantener sus extrañas resonancias? Mircea, el narrador, provee el modelo para mapear la geografía recordada/soñada de la niñez. Me había mudado a la cuadra de Stefan cel Mare cuando tenía cinco años, y la inmensidad de sus escaleras, pasillos y pisos me había dado, por años, un vasto y extraño terreno a explorar. Regresé allí muchas veces, en la realidad y en sueños, o mejor dicho, en un contínuo de realidad-alucinación-sueño, sin saber porque la visión de esa larga cuadra, con ocho escaleras, con la fachada de su ventana panorámica, con tiendas mágicas en la planta baja, mobiliario, electrodomésticos, reparación de televisores, siempre me llenaba de emoción. Nunca pude mirar esa parte de la calle con tranquilidad. Al leerla, se podría pensar que Blinding es una memoria. Tiene algunas características de ese género, pero su método para recordar es quimérico. Sus muchas historias entrelazadas, por ejemplo, son las memorias imaginadas de los personajes más allá de la del narrador, en particular la madre de Mircea, María. Ella es una figura artística en esta “ala” femenina de la trilogía: su historia narra, contiene, y lanza las historias de los otros personajes; ella es una presencia fantasmal y completamente palpable. Cuando vi a Cartarescu en un evento de la presentación de la traducción al inglés, mencionó que cada vez que carecía de información acerca de su madre, la imaginaba. En una de las primeras partes del libro, el narrador Mircea “imagina” a su madre, mediante su prótesis dental, en una calle de Bucarest: “Ah, Mamma”, susurré en el silencio. Observé la prótesis dental por pocos minutos en la penumbra de la luz, hasta que que el atardecer apareció tan escarlata como la sangre en las venas, y el artilugio dental empezó a brillar con una luz interior, como si un gas fluorescente hubiese inflamado la superficie de goma. Y entonces mi madre apareció como un fantasma junto a la prótesis”. Escenas como esa facilitan la creencia de que las palabras al trabajar al servicio de la imaginación pueden revivir a los muertos. Prefiero el título rumano de Blinding, Orbitor, porque contiene la palabra orb (órbita), la cual sugiere lo que hacemos tanto el narrador Mircea como yo: girar, en nuestras memorias, alrededor de un lugar del planeta (Mircea en Bucarest, yo en Back of the Yards), como en una órbita, un término usado por los cazadores de fantasmas para indicar lo que un espíritu podría ser visto haciendo. El título rumano también sugiere la manera como la mente gravita instintivamente hacia ciertos lugares, como un planeta alrededor del sol: Todo es extraño, porque todo es de hace mucho tiempo, y porque todo está en ese lugar donde no se puede contar los sueños de memoria, y porque esas grandes zonas del mundo no estaban, para ese momento, separadas entre sí. Y experimentar la extrañeza, sentir la emoción, estar petrificado ante una imagen fantástica, siempre significa la misma cosa: regresar, dar la vuelta, descender por la rapidez arcaica de la mente, mirar con ojos de larva humana, pensar algo que no es un pensamiento con un cerebro que no es aun cerebro, y que se funde en la rapidez de sentir placer, lo cual al crecer, es dejado atrás. Si la invención de la escritura cambió la manera de contar cuentos para siempre (haciendo innecesaria la memoria), entonces un trabajo escrito en el cual la poesía le da ritmo a la acción (para parafrasear a Rimbaud) puede devolver a los lectores, y escritores, a un lugar donde las funciones instructivas y restaurativas de la memoria pueden ser utilizadas. Para mí esa mancha brillante del zaguán podría haber sido mi alma buscando algo en el pasado, pero también podría haber sido yo tratando de forjar un tipo de escritura que empieza en la memoria pero se convierte en algo mucho más grande y sofisticado, algo ordinario y extraordinario, como la niñez. Recuerdo un día caliente y brillante del verano de 1969: el viento había cambiado de dirección y una brisa arrastraba un hedor desde los corrales hacia nuestra casa. Mi madre con rulos en su cabello cubiertos con una malla de polyester, bajó las escaleras del porche gritando a mi hermana y a mí para que le ayudáramos a recoger las sábanas del tendedero para colgarlas en el sótano (ella prefería que olieran