martes, 14 de noviembre de 2017

Tristeza furtiva.

Al escuchar la voz quebrada de GianLuigi Buffon en la radio fue inevitable ver tu mirada ausente aquella tarde de junio de 1970, quizás el llanto de Buffon era más profundo que tus suspiros, la oncena italiana había quedado fuera del mundial de 2018. Siempre me incliné por lo venezolano, aunque simpatizaba mucho con tu música, tus chocolates y tus spaghetti al pesto. En casa solo hablabas castellano, tenía que espiar tus conversaciones telefónicas con la nonna, o las tertulias con tus amigos para aprender las elocuencias del italiano y las tortuosidades del siciliano. Te sorprendías cada vez que te preguntaba algo de lo que hablabas en italiano con tus amigos. Puedo ver clarita tu sonrisa en aquel puesto de revistas de una estación de tren italiana, tuviste que comprarme el suplemento de tiras cómicas porque te dije en castellano lo que estaba escrito en italiano. No te podías explicar que yo supiera que el Toppolino era Mickey Mouse y Paverone era el Pato Donald. Por eso sabía de las emociones lejanas de tu mirada, cada noche cuando regresabas de Cumaná, me colaba hasta tu oficina y revisaba Il Corriere Della Sera, si el Torino había ganado, eras el primero que se sentaba a cenar, si había perdido o empatado, te quedabas unos quince minutos dando teclazos espaciados en la máquina de escribir más vieja de la oficina. Aquella tarde de junio respiraste profundo despues del gol de Carlos Alberto que sentenció el tricampeonato de Brasil. Llovía a cántaros y mis tíos maternos te gastaban bromas por la goleada. Le dijiste a mamá que nos íbamos a Cumanacoa. Al encender el Plymouth Century, el narrador en la radio decía que Gianni Rivera había entrado a jugar. “A buena hora lo va a meter a jugar”. Siempre criticaste a Ferruccio Valcareggi por no alinear juntos a Rivera y Sandro Mazzola. Esa tarde permaneciste como hasta las 7:30 pm en tu oficina. Cuando te pregunté por los spaghetti al pesto, dijiste que no tenías hambre. El miércoles de aquella semana de junio, por más que lo disimulaste, vi cuando te serviste un vaso de vino blanco adicional, justo en ese momento habían anunciado en la radio que Rivera había marcado el gol de la victoria en la semifinal ante Alemania. Una hora después, sacaste varios dulces árabes de esos que llaman mabrume, y cuando yo aun saboreaba el pistacho almibarado, sacaste unos chocolates suizos que te había enviado la nonna. Despues, en 1974, un domingo de playa, escuchaste en la radio como la Polonia de Lato y Szarmach eliminaba a la squadra azzurra en la primera ronda del mundial de Alemania. Fuiste a buscar el dominó al carro, veinte minutos después, te encontré recostado en el asiento, me dijiste que te habías quedado dormido. Otra tarde de junio, esta de 1978, había participado en una jornada de pintar las paredes del liceo Luis Beltrán Sanabria. Al regresar a casa, mamá me dijo que tenías como media hora encerrado en la oficina. Cuando apreté la manija de la puerta, escuché tus lamentos: “¿Cómo esposible que Dino Zoff se vaya a dejar hacer dos goles desde fuera del área!” Holanda 2 – Italia 0. Por más que te dije que te habían hecho los huevos en salsa que tanto te gustaban y que no te había pellizcado tu pan campesino, dijiste que tenías trabajo que hacer. Un mediodía de julio de 1982, me resigné a no ver el Brasil-Italia; una cadena presidencial inhabilitó la transmisión televisiva. Solo descubrí que había una emisora de radio transmitiendo el juego, casi en el descuento. Italia 3 – Brasil 2. Para ese momento ya no estabas en este mundo, pero te vi asumir el ritual de triturar los ajos, albahaca, piñones y tomates, mientras esperabas que los spaghetti estuvieran al dente, te serviste hasta tres vasos de vino blanco y sacaste un chocolate Toblerone del fondo de una gaveta. No sé que hubieras hecho o dicho con esta eliminación de Italia del mundial de futbol. Lamento no haberte preguntado como habías asumido la descalificación de 1957. ¿Habrías dicho que te sentías mal y te retiraste a tu recámara? ¿O se te atragantaron las palabras como a Buffon cuando te preguntaron por la descalificación italiana? Alfonso L. Tusa C. 14-11-2017.

