lunes, 27 de marzo de 2017

¿Puede la Escritura ser Verdadera y Hermosa?

El autor Ethan Canin estudia las profundidades de una oración del cuento de Saul Bellow, “A Silver Dish”. Joe Fassler. By Heart.theatlantic.com. 01-03-2016. By Heart es una serie en la cual los autores comparten y discuten sus pasajes favorites de la literatura de todos los tiempos. Para Ethan Canin, el autor de A Doubter`s Almanac, el cuento de Saul Bellow “A Silver Dish” es una obra maestra, El protagonista es un hombre de negocios llamado Woody Selbst quien está inseguro de cómo sufrir por su padre estafador. Papá no solo abandonó la familia cuando Woody era un adolescente. Él engañó a su hijo para convertirlo en su cómplice para escapar, un truco cruel que frustró permanentemente las ambiciones de Woody en el proceso. En nuestra conversación para esta serie, Canin explicó que su parte favorita llega al final. Cuando papá intenta un último truco desde su lecho de muerte, la resignación de Woody es expresada en una simple oración final: “Así es como él era”. Discutimos como Bellow transfiere a cinco palabras ordinarias un poder sobrenatural; por qué los finales deben hacernos sentir, no pensar; y que enseña “A Silver Dish” de diálogo, estructura y personajes. A Doubter’s Almanac es una saga familiar acerca del poder destructivo del genio, y como “A Silver Dish” está relacionada a un complejo legado padre-hijo. Es la historia de un matemático innovador del norte de Michigan, cuya brillantez solo es igualada por su capacidad para la traición y la violencia. Un elenco de personajes muy sufridos apoya al celebrado trabajo, incluyendo el hijo quien teme haber heredado los dones de su padre y la inclinación por la autodestrucción. En 1998, Ethan Canin dejó la medicina para enseñar ficción en el Iowa Writers’ Workshop (donde él fue mi profesor). El es el exitoso autor de las colecciones de cuentos Emperor of the Air y The Palace Thief, y las novelas America America y For Kings and Planets, su ficción ha sido publicada en The New Yorker, The Atlantic, y The Best American Short Stories. Hablamos en una cafetería delc entro de Manhattan. ________________________________________ Ethan Canin: Cuando fui a mi entrevista en la escuela de medicina, tenía un libro viejo de Henderson the Rain King en el bolsillo de mi saco. Estaba usando las mejores ropas que tenía, un par de pantalones y un saco deportivo, pero cuando llegué a la oficina, todos los otros entrevistados estaban alineados con sus trajes negros. Mientras hacían cola, hablaban de si preferían la quimioterapia intravenosa versus la oral, pensé, “Dios mío, estoy a punto de ingresar a la línea de trabajo equivocada”. Pero cuando entré a la entrevista, el tipo notó que yo tenía un libro en el bolsillo de la chaqueta. Me preguntó que estaba leyendo, y cuando saqué el libro, el dijo: “Oh, ese es mi libro favorito”. Todo lo que hicimos fue hablar de Henderson the Rain King. Pienso que por eso entré a la escuela de medicina. Pienso que Bellow es el escritor estadounidense más grande de su siglo. Cuando lo leo estoy en awe. Uno de mis trabajos favoritos es el gran cuento “A Silver Dish”, una historia que no muchas personas parecen conocer. Termina, para mí, con una de las líneas más memorables de la ficción: Así es como él era. Hay cinco palabras en esa oración, cada una esencialmente sin significado. Así es como él era (That’s how he was). Dos de ellas son iguales: “was” y “was”. Dificilmente alguna suena firme, en esas palabras, no hay inclinación, ni quiebre, ni ángulo para el ritmo, solo tap, tap, tap, tap, tap. De todas esas palabras, solo “he” y quizás “was” tienen algo de significado. “How” es técnicamente un adverbio por la forma como es usado aquí pero para mi suena más como sustantivo, en el sentido de que siento un pequeño chispazo visual cuando lo leo, enteramente por lo que ha pasado antes en la historia. La oración completa usa solo siete letras diferentes, y contiene solo 15 en total: tres aes, tres haches, tres doblevés, dos eses, dos tes, una o, y una e. Esa es una línea sorprendentemente comprimida de Bellow, quien fue un poeta de primer orden. Pienso que él estaba restringiendo intencionalmente su paleta. Compárese con algunas de sus otras grandes oraciones, como la famosa primera línea de The Adventures of Augie March: Soy estadounidense, nacido en Chicago, Chicago, esa ciudad sombría, y voy a las cosas como me las he enseñado, a estilo libre, y haré el registro a mi manera: la primera en tocar, es la primera admitida; a veces es un toque inocente, a veces no tan inocente. Se puede abrir el libro en la página 400 y encontrar la mejor