a humedad del sótano antes que a carne muerta. Protestamos porque estábamos ocupadas jugando al “aterrizaje en la luna”; nuestro carrito rojo era el módulo de exploración lunar y el patio era la superficie de la luna. Pero noté que si nos parábamos entre las sábanas y mirábamos hacia arriba, mientras mamá las templaba del tendedero, el sol, que brillaba sobre nosotras, reflejaría secuelas de rayos coloreados. Y si cerrábamos los ojos apretándolos, veíamos imágenes en negativo de las sábanas y los árboles debajo de nuestros párpados. No hablamos de eso en el día, pero esa noche, en nuestras camas, hablamos infinitamente de nuestro descubrimiento: esas cosas ordinarias como sábanas y luz solar y ojos (y como descubrí después, prescripciones en blanco) pueden ser las llaves para llegar a lugares extraordinarios. Las colecciones de poesía más recientes de Sharon Mesmer son Annoying Diabetic Bitch (Combo Books) y The Virgin Formica (Hanging Loose Press). Una selección de sus poemas aparece en la segunda edición de Postmodern American Poetry: A Norton Anthology. Ella enseña escritura creativa en NYU y la New School. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 8 de septiembre de 2017

Al atardecer

MAR 22 2016 PHOTOGRAPHS BY ANNIE FLANAGAN/THE PLAYERS' TRIBUNE CANDICE WIGGINS THE PLAYERS’ TRIBUNE ALERA / NEW YORK LIBERTY Siempre he adorado al sol. Me inspira la forma como resplandece. Alivia. Tengo una necesidad insaciable de sentirlo. El sol me recarga energías. Encuentro guía y respuestas en su calidez. Despues de un hermoso ejercicio matinal en la playa el 2 de marzo, regresé a la casa de mamá en San Fernando Valley para redactar. Escribir es terapéutico para mí, se ha convertido en una parte significativa de mi vida. Lo que escribí inicialmente, me impresionó. Pero en ese momento exacto, un rayo de sol pasó a través de la ventana de la cocina de mamá e iluminó mi rostro de manera refrescante, casi poética. Respiré profundo y sentí un gran alivio. Eso no fue una coincidencia, pensé. Fue una reafirmación. Sabía que lo que había escrito era definitivo: “Me voy a retirar del baloncesto profesional”. Mi vida es una dicotomía de muchas maneras. A través de la oscuridad, he encontrado la luz; a través de la luz, la oscuridad. Cuando yo tenía solo cuatro años de edad, mi padre falleció de sida. Conocer de su fortaleza y perseverancia me ayudó a tener un aprecio más grande por la vida. Por otro lado, el baloncesto, algo que usualmente me dio mucha alegría, ha sido la fuente de algunos de mis momentos más difíciles. He tenido ocho cirugías en los últimos 15 años, cinco en mis rodillas, una en mi tendón de Aquiles y dos en mis pies (probablemente no se sepa de estas dos últimas). Esa ha sido mi realidad. Estoy orgullosa de haber regresado de cada cirugía como una mejor jugadora y persona. La adversidad hace eso, te reta a crecer. El baloncesto femenino es absolutamente demoledor y está constituido por la rehabilitación contínua. Para suplementar los ingresos que recibimos en la WNBA, la mayoría de nosotras juega en otros países durante el receso entre temporadas. Eso significa que en muchos casos, vamos a otros lugares para empezar un campamento de entrenamiento y una temporada días después de la culminación de la temporada de WNBA. Eso es desgastante para la mente, el cuerpo y el espíritu, tienes que amar lo que haces. El verdadero significado de esa palabra, amor, está increíblemente subestimado. Para mí, amor nunca ha sido una palabra que uso por casualidad. Pero si quieres ser exitosa en la WNBA, necesitas amar el baloncesto profesional. Me refiero a amarlo de verdad. No puedo explicar cuanto respeto siento por las mujeres quienes juegan 11 meses del año por una o más décadas. Rara vez ves a tu familia, y si no cuidas celosamente tu cuerpo, estás ida. He estado ahí, lo he vivido. Por muchos, muchos años, estuve enamorada el juego de baloncesto. Ya no lo estoy. Y eso está bien. Si soy honesta conmigo, eso ha sido así desde 2011. No he estado jugando baloncesto profesional por amor propio, en lugar de eso, lo he hecho por mis seguidores, y todos quienes me han apoyado a través de mi carrera. No hay nada que pueda hacer para expresar lo agradecida que estoy por esa motivación. Cuando