martes, 31 de octubre de 2017

Carlos Moreán y el Germen de Los Darts

Extracto de mi manuscrito "Entre Melodías. Una Semblanza de Carlos Moreán". Las sombras impregnadas de puntos luminosos vestían a la avenida Bogotá con tonalidades de atardecer cuando el resplandor meridiano sonaba intenso en la atmósfera. El muchacho de manos inquietas apretaba cada zancada, parecía un atleta de caminata en los metros decisivos. Una granizada de sonidos metálicos, se mezclaba con los choques de las bolas de billar, y el ulular de las chicharras. La vista de varios muchachos halar palancas en aquellas cajas cubiertas de vidrio donde una esfera metálica chocaba contra varias defensas y tocaba varias campanitas, detenía en seco el paso arrollador del caminante. En esa avenida Bogotá vivían Augusto De Lima y Oscar Franco. Un día veo que dos tipos se pegan de la maquinita donde estaba jugando, y pasaba el tiempo y seguían ahí. Estreché los ojos y cuando abrí las manos, Augusto habló: ‘Tranquilo mi pana. Es que un señor nos dijo que había un muchacho que sabe tocar cuatro y guitarra y se la pasa jugando maquinita en la avenida Bogotá y nos dijimos, ‘eso tiene que ser en la cafetería Gargantúa’. En las películas mexicanas de los años 50’, salía un personaje al que llamaban Gargantúa. Era un tipo corpulento con unos mazos por brazos que trituraba a sus enemigos. Al principio no entendía porque al dueño y a la cafetería los llamaban así, porque este Gargantúa era flaco, hasta que una vez se presentó una discusión por el pago de una cuenta. La voz del dueño se oía a tres cuadras. ‘Queríamos saber si ese eres tú. Nosotros queremos formar un grupo musical, yo tengo una guitarra española y Oscar también tiene otra guitarra…’ Pasé varios segundos antes de responder, les veía las caras, quería saber si no estaban echando broma. ‘Ya va, espérense un momento, déjenme terminar de jugar porque Gargantúa no me va a regresar la plata’. Oscar puso una mano sobre el vidrio de la maquinita. ‘¡Claro que es! Yo lo he visto tocar cuatro varias veces con un grupo en Los Mangos’. Desde ese momento el trío empezó a reunirse con frecuencia progresiva, para intercambiar puntos de vista y ensayar. Cada día aprendían un nuevo secreto de la guitarra y se iban desprendiendo de la novatería. Hablaban de sus canciones preferidas y empezaban a hurgar y a descubrir lo que significaba cada uno de esos signos con bolitas y líneas inclinadas dispuestos sobre las líneas del papel. Una tarde discutieron hasta de Mozart y Beethoven. Carlos levantó la voz para zanjar la disputa de Oscar y Augusto. “Mi abuela me contó que Beethoven llegó a componer música estando completamente sordo y Mozart ya componía a los 5 años. No veo porque tanta peleadera si los dos fueron muy grandes. Cada vez que Carlos estaba en lo más emocionante de un juego de maquinita llegaba Oscar. __Ya sabía que estabas aquí. Vamos que sólo nos queda una hora para ensayar. Augusto se cansó y se fue a comprar una reina pepiada. Carlos haló la palanca y la esfera metálica impactó como siete campanitas y un escándalo de victoria resonó en la caja vertical del aparato. La grabación de una melodía almibarada seguida de una ovación, estremecía toda la caja al ritmo de varias luces intermitentes que relampagueaban sobre el metal de las campanitas y las superficies pulidas de los dibujos que tanto atraían a los muchachos de aquellas épocas. __Siempre que estoy en la parte más emocionante del juego pasa algo. Oscar se quedaba un rato esperando en la puerta hasta que Carlos se despedía de los toques metálicos y los gritos de fondo que salían de la maquinita. Ese día el ensayo era en el apartamento donde vivía Augusto. “Luego de las primeras afinaciones, nos mirábamos a los ojos, apretábamos los labios y empezábamos a hacer ajustes con los instrumentos. Recuerdo que pegábamos el bajo a la puerta del baño para que nos sirviera de caja de resonancia. Ese rebote sónico nos lanzaba a ejecutar sin parar por más de media hora. Sólo cuando entraba algo de viento por la ventana del baño, bajaba la amplificación del sonido pero casi de inmediato retomábamos la música y allí en medio de esa energía, llegaban inspiraciones más profundas que podían mejorar las armonías preexistentes. Eso nos aglutinaba más como grupo. Empezaban a darse todas las conexiones directas propias de un equipo. Cantábamos y tocábamos hacia delante y atrás, regresábamos a una parte de la música que queríamos mejorar y allí surgían nuevas proposiciones incluidas variaciones en la letra, aunque luego volviéramos a la versión original. Muchas veces logramos darle un sello muy original a más de un tema por eso cada día buscábamos más espacios para ensayar. Si nos encontrábamos por casualidad hablábamos de la nueva variación que había hallado cada quién de la canción original que ensayábamos. A partir de ese momento empecé a fastidiar en la casa para que me compraran una guitarra. En la casa de Oscar tenían varios instrumentos, entre ellos un bajo Hoffner, costaba 500 bolos, eso era mucho real, allí siempre me prestaban una guitarra. Ninguno de los tres teníamos amplificador. Empezamos a hacer ‘vacas’ para completar el costo del amplificador entre lo que le daban de mesada a cada quién. Es la vena romántica de quién siente pasión por algo. Después cuando empezamos a tocar con cierta formalidad, cada quién agarraba cien bolívares y el grueso del pago era para comprar nuevos instrumentos”. Los tres muchachos afinaban las guitarras, arrancaban las melodías llegaban a un clímax, pero al final se mordían los labios. Carlos tamborileaba los dedos sobre las cuerdas. __Falta algo que termine de asentar la música. Augusto tocó varias veces la puerta del baño con la punta de los dedos. __Me parece que lo que nos hace falta es una batería. Oscar se pasó la mano por la nuca. __¿Y cómo hacemos para conseguir un baterista? Augusto sonó los dedos en la palma de la mano. __Coño, aquí al lado vive Rafael Pimentel. Lo llaman ‘Pajarito’. Se la pasa tocando en los tubitos de las afueras del edificio, improvisando con las manos. A lo mejor puede aprender a tocar la batería. El trío se llegó hasta la entrada del edificio y encontraron a ‘Pajarito’ descargando en los tubos. Augusto se adelantó. __Mira, sabes que estamos formando un conjunto. Pero necesitamos un baterista ¿Tú crees que puedas tocar? __Yo no sé tocar esa vaina, pero con probar no pierdo nada. El flamante cuarteto inició sus ensayos. La primera batería era un servilletero, dos palitos de gancho. Después ‘Pajarito’ se compró unas baquetas, le costaron doce bolívares y tres semanas privándose de algunas meriendas, de la pepsicola y de las maquinitas. Pronto los ritmos que sacaba en los tubos del edificio desarrollaron la armonía y la melodía de un músico en ciernes. Ya para ese momento, mi mamá aflojó un poco. Como vio que la cosa iba en serio, pasábamos varias horas ensayando, reuníamos para comprar instrumentos. Entonces dijo: ‘Si no puedes con el enemigo, únete a él’, y me compró la guitarra Eco, de un micrófono, sin estuche y sin nada. Éramos coetáneos, pero ellos me llevaban ventaja en el manejo de los instrumentos porque los premiaban por ser buenos estudiantes. Yo hasta repetí segundo año de bachillerato. La condición de mi mamá era ‘Estudia y te dejo ensayar música’. La primera batería que compramos, tuvo un gran apoyo en los 250 bolívares que le dio su papá a Pajarito como incentivo por su buen desempeño académico. Era una batería Letima y costó como 300 bolívares. Un redoblante, un tamborcito, un bombo y un platillo. Para ese momento ensayábamos en Santa Mónica. En casa de Oscar Franco. El repiqueteo de Pajarito sobre los platillos junto con el diálogo de guitarras eléctricas de Augusto y Carlos, detuvo a una amiga de la madre de Oscar. Las notas de “Despeinada” se detuvieron por un momento. La señora dejó el vaso de carato de mango sobre la mesa del comedor y corrió hacia la sala. __Muchachos. Nosotros tenemos un cumpleaños este viernes. ¿Será que ustedes podrían ir a tocar en mi casa? Carlos intercambió miradas con Oscar y Augusto. Pajarito seguía intercalando la percusión de los platillos con el redoblante. Cuando acordaron ir a tocar, Pajarito remató con dos impactos al bombo. Por fin iban a tocar “Presumida”, “Twist and shout”, “La plaga”, “Popoditos”, “Despeinada”, “¿Quién puso el gong?” y media docena de las versiones de los grupos mexicanos de rock and roll. Todas versiones de canciones cuya idioma original era el inglés. Quizás una de las fuentes de inspiración para muchos grupos que se iniciaban en esa época era Enrique Guzman y los Teen Tops, Palito Ortega, César Costa y tantos otros pioneros del rock en español. “De Elvis muy pocas versiones, creíamos nosotros, después descubrimos que el “Rock de la cárcel” y “La Plaga” eran versiones de temas interpretados por él. También nos alegramos mucho cuando supimos que el autor de la letra de “Despeinada” era Palito Ortega, eso nos dio más ánimos para creer que éramos capaces de salir adelante con un grupo propio. Nadie habló de honorarios. En el momento que los muchachos recogían sus equipos, la señora se acercó con un billete de cincuenta. Enrique Guzmán fue mi ídolo de adolescencia. Para mí era como Frank Sinatra o Mahatma Gandhi. Toda una celebridad. A través de sus canciones con los Teen Tops fue que empezó a gustarme el rock and roll, junto a los Beatles. (Los escuchaba por el programa de Clemente Vargas Jr, o el de Eduardo Morel. No recuerdo si los transmitían simultáneos y cambiaba de emisora cuando pasaban comerciales; o si uno venía detrás del otro y me iba a preparar un pan con mantequilla y diablitos entre uno y otro. También escuchaba rock and roll en el programa “Tuyon” de Chepe Pérez Meléndez), Después me enteré que había nacido en Caracas de padres mexicanos. Exactamente la situación opuesta a la mía que nací en Ciudad de México, Colonia Cuauhtemoc, calle Londres 12, edificio 12, de padres venezolanos. Allí viví los primeros dos años de mi vida. No recuerdo nada, ni siquiera si me dieron algún tetero de chile, aunque no creo porque soy más bien de baja frecuencia. Creo que me hubiera convenido un tetero de chile, a lo mejor no me hubiera casado tanto. En un festival de Onda Nueva me encontré con Enrique y entrando a un salón se dio un trancazo con el marco de una puerta. “¡Chinga tu madre. Cabrona. Que madrazo me dí!” Aún sobándose la cara y los mechones de cabello descompuestos, me acerqué para comentarle el paralelismo de nuestras trayectorias. La expresión de rabia y dolor empezó a dar paso a una sonrisa. ‘Ah. Muy bien paisano. Me alegra mucho que compartamos tanto. Mucho gusto paisano’” Me quedé unos segundos sin pestañar. Allí estaba el tipo que tanto había escuchado en la radio. Él que había vivido sus primeros años en El Valle. Él de La Plaga, Buen Rock esta noche, Lucila, Maybelline, Presumida, Popotitos, Quien puso el bomp, Despeinada. Quería preguntarle de sus correrías por las calles de El Valle en Caracas. Si algunas de sus canciones tuvieron algo de inspiración en sus vivencias venezolanas. Empezó a sonar “Esperaré” de Armando Manzanero en Onda Nueva. Enrique la empezó a tararear, lo acompañé con modulaciones de guitarra y batería. “Caramba, paisano, usted tiene muy buen ritmo ¿por qué no intentamos un dúo vocal?” Sonreí, jugué con varios nombres para el dúo ¿Teen Darts? ¿ValleCuau? Me preguntó que estaba maquinando. “Nada paisano, fantasías de aficionados con sus ídolos”. El tipo se fue chasqueando los dedos. A medida que se alejaba quería gritarle ¡Gracias por el recuerdo!. Una de las canciones que más disfrutaba de Enrique Guzmán era ‘Cien kilos de barro’ la versión en español de ‘Hundred pounds of clay’ compuesta por Luther Dixon, Bob Elgin y Kay Rogers. La cantaba Gene McDaniels. Ciertamente la versión original era muy, muy buena. Tenía un swing de rock and roll suave. Un sonido especial. Quizás la versión de Enrique no llegó al mismo nivel de aceptación de la inglesa. Pero eso no significa que no calara en el público latino. En español el ritmo de la canción bajó hasta convertirse casi en una balada. Aún chasqueo los dedos cuando escucho: ‘He took a hundred pounds of clay…’ Y después hasta fantaseaba con idear nuevas versiones en español: ‘Con sólo barro los formó, en su creación perfecta…’ Es una de esas canciones que cuando escucho la música me sube el ánimo que tenga en ese momento”. Las últimas veces que he escuchado ‘Cién kilos de barro’ ha sido en el programa de Napoleón Bravo ‘Gente en ambiente’. Resulta inevitable regresar a los años sesenta y encontrarme en todos los sitios que frecuentaba por aquellos días cuando sonaba esa canción. Algunos domingos, mientras escucho la canción me voy a esos lugares y hago el contraste entre lo que había antes y lo que hay ahora. Casi siempre vuelvo a casa nostálgico, con una mezcla intermitente de edificaciones y personas del pasado que afloran entre las estructuras y personalidades del presente, parece un cuento de fantasmas que hablan contigo y hasta sientes la textura de aquellos ‘Cién kilos de barro’ a través de las emisoras de radio que desaparecieron en el tiempo. Luego paso como media hora tratando de modelar cada uno de aquellos días hasta encontrar algún punto de conexión con la actualidad, termino renunciando ante tantas diferencias. Enrique Guzmán nació en Caracas el 01 de febrero de 1943. Siempre tuvo inclinaciones musicales. Vivió con sus padres Jaime Guzmán Esparza y Elena Vargas de Guzmán en la urbanización El Valle. Allí asistió a la escuela primaria. A los 12 años regresó a México junto a sus progenitores. En 1957 conoció a los hermanos Jesús y Armando Martínez mientras patinaba en el Deportivo Chapultepec. Allí surgió la idea de conformar un conjunto musical con los Martínez y Sergio Martell, denominaron Los Teen Tops a su banda de rock. Originalmente Guzmán era la voz grave del grupo pero Armando enfermó de la garganta en la primera presentación del grupo en la radio y Guzmán debió tomar su lugar y se quedó ahí definitivamente. De esa época Guzmán compuso dos temas: Pensaba en ti y La ronchita. La primera disquera con que firmaron fue Columbia México por intermedio del señor Jesús Hinojosa, bajo su cuenta y riesgo porque ese genero distaba de garantizar ventas. El primer sencillo de 78 rpm que grabaron contenía La plaga y El rock de la cárcel, adaptaciones al español de Good Golly Miss Molly, de Little Richard y Jailhouse Rock, de Elvis Presley. De esa época también data su primer long playing que tenía entre otras canciones: Confidente de secundaria. Buen rock esta noche. Lucila. Muchacho triste y Solitario. __Tengan, para que se compren unos refrescos. Esa vez nos fuimos a comer unos sandwiches en Los Chaguaramos. El olor del pan tostado se mezcló con una melodía que venía detrás del mostrador “She loves you, yeah, yeah, yeah…” Me detuve antes de llegar a la mesa. Aquel ritmo, aquellos fraseos, nunca los había escuchado. La segunda vez que escuché esa canción, fue un sábado por la noche en un programa de Clemente Vargas Jr. que no me lo pelaba, el tipo tenía una voz impresionante y no sé de donde sacaba tanta buena música, cuando me estaba quedando dormido se aparecía con alguna canción que nunca había escuchado de cualquier grupo de rock del momento o que apenas empezaba a oírse, y hasta contaba alguna anécdota de él con la canción o de los integrantes del grupo. Podía estar reventándome con las ganas de ir al baño, o mamá me llamaba porque quería que la ayudara con algo que hacía, pero hasta que no sonaba el último acorde de la canción no despegaba el oído del radio que guardaba en la mesa de noche, trataba de seguir al detalle cada nota en un afán por escribir música en el pensamiento, muchas veces mamá venía a ver por qué no contestaba. ‘¿Qué es lo que pasa contigo Carlos? Tengo como media hora llamándote. Seguro que andas en algo que tiene que ver con la música’. Me acostaba con el radio transistor escondido bajo la almohada y escuchaba: ‘Y ahora les presento un cuarteto que está causando furor no sólo en Inglaterra, También en Estados Unidos y el resto de Europa. Les presento a los Beatles…’ De John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr me enteré cuando vi el long playing de los cuatro rostros en penumbras detrás de una vidriera. Me quedé como unos quince minutos tratando de descifrar la leyenda de la contraportada reflejada en un espejo. A mí me gustaba el rock and roll, pero no era lo que más me gustaba. Desde que escuché a los Beatles mis esquemas empezaron cambiar. Sus letras siempre me llamaron la atención, tenían una propuesta diferente, hablaban de sentimientos desde un ángulo que permitía ver otros componentes de la pena, el dolor y el despecho. Pasaba horas intentando descifrar el significado en inglés y después era todo un reto pasarlo al castellano. Fue un gran aprendizaje para mí, porque me ayudó a desarrollar mi propia voz, mi propia inspiración, aunque por eso me gané más de cien mil gritos de mi mamá. Abría la puerta del cuarto y entraba como un ventarrón. ‘¡Muchacho! ¡Tengo como media hora llamándote! Ya pensaba que te habías ido para el liceo. Me tenía que arrancar el cuaderno y el lápiz de la mano. ¡Ya sabía que se trataba de algo de música y ese bendito grupo de los Beatles! Tienes que estudiar, eso de ganarse la vida como músico es sólo para los fenómenos y no te veo nada extraordinario tocando esa guitarra. A veces parece que te confundieras con las notas’. Había algo en aquellas guitarras perseguidas por voces incansables, acompasadas con un ímpetu propio de la juventud. Las palmas contínuas y los gritos sorpresivos enhebraban con la originalidad de la música. Cada vez que había un cambio de ritmo sentía que llegaba a otro planeta. Pasé como media hora convenciendo al dependiente de la discotienda para que me dejara leer la contraportada. La revisé como siete veces y cada vez que llegaba a la mitad del texto volvía a la primera línea. Una de las canciones que más me gustaba de aquel primer disco de acetato de los escarabajos británicos, era ‘Til there was you’ (Meredith Wilson), una balada clásica de los años cincuenta. Puede parecer muy convencional, pero tiene algo muy especial que llega más allá de una canción romántica, no sé si eran las alternancias en los solos de guitarra, los cambios de tono en la voz cantante, pero esa canción tenía y sigue teniendo un algo especial que me hace despegar al menos por un instante de lo que esté haciendo o pensando. En ese momento supe que mi vida musical iba a estar relacionada de alguna manera con aquellos tipos que venían de un puerto inglés llamado Liverpool. Antes de eso un señor que todavía trabaja en Venevisión llevó su disco “Dinner in Caracas” y lo hizo girar a 33 rpm bajo la aguja del tocadiscos de la casa. Las orquestaciones y los arreglos de aquellos valses y joropos venezolanos le daban una dimensión especial a la música folklórica sin olvidar sus raíces. Desde ese momento supe que quería ser un músico como Aldemaro Romero. Quería componer, sentarme a escribir, a arreglar, pararme frente a una orquesta y mover la batuta con toda la propiedad de un director consumado. Sabía que eso llevaba años de estudio y dedicación y muchísimos ensayos. La primera vez que me senté a componer rompí como 15 páginas en 15 minutos. Mi abuela vino corriendo y abrió las manos. “Carlitos tienes que tener más calma. Esto es un proceso gradual, de muchísima paciencia y dedicación”. Una de las composiciones del Maestro Aldemaro Romero que más me impresionó de un disco que escuché una vez en una tienda musical fue “Doña Mentira”. Aquella introducción de trompetas y violines me hizo entender que la música típica venezolana iba mucho más allá de arpa cuatro y maracas, que podía recorrer en su máxima expresión, sin perder un ápice de autenticidad, cada uno de los instrumentos desde el oboe hasta el violoncello. Le pedí al dueño que me mostrara la carátula del disco, se llamaba “Maracaibo”. Le pedí por favor que repitiera el segundo surco del labo “B”, cuando intenté que lo repitiera otra vez me dijo que iba a tener que comprar el disco. Pasé como una semana tratando de reunir el costo del acetato, dejé de comprar meriendas y el fin de semana corté la grama de varios jardines. El sábado en la mañana llegué con el disco, en ese momento no conocía la letra, la escuché por primera vez en el disco de Onda Nueva de Ilan Chester. “Que no y que si..te oigo decir… Doña Mentira ya me tienes hasta aquí…No mientas más…te cansarás…he decidido no dejarme engañara más…A pesar de todo yo no me incomodo por el tiempo que perdí…” De aquellas tardes y noches buscando canciones en el radio, se me quedó tatuada en la piel una melodía que define la originalidad de una época. Los sonidos marcaban cada línea, cada luz, cada imagen. De pronto sentía que flotaba en una atmósfera de juegos a cualquier hora, de momentos interminables, de esperar a mamá para que me diera para ir al cine, de correr a buscar a mis amigos justo después de almorzar para ir a jugar. Bobby Vinton soltaba sus fraseos sobre un fondo de algodón y de inmediato la respiración se me disipaba. Nunca me sentí mejor escuchando una canción, aún cuando por casualidad la oigo en estos días me parece estar de nuevo a comienzos de los años sesenta. “She wore…blue velvet…bluer than velvet was the night…softer than satin was the light…from the stars…” Pasaba minutos ensayando distintas tonalidades de silbidos, a veces me iba al piano e intercalaba los sonidos labiales con el impacto de las teclas, toda una experiencia sonora que me llevó a perfeccionar mi silbido en medio de mis balbuceos pianísticos. Hubo una mañana que repitieron la canción como cuatro veces, el locutor comentaba que la habían solicitado 67 oyentes, algo pocas veces visto. Internalicé tanto la canción que la profesora de castellano me llamó a su escritorio. Sus ojos parecían tizones congelantes. “La próxima vez que me dirija a usted y se quede en la luna, se me sale del aula”. Entonces practiqué algo que muy pocas veces he podido repetir, tarareé la canción en ejercicio de “bocca chiusa” y atendí la clase de conjugación verbal sin perder el hilo de ninguna de las dos. Tanto que cuando me solicitaron conjugar un verbo lo hice al ritmo de “Blue Velvet”. Hubo una canción que me despertó mucha curiosidad, el locutor la anunció como rock and roll, la interpretaba Fats Domino. Sin embargo me pareció que algo dejaba ver que la pieza tenía un origen lejano al rock and roll. Clemente Vargas Jr., me sacó de dudas. Al terminar la canción habló del origen de música country de Jambalaya. Hank Williams Sr., la escribió y fue difundida en julio de 1952. Jambalaya es el nombre de un plato típico cajun de raíces españolas y francesas, se prepara con arroz, pollo, camarones, cerdo y pimienta. Poco tiempo después la escuché en el mejor ritmo que pueda tener. Los Supersónicos la versionaron en 1965, parecía que ellos eran los compositores, por la fluidez como emergía la música de sus instrumentos y el entusiasmo con que decían: “Estaba yo de visita en un pueblo… en donde todos andan a caballoo…” Nosotros seguíamos ensayando y nos aprovechamos de que Oscar era socio del Club Táchira para conseguir nuestras primeras presentaciones formales en público. Allí conocimos a un señor, de quién no recuerdo el nombre, que se ofreció para ser nuestro representante. Era periodista del diario La Verdad y nos hizo varias entrevistas. A través de él fue que conseguimos nuestra primera presentación en televisión en el programa que moderaban los Hermanos Hernández y Rosario Prieto en el canal 8: “El Club del Clan”. Era un musical juvenil donde también s dieron sus pininos otros grupos como: Los Supersónicos, Los Clippers, Los Dinámicos, Los Dangers, Los Claners, Las Cuatro Monedas y solistas como: Nancy Ramos, Trino Mora, Cherry Navarro y muchos otros. Para ese momento ya habíamos decidido el nombre del grupo. Cada quien metió un nombre en una funda de almohada y el papelito que salió decía “Darts”, el nombre venía de aquel automóvil Dodge Dart. Entonces la mayoría de los grupos tenían nombre de carros: Los Impala, Los Boneville, etc. A mí al principio no me gustaba ese nombre, pero era el acuerdo que habíamos hecho. Después me fui adaptando y me empezó a gustar. Cuando logramos llegar al primer lugar en la cartelera de éxitos musicales y reeditamos la hazaña varias veces, ver el nombre de los Darts al tope de la lista era siempre una gran alegría. Entonces si sentía toda la brisa fresca tras las ventanillas de un Dodge Dart a toda velocidad y comprendí mejor las razones de mis compañeros para elegir aquel nombre. Alfonso L. Tusa C.

¿Leer esto mientras camina? En Honolulu, eso podría costarle caro.

Tanya Mohn. 23-10-2017. The New York Times. Se ven en todas partes: personas que caminan con los ojos soldados a las pantallas de los teléfonos celulares en calles repletas. Pero caminar y escribir mensajes de texto puede ser peligroso, y las ciudades de Estados Unidos y Europa han empezado a hacer algo al respecto. Honolulu ha aprobado una ley, la cual tomará efecto este miércoles 25 de octubre, la misma le permite a la policía multar peatones hasta por 35 dólares por ver sus dispositivos electrónicos, mientras atraviesan la calles de la ciudad y los alrededores del condado. Se piensa que Honolulu es la primera ciudad importante en aplicar tal veto. “Esto es realmente una legislación importante que fija la barra alto por la seguridad”, dijo Brandon Elefante, miembro del City Council quien propuso la boleta. Los peatones, dijo él, compartirán la responsabilidad por su seguridad con los motorizados. En Estados Unidos, las muertes de peatones se incrementaron 9 por ciento en 2016 en relación al año anterior, ascendiendo hasta 5987, la cifra más alta de las calles estadounidenses desde 1990, de acuerdo a información federal. Una razón puede ser el dramático aumento en el uso de teléfonos inteligentes, “una fuente frecuente de distracción visual y mental” para conductores y peatones, encontró un reporte de la Governors Highway Safety Association. “Soy culpable”, dijo Charles Chan Massey, ejecutivo principal de Synaxis Meetings & Events, una firma gerencial, quien utiliza el tiempo al caminar hacia y desde reuniones y almuerzos de negocios para ponerse al día con las llamadas, mensajes de texto y correos electrónicos. “Muchas personas lo hacen; saben que es riesgoso y de todas maneras lo hacen, Se convencen de que ‘este mensaje de texto es importante’”, dijo él. “Es algo de lo que necesitamos estar conscientes”. Hay una data de muertes que relaciona directamente al caminar distraído con muertes y lesiones de peatones, pero eso también parece ser un problema mundial. Los estudios preliminares “dan una pista de la conducta insegura”, dijo el Dr. Etienne Krug, director del Department for Management of Noncommunicable Diseases, Disability, Violence and Injury Prevention en la Organización Mundial de la Salud. Las personas quienes escriben mensajes de texto, por ejemplo, son casi cuatro veces más propensas de verse involucradas en el al menos una acción peligrosa, como caminar distraido o no mirar en ambas direcciones, y les toma 18 por ciento más de tiempo en cruzar una calle que a los peatones alertas. Las soluciones, dijo el Dr. Krug, son “difíciles de legislar y más difíciles de hacerlas cumplir”. Muchas ciudades han buscado maneras creativas para proteger a los llamados zombies de teléfonos celulares, quienes hablan, escriben mensajes de texto, escuchan música, revisan su correo electrónico y hasta se toman selfies. Las iniciativas incluyen esfuerzos, como las señales extremas de Hayward, Calif., (“¡Levanten sus rostros! Crucen la calle. Y luego actualicen su Facebook”), las zonas de prohibición de selfies de Mumbai, y los semáforos de diseño especial de Europa y varias legislaciones a consecuencia d la nueva ley de Honolulu. El mes pasado, la Board of Supervisors del condado de San Mateo, aprobó por unanimidad una resolución para prohibir a los peatones el uso de teléfonos celulares mientras atraviesan las calles. Eso no es aplicable porque tales asuntos son regulados por leyes estadales, pero Davida Canepa,, quien introdujo la medida, dijo que ese era un paso importante; se espera que la resolución vaya a la legislatura de California para consideración estadal en enero. “Hay un caos en los cruces de peatones”, dijo Mr. Canepa, quien admite recibir algunas llamadas que lo distraen mientras maneja y camina. “Sé que eso es un tema. Lo he vivido. Mi teléfono celular es mi vida” De niños, dijo él, nos enseñan a mirar en ambas direcciones mientras cruzamos una calle, pero “no se puede mirar en ambas direcciones cuando se ve hacia abajo y se escribe un mensaje de texto”. Los críticos de la medida están preocupados por la libertad personal y la lentitud para ajustarse a nuevas ideas, dijo Mr. Canepa. “Pero al final del día, las personas entienden el valor de la seguridad pública”, añadió él. “Esta legislación es práctica y tiene sentido común. Salvará vidas”. Por lo menos 10 estados han debatido legislaciones similares relacionadas con peatones o ciclistas distraídos; ninguna de ellas ha sido aprobada, de acuerdo a la conferencia nacional de legislaturas de estados. La legislación está pendiente por discutir en dos estados, dijo el grupo, y en septiembre, Nueva York aprobó una ley que conlleva a la ciudad de Nueva York a estudiar esfuerzos por educar al público acerca de los peligros de caminar distraído. No hay seguimiento de leyes municipales, pero Rexburg, Idaho, puede haber estado entre las primeras en adoptar una sanción citadina, en 2011. La ciudad registró cinco muertes de peatones en un período corto en un area concentrada. Fue un precio alto, dado el tamaño de la ciudad: alrededor de 35000 residentes. “Eso fue impactante para nuestro sistema”, dijo Stephen Zollinger, el consultor jurídico de la ciudad de Rexburg. Se sospechó de caminar distraídos. Junto a otras medidas de seguridad, Rexburg prohibió a los peatones usar dispositivos manuales mientras cruzan las calles, dijo él, y “desde entonces no hemos tenido fatalidades peatonales”. Bodegraven, un pueblo pequeño cercano a Amsterdam, intenta una medida diferente. Este año, fueron colocadas líneas luminosas en el paso peatonal de una concurrida intersección, justo en la visual de las personas que miran sus teléfonos. Cuando el semáforo cambia a rojo o verde, también lo hacen las luces a nivel del suelo, para alertar a los peatones cuando es seguro cruzar. El programa piloto busca anticipar las tendencias, no revertirlas, dijo Dolf Roodenburg, líder de proyecto e ingeniero de tráfico de Holanda. Si la medida es exitosa, el pueblo espera instalar líneas luminosas en más intersecciones y en los canales de ciclistas, y ofrecerla a otras ciudades. En Augsburg, Alemania, unas luces similares fueron instaladas el año pasado después que una adolescente fue golpeada y lesionada seriamente por un tranvía cuando caminaba en la vía pública. Hay, por supuesto, puntos de vista encontrados acerca de la efectividad de legislar sobre la conducta de los peatones. Janette Sadik-Khan, una antigua comisionada del New York City Department of Transportation y ahora directora de Bloomberg Associates, la cual asesora a varios alcaldes alrededor del mundo, dijo que las leyes contra escribir mensajes de texto y hablar por teléfono caminando no eran la solución. No hay fundamento en ninguna investigación, son pobremente concebidas y distantes los temas del diseño de las vías y la conducta de los conductores que son responsables de la mayoría de los choques, dijo ella. “Es una salida fácil. La ingeniería es mucho más difícil, pero mucho más eficiente”, dijo Ms. Sadik-Khan. “La seguridad de tránsito es un asunto muy serio para el gobierno, que debe estar basada en análisis probados”. Ella y otras personas recomendaron enfocarse en estrategias probadas como reducir la velocidad de los vehículos, la cual es una de las maneras más efectivas para reducir muertes, debido a que las tasas de supervivencia son mayores en las colisiones de baja velocidad. El diseño de los vehículos también ayuda. “En algunos países, los carros son diseñados para ser más amigables con los peatones”, dijo Deborah A. P. Hersman, presidente y jefe ejecutivo del National Safety Council. Fabricar parachoques más suaves y modificar el acabado frontal de los vehículos puede disminuir la severidad del impacto a un peatón, pero solo 44 paises, principalmente europeos, le solicitan a las manufactureras aplicar esas consideraciones, de acuerdo a la OMS. Estados Unidos no está entre ellos. Rochelle Sobel, fundadora de la Association for Safe International Road Travel, un grupo sin fines de lucro, dijo que era importante para los estadounidenses que viajan al exterior conocer la cultura vial local. En República Dominicana, los peatones no tienen derecho a circular en las calles, y en algunos países, los conductores ignoran continuamente las regulaciones de tránsito. Por ejemplo, pueden seguir avanzando con la luz roja en un cruce, dijo Ms. Sobel. En muchos países de bajos y medianos ingresos, donde ocurre casi el 90 por ciento de las muertes debidas al tráfico vial en el mundo, de acuerdo a la OMS, los peatones comparten vías de muy poco mantenimiento con animales, carretas, carros, buses y camiones. Esas vías son ambientes de alto riesgo para caminar, dijo Ms. Sobel. Ms. Hersman, quien previamemnte fue directora de la National Transportation Safety Board, dijo que las preocupaciones acerca de si el gobierno toma medidas extremas disminuyen con el tiempo. Las leyes que requieren el uso del cinturón de seguridad o la restricción de areas para fumadores inicialmente encontraron resistencia pero ahora son ampliamente aceptadas. “Es importante tener amplitud mental”, dijo ella. “La sociedad puede avanzar”. Mr. Massey de Synaxis dijo que haría falta convencer a las personas para notar el valor de las leyes en combatir el caminar distraído. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 20 de octubre de 2017

Where I’m Calling From (Desde donde llamo). Historias Nuevas y Seleccionadas. Raymond Carver.

Matrimonio y otros nexos sorprendentes. 15 de mayo de 1988. Marilynne Robinson. De las 37 historias de la nueva colección de Raymond Carver, “Where I’m Calling From”, 30 han aparecido en cuatro volúmenes previos, dos de ellos, con estos títulos: “What We Talk About When Talk About Love” (“De Que Hablamos Cuando Hablamos de Amor”) y “Cathedral”. Tomo este volumen para hacer una nueva mirada a la carrera de Mr. Carver, una convicción inspirada en mi por el hecho de que me gustaría hacer una colección. Para resumir, propongo sacar a Raymond Carver del campo de los minimalistas. Por 150 años o algo así, cada tipo de arte cuyo estilo ha causado que sea identificado como “moderno”, ha sido interpretado de la misma forma, como una contemplación de, y protesta contra, un mundo drenado de placer, vacío de significado, espiritual y culturalmente en bancarrota, etc. Esa es supuestamente la “condición moderna”, a la cual somos instruidos para aceptarla con objetividad como una cosa existente, como el peñón de Gibraltar. Sin importar como, desde todo punto de vista, esta nación es, como siempre ha sido, abstraída como Bizancio, sus hombres de la calle están acostumbrado a ver la vida en términos cósmicos. Tales hábitos mentales estructurados y valiosos, nos decimos, son de lo que carece nuestra época y cultura, una deficiencia que refleja nuestro arte, al ser más o menos incapaz de proceder de otra manera. La idea de lo “moderno” es tan vieja que ha tenido que ser redefinida como “lo post-moderno” y forrada con aseveraciones de que el nuevo producto es más duro, más cínico, en total más abismal de lo que estamos acostumbrados. Las suposiciones acerca de lo que debería hacer el escritor tienden a fomentar la curiosidad por lo que de hecho hace. Raymond Carver generalmente es tomado como ejemplo para epitomizar esta árida tradición, para liderar una nueva versión de de ella llamada “minimalismo”. Incluirlo dentro de este canon es considerado un gran elogio, al ser considerado lugar común la aseveración de que un escritor serio no puede tener un objetivo más alto que movilizar de nuevo sus huesos. Así que partiendo de la base de la fuerza que los estudiantes y la crítica perciben en su trabajo, Mr. Carver ha sido más o menos forzado. Entonces otros críticos le achacan el paisaje desesperado y disminuido que encuentran en la ficción contemporánea, viéndolo a través de los ojos de sus imitadores y admiradores. De hecho, Mr. Carver aparece en la línea de descendencia del realismo estadounidense. Sus debilidades son el sentimentalismo y el sensacionalismo. Su gran don es escribir historias que crean significado a través de su forma. Se ha prestado mucha atención a su prosa y a su preocupación por la vida muy ordinaria y con la disrupción, el divorcio, el desplazamiento, la tristeza, el ingrato negocio de obtener ingresos de trabajos pequeños e indeseados. Él debería ser famoso por la belleza conceptual de sus mejores cuentos, y ser aliviado de sus peores trabajos, lo cual podría pasar como negligencia relativa. La narrativa prominente de la ficción de Mr. Carver está típicamente alterada o aplanada. Los cuentos tienen en común una especie de desconcierto, justificada en los mejores por el hecho de que sus cargas son verdaderamente misteriosas. Las anécdotas, de querer un mundo mejor, asomadas e intraducibles como sueños recordados (lo cual a veces son) aparecen en esos cuentos como para sugerir que son análogas a la ficción, y también a la conciencia, específicamente a la conciencia compartida, colectiva o vinculante. Por mucho tiempo ha sido usual lamentar la ausencia del mito en la vida moderna, como si las intuiciones de los primordial y lo esencial fuesen productos de la cultura y estuviesen disipadas de ciertas imágenes e ilusiones, como si las fuerzas que describe el mito no fuesen reales o lo suficientemente poderosas para imponerse sobre nuestra atención a todo lo ajeno. El desconcierto de los mejores de estos cuentos no implica una ausencia de significado sino una fealdad en la cara del significado, una cosa muy diferente. Mr. Carver utiliza su estrecho mundo para generar configuraciones sugestivas que podrían no ocurrir en uno más amplio. Su impulso por simplificar es como un intento por crear un silencio, no para oir menos, sino para oir mejor. Nada es tan poderosamente recurrente en estos cuentos como la imaginación de otra vida, siempre como si la imaginación del propio narrador o protagonista fuese una experiencia del yo, cual espectro confuso. Es como si la replicación de las condiciones de una vida en otra rescatara a una de los terrores del accidente y lo aleatorio, como si el germen del mito o el arquetipo fuese hallado en el trabajo, en el plasma tupido de la experiencia sin estructura. Esto me parece que expresa lo racional de la práctica artística de Mr. Carver. En “Neighbors” (“Vecinos”), una pareja, los Miller, husmean en el apartamento contiguo al suyo mientras la pareja que vive allí está ausente. Los Miller están de alguna manera seducidos por el apartamento, un lugar ordinario, excepto por las rarezas y originalidades traídas de las vacaciones que hacen a la vida de sus vecinos parecer más “completa y brillante” que la de ellos. La desprotegida intimidad del apartamento cerrado estimula la atracción entre los Miller, los hace sentir amorosos y felices. Lo que experimentan le da sentido a su vida, endulzada un poco por los logros alcanzables. En “Why Don’t You Dance?” (“¿Por qué no bailas?”) un hombre cuyo matrimonio ha colapsado pone su mobiliario a la venta en un mercado de garaje, donde lo ha dispuesto como estaba dentro de su casa, trajo un cable de extensión eléctrica para conectar el televisor y el tocadiscos. Una pareja joven viene y revisa los muebles, se toma unos tragos y entonces a petición del hombre, bailan en la calle. La intimidad del matrimonio es anulada, expuesta, reactivada, y distanciada a la vez. Se puede decir que el momento sugiere memoria, arte, el vínculo de la intimidad en un mundo de extraños, la fantasmagoría del apego de uno a cualquier lugar o relación. ''So Much Water So Close to Home'' , trata acerca del matrimonio de un hombre aterrorizado por su propia insensibilidad y una mujer de gran fragilidad emocional, cuyos miedos están enfocados alrededor de la violencia subyacente en el carácter del hombre. El esposo, Stuart, ha participado en un incidente que no involucra culpa legal ni comprobada por instrumentos, no al menos en lo que él puede testificar. Él y tres amigos fueron a pescar en la montaña y encontraron el cuerpo de una mujer flotando boca abajo en el arroyo. Luego de tomar algo de licor y reflexionar, arrastran el cuerpo hasta un árbol por las muñecas y lo dejan como lo encontraron, por tres días, hasta que terminan de pescar. La historia es contada por la esposa de Stuart, quien describe a los hombres cocinando, bebiendo y jugando naipes en medio de la noche mientras el cuerpo flota en el agua fría. Eso es de pesadilla, y el estado de trance de los hombres, que burbujea allí, está lleno de sugerencias oscuras, lo cual en la mente de la esposa, se confunde con el crimen. Stuart sabe antes de decirle a ella del incidente, como debe hacerlo, porque fue reportado en el periódico, que ella se sentirá muy afectada por eso. Él intenta expresiones de amor, pero son crudas, y solo refuerzan los miedos de ella más que tranquilizarla. Mientras se hace más afectada y ausente se convierte en más dependiente por su lealtad y amor, que son reales, aunque con arranques intermitentes de rabia y frustración por la recaida de él y su propia torpeza. El cuento es puro Carver. Establece un paradigma visual muy simple y contundente, la mujer del arroyo de pesca, lo cual es el trabajo a realizar en el resto del cuento. El centro de la narrativa es la identificación profunda y emocional de la esposa con la mujer ahogada, y también entre el esposo y la esposa. Stuart nota que su esposa de nuevo se desliza hacia la enfermedad. Ella ve el miedo de él y lo compadece. El matrimonio es la forma más compleja y característica de las extensiones imaginativas del yo que tanto preocupan a Mr. Carver. Hacer justicia a ''What We Talk About When We Talk About Love'' no es posible en un espacio pequeño. Se trata de un ejemplo extraordinario del descubrimiento del significado en sugestivas anécdotas visuales, de un suicidio con la cabeza vendada, caballeros cimbrados hasta morir por el peso de la armadura, una pareja vieja vendada, intentos y resistencia, y un apicultor con casco y guantes y ropas acolchadas. Esta serie de imágenes análogas emerge de la conversación entre dos parejas matrimoniales que beben ginebra en una mesa de cocina, las cuales saben por experiencia que el amor es homicida, auto-destructivo, simbiótico y posiblemente fugitivo. Cuando uno de los hombres, al final, se imagina asesinando a su antigua esposa, la implicación es que él aún la ama. De nuevo, la ficción ofrece patrones, parábolas, las cuales parecen cargadas de sugestión, y eluden los poderes de interpretación de aquellos quienes reconocen el significado de estos. El cuento concluye: “Podía oir mi corazón latir. Podía oir el corazón de todos. Podía oir el ruido humano que hacíamos sentados, sin movernos, ni siquiera cuando la habitación oscureció”. En ''Bicycles, Muscles, Cigarettes'', un hombre viene a defender a su joven hijo, quien tiene dificultades con los vecinos. El muchacho expresa su afecto por su padre al decirle que siempre recordará a su abuelo, y que desea poder haber conocido a su abuelo a la edad de su padre, y a su padre a su edad, ansioso por imaginarse en sus vidas, simplemente para intensificar su placer. En “Distance”, un tipo divorciado le cuenta a su hija adulta, a quien ve solo en raras ocasiones, una historia acerca de la infancia de ella, llamándose “el muchacho” y a la madre “la muchacha”. Al final de la historia ambos lamentan la pérdida de la cálida vida común que han conjurado. En “Fat”, una mesera está fascinada con un hombre tan obeso que se refiere a sí mismo en un plural melancólico y consciente. La mujer empieza a imaginarse voluminosa como él, tanto que su esposo parece “una cosa pequeña casi inexistente. Tales configuraciones de identificación, distanciamiento y desplazamiento se hacen recurrentes una y otra vez. Un cuento interesante, aunque problemático, es titulado “The Calm”. Un hombre ha violado el código de la cacería de venados, al dispararle en la panza a un venado y luego no proceder a terminar la miseria del animal. La historia de la cacería es contada por el propio hombre, quien parece inconsciente de la impresión que cause en sus oyentes. Aparentemente el hombre ni ha leído a Hemingway, ni conoce lo suficiente la ética local, aunque él es local, para entender como sus revelaciones lo afectan. Sin embargo, ningún lector sufrirá un momento de duda. La calma del título es creada por un barbero, quien tranquiliza la indignación de los otros. Al final del cuento, en una especie de conclusión, el narrador, quien ha visto todo desde la silla del barbero, dice que fue durante todo eso que decidió dejar a su esposa. Ese final parece arbitrario, pero no lo es, si dejarla es una violación del deber ser, como el miserable asunto con el venado. Mr. Carver está tan obsesionado con el matrimonio como escritor desde William Blake, y nunca trata ligeramente su disrupción. La calma generada por la neutralidad del barbero, con la cual se disipa el juicio y se disipa la fealdad, permite que el narrador tome su decisión. El barbero ve en el espejo la cara del narrador, “pero si el barbero ve algo, no ofrece ningun comentario”. Hay tal calma en la sociedad, no para degradarse, si para maravillarse mucho, aunque esto permita la mayoría de las formas de traición y auto-desgracia. Es la condición de la autonomía moral. Como en “Fat” y “Why Don’t You Dance?” nos es dado a conocer que un momento de experiencia vernácula ha sido entendido y repetido como significativo, aportando un término en una analogía. En “Why Don’t You dance?” el punto de vista en realidad oscila, pertenece al hombre divorciado al comienzo y a la mujer joven al final. Los objetos de la casa, presentada como un lugar ritual, tienen significado para ambos porque, literal y figurativamente, son una posesión común. Los últimos siete cuentos, de preparación previa, son más amargos y humoristas, escritos en una prosa más elegante y elegíaca que los primeros. En “Boxes” el debilitamiento de la conexión con la vida de una mujer vieja se manifiesta en su continuo movimiento, nunca es capaz de sentirse tranquila en casa. “Whoever Was Using This Bed” trata de una pareja, que se despierta con una llamada telefónica, quienes hablan durante la noche acerca de los dolores y ansiedades que los afectan en esos momentos, pero se pierden en la amnesia de la conciencia de la luz del día. Finalmente llegan a la pregunta de si el enchufe debe o no ser desconectado si uno de ellos estuviere gravemente enfermo. Es una conversación natural muy divertida. Su insomnio, y la ropa de dormir ajada, llevan a la mente al extremo de la intimidad que implica su matrimonio, aun hasta el punto de uno posiblemente escogiendo el final de la vida del otro. En el cuento llamado “Intimacy”, un escritor visita a su antigua esposa, una mujer furiosa de que su vida con él haya sido canibalizada para hacer ficción y de que él haya convertido en éxito publicar los pasajes más oscuros de su matrimonio. Ella está consciente de haberle dado material nuevo, aun en su amargura, y la historia, con el escritor como narrador, significa que ella ha hecho eso. Pero él se arrodilla en la sala de ella y se queda allí inmóvil hasta que ella lo disculpa. Entonces ella lo manda a volar. El divorcio nunca ocurre en los cuentos de Mr. Carver. El matrimonio es, en esencia, una amistad inocente, desesperadamente vulnerable hasta el desarreglo y la mala suerte, pero siempre precioso, sus placeres perdidos siempre son recordados lealmente. Mientras él sale de la casa, ve a los niños lanzándose una pelota. “Pero”, dice él, “ellos no son mis hijos, ni tampoco suyos”. “Menudo” trata de un hombre sorprendido miserablemente en una infidelidad, en el punto de perder a su segunda esposa cuando no se ha recuperado de la pérdida de la primera.”Elephant” es un maravilloso pequeño cuento que debería ser considerado, si alguno lo será alguna vez, ante el clamor en ciertos lugares por un cuento de Carver acerca de gracia y trascendencia. El narrador, una especie de Pere Goriot suburbano, está siendo desangrado de su sustancia por una antigua esposa, una madre quien es “pobre y codiciosa”, un hijo ineficiente, una hija ineficiente con dos hijos y una vida buena para nada, y un hermano quien cuenta historias de mala suerte. El hombre está empobrecido, consumiendo su crédito, trabajando y preocupándose, tratando de cumplir con las demandas infinitas de todos ellos. Entonces sueña que su padre lo carga de niño en los hombros. La imagen le trae un gran alivio. Piensa en su hija, “Dios la bendiga y la ampare”, y espera que su hijo sea feliz, y agradece que aun tiene a su madre, y que su antigua esposa, “la mujer que yo solía amar mucho”, esté viva en algún lugar. Entonces quizás muere. Es llevado a través del lugar donde trabaja a una velocidad sorprendente para el “carro de un gran subpagado”. Sea que la muerte ha ido a buscarlo, o sea una libertad sobrenatural, el final tiene un sentido teológico diferente. El cuento final, “Errand”, es acerca de la muerte de Chekhov, una pieza muy formal en la cual se muestra a ese estimado hombre dándose crédito en el evento de su muerte. Un escritor generalmente invoca a otro escritor cuando desea hacer una comparación. Mr. Carver, cuyas historias son ocasiones narrativas en las cuales una imagen cargada flota como un holograma, me recuerda muy poco de Chekhov, excepto en que el trabajo de Mr. Carver, como el de Chekhov, establece los términos en los cuales debería ser interpretado. Raymond Carver no es un escritor fácil de leer. Sus narrativas son a menudo comunes. A veces parece intentar probar que las personas insensibles también tienen sentimientos. Y, mientras el impulso es generoso, la experiencia de mirar el mundo a través de los ojos de un personaje tan crudo como el narrador de “Cathedral”, por ejemplo, es altamente desagradable. En “Feathers”, una historia centrada en el momento fugaz en el cual un bebe feo y un pavo real enlodado se divierten bajo la mesa del comedor, la atención del lector es desplazada hacia una molesta figura de yeso de dientes desalineados, exhibido como un trofeo en el comedor de esa extraña casa. En esta historia, como en “Cathedral”, los personajes son superados por una experiencia estética o realización. Mutatis mutandis, eso es Henry James, la belleza es el modo como el mundo dirige el alma humana. Pero hay agregado como el que deja Mr. Carver, y ese agregado es más irritante debido a que se siente intencional. Los personajes a veces parecen preparados o condescendientes. Esa es la condición desde la cual son rescatados en el curso de la historia. Mr. Carver es más como el poeta William Carlos Williams, quien declaró que “no había ideas sino cosas”, y quien vaciaba los bolsillos de la banalidad y encontraba su contenido hermoso. El proceso de la ficción de Mr. Carver es transformar nuestra percepción. Quizás lo que él hace no puede ser hecho de otra forma. Y visto desde suficiente distancia, un problema interesante puede tomar su lugar entre las cosas hermosas. Marilynne Robinson es la autora de “Housekeeping”, una novela. ‘La gracia ha llegado a mi vida’ Como un personaje de sus cuentos, Raymond Carver ha sido un “miembro a tiempo completo” de los pobres trabajadores. “Siento mucha simpatía por ellos”, dijo él. “Son mi gente. Los conozco. Nunca podría dejar de escribir de ellos”. Mr. Carver creció en una familia de clase trabajadora en la costa occidental y se casó a la edad de 19 años. Él y su esposa, Maryann, fueron de trabajo en trabajo y de pueblo en pueblo. “Siempre estábamos buscando algo mejor•, dijo él en una entrevista telefónica desde su hogar en Port Angeles, Wash. “Trabajábamos duro, pero nunca era suficiente”. El fue conserje y trabajador de un aserradero, ella era operadora telefónica y mesera, “Estábamos buscando un lugar donde yo pudiera escribir y mi esposa y nuestros dos hijos pudieran ser felices. Eso no parecía ser mucho que pedir. Pero nunca lo encontramos”. El matrimonio de Mr. Carver, el cual se disolvió en 1977, ha influido mucho en su trabajo. “Me casé muy joven, y eso afectó mucho mi vida emocional”, dijo él. Mr. Carver, quien tiene 49 años de edad, reconoció que tiene una “visión oscura de la vida”, pero no tan oscura como solía ser. “En los últimos años, alguna luz radiante y, si se quiere, la gracia ha llegado a mi vida. Yo era alcohólico y fui capaz de superar eso. Mis hijos y yo estábamos separados, pero nos hemos reencontrado de nuevo. Hubo un tiempo cuando mi antigua esposa y yo no podíamos vernos a la cara, pero las cosas están bien ahora. Y entonces llegó Tess. Mi vida cambió dramáticamente el día cuando la conocí”. Mr. Carver ha vivido con la poetisa Tess Gallagher los últimos 10 años, Tienen una casa de roble y pino en la Olympic Peninsula. Él escribe en el frente, mirando el Juan de Fuca Strait; ella escribe en la parte trasera, mirando a las Olympic Mountains. “Es agradable contar con un lector perceptivo y severo alrededor cuando se necesita uno”, dijo él. Al compilar “Where I’m Calling From”, Mr. Carver decidió no incluir todos sus cuentos. “Hay algunos con los que no me siento a gusto y no me gustaría verlos impresos otra vez. Solo escogí los que sentí que podía vivir con ellos”. Despues de escribir el cuento final del libro, acerca de Chekhov perdiendo la batalla ante la tuberculosis, Mr. Carver supo que tenía cáncer de pulmón. Tuvo una operación el otoño pasado, luego una recaída y solo terminó una ronda de radioterapia. “Cortaron dos tercios de mi pulmón izquierdo”, dijo él. “Eso me asustó mucho. Pero estaré bien. Todos tienen grandes esperanzas. Tengo libros que escribir. El próximo libro es de poemas”. Pero la radioterapia está pasando factura. “Ha sido duro escribir las últimas dos semanas. Eso te cansa mucho. No siento que pueda pelear 10 rounds con nadie. Es duro, pero voy a superar eso. Me siento el hombre más afortunado de los alrededores. He tenido muchas bendiciones”. Stewart Kellerman. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

martes, 10 de octubre de 2017

Un cirujano sin miedo de enfrentar sus errores dentro y fuera del quirófano.

Jennifer Senior. The New York Times. 05-10-2017. En 2003, la columnista de The Washington Post Marjorie Williams, aquejada con cáncer de hígado, escribió que finalmente había encontrado lo que tanto le molestaba acerca del entonces candidato presidencial, Howard Dean: Su arrogancia de doctor. “¿Donde más sino en la medicina”, pregunto ella, “se encuentras hombres y mujeres quienes nunca admiten un error?” En realidad, eso también ocurre frecuentemente en política. Henry Marsh está en el negocio de admitir sus errores. Se puede ver en el título de su segunda memoria, “Admissions: Life as a Brain Surgeon”, y fue el tema central de su primera, “Do No Harm”, publicada en su natal Inglaterra con amplio reconocimiento, en 2014, y luego aquí un año después. Una de las razones por las cuales los pacientes encontraban condescendencia de los médicos especialmente los odiosos es por que eso los minimiza, si se está muy enfermo, lo último que te minimicen más. Pero los deseos de los pacientes, nota Marsh, a menudo son paradójicos. Ellos también sufren por la suprema confianza que deben tener en sus médicos, especialmente en los cirujanos, porque han confiado sus futuros, la única posibilidad de sobrevivir en algunos casos, en custodia de sus médicos. “Así que rápidamente aprendemos a alterar la realidad”, escribe Marsh, “a pretender tener un nivel de competencia y conocimiento mayor que el que tenemos, y tratar de proteger un poco a nuestros pacientes de la tenebrosa realidad que a menudo enfrentan”. Con el tiempo, escribe Marsh, muchos médicos empiezan a internalizar las historias que se cuentan a si mismos acerca de su juicio y destrezas superiores. Pero lo mejor, añade él, es que desaprenden sus autosugestiones y llegan a aceptar su falibilidad y aprenden de sus errores. “Siempre aprendemos más de los errores que del éxito”, escribe él. “El éxito no nos enseña nada”. Este fue un tema prominente en el último libro de Marsh, los lectores pueden tener una especie de déjâ vu al leerlo. Como “Do No Harm”, “Admissions” es vago y reiterativo, un vuelo rasante a través de las ansiedades del médico y sus vergüenzas privadas. De nuevo, él recuerda sus errores de cálculo y catástrofes quirúrgicas, al citar la observación del médico francés René Leriche de que todos los cirujanos cargan cementerios internos de los pacientes cuyas vidas han perdido- De nuevo, se queja de las restricciones de un cada vez más despersonalizado sistema de salud británico, el cual momifica a sus médicos en carretes de cinta roja. De nuevo, él describe su teatro de operaciones en todo su esplendor de Grand Guignol, con cerebros inflamados en sus cráneos y dispositivos de succión “absorbiendo obscenamente” mientras tumores que evaden su alcance. Algunos de los procedimientos son sorprendentemente crudos. Son básicamente carpintería con sangre. (La carpintería, al estilo más anticuado, es una de las diversiones más apasionadas de Marsh). Pero en este libro, Marsh se ha retirado, lo cual significa que está haciendo un inventario completo de su vida. Sus reflexiones y recuerdos hacen de “Admissions” una memoria mucho más introspectiva que la primera. Y debido a que se está haciendo más viejo, su propia mortalidad se ha convertido en preocupación central, si su cerebro fuese una gráfica de torta, la muerte tendría una tajada sustancial. Buena parte de “Admissions” también ocurre lejos, porque Marsh pasa la primera fase de su retiro en Nepal, trabajando junto a su amigo Dev, quien ha establecido un hospital privado de neurocirugía en Katmandú. Marsh se había convertido en un corresponsal foráneo, reportando sobre como se practica la medicina en ese país pobre, poliétnico, recientemente arrasado por la guerra civil. Esta es una sus observaciones más sobrias: “Solo en Estados Unidos he visto tanto tratamiento dedicado a tantas personas con tan poca oportunidad de tener una recuperación completa”. Las razones son diferentes. Los pacientes que Dev trata no se sienten tan identificados con esas operaciones como impactados por ellas, con una “exagerada fe” en su éxito. “Ellos no tienen idea del daño cerebral”, le dice Dev a Marsh. “Piensan que si el pñaciente está vivo se podría recuperar”. Muchos pacientes (o sus familias) no aceptan cuando Dev les dice que una operación no tiene sentido o es muy peligrosa. Es una tragedia. Los resultados de una cirugía cerebral superflua, o de una complicada, son salvajes y si el proceder de Dev se hace incorrecto , las familias enojadas no solo se quejan o demandan como en Inglaterra. Amenazan con violencia. La hija de Dev fue secuestrada una vez a punta de pistola y solicitaron rescate. “Admissions” contiene otros asuntos interculturales. Marsh se refiere a los excesos de la medicina estadounidense, lo cual continúa sorprendiéndolo. Poco después de retirarse, visitó el Texas Medical Center en Houston, donde le mostraron un destornillador eléctrico para ajustar placas de titanio en el cráneo. Ese era el estado del arte, algo caro, estimó que eso ganaría cinco segundos respecto a un destornillador manual. También se impactó (y asustó) cuando vio aprendices practicando cirugía con una cabeza destrozada, ¿de donde la habían sacado? Nadie tenía la mínima idea. Cuando Marsh regresó a Inglaterra dos semanas después, le contó a un colega acerca de eso. “¿Solo una?” replicó el colega. “Tuve 15 cabezas congeladas, enviadas desde Estados Unidos para mi taller básico de cráneo el año pasado”. Sin embargo el aspecto más resaltante de “Admissions”, no tiene nada que ver con medicina. Es como Marsh de retrata. Cuando era joven, escribe él, estuvo cerca del suicidio y pasó un tiempo en un hospital psiquiátrico. A la vez, añade, él “siempre fue un tremendo exhibicionista”. También tuvo dificultades con la agresión y continúa teniéndolas, es competitivo e impaciente y tiene mal carácter. Tuvo un escarceo adúltero en algún momento, y en otra ocasión pasó por un amargo divorcio. Terminó su carrera en un gesto casi vaudeviliano de ignominia, al lesionar la nariz de un enfermero por resistirse a removerle el tubo nasogástrico a un paciente. También terminó una larga y significativa amistad con un cirujano ucraniano a quien visitaba y asistía anualmente. Aunque probablemente lo hizo por razones justificadas. Es mejor que las particularidades sean leidas. El retiro de Marsh es atareado pero ansioso. Por primera vez siente una verdadera relación con sus pacientes. A medida que envejece, se hace más evidente que tendrá que enfrentar el mismo dilema irresoluto que tuvieron al prolongar la vida. “Tenemos que escoger entre probabilidades, no certezas, y eso es difícil”, escribe. “¿Qué tan probable es que ganemos tantos años adicionales de vida, y cual podría ser la calidad de esos años?” Está aterrorizado de morir en un hospital, cuidado por extraños indiferentes. Empieza “Admissions” diciéndonos que ha adquirido un estuche de suicidio, en caso de que la muerte sea muerte y dolorosa, y termina con una discusión civilizada acerca de la eutanasia. Pero confiesa que no sabe si tendrá el coraje de apresurar su propia muerte. La puede ser la más profunda de sus admisiones. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 9 de octubre de 2017

Kazuo Ishiguro gana el Premio Nobel de Literatura.

Alexandra Alter y Dan Bilefsky. The New York Times. 05-10-2017. Cuando era joven, Kazuo Ishiguro quería ser cantante y compositor de canciones. Cantaba en clubes folklóricos y tuvo varias evoluciones estilísticas, incluyendo una fase poética púrpura, antes de establecer sus letras confesionales. Nunca tuvo éxito en el negocio de la música, pero escribir canciones le ayudó a moldear el estilo de prosa elíptica e idiosincrática que lo convirtió en uno de los escritores británicos más influyentes de su generación. “Esa fue una muy buena preparación para el tipo de ficción que llegué a escribir”, dijo Mr. Ishiguro en una entrevista de 2015 con The New York Times. “Tienes que dejar mucho del significado bajo la superficie”. Mr. Ishiguro llegó a publicar 7 novelas aclamadas, y este jueves 5 de octubre fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura, el reconocimiento literario más grande del mundo. Mr. Ishiguro, 62, es bien conocido por sus novelas “TheRemains of the Day” (“Lo que Resta del Día”) acerca de un mayordomo quien sirve a un señor inglés en los años previos a la segunda guerra mundial, y “NeverLet Me Go” (Nunca me Dejes Ir”), una melancólica historia de amor en una escuela británica. Él ha regresado obsesivamente a los mismo temas en su trabajo, incluyendo las fallas de la memoria, la mortalidad y la naturaleza porosa del tiempo. Su cuerpo de trabajo destaca por la inventiva subversión de los géneros literarios, su agudo sentido del lugar y su análisis crítico del sistema de clases británico. “Si se mezcla a Jane Austen con Franz Kafka entonces se tiene a KazuoIshiguro, pero hay que agregar un poco de Marcel Proust a la mezcla”, dijo Sara Danius, la secretaria permanente de la academia sueca. Ms. Danius describió a Mr. Ishiguro como “un escritor de gran integridad”. “Nunca ve a los costados”, dijo ella. “Ha desarrollado un universo estético propio”. En una conferencia de prensa en la oficina de su editor de Londres este jueves, Mr. Ishiguro fue muy parco, al decir que el premio fue algo inesperado. “Si hubiese tenido alguna sospecha, me habría lavado el cabello esta mañana”, dijo. Añadió que cuando piensa en “todos los grandes escritores vivientes quienes no han ganado este premio, me siento ligeramente como un impostor”. En una carrera que se extiende por más de 35 años, Mr. Ishiguro ha ganado amplio reconocimiento por su prosa fuerte y sobria emocionalmente. Sus novelas a menudo están escritas en primera persona, con narradores escépticos quienes niegan las verdades que son reveladas gradualmente al lector. La resonancia de sus argumentos viene a menudo del rico contexto, las cosas no dichas, y las brechas entre la percepción del narrador y la realidad. El escritor canadiense Michael Ondaatje, autor de “The English Patient”, dijo que estaba “fascinado” con la decisión de la academia. “Él es un escritor raro y misterioso, siempre me sorprende, con cada libro”, escribió en un correo electrónico. Nacido en Nagasaki, Japón, en 1954, hijo de un oceanógrafo, mr. Ishiguro se mudó a Surrey, Inglaterra, cuando tenía 5 años de edad, y asistió a Woking County GrammarSchool, una escuela que era, como le dijo a TheGuardian, “probablemente la última oportunidad de saborearlos vestigios de una sociedad inglesa que se desdibujaba rápidamente”. Mr. Ishiguro descubrió la literatura de muchacho cuando se topó con los cuentos de Sherlok Holmes en la biblioteca local. “Tenía alrededor de 9, 10 años, y no solo leía obsesivamente acerca de Holmes y Watson, empecé a comportarme como ellos. Iba a la escuela y decía cosas como: ‘Por favor, siéntese’ o ‘Eso es más singular’, dijo él en una entrevista con The Times Book Review. “Las personas en esa época asociaban eso con que yo era japonés”. Despues de estudiar inglés y filosofía en la University of Kent, en Canterbury, pasó un año escribiendo ficción, eventualmente obtuvo una maestría de arte en escritura creativa, y estudió con escritores como Malcolm Bradbury y Angela Carter. Mr. Ishiguro destacó temprano entre la multitud literaria. En 1983, fue incluido en la lista de los mejores escritores jóvenes británicas de la revista Granta, uniéndose a luminarias como Martin Amis, IanMcEwan y Salman Rushdie. Publicó su primera novela, “A Pale View of Hills”, acerca de una mujer japonesa de mediana edad que vivía en Inglaterra, en 1982, y siguió con “AnArtist of theFloatingWorld” narrada por un pintor japonés viejo, ambientada en el Japón posterior a la segunda guerra mundial. Su profunda comprensión de las convenciones sociales y afectaciones de su tierra adoptada moldeó su tercera novela, “TheRemains of the Day”, la cual ganó el BookerPrize y trataba de un mayordomo, quien luego fue inmortalizado en una película protagonizada por Anthony Hopkins. Mr. Ishiguro, quien escribe sus primeras versiones a mano, dijo después que había escrito el libro en cuatro semanas en una enfebrecida arrancada. Cuando publicó “TheRemains of the Day”, Mr. Ishiguro temía que se estaba repitiendo al escribir otra novela en primera persona con un narrador poco confiable,pero la crítica vio el libro como una partida extrema. “Me preocupaba que las personas dijesen, ‘Oh, es el mismo libro otra vez, acerca de un tipo viejo recordando su vida, lamentando que es muy tarde para cambiar las cosas”, le dijo a The Times. “En vez de eso, dijeron, “Sus libros siempre están ambientados en Japón; este es un gran salto para usted’. Hice eso con casi cada libro”. Un literato iconoclasta, Mr. Ishiguro ha ensayado con géneros como ficción detectivesca, historias del oeste, ciencia ficción y fantasía en sus novelas. La crítica consideró “TheUnconsoled”, una novela surrealista acerca de un pianista en una ciudad europea indeterminada, como realismo mágico cuando esta apareció en 1995. “WheWeWereOrphans” fue considerada como una novela detectivesca. Su novela de 2005, “NeverLet Me Go”, fue reconocida como otro salto estilístico hacia la ciencia ficción futurista, aunque fue ambientada en la década de 1990. Su novela más reciente, “TheBuriedGiant”, desafió las expectativas una vez más. Una historia fantasiosa ambientada en la Bretaña arturiana, la novela se enfoca en una pareja de viejos, Axl y Beatrice, quienes abandonan su pueblo en busca de su hijo perdido, y encuentran a un viejo caballero. Aunque está llena de fantasía, con ogros y dragones, también es una parábola que explora muchos de los temas que han preocupado a Mr. Ishiguro a través de su carrera, incluyendo la frágil naturaleza de la memoria individual y colectiva. Al seleccionar a Mr. Ishiguro, la academia sueca, la cual ha sido criticada en el pasado por usar el premio para hacer una declaración política, pareció enfocarse en el más puro mérito literario. El premio Nobel de Literatura es entregado en reconocimiento del cuerpo entero de trabajo de un escritor más que por título en particular. Los ganadores han incluido a gigantes literarios internacionales como SaulBellow, Ernest Hemingway, Gabriel García Márquez y Toni Morrison. En otros años, la academia ha seleccionado oscuros escritores europeos cuyo trabajo no fue leído ampliamente en inglés, incluyendo al novelista francés, J.M. Le Clézio (2008), la escritora rumano-alemana Herta Müller (2009), el poesta y traductor sueco Tomas Transtromer (2011) y el novelista francés Patrick Modiano (2014). De los 114 ganadores quienes han recibido el premio desde que fue fundado en 1901, 14 han sido mujeres. Recientemente, la academia a menudo a subestimado novelistas y poetas a favor de escritores que trabajan de forma poco convencional. El año pasado, el premio fue entregado al cantante y compositor de canciones Bob Dylan, “por haber creado nuevas expresiones poéticas en la tradición de la gran canción estadounidense”, una decisión que enfureció a algunos tradicionalistas. En 2015, el Nobel fue a las manos de la periodista y prosista bielorusa Svetlana Alexievich, quien es conocida por sus expansivas historias orales, y en 2013 ganó la cuentista canadiense Alice Munro. Mr. Ishiguro, el vigésimonoveno novelista de habla inglesa que gana el premio, destaca de algunas decisiones previas por su accesible estilo prosístico. En una rareza para escritores, Mr. Ishiguro es querido por la crítica y los académicos y es exitoso comercialmente, su trabajo es ampliamente conocido y leído, y ha sido adaptado al cine, y series televisiva en Japón. Sus novelas han vendido en conjunto más de 2.5 millones de copias en Estados Unidos. “Él ha logrado un rango extraordinario, y escribe con mucha restricción y control acerca de algunos grandes temas, acerca de la memoria y la pérdida de esta, acerca de la guerra y el amor”, dijo SonnyMehta, director y editor jefe de Alfred A. Knopf, quien ha trabajado con Mr. Ishiguro desde su novela de 1989 “TheRemains of the Day”. En una entrevista telefónica este jueves 6 de octubre, Mr. Ishiguro, sonaba anonadado, dijo que estaba sentado a la mesa en su cocina escribiendo un correo electrónico en su hogar de Londres, donde vive con su esposa Lorna, cuando sonó el teléfono. Era su agente, quien le dijo que el comité Nobel había anunciado su nombre. Entonces llamó la BBC, y un enjambre de periodistas y fotógrafos se agolparon frente a su puerta. “Fue muy embarazoso”, dijo él. “Mis vecinos probablemente pensaron que yo era un asesino en serie o algo por el estilo”. Mr. Ishiguro parece estar en una fase prolífica: Dijo que está trabajando en una novela nueva, y tiene varias adaptaciones cinematográficas de sus libros en proceso, así como un par de proyectos de teatro. “Tengo una novela por terminar, y no es una novela fácil”, dijo él. “Va a ser difícil retomarla cuando se asiente la polvareda de este episodio”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 2 de octubre de 2017

Jake LaMotta fue más que un ‘Toro Salvaje’.

Carlo Rotella. 21-09-2017. The New York Times. Cuando un campeón fallece, una ola de nostalgia envuelve la cultura. Es como un “cohete de verano”, el calor de fusión que produce un lavado de nieve que pasa sobre un pueblo de Ohio cuando despegan las naves espaciales en las “Martian Chronicles” de Ray Bradbury. Mientras más famoso sea el campeón, más potente será la ola. La partida de esta semana de Jake LaMotta a la edad de 95 años, quien fuese campeón mundial de los pesos medios desde 1949 hasta 1951, ha desencadenado una ola de nostalgia por…1980. Ese fue el año del “Toro Salvaje” de Martin Scorsese, protagonizada por Robert De Niro como LaMotta, una celebrada actuación que fijó un nuevo patrón para inmersión de un actor en un personaje. El personaje ha eclipsado tanto al hombre que ahora es difícil ver al tipo que murió este martes alrededor del LaMotta de De Niro. El asimilador de castigo descrito en la película y en casi cada nota obituaria es una estilizada característica de Jake LaMotta el boxeador, quien fue no solo fuerte y resiliente sino también un gran artista. Más que un absorbedor de golpes, él fue un tremendo peleador quien pasaba con maestría la mayoría de los impactos donde la película lo presenta como un masoquista al recibir puñetazos en el mentón. Fue un incansable atacante quien derribaba a sus oponentes con andanadas de golpes, también los burlaba con movimientos tácticos que los tentaban a confiarse. No hay discusión al plantear que “El Toro Salvaje” altera la historia en nombre del espectáculo y la narrativa. Eso es lo que hacen las películas. Pero que el personaje de la película sustituya al LaMotta histórico, un proceso en el cual cooperó el propio Jake, no solo hace más difícil darle su puesto como boxeador. También nos dificulta llegar al lodo histórico adherido a las raíces de ese personaje: el mundo que moldeó LaMotta, y el conocimiento de lo que fluía a través de eso. Él peleó cuando el boxeo aún era foco central no solo de la escena deportiva sino de la cultura estadounidense de la era industrial, intercalado con la rutina del trabajo manufacturero e incrustado en las texturas de la vida del vecindario mediante el gimnasio, el bar y el salón del sindicato. El declive gradual del boxeo hasta el estado de deporte pequeño ha empujado a esa época casi más allá de nuestro alcance. Como resultado, hemos perdido contacto con mucho del conocimiento acerca de los cuerpos, la fuerza y el trabajo que llevaba ser bueno con las manos en la era dorada del boxeo. Floyd Mayweather Jr., el mejor boxeador de nuestra época, se ha buscado que se reían en su cara cuando reclama que es el mejor peleador de todos los tiempos porque está invicto. Él es un virtuoso de la defensa, bendecido con mentores quienes le transmitieron preciosos remanentes de la práctica de la época dorada, pero su reclamo es vacío. Dos palabras mágicas que refutan ese clamor son: “Jake LaMotta”. LaMotta peleó una serie de seis combates con Sugar Ray Robinson, quien generalmente es reconocido aun por aquellos poco conocedores de boxeo, como el mejor de todos los tiempos. El clásico enfrentamiento entre el más grande y fuerte LaMotta y el elegante Robinson produjo peleas muy cerradas llenas de destreza, corazón y suspenso. Robinson ganó cinco de ellas, pero LaMotta le infligió su primera derrota en la otra. La hoja de Robinson muestra balance de 175-19, con 6 tablas; la de Mayweather, peleó contra oponentes bien escogidos en una era cuando las estrellas pelean mucho menos y por mucho más dinero, es 50-0. Para el propósito de una comparación, se puede dejar a un lado las otras 194 peleas de Robinson y simplemente reconocer que tener marca de 5-1 ante LaMotta fue un trabajo de lejos más impresionante que todas las victorias de Mayweather. Le mencioné eso a Mayweather una vez, tras bastidores en un espectáculo de WrestleMania, donde esperaba mientras Manny Pacquiao tuviese experiencia de boxeo suficiente para que pelear con él, tuviese sentido de acuerdo al negocio,. La respuesta de Mayweather fue como siempre, “¿Pero Robinson se mantuvo invicto?” Pelea seis veces con un LaMotta en su apogeo y veremos si sigues siendo invicto. Poco después que hablé con Mayweather, llamé a LaMotta, quien le dio crédito por ser inteligente para hacer más dinero recibiendo mucho menos golpes. LaMotta dijo: “Peleé 13 años, 106 peleas, e hice 750.000 $ en total. Pelear todo el tiempo te mantiene fuerte, te capacita para saber recibir castigo, pero hubiera peleado menos si hubiera hecho más dinero”. Dijo que hubiese hecho lucha libre fingida o cualquier cosa que le hubiese pedido, mientras el trabajo significara ser bien pagado y no golpeado. Mayweather es el púgil que ha ganado más dinero en la historia, sin nadie que se le acerque al explotar las condiciones de negocio del boxeo para maximizar el radio de recompensa. Pero él no puede compartir esa distinción y llegar remotamente cerca de ser el mejor peleador de todos los tiempos. Para acercarse a esa verdad simple, hay que regresar a través de la película hasta el mundo de las peleas de mitad de siglo, hasta lo que Robinson sabía hasta los huesos, engranado entre 200 peleas profesionales, incluyendo seis duros combates con Jake LaMotta. Carlo Rotella es el director de estudios americanos en Boston College y co-editor, junto a Michael Ezra de “The Bittersweet Science: Fifteen Writers in the Gym, in the Corner, and at Ringside.” Traducción: Alfonso L. Tusa C.

domingo, 1 de octubre de 2017

Nicole Krauss: By the Book (Por el Libro)

The New York Times. 7 de septiembre de 2017. La autora de “Great House”, “The History of Love” y más recientemente, “Forrest Dark” prefiere leer novelas clásicas en los aviones: “Doce horas de economía no es el momento para apostarle a un libro”. ¿Cuáles libros están ahora en su mesa de noche? “Sapiens: A Brief History of Humankind” de YuvalHarari; las brillantes historias de Nachman de Leonard Michaels; “I Am the Brother of XX” y “These Possible Lives”, ambas de Fleur Jaeggy; una nueva colección de poesía de Yehuda Amichai editada por Robert Alter; “HHhH” de Laurent Binet; “Moving Kings”, de Joshua Cohen; “Portraits” de John Berger; “A Time of Gifts”, de Patrick Leigh Fermor; “Pondlife”, de Al Alvarez; y un libro de pinturas de Fra Angelico. ¿Cuál ha sido el último gran libro que ha leído? “Landmarks”, de Robert MacFarlane, en el cual él describe como a medida que la infancia se traslada al interior de la casa, y palabras como helecho, avellano y sauce se caen del OED, y son reemplazadas por el reproductor de MP3, la banda ancha, y la sala de chat, y las palabras del paisaje que habitamos son reemplazadas por el lenguaje de la realidad virtual y la política global, estamos perdiendo el vocabulario preciso proveniente de siglos de contacto íntimo con la naturaleza local, y en el proceso perdemos nuestra habilidad para ver y distinguir esa naturaleza, y nos hacemos crecientemente insensatos a ella. MacFarlane pasó años coleccionando palabras de toda Bretaña, en todos sus dialectos, las cuales son reportadas en glosarios y se leen como un regalo. También leí recientemente “Enormous Changes at the Last Minute” de Grace Paley, estoy trabajando unos cuentos, y ella sabía muy bien como ser libre en ellos, y releí “The Little Virtues” de Natalia Ginzburg, el cual encontré tan grandioso como siempre. Pero más que todo “Zurau Aphorisms” de Kafka, traducido por Michael Hoffman y con una breve pero hermosa introducción de Roberto Calasso. ¿Cuál es la cosa más interesante que usted haya aprendido de un libro recientemente? Hace poco un amigo me regaló un libro llamado “Art and Experience in Classical Greece” de J.J. Pollitt, el cual describe el estado de ansiedad que perseguía a los antiguos griegos y los llevaba a su obsesión con el tipo de orden que puede neutralizar el caos y evitar lo irracional. El libro, generó cierta luz, para mí, sobre nuestra obsesión actual con el conocimiento de los hechos, y su relación con nuestra creciente ansiedad. ¿Cuál novela clásica ha leído recientemente por primera vez? Antes de volar a casa desde Tel Aviv este verano, fui a una librería de segunda mano. Doce horas de economía no es el momento para apostarle a un libro, así que salí de ahí con los clásicos que pude encontrar. Leí “The Prime of Miss Jean Brodie” de Muriel Spaks, cuyas oraciones punzantes e imágenes aún se sienten frescas y vívidas. Traté de leer otra vez “The Group” de Mary McCarthy, y fallé otra vez. En vez de eso pasé el resto del vuelo leyendo “The Book of Laughter and Forgetting, de Milan Kundera, el cual disfruté, y no solo porque tengo debilidad por la serie completa “Writers From the Other Europe” que Penguin y Philip Roth publicaron en los años ’70 y ’80. El desarrollo lento de la estructura relajada e intuitiva del libro que introduce muchos personajes y cuentos y los deja confrontarse entre ellos mientras revela lentamente sus preocupaciones, es aun extremo e inclasificable 40 años después. Al resumir el libro en esas páginas, John Updike, lo consideró más que una colección de cuentos, “pero no una novela”. ¡No estoy de acuerdo! Kundera tampoco. Él asemeja la forma del libro a “la variación de una novela”, la variación es la forma con la cual Beethoven y el padre de Kundera, un musicólogo, se obsesionaron en sus años finales. “Lo que Beethoven descubrió en sus variaciones fue otro espacio y otra dirección…Beethoven profundiza en esas 16 medidas como si hubiese bajado en una mina hasta las entrañas de la Tierra”. ¿Cuales escritores, novelistas, guionistas, críticos, periodistas, poetas, de la actualidad, admira usted más? Aun no quiero aceptar que W.G. Sebald y Roberto Bolaño, quienes trabajaron hasta ayer, hoy ya no viven. Cada uno publicó por solo una década antes de morir a sus cincuenta y tantos años, no sin antes expandir nuestra idea de lo que una novela puede ser. La mitad de lo que se ha publicado por estos días lleva sus marcas, y así es imposible para mí pensar en escritores actuales sin pensar primero en ellos. Después están Laszlo Krasznahorkai, Rachel Cusk, Jenny Erpenbeck, David Grossman, Yoel Hoffman, Karl Ove Knausgaard, para nombrar algunos. Leo mucha ficción contemporánea traducida, pero poca estadounidense y británica, lo cual pienso tiene que ver con el hecho de que la novela social me aburre, no me importa una buenas historia plana, prefiero la reflexión al diálogo, del cual puedo sentir sospecha.Pero no, eso es demasiado, ahora estoy exagerando. Tal vez tengo algo que reconocer. Y por supuesto ocurre que leo algunos libros nuevos en inglés que me impresionan: Pienso que la primera novela de Claire-Louise Bennett, “Pond”, publicada aquí el año pasado, es extraordinaria. ¿Cuál es el mejor libro que usted recibió como regalo? Cuando tenía seis o siete años de edad mi abuelo me dio un libro llamado “The Aleph-Bet Story”, el cual describía una personalidad única para cada una de las letras hebreas. Eso fue inolvidable. No sé si estaba consciente de eso entonces, pero ahora pienso que ese libro debió haberme dado la primera sensación de que el lenguaje tiene vida propia. ¿Qué tipo de libros le ocasiona mayor placer de lectura en la actualidad? Las novelas que llegan a su coherencia de manera inusual y elegante. Que estiran las formas solo para satisfacer el misterioso control interno del libro. Adoro cuando siento que el autor y yo nos sorprendemos al encontrarnos. ¿Cómo prefiere leer? ¿En papel o digital? ¿Un libro a la vez o varios simultáneamente?¿De día o de noche? Cada vez que haya tiempo, y ahora que mis hijos tienen 11 y 8 años de edad, lentamente voy recuperando más tiempo para mí. Las ventanas de mi habitación están de frente al este y no tienen cortinas, despertar con esa luz y un libro es una maravilla para mí. Leo muchos libros a la vez, todos en papel. Pienso que el libro debe ser el objeto más perfecto diseñado por el ser humano. Su belleza física y su excelencia, pero también está la manera como absorbe la presencia de sus lectores. Te, tinta, dedos grasosos, recibos, clima, pero más que eso, algo de espíritu también, así cuando años después se toma el libro del estante, un reflejo de tu antíguo yo te salta encima. No puedo superar eso fácilmente. ¿Cuáles géneros evita? No me gusta lo práctico en un libro. No quiero saber como hacer las cosas. Sé que es una desventaja, pero no quiero consejo o ayuda. Solo quiero algo de ese otro mundo que viene y describe el nuestro con significado. Quiero si es posible, un poco de infinidad, lo cual no pienso que sea mucho pedir. No tiene que ser literatura. Veamos los jardines, por ejemplo. Los jardines son fuentes excelentes de infinidad. Puedo mirar felizmente por horas las fotografías de un libro acerca de Sissinghurst o el jardín de Saiho-ji, y leer todo lo que Vita Sackville West y esos monjes japoneses tenían en mente. Pero no me den ningún libro acerca de cómo hacer un jardín. ¿Cuáles libros podrían sorprender a las personas de encontrarlos en sus estantes? ¿Además de todos mis pequeños libros de bolsillo de sabiduría Yiddish? No sé, mis libros de Young Thug y Gucci Mane. Firmados. ¿Que clase de lectora era usted de niña? ¿Cuáles libros y autores infantiles eran sus favoritos? Mi madre es inglesa, ella era la que nos leía, mi primera palabra fue A. A. Milne, Beatrix Potter, Kenneth Grahame, Lewis Carroll y Roald Dahl. Ninguno de ellos pensaba que era necesario proteger a los niños de la oscuridad. Por el contrario, ellos guiaban a sus lectores directo hasta ella. Eso le da a uno un enorme sentido de ser respetado como niño. No solo de que crean que puedes manejar las cosas como son, sino de ser aceptado como no completamente bueno. Ser reconocido como alguien que lleva la oscuridad por dentro. Pienso que no he confiado en ningun autor quien no haya tenido esa convicción. Si usted organizara una cena literaria. ¿Cuáles tres escritores, vivos o muertos, invitaría? Al autor de Genesis y al autor del Book of Samuel, solo para finalmente saber quienes eran esos dos, y preguntarles que quisieron decir con eso, y pedirles una copia de las versiones inéditas. Y a Kafka. Pero tendría que ser un refrigerio. Con lo cual siento que ellos estarían de acuerdo. No se puede escribir de esa manera y ser un comelón. ¿Qué piensa leer a continuación? Lo que sea que publique New Directions o Archipelago. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Jake LaMotta, un ‘Toro Salvaje’ dentro y fuera del cuadrilátero, fallece a los 95 años de edad.

Richard Goldstein. The New York Times. 20 de septiembre de 2017. Jake LaMotta, conocido en el boxeo como “El Toro Salvaje”, quien se fajó a su manera rumbo al campeonato de los pesos medios de boxeo, y cuya vida se convirtió en el tema de una película aclamada, falleció este martes 19 de septiembre en Aventura, Fla., cerca de Miami. Su prometida por mucho tiempo, Denise Baker, dijo que él murió en Palm Garden of Aventura, un hogar de cuidados y centro de rehabilitación, donde había sido atendido. Un “vago bueno para nada” con terrible temperamento, como después se describió a si mismo, LaMotta aprendió a boxear en un reformatorio del norte de Nueva York, donde había sido enviado por intento de robo. Luego de mantenerse invicto como amateur, saltó al profesional en 1941 y descargó su intensidad sobre docenas de oponentes. Despues se convirtió en símbolo de la cultura pop cuando el director Martin Scorsese contó su historia en su película de 1980 “Raging Bull” (“El Toro Salvaje”), basada en la memoria de LaMotta (1970) del mismo nombre, escrita con Joseph Carter y Peter Savage. Robert DeNiro ganó un premio de la academia por su interpretación de LaMotta, y la película fue nominada en seis categorías, incluyendo la de mejor fotografía. LaMotta era capaz de absorber una andanada de golpes y luego descargar un ataque más brutal sobre el oponente. Como escribió en su memoria, él se “salía de la esquina, lanzando golpes, sin rendirse, resistía todo el castigo que el otro tipo podía infligir y seguía allí, apretando con todo”. Ray Arcel, uno de los entrenadores de boxeo de más renombre, dijo de LaMotta, “Cuando estaba en el cuadrilátero, era como si estuviese en una celda peleando por su vida”. Muy recordado por sus seis peleas con Sugar Ray Robinson, LaMotta ganó 83 combates (30 por nocaut) y perdió 19 (incluyendo una “arreglada” la cual confesó ante un panel del congreso, le prometieron que si perdía esa pelea tendría una oportunidad por el título). También tuvo cuatro tablas (empates). Logró el campeonato de los pesos medios en junio de 1949, al detener al campeón, Marcel Cerdan, en Briggs Stadium de Detroit, y solo fue noqueado una vez en sus 106 peleas. Mr. Scorsese hizo su película mucho después que LaMotta había dilapidado su dinero, dijo que había ganado 1 millón de dólares en el cuadrilátero, y había pasado por una serie de matrimonios tormentosos, fue enviado a prisión una vez más y cayó en la obesidad. “Yo imagino que Jake piensa que esa es una película acerca de él”, le dijo Mr. Scorsese a The New York Times poco después del estreno de “Raging Bull”. “Pero quienes piensan que esa es una película de boxeo, están fuera de sus cabales. Es brutal, seguro, pero es una brutalidad que podría ocurrir no solo en el cuadrilátero de boxeo, sino en una habitación o en una oficina. Jake es un hombre elemental”. LaMotta boxeó más de mil rounds con Mr. DeNiro, tutoreándolo para el papel que le valió el Oscar como mejor actor. Cathy Moriarty, en su debut profesional, interpretó a la segunda esposa de LaMotta, Vikki, una hermosa rubia quien resistió un matrimonio caótico, y fue nominada al Oscar como actriz de reparto. LaMotta tuvo sentimientos encontrados acerca de la película. “Tuve una especie de rechazo al principio”, le dijo a The Times. “Entonces noté que esa era la realidad. Así fueron las cosas. Yo era un bastardo no muy bueno. Así no es como soy ahora, pero es como era entonces”. Giacobbe LaMotta nació en el Lower East Side of Manhattan el 10 de Julio de 1922, uno de cinco hijos. Recordaba que su padre, un inmigrante siciliano quien vendía frutas y vegetales, golpeaba con frecuencia a su esposa, hija de inmigrantes italianos, y a sus hijos. La familia se mudó a Filadelfia y luego al Bronx, donde vivían en un lugar infectado de ratas. LaMotta atacaba con un punzón de hielo a los compañeros de clase quienes se burlaban de él, y dejó inconsciente a un corredor de apuestas del vecindario al golpearlo con un tubo de plomo mientras lo atracaba. Destacó como el principal peso medio a principios de la década de 1940, al haber sido rechazado del servicio militar para la segunda guerra mundial debido a una operación del hueso temporal en la infancia que le afectó el oído. En febrero de 1943, le propinó a Robinson la primera derrota de su carrera en la pelea 41 de Robinson, al ganarle una decisión de 10 asaltos luego de ponerlo contra las cuerdas. Robinson ganó las otras cinco peleas, pero LaMotta también derrotó a prominentes púgiles como Fritzie Zivic, Tony Janiro y Bob Satterfield. Al Silvani, un entrenador de LaMotta, sentía que este era más peligroso cuando parecía vencido. Como Silvani recordó en “Corner Men” de Ronald K. Friend (1993), LaMotta “se recostaba contra las cuerda simulando estar mal y en simultaneo, esto no es exageración, te lanzaba siete, ocho, nueve, diez ganchos de izquierda”. LaMotta había sido considerado favorito para derrotar a Billy Fox en una pelea del peso semicompleto en noviembre de 1947, pero las apuestas estaban 3-1 a favor de Fox poco antes de la pelea, debido evidentemente a la inyección de dinero por parte del crimen organizado desde Filadelfia. LaMotta fue zarandeado por Fox, y la pelea fue detenida en el cuarto asalto. La comisión atlética del estado de Nueva York sospechaba que LaMotta había perdido la pelea deliberadamente, pero él alegó que estaba afectado por una ruptura de bazo que sufrió en los entrenamientos. Fue sancionado con una multa de 1000 $ y una suspensión de siete meses por ocultar una lesión. Pero en 1960, cuando el subcomité anticorporativo y monopolio del senado realizó audiencias sobre la influencia del crimen organizado en el boxeo, LaMotta admitió que había acordado perder la pelea con Fox a cambio de obtener una largamente buscada oportunidad por la corona del peso medio. Dijo que uno de los hombres quien arregló la pelea fue Blinky Palermo, el manejador de Fox y reputado pez gordo de Filadelfia. LaMotta recibió su oportunidad 17 meses después de la pelea con Fox, y derrotó a Cerdan por nocaut técnico en el décimo asalto para convertirse en campeón del peso medio. Cerdan, ciudadano francés, iba en camino a Estados Unidos para la pelea de revancha cuando falleció en un accidente aéreo. LaMotta defendió satisfactoriamente su título dos veces, luego lo perdió con Robinson cuando la pelea, efectuada en Chicago Stadium el 14 de febrero de 1951, fue detenida en el décimotercer asalto. LaMotta estaba ensangrentado pero nunca cayó a la lona. La pelea fue conocida como la segunda masacre del día de San Valentín, en alusión a la matanza legendaria de Chicago en 1929. La carrera de LaMotta se vino abajo después que perdió el título, el 31 de diciembre de 1952, luego de seis meses de inactividad, fue noqueado por única vez en su carrera, al perder ante Danny Nardico en una pelea del peso semicompleto. Se retiró, luego regresó en 1954 por unas pocas peleas antes de renunciar por su bien. Fue inducido al Salón de la Fama del boxeo internacional en 1990. La furia perpetua de LaMotta lo llevó a golpear a su primera esposa, Ida. Se volvió a casar en 1946, su nueva esposa, Vikki, era una adolescente, pero ese matrimonio, también cayó en dificultades en medio de las debilidades de LaMotta por la bebida y las mujeres. Ella solicitó el divorcio en 1956. Él se casó seis veces. En 1957, mientras administraba un local nocturno y bar, LaMotta fue acusado de animar a una menor a convertirse en prostituta. Pasó seis meses en la cárcel y trabajó en la construcción de una carretera. Animado a probar en el negocio del espectáculo por Rocky Graziano, también un antiguo campeón del peso medio, quien se había convertido en actor y había sido su amigo desde que compartieron en el reformatorio, LaMotta luego trabajó como cómico y actor. Apareció como barman en la película de Paul Newman “The Hustler” (1961) e interpretó al pandillero Big Julie en una producción de 1965 del musical “Guys and Dolls” en el City Center de Manhattan. LaMotta apareció junto a Ms. Baker en una producción de Broadway, “The Lady and the Champ”, la cual se exhibió por dos semanas en 2012. En 2015 se estrenó una segunda película acerca de su vida, “LaMotta: The Bronx Bull”, con William Forsythe interpretando a LaMotta. No hubo ninguna relación con la película “Raging Bull”. Además de Ms. Baker, los supervivientes de LaMotta incluyen a sus hijas, Jacklyn O’Neill, Christie LaMotta, Elisa LaMotta y Mia Day; las hijas de Ms. Baker, Meggen Connolley y Natalia Baker; los hermanos de Jake, Joe y Al, y sus hermanas, Maria Hawfield y Anne Ramaglia. Sus hijos, Jack y Joseph, fallecieron en un período de siete meses en 1998, Jack de cáncer y Joseph en un accidente de aviación. La fortaleza de LaMotta apareció en toda su intensidad en sus peleas con Sugar Ray Robinson, a quien muchos consideran el mejor boxeador libra por libra de la historia. Robinson aparentemente había extenuado a LaMotta, conocido entonces como el toro del Bronx, en su segunda pelea, y se dio cuenta que no era así. “Lo tenía contra las cuerdas”, recordó Robinson en su autobiografía, “Sugar Ray” (1969), escrita con Dave Anderson, un columnista deportivo para The Times. “Tenía la cabeza gacha y lo tenía medido. Su cabeza se levantó y lanzó un gancho izquierdo que casi me atravesó el estómago. Eso dolió mucho, me hizo llorar, como un niño pequeño. Gané por decisión, pero aprendí que Jake LaMotta era un animal”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.