oración que se haya visto. Es una erupción volcánica de ideas y lenguaje. O tomar esa sección de “A Silver Dish”, donde Woody da una vuelta en un tranvía que lo lleva al momento culminante de la historia: Lo que él vio y oyó fue un tranvía de Chicago viejo y rojo, uno de esos vehículos del color de un corral de manejo. Los carros de ese tipo salieron antes de Pearl Harbor, torpes, aparatosos, con asientos rústicos de rattan y agarraderas de bronces para los pasajeros que iban de pie. Esos carros solían hacer cuatro paradas por milla y se desplazaban con movimiento corcoveante. Olían a fenol u ozono y resoplaban cuando cargaban los compresores de aire. El conductor tenía una cuerda que halaba para dar la señal, y el motorista golpeaba la campana de pie con el talón. Ese pasaje está lleno de palabras anglosajonas viscerales, y cada una de esas palabras significa algo instantáneamente. Pienso que eso es lo que trata de hacer la poesía: Dejar a un lado la neurología e ir directo al significado. Pero la última línea de “A Silver Dish”, no es para nada como eso. No puedo decir lo que significa cada una de esas palabras. Imagina que eres un lexicógrafo y tienes que definir la palabra that, o how. Y encima de eso, ahí no hay nada del juego típico de Bellow con el ritmo y el lenguaje, eso es casi cualquier cosa menos una oración. Y aún así, cuando llego a ese punto de la historia, lloro. He leído esa historia tres veces en las últimas semanas, y cada vez que llegué a esa oración, se me salieron las lágrimas. ¿Como hace Bellow para empacar tanta emoción en esas cinco palabras ordinarias? Pienso que es el propio vacío de estas lo que les permite canalizar tanta emoción. Porque ellas no traen nada específico a la mente, ellas nos permiten sentir sin pensar. Al final de un cuento o novela no se quiere que el lector piense. Los finales son acerca de emociones, la lógica es enemiga de la emoción. El trabajo del escritor es desarmar al lector de esa lógica. Solo hacer que el lector sienta. Esto a menudo se ve en los momentos finales de una película. La cámara se inclina, y la película termina con una imagen del cielo, o el mar, o la costa. Algo en lo que no se pueda enfocar la vista, lo cual permite enfocarse en cualquier otra cosa que aparezca antes. Así es como “that was how he was” funciona también. Eso no trae nada a la mente. Esa oración no tendría sentido si estuviera al comienzo de la historia, pero ubicada al final, esta llena con la carga de todo lo que la precede. Cada una de esas palabras vacías es nitroglicerina, y la historia que las antecede es el detonante. Para mí, esa línea también muestra que el contenido supera al estilo. Tengo una teoría acerca de escribir, la cual es que no se puede escribir algo verdadero acerca de un personaje que a la vez sea lingüísticamente hermoso. Hay muy pocas palabras para expresar la verdad y la belleza, para ser más enfáticos, los escritores inclinados hacia los personajes, tienden naturalmente a reservar sus construcciones hermosas para cuando el contenido es menos urgente. Se verá a Bellow ponerse poético cuando escribe acerca del escenario, como cuando Woody y su papá hacen aquel paseo en tranvía. Pero cuando trata de escribir algo que lleva a la profunda experiencia emocional del narrador, la prosa es muy simple: Así es como era él (That was how he was). Cinco palabras planas. En la parte crucial de la historia es importante escribir de lo que es verdad, antes que tratar de escribir lo que es verdad y luego diluirlo embelleciendo la prosa, Es un continuo, por supuesto, pero no pienso que se pueda estar en ambos extremos del continuo a la vez. Para mi, debo decir también, este cuento contesta cada pregunta que cualquier joven escritor pueda hacer acerca de escribir ficción. Que el diálogo es conflicto, de hecho. Bellow no escribe una palabra de diálogo a menos que las personas estén peleando. Como siempre le digo a mis estudiantes acerca del diálogo en ficción: Si no puedes decir nada cortante, no digas nada. O que cualquier historia de muerte debe ser una historia de vida. O como enfocar una de las cosas más difíciles para los escritores literarios: la secuencia. De una manera la secuencia es muy simple: Haces que alguien haga algo equivocado. No planeas una secuencia. Tienes a alguien que hace algo equivocado, y eso ocasiona otra mala conducta. La conducta, especialmente la mala conducta, es lo que hacer emerger al personaje. Al principio, “A Silver Dish”, es muy estático: Woody, afectado por el sonido de las campanas eclesiásticas de todo Chicago, guarda luto por su padre, le embarga toda una vida de viejos recuerdos e