llegaban los momentos difíciles, y de nuevo me encontraba trabajando para regresar a la cancha después de una lesión (sin saber si lo conseguiría), pensaba en mis seguidores y cuanto significaban para mí. Como el sol, ellos me hicieron seguir adelante. Una historia sobre la cual a menudo reflexiono, ocurrió durante mi estadía con las Lynx de Minnesota en 2011. Fue un juego diurno, luego de los lanzamientos de práctica fui invitada para una entrevista en una emisora de radio local, para hablar de mi arduo y largo camino de recuperación luego de romperme el tendón de Aquiles la temporada anterior. Esa lesión y su respectiva recuperación fueron unos de los momentos más difíciles que he vivido. Cuando los medios me entrevistan, siempre quiero ser tan real como sea posible. Y no importa que tan difíciles sean las cosas, siempre encuentro la manera de ser positiva y optimista. Puede sonar cursi, pero pienso en el sol y su brillantez y trato de personificar esa calidez. Mi mamá estaba en la tribuna en ese juego, y de alguna manera las personas que la rodeaban en Target Center, descubrieron que yo era su hija. Le dijeron que me oyeron en la radio esa mañana, y dijeron que mi actitud de nunca rendirme ante la adversidad los motivó a asistir a su primer juego de la WNBA. Desde entonces, ellos han sido ávidos seguidores del baloncesto femenino. Por eso yo jugaba. Estoy muy agradecida por todo lo que me dio el baloncesto. Pero siento que mi vida me llama más allá de la cancha. Nunca quise que el baloncesto me definiera. Ese no era el caso de mi padre, Alan Wiggins. Las similitudes entre mi papá y yo abarcan casi todas las facetas de mi vida, encuentro muy irónico que ambos fuimos atletas profesionales por siete años. Es mi forma de rendirle honores. Sin embargo hay un area donde diferimos totalmente. Cuando mi papá fue despedido de los Orioles de Baltimore en 1987, pensó que su vida había terminado. Lo digo literalmente. Él no quería vivir. Ser atleta profesional era su identidad, cuando perdió esa parte de su vida, lo consumió la desesperanza. La manera como me siento ahora es totalmente opuesta a lo que vivió él. Soy más feliz que siempre. Cuando pienso en el siguiente capítulo de mi vida, no puedo evitar sonreir de oreja a oreja. Dicen que un atleta muere dos veces, la primera cuando se retira, y la otra al final de su vida. Ese no es mi caso. De hecho, siento que he nacido de nuevo. Emocionada. No tener el mismo sentimiento de desespero de mi padre cuando salió del beisbol es mi victoria más grande; doy este paso en mis propios términos. He notado, que a veces, las grandes cosas suceden después que te despides. CANDICE WIGGINS Colaboradora. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 22 de agosto de 2017

Dick Van Dyke. ¡A los 87, La Vida es Mejor que Nunca!

Pat Gallagher. 11-01-2013. Dick Van Dyke está teniendo lo mejor de su vida. A los 87 años, la nueva etapa de su vida empezó el año pasado cuando se casó con el “nuevo” amor de su vida, la artista Arlene Silver, quien es 46 años más joven que él. Si se suman todos sus títulos, actor, productor, cantante, bailarin, comediante y escritor, sería difícil especificar uno que no haya hecho con la mayor naturalidad. Sus trabajos más notables son sus series televisivas “The Dick Van Dyke Show”, creado por Carl Reiner (1961-1966), y “Diagnosis Murder” (1993-2001), y sus películas “Bye, Bye Birdie”, “Mary Poppins” y “Chitty Chitty Bang Bang”. Van Dyke está programado para recibir The Life Achievement Award este año en la ceremonia anual Screen Actors Guild Awards. El nativo de Illinois se sentó con The Huffington Post para discutir todo desde los peores momentos de su vida personal y profesional hasta por qué su matrimonio de mayo-diciembre es lo mejor que le pudo haber ocurrido después de perder a su compañera durante 33 años. También habló acerca de que tan alto está en su lista de prioridades y la razón por la cual insiste en mantenerse en forma (¡su respuesta es muy decorosa!). Su carrera se ha expandido por seis décadas. La mayoría de los actores estaría conforme con tener cinco o 10 buenos años en sus carreras. ¿Cuál es el secreto de su longevidad en este negocio? Sabes algo. No lo sé. Pienso que es porque nunca pude decidirme por lo que quería hacer. (Risas). Quería ser Stan Laurel, entonces quería ser Fred Astaire y el Captain Kangaroo. Empecé como locutor de radio cuando tenía 17 años de edad y nunca salí del negocio, eso es literalmente 70 años. ¿Sabía usted lo que quería ser cuando tenía 10 años de edad? No tenía la menor idea, pero cuando conseguí el trabajo de locutor radial a los 17 años, lo cual adoraba, pensé que eso era lo que quería ser. Así que los próximos 70 años estuvieron llenos de sorpresas. A los 87 años de edad, ¿tiene usted una lista de prioridades? ¿Hay algo que le gustaría hacer? Hay tantos actores talentosos de mi edad vigentes, que me gustaría subir a la tarima. Me gustaría hacer una obra de Broadway más. ¿Has visto a Christopher Plummer hacer su “Barrymore”? No, desafortunadamente. ¡Dios mio! Es una lección de actuación. ¡Es brillante! Él tiene que ser el mejor actor viviente. Ya no los hay como él. Me gustaría salir a escena con Christopher Plummer o Judi Dench o Helen Mirren, o algunas de esas grandes personas. Lo adoré en “Bye Bye Birdie” y en “Mary Poppins”… Fui afortunado de conseguir el tipo de papeles que quería. Siempre dije que no quería hacer algo que mis hijos no pudieran ver. ¿Se pone usted nostálgico cuando piensa en su trabajo en el teatro, el cine y la televisión? Oh, si. Pienso que los mejores cinco años de mi carrera fueron los del “The Dick Van Dyke Show” junto al creador Carl Reimer. Él es mi ser humano favorito. Fue la atmósfera más creativa que viví, y en la que me divertí más. Fue un programa divertido. En el negocio del entretenimiento nunca se sabe si algo va a funcionar o no. ¿Sabían ustedes en el primer año de “The Dick Van Dyke Show” que tenían algo especial? Sí, lo sabíamos. Todo se sentía bien. Lo sabíamos. Luego fuimos cancelados después del primer año, y todos estábamos desconsolados. ¿Qué ocurrió? Competíamos ante Perry Como que era muy popular entonces. Nadie nos veía y fuimos cancelados. Fuimos a las reposiciones del verano y la audiencia empezó a vernos, así que finalmente, en el último minuto, nos renovaron el contrato. Y luego fueron cinco años de pura diversión. Leí que el papel que usted interpretó, Rob Petrie, casi le fue concedido a Johnny Carson, pero el productor ejecutivo, Sheldon Leonard, lo quería a usted. ¿Es eso cierto? En realidad tenían una lista de posibles candidatos, Johnny, yo y otros pero pienso que usaron eso como estrategia. Pienso que Johnny nuca fue considerado seriamente, así como yo nunca fui considerado para hacer el “Tonight Show”. Por supuesto, Carl Reimer lo interpretó primero. Hizo un piloto como Rob Petrie y a la gente del canal televisión no le gustó. Ese fue uno de los grandes éxitos de toda mi vida. (Risas). Tener un éxito es una bendición ¿cierto? Escribí una pequeña autobiografía acerca de cómo la suerte tiene que ver con todo. La llamé “My Luky Life In and Out of Show Bussiness”. Un editor se me acercó y me dijo que escribiera un libro, y así lo hice. Quería titularlo “Everybody Else Has Got a Book”. (Todos los demás han escrito un libro”) Siempre pensé que usted era bien parecido.... y aun lo es. ¿Alguna vez pensó en convertirse en un galán como Cary Gant? (Grandes risas) Hay ocasiones cuando me gustaría haber sido Cary Grant. Pienso que fui el único galán para Mary Tyler Moore. Ella era maravillosa, pero nunca había hecho comedia. Estábamos algo preocupados por eso pero ella se adaptó muy rápido. Hicimos muchas mejoras, y solo con verla crecer como una de las mejores comediantes femeninas, me emocionaba mucho. Cuando usted hizo “Diagnosis Murder”, ¿Cómo fue trabajar con su hijo, Barry? Pienso que llevé el nepotismo a su último extremo. Tenía a mis nietos y a mi hija también. Tratamos de llevar todo naturalmente. Trabajar con mi hijo fue como derribar un tronco. Fue muy divertido hacerlo. Usted estuvo casado 36 años con su primera esposa y vivió 33 años con su segunda compañera, Michelle Triola, hasta su muerte. Leí que no le gusta estar solo. ¿Cierto? Mi última dama, Michelle, falleció de cáncer hace unos tres años. Estuve solo por un año y casi me perdí. No puedo vivir solo. Tengo que tener alguien con quien compartir la vida. Usted se casó con Arlene Silver en 2012. ¿Qué se siente estar recién casado? Me casé con alguien de la mitad de mi edad y todos pensaron que estaba loco, pero ella es todo un ángel. Ella canta y baila e impregna toda la casa con eso. Es una gran cocinera, y la diferencia de edad no ha sido problema para nada. Emocionalmente tengo 13 años. Ella es muy, muy sabia para su edad así que vivo el mejor momento de mi vida. Vi la frase más impresionante que expresara alguien en una página de citas: “Quiero conocer a alguien por quien no pueda esperar para verla de nuevo”. Adoro esa frase. ¿Es eso lo que usted sintió por Arlene cuando la conoció? ¡Si! ¡Exactamente! La vi en los SAG Awards hace unos años, ella me paralizó…su belleza y encanto. La contraté como maquilladora. Eso es lo que ella hacía. Me maquilló por mucho tiempo, y despues que falleció mi señora, durante el año que estuve solo, ella venía después del trabajo y me traía comida o cocinaba para mí, me preparaba mis platos preferidos y estaba pendiente de mí, así que me enamoré profundamente. ¿Cuándo fue que ella lo dejó sin respiración por primera vez? La primera vez que la vi. Yo estaba parado en la habitación verde en los SAG Awards hablando con algunas actrices famosas, muy hermosas. Esta muchacha llegó y dijo “Disculpe”, y por primera vez en mi vida me presenté por mi cuenta a una mujer desconocida. Nunca había hecho eso en mi vida. Nos hicimos grandes amigos, y aun somos grandes amigos. ¿Cuándo se enamoraron, lo hicieron al mismo tiempo? No, la diferencia de edad la hizo dudar. Tuve que convencerla de que eso no tenía importancia. Soy muy feliz. A veces los matrimonios de gran diferencia de edad pueden ser difíciles. ¿Estaban conformes sus hijos adultos cuando usted se casó con Arlene? Mis hijos se enamoraron de ella casi inmediatamente. Ella es muy buena con toda la familia. Tengo cuatro hijos, siete nietos y cuatro bisnietos. La familia es mi mayor orgullo. La vida le juega una mala pasada a cada quien de vez en cuando ¿Cuál fue el obstáculo más difícil que tuvo que superar? El peor día de mi vida ocurrió justo después que me casé en 1948. Alquilamos un apartamento de dos habitaciones en la playa de Malibu. No podíamos pagarlo. Era mucho dinero. Llegué a casa una noche y ella estaba embarazada y había roto fuente. Tuve que llevarla de inmediato al hospital y no tenía dinero para pagar ese servicio. Regresé a casa, y todas nuestras ropas y pertenencias estaban regadas en el autopista. Nos habían desalojado por no pagar la renta. Ese fue el peor día de mi vida. Casi nos devolvimos a Danville (Illinois). Tuve que pedir prestado algo de dinero, y nos registramos en un pequeño hotel viejo que tenía una plancha de calentamiento, tuve que freir hamburguesas allí. Ambos sentimos que ese era el fin del mundo, pero nos recuperamos y salimos adelante. ¿Cuál fue el peor día de su carrera? Mi socio y yo hacíamos un acto pequeño de pantomima. Teniamos escasos veinte años. Había un famoso local nocturno llamado Slapsy Maxie’s. Hicimos el acto inicial y nos fue muy mal, nos pagaron 30 $ a cada uno y nos despidieron. (Risas). Eso ocurrió mucho. Ahora, 70 años despues, usted es una leyenda viviente. ¿Cómo se siente eso? Eso es lo que las personas siguen diciendo. (Risas). Pienso que tal vez haber durado tanto tiempo contribuye a eso. ¿Qué está haciendo ahora? Soy integrante de un cuarteto…tres tipos de alrededor de 40 años y yo, empezamos a cantar para divertirnos. Empezamos a hacer presentaciones a beneficio y de recaudación de fondos. Terminamos en el Ford’s Theatre de Washington DC, cantando para el Presidente Obama hace un par de años. Eso fue muy emocionante. A los 87 años, ¿cual es su secreto para mantenerse en forma? Siempre he hecho ejercicios y por supuesto siempre he bailado. Le digo a las personas que mis motivos para hacer ejercicios han cambiado. Cuando tenía 30 años, me ejercitaba para lucir bien; a los 50 años, me ejercitaba para estar en forma; a los 70 años me ejercitaba para movilizarme; y a los 80, me ejercito para evitar ser un paciente de cuidados diarios. Me parece que usted ha hecho en su carrera todo lo que quería hacer. ¿Qué le falta? He ganado varios Emmy, un Tony y un Grammy así que tal vez si alguien me deja tener un Oscar tendré la colección completa. (Risas). Traducción: Alfonso L. Tusa C.

Album: Sailing Christopher Cross Released: 1980

En nuestra entrevista con Christopher Cross, él explicó el proceso de escritura de esta canción: “Estaba sentado en la mesa, en el apartamento económico que me servía de residencia. Recuerdo haber llegado con el verso y el coro, salió la primera estrofa del coro. Esas armonías, como Joni solía decir, te llevan a una especie de trance, por lo que todas salieron a la vez: ‘It’s not far down to paradise…’ El coro vino casi por su cuenta”. “Entonces me levanté y vagué por el apartamento, pensando, ‘Guao, esto está tremendamente bueno’. Luego me senté y tuve que tratar de complementar para hacer el resto de la canción. Pero sabía que tenía algo ahí” Después me tomó cerca de dos años hasta que tuve el puente para esa canción, porque la modalidad de las armonías, se pone muy lineal, y hay que ser muy cuidadoso. Hay escritores, no diré quienes, cuyas canciones se pueden tornar aburridas porque todo es la modalidad. Así, que yo sabía que necesitaba sacar la canción fuera de la modalidad con el puente y hacer los cambios claves”. “Me tomó dos años lograr el puente que cambia todas las claves hasta donde la canción sube, pero fue un momento muy especial”. - Cross escribió esta canción acerca de sus memorias de navegar cada verano con un amigo en Texas. La canción se convirtió en un ejemplo clásico de “Yacht Rock”, el cual era un término usado para definir una forma fácil de escuchar música favorecida por los ricos. ¿Y que define mejor a la música yacht que una canción acerca de navegar? Eventualmente, el Yacht Rock se ajustó al proletariado, y hasta tuvo una banda, la Yacht Rock Revue, conformada por siete miembros quienes trabajan a tiempo completo. “Sailing” es su tema de presentación, y tiene un impacto poderoso sobre la multitud. “Esa canción es excepcionalmente suave”, nos dice Nicholas Niespodziani de la banda. “Todo lo que hacemos es muy suave, pero luego hay como un nuevo nivel de suavidad, es tan vibrante. Muchas veces puedes crear excitación al no estar excitado, y esa canción es el ejemplo perfecto de eso: “Es tan refrescante que estimula mucho a las personas”. - En el programa radial de Howard Stern, Cross explicó que navegar con su amigo lo abstraía de los juicios y tribulaciones de ser adolescente. Cross dijo que si el tipo lo hubiera llevado a jugar bowling y él lo hubiese disfrutado, la canción pudo haberse llamado “Bowling”. - - Michael Omartian, quien era el productor de Cross, también contribuyó en el disco con los teclados y los coros. Omartian ha trabajado en muchas canciones exitosas, fue coautor de “She Works Hard For The Money” y produjo “We Are The World” con Quincy Jones. Jay Graydon, quien también es productor y compositor de canciones, tocó la guitarra en el disco de Christopher Cross. Se refiera a Omartian y David Foster como tipos quienes son invalorables en las sesiones: “Estos tipos son músicos increíbles. Soy muy bueno con instrumentos de cuerdas y montajes de sintetizador, y por supuesto montajes de guitarra y repertorio, pero cuando traes tipos buenos, entonces esto asume características de obra maestra- - - Christpher Cross ganó tres Grammy Awards por esta canción: Grabación del Año, Canción del Año, y Mejor Arreglo de Acompañamiento Vocal. El año siguiente ganó un Oscar a la mejor canción con su “Arthur’s Theme (Best That You can Do)” de la película de Dudley Moore, Arthur. Su segundo álbum, Another Page, fue lanzado en 1983. Ese álbum contenía “Think of Laura”, el cual fue su último éxito en las mejores 40. Este fue el segundo sencillo de Christopher Cross, luego de “Ride Like The Wind” que ocupó el segundo lugar. Cross considera a “Sailing” una canción “completa”, y una de las mejores que ha escrito, pero nunca pensó que sería un éxito. “Pensé que esa canción era muy introspectiva”, nos dijo. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 10 de agosto de 2017

Betty Cuthbert, la “Muchacha de Oro” de Australia en pista y campo, fallece a los 79 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 06 de agosto de 2017. Betty Cuthbert, la “muchacha de oro” de Australia en pista y campo, reverenciada por sus medallas de oro olímpicas y luego por su larga batalla contra la esclerosis múltiple, ha fallecido en Western Australia. Su fallecimiento fue confirmado este domingo 6 de agosto por Athletics Australia, la institución del gobierno nacional, la cual dijo que ella falleció durante la noche. El periódico The Australian dijo que ella falleció al sur de Perth. Había estado viviendo en un hogar de cuidados en esa area. Cuando ella apareció de la nada en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956, Cuthbert, una joven tímida de 18 años con cabellos dorados, era poco conocida en el mundo de las velocistas elitescas, a pesar de haber establecido una marca mundial en los 200 metros. Ella había comprado boletos como espectadora cuando se acercaban los Juegos Olímpicos, porque dudaba si calificaría para el equipo australiano de atletismo. Pero Cuthbert se convirtió en heroína nacional, al correr en la pista de arcilla roja del Melbourne Cricket Ground durante los primeros Juegos Olímpicos de Australia, su boca abierta fue su característica mientras corría. Ella ganó los 100 metros, luego los 200 metros, y continuó siendo el ancla del equipo de relevo de 4x100, para convertirse en la primera australiana en ganar tres medallas de oro olímpicas. Más adelante en esos juegos, el nadador australiano Murray Rose también ganó tres medallas de oro, pero el brillo de Cuthbert se mantendría intacto. Sin embargo, Cuthbert no pudo ganar medallas en los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, cuando estuvo afectada por una lesión en la pantorrilla, y consideró abandonar. Ella regresó para ganar oro en los Juegos de Tokyo en 1964, la primera vez que se disputaron los 400 metros femeninos, y luego se retiró. Athletics Australia dijo que Cuthbert fue la única atleta olímpica, másculino o femenino, en haber ganado oro en 100, 200 y 400 metros. Cinco años después de su retiro, le detectaron la esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa en la cual el sistema inmunológico desgasta la membrana protectora de los nervios. Ella hubo de utilizar una silla de ruedas, pero se convirtió en motivo de inspiración, al ayudar a otros a enfrentar la enfermedad y recaudar dinero para investigación. Cuthbert tuvo una hemorragia cerebral severa en 2002 y estuvo cerca de la muerte. Pero perseveró, y en octubre de 2008, solo quedó con movimiento en su brazo y mano izquierdos, ella se dedicó a una facilidad de tratamiento nombrada en su honor y animaba a los pacientes de esclerosis múltiple a batallar. “Sé que las personas me escuchan porque saben lo que yo solía hacer, correr”, la citó “The Australian Associated Press”. “Si ellos pueden ganar algo de ánimo, eso podría ayudarlos. Eso también me ayuda a mí.” El primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, la llamó “una inspiración y campeona dentro y fuera de la pista”. Elizabeth Cuthbert nació el 20 de abril de 1938, en New South Wales y creció en los suburbios de Sydney. Durante su adolescencia trabajó en el hogar de adopción de su padre. Ella era muy tímida pero confiaba en ir a los Juegos Olímpicos de 1956. “Todo lo que podía decir era ‘si’ y ‘no’ cuando alguien me entrevistaba”, recordó en una entrevista de 2004 con The Herald Sun. “Ser joven y tímida nunca me rezagó. Eso me motivaba. El nerviosismo siempre era una buena señal. La adrenalina fluye a través de tu cuerpo”. Cuando las lesiones aparecieron en los años posteriores a sus triunfos de Melbourne, el retiro parecía inminente. Entonces todo cambió una noche de 1962. Como ella lo refirió, trataba de dormir cuando oyó una voz que le decía que corriera otra vez. “Estuve despierta preguntándome que hacer”, le dijo a The Daily Telegraph de Sydney en 2000. “La voz regresó una y otra vez. Finalmente, dije, ‘Bien, tu ganas. Correré de nuevo’. Tan pronto como dije eso, sentí una sensación maravillosa en todo el cuerpo, y estaba mentalmente dispuesta a querer hacer algo otra vez”. Ella creyó que era la voz de Dios que la animaba. Recuperada físicamente y motivada por su fe cristiana, ella regresó por su medalla de oro final en los 400 metros de los Juegos de Tokyo en 1964, su última carrera. Entonces vinieron las batallas personales fuera de la pista que le acompañaron por el resto de su vida. Rhonda Gilliam, una amiga de Cuthbert quien compartía su fe pentecostés, había cuidado a Cuthbert cuando ella se mudó a una facilidad de personas mayores. Ella tenía una hermana gemela, Marie, y un hermano, John. No hubo información inmediata de sobrevivientes. Cuando los Juegos Olímpicos regresaron a Australia con los Juegos de Sydney de 2000, Cuthbert estuvo una vez más en la escena pública. Ella llevó la antorcha alrededor de la pista en la ceremonia inaugural, su silla de ruedas fue empujada por su coterránea Raelene Boyle, una triple medallista de plata olímpica en carreras de velocidad. La antorcha fue entregada a la velocista aborigen Cathy Freeman, quien encendió el pebetero. Freeman ganó los 400 metros femeninos, 36 años después que Cuthbert había capturado el evento en Tokyo. En las semanas que siguieron a los Juegos de Sydney, Cuthbert reveló los elogios que había recibido allí. “Oir el rugido de la multitud cuando salí, eso todavía me eriza la piel cuando lo recuerdo”, le dijo a The Herald Sun. “La recepción fue muy ruidosa y adorable”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

sábado, 5 de agosto de 2017

Groovin’, anécdotas de la canción

Felix Cavaliere y Eddie Brigati integrantes de The Rascals escribieron esta canción luego de notar que debido a su horario de trabajo, solo podían ver a sus novias las tardes dominicales. Eso implicaba que esas tardes dominicales eran muy esperadas. Le dijo Cavaliere a Seth Swirsky, quien hacía tomas para su documental Beatles Stories, “Conocí a esa muchacha y cai de rodillas enamorado de ella. Estaba tan abstraído que esa maravillosa emoción se convirtió en música. Groovin’ era parte de esa experiencia. Si se observa la historia, es muy simple: nos vemos las tardes dominicales porque los viernes y los sábados, los músicos trabajan. La simplicidad de eso es que los domingos podías estar con tu amada. Y esa es la belleza de esta divertida felicidad que en su momento relacioné con una persona, pero esa es la belleza de la música, cuando es un ejemplo de lo que haces, eso dura para siempre. Te enamoras para siempre por el momento que capturaste en el tiempo, y eso fue lo que ocurrió con Groovin’”. A los ejecutivos de la compañía disquera quienes trabajaban en “Groovin’”, particularmente no les gustaba la canción, pero mientras escuchaban la grabación el influyente DJ de Nueva York; Murray the K, la anunció como una número uno. Desconocido para el grupo, Murray fue a hablar con el presidente de Atlantic Records, Jerry Wexler y pidió que la canción fuese estrenada. Como director de programas y DJ principal de la primera estación de rock FM (WOR-FM), Murray the K, tenía esa clase de acierto y también la rara habilidad de conectarse con los oyentes y reconocer cuales canciones se convertirían en éxitos. The Rascals quienes empezaron como The Young Rascals, estaban tocando en The Gordion Knot club de York Avenue cuando Murray los designó como su “banda de la casa”, el grupo que lo respaldaba en presentaciones personales. Fue esa relación (basada en la corazonada de Murray de que el grupo tenía un potencial genuino) lo que logró al apoyo de sus seguidores. Este fue el segundo de tres éxitos número 1 de The Rascals, después de “Good Lovin’” y antes de “People Got to Be Free”. En Estados Unidos, esta canción estuvo dos semanas en el primer lugar, luego dos semanas en segundo lugar (mientras Respect de Aretha Franklin llegaba al primer puesto), entonces regresó a la cima por dos semanas más. El término “Groovy” se estaba haciendo popular para la época, y el título de esta canción es una variación del término. La primera canción popular “Groovy” fue “A Groovy Kind of Love”, y el primer uso popular en una letra fue en “59th Street Bridge Song”. Smokey Robinson obtuvo la ides para su canción “Cruisin’” de esta canción, su gancho original era “I love it when we’re groovin’ together”, pero pensó que “cruisin’” era más íntimo. Traducción: Alfonso L. Tusa C. 15-07-2017.