impresiones. Pero la historia toma un foco repentino cuando él recuerda una de las transgresiones de su padre, una traición que ha espantado al jovencito toda su vida. Se trata de esa transgresión individual, de esa memorable instancia de mala conducta, que hace arrancar al cuento. Pienso en ese momento como la materialización del cuento. El momento cuando las líneas negras de la página de pronto se convierten en cuento. He oído al creador de Deadwood, David Milch decir (aunque podría estar alterándolo ligeramente) que es más fácil secuenciar el camino hacia una idea que idear el camino hacia una secuencia. Pienso que muchos escritores empiezan cometiendo el error de tratar de escribir una novela acerca de algo. Las novelas son discutidas como si fuesen intencionalmente acerca de algo, pero no lo son. Son historias. Los críticos literarios nos enseñan a pensar en ellas de esa manera, y también los profesores de inglés, quienes, en su defensa, generalmente tratan de enseñarte a escribir un párrafo, no una novela. Para ser escritor, pienso, se tiene que abandonar la idea de que la ficción trata “acerca” de algo. Ese concepto es lo suficientemente malo para la vida de un lector. Pero es fatal para la vida de un escritor. He visto a muchos estudiantes venir y decir, quiero escribir una novella acerca de bla, bla, bla. Pero no pueden escribirla. Solo se puede escribir una novela acerca de un personaje quien hace algo malo, y ver que ocurre a partir de ahí. Las novelas son compendios de mala conducta, y la literatura es el chisme acerca de eso. En otras palabras, si estás escribiendo una pieza de ficción, te pediría que no trates de mostrar nada, en lugar de eso, trata de descubrir algo. No hay manera de escribir algo poderoso a menos que tu subconsciente se haga cargo. El problema más grande para los jóvenes escritores de literatura, además de la secuencia, es como caracterizar, como hacer que un personaje parezca un ser humano verdadero. Una de las maneras más sutiles, la cual Bellow ejecuta maravillosamente, es hacer que un personaje describa a otras personas. El truco está en que cuando los personajes describen a otras personas, son ellos quienes están siendo revelados. En esta sección de “A Silver Dish”, la descripción de Woody sobre su padre, da una idea de su propia dicción, articulación, y filosofía.: Pop, mientras se quitaba la piel de oveja, usaba abrigo, no chaqueta. Su mirada punzante lo hacía parecer doblegado. Lo más duro de todo por parte de estos Selbst de narices aplastadas y grandes, y caras aparentemente limpias, era parecer honestos. Todas las señas de la deshonestidad los acechaban. Woody indagaba a menudo sobre eso. ¿Tenía eso que ver con los músculos? ¿era fundamentalmente un problema mandibular? ¿el ángulo de proyección de las mandíbulas? ¿O era el ángulo marcado por el corazón? Eso es una descripción física, una autocontemplación y una contemplación de otros, todo a la vez. Mientras Woody medita sobre la inherente apariencia doblegada de su padre, también nos hacemos una idea de Woody: que él de alguna manera es un hombre noble y bien enfocado pero también tiene la sensación de su desmérito, de su crueldad, la sensación de que es tan torcido como su padre. Los escritores tienden a pensar que su prosa es lo más grande. Pienso que eso se tiene que estrangular. Tienes que desaparecer lo que más te gusta. No se trata de matar tus buenas escenas, se trata de matar tu instinto por intentar impresionar con expresionismo y fraseo elegante, para convertirte en vez de eso en un recipiente de telepatía . Mientras menos presente estés, más puedes ser el personaje del cual tratas de escribir. Algunos de los escritores que más admiro, como Philip Roth o Alice Munro, son grandes estilistas de la prosa en el sentido de que sus oraciones son maravillosas, pero cuando los leo no pienso en la prosa. Pienso en la verdad. Me pierdo en su habilidad para trasladarme dentro de otro ser humano. Eso para mí, es lo más grande. Tienes que dejarte llevar por los personajes. Tienes que liberarte de tus grandiosas intenciones, ambiciones, ideas de la humanidad, literatura y filosofía para enfocarte en el aspecto de ser otra persona, lo cual por cierto, es liberador, delicioso, una de las verdaderas de escribir. Deja de preocuparte por escribir una gran novela, solo sé otro ser humano. Yo debería agregar, en un grado destacable, que eso es algo físico. Trato de hacerlo al tomar una pausa antes de empezar a escribir, me tomo unos segundos para abstraerme. También he encontrado que fracciones restringidas de actividad física ayudan. Tengo un escritorio para trabajar parado, el cual tengo que decir, me elaboré mucho antes que se pusiera de moda. Eso funciona para mí. También coloco uno de esas mini caminadoras eíipticas junto a la base del escritorio, de esas que no tienen soportes para las manos, por lo cual debo concentrarme un poco para no caer. Empiezo a caminar. Y mientras trato de mantener el equilibrio, de no irme hacia un lado, empiezo a escribir, de alguna manera esa pequeña actividad física me hace arrancar. De la misma forma a menudo tengo buenas ideas cuando manejo un carro sincrónico: El cambio de velocidades requiere algo de concentración que desata tus inhibiciones. Eso le permite burbujear a tu subconsciente. Leo por la sensación de ser otro personaje. Así es como sé si un libro es bueno, cuando ya no puedo decir que estoy leyendo un libro, cuando no soy un lector sino otro ser humano. Leo por la sensación de transportarme, y escribo por esa sensación también. Tuve una experiencia extraña una vez. Yo estaba en escena, pienso que en la Kansas City Public Library. Era una especie de conversación en escena. Y la primera pregunta que me hizo el entrevistador fue: ¿Cuál es el propósito de la literatura? Imagínate que te hagan esa pregunta de manera imprevista. Y de mi boca salió: “Es un ensayo para la muerte”. Nunca antes había pensado en eso. Lo dije, pero de alguna manera pienso que eso es verdad. La ficción trata de avanzar a través de las vidas de otras personas, de correr a través de las cosas grandes y terribles que ocurren a lo largo del camino, y especialmente de lo que yace al final, de experimentarlo una y otra vez. Contenga muerte o no, una novela siempre trata acerca de los puntos resaltantes de una vida. La literatura nos permite experimentar miles de vidas, entender como podríamos querer vivir la nuestra. Pero de vuelta a “A Silver Dish”. Hay algo de misterio en esa historia: Bellow cambia dos veces desde la tercera persona a la primera. “Él quería que yo fuera como él, un estadounidense”, dice el narrador, en determinado momento. ¿Es eso una especie de meta-ficción, como si Bellow anticipara la tendencia actual de narradores que tienen el mismo nombre del autor? No sé que hacer con esos dos pequeños cambios de punto de vista, a menos que sean dos pequeñas admisiones tácitas de que esa historia es de hecho acerca de él. Una especie de admisión de que este soy yo, Samuel Bellow, y no Woody. Cualquier cosa que sea, “A Silver Dish” nos da un profundo acceso a la vida de otro. Para mí, de eso trata una gran ficción: la ventana que muestra los días de alguien más sobre La Tierra. That was how he was. Es pura literatura, ¿cierto? O muy cercano a ella. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 17 de marzo de 2017

El Monstruo del Hospital

Muchas noches me levantaba sobresaltado, otras llorando, otras despertaba con la cabeza incrustada en el tallo de una mata de cambur en el patio, mis pies se movían tan rápido como los del velocista más explosivo de cien metros planos, intentaba huir de un pozo profundo donde me ahogaba en una sustancia viscosa, ni las palabras más tiernas de mamá podían arrancarme aquel miedo demoledor. Pasaba varias horas sin pegar los ojos por temor a las imágenes del pozo. Llegué a creer que aquel miedo me perseguiría todos los días de mi vida, hasta que varios meses después apareció una punzada que atravesaba toda mi mandíbula hasta estallar en una de mis últimas muelas. Aquella noche sentí miles de espinas en la encía junto al ardor de mil picadas de avispas negras. La tarde siguiente, mamá me tomó de la mano y avanzamos rápido por una avenida Bermúdez sin buhoneros. El IPAS-ME estaba a mitad de la avenida, en un edificio de una planta con piso de mosaicos cortados en mitades diagonales verdes y rojas. Presentía momentos difíciles. Entramos en un consultorio y mamá me anotó en una lista. Cuando pasó un tipo corpulento con un paltó azul marino, camisa blanca y corbata azul claro, de cabellos muy cortos e incipientes canas; mamá me dijo que ese era el odontólogo. Me dijo que me comportara, que él iba a sacar la muela. De inmediato imaginé las escenas más violentas del laboratorio del Dr. Frankenstein. Forcejeé más de media hora para sentarme en el sillón odontológico. Entonces el hombre de perfume de sándalo y rostro redondo, inspiró profundo y empezó a cantar una canción que nunca se me olvidaría “Oh Cumaná quien te viera y por tus calles paseara y hasta San Francisco fuera…a misa de madrugada…” El hombre terminó de abotonar su bata de odontólogo y solo se me acercó cuando me vio sonreir. Las imágenes del pozo resultaron un cuento de hadas ante la magnitud de la jeringa que manejaba el tipo. El odontólogo logró tranquilizarme al contar que la canción decía “Cumaná quién te viera” porque el compositor de la letra era ciego, en ese momento me pareció que era una broma del odontólogo y mientras me reía, aprovechó para inyectar la anestesia. El pinchazo dolió más que los zapataleos en el pozo y todavía dolió más el contacto de aquella pinza que parecía arrancarme más el alma que la muela. Pasé varios minutos llorando y el doctor me dijo que no podía creerme que hubiese sentido toda la operación de la extracción molar. Mamá estaba muy molesta, decía que yo era muy escandaloso. Solo después que salimos del consultorio me dijo que el doctor era su primo José. No me gustó mucho la idea de regresar al Ipas cada año para la revisión preventiva anual. El odontólogo siempre encontraba algunas caries y me reclamaba que si no me cepillaba bien iba a perder toda la dentadura. Cuando la clínica del Ipas la mudaron para la avenida Santa Rosa, me iba caminando todas las mañanas de principios de septiembre. Seguía temiéndole al ruido infernal que hacía el taladro del odontólogo. José llegó a convencerme de eliminar las caries con aquel instrumento sin inocular anestesia. Me encomendé a nuestro señor JesusCristo y cuando me disponía a resistir el dolor, apenas sentí un zumbido en la boca y en pocos minutos José estaba empacando la amalgama de platino en la oclusión. Nunca en la vida vi otro odontólogo que trabajara sin anestesia sin causarme dolor. Tal vez porque antes de hacer su trabajo hablábamos de beisbol y de música, la conversación era tan interesante que me quedaba inmerso en ella hasta que salía del consultorio. Ayer me llamó mamá, a media tarde me dijo que andaba haciendo unas diligencias, en la noche me contó que José había fallecido en la mañana y no había querido decírmelo en la tarde porque aún no terminaba de asimilarlo. Alfonso L. Tusa C. 17-03-2017

martes, 14 de marzo de 2017

Philip Pullman Lanzará el Primer Volumen de la Nueva Trilogía ‘Book of Dust’ (‘Libro de Polvo’)

Christopher D. Shea. The New York Times. 15-02-2017. The author Philip Pullman in Oxford, England, last month. Credit Michael Leckie/Penguin Random House, via Associated Press El novelista Philip Pullman, conocido por su serie de fantasía popular “His Dark Materials”, lanzará el primer libro de una nueva trilogía en octubre, le dijo a la BBC este miércoles. El primer volumen de la serie nueva, llamada “The Book of Dust”, será lanzado en Estados Unidos y Gran Bretaña el 19 de octubre. El nombre del primer volumen no ha sido anunciado. “En medio de “The Book of Dust” está la pugna entre una organización despótica y totalitaria, la cual quiere implantar la especulación y la persecución, y aquellos quienes creen que el pensamiento y la palabra deben ser libres”, dijo Mr. Pullman en una declaración previa. El libro nuevo se enfocará en Lyra Belacqua, la heroína de “His Dark Materials”, quien trata de descubrir los secretos de “polvo”, una fuerza cósmica cuyos poderes son un sujeto de misterio recurrente en la primera serie. La trilogía “His Dark Materials”, publicada entre 1995 y 2000, consiste de “The Golden Compass” (publicada como “Northern Lights” en Gran Bretaña), “The Subtle Knife” y “The Amber Spyglass”. La serie se centra en la llegada de Lyra y Will Parry, héroes con destinos entrecruzados quienes participan en batallas épicas de universos fantasiosos, a menudo enfrentándose a los miembros de una organización siniestra llamada la Iglesia. Los libros han sido traducidos a docenas de lenguajes y se han vendido unas 18 millones de copias alrededor del mundo. “The Golden Compass” fue adaptada para una película de 2007 protagonizada por Nicole Kidman, luego de un difícil proceso de desarrollo. En una entrevista para BBC Radio 4 que se transmitió el miércoles, Mr. Pullman se refirió a los libros nuevos como paralelos a la primera trilogía, distinguiéndolos de algo previo o una secuela, y notando que el libro “no ocurre antes o después de ‘His Dark Materials’, sino al lado de este. También dijo que los libros nuevos empiezan 10 años antes del comienzo de “His Dark Materials”, y terminan 10 años después del final de este. “La historia acerca de Lyra que leemos en ‘His Dark Materials’ Está terminada; esa historia llegó a su conclusión”, le dijo Mr. Pullman a la BBC. “Pero hay otras historias que pueden ser contadas acerca de las personas del libro y el mundo del libro, y una de ellas ha estado ocupando mi imaginación por algun tiempo”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 10 de marzo de 2017

Dave Valentin, flautista de jazz latino ganador del premio Grammy, fallece a los 64 años.

Sam Roberts. The New York Times. 08-03-2017. Dave Valentin, un flautista de jazz latino ganador del premio Grammy quien grabara docenas de álbumes y actuara en seis continentes, falleció este miércoles en el Bronx. La causa fue complicaciones de infarto y enfermedad de Parkinson, dijo su manejador, Richie Bonilla. Nativo del Bronx, de padres puertorriqueños, Mr. Valentin tocaba conga y timbales profesionalmente cuando tenía 10 años de edad. De adolescente, se sintió atraído por una muchacha quien tocaba la flauta, para cortejarla mejor, se cambió de instrumento y se enseñó a tocar el instrumento. Se convirtió en uno de los flautistas de jazz latino más eminentes. Él ganó un Grammy para mejor álbum de jazz latino en 2003 por “The Gathering”, por el Caribbean Jazz Project, un álbum que también contaba con el vibrafonista Dave Samuels. Jon Pareles de The New York Times escribió en una revisión de 1984 que Mr. Valentin “toca con un tono apasionado y una técnica ágil, y sus solos apuntan dentro y alrededor de sus ritmos latino y funk”. El percusionista y director de orquesta Bobby Sanabria dijo en una entrevista que Mr. Valentin era “un verdadero hijo del South Bronx donde quiera que iba”, y que él “representaba la excelencia como músico a través de la flauta en el mundo del jazz”. David Joseph Valentin nació en South Bronx el 29 de abril de 1952, de padres quienes llegaron a Nueva York desde un pueblo de pescadores cercano a Mayaguez, P.R. Su madre, cuyo nombre de soltera era Sylvia Ramírez. Su padre, Jorge, era agente fiscal en la marina mercante, llevaba a casa bongós y congas de Brasil, con los cuales Dave empezó a practicar cuando tenía 5 años de edad. Tomó lecciones de piano cuando tenía 9 años y tocaba como percusionista por 10 $ la presentación cuando tenía 10 años. “Para ese momento yo era como una novedad tocando con adultos”, dijo él en una entrevista con el Hamilton College Jazz Archive en 2000. “Yo era el niño de los timbales”. Su escuela secundaria tenía una banda escolar y una banda de jazz, una orquesta, un coro y siete profesores de música, uno de los cuales, Stuart Soffer, lo recomendó a la High School of Music and Art (ahora la Fiorello H. LaGuardia High School of Music and Art and Performing Arts de Manhattan). Luego de graduarse, estudió con el aclamado flautista de jazz Hubert Laws, quien se convirtió en su mentor. También estudió en la Bronx Community College antes de hacerse profesor de música. “Enseñé música en séptimo, octavo y noveno grados por tres años en el South Bronx”, le dijo Mr. Valentin a The Times en 2014. “Yo tenía una banda de jazz y les enseñaba como tocar, así que cuando se graduaron ya estaban listos”. Su primer álbum como líder, “Legends” fue lanzado en 1979 con el sello GRP, con el cual él tuvo una larga y fructífera relación como líder y miembro secundario. Además de lanzar numerosos álbumes propios, él grabó con los cantantes Patti Austin, Chris Connor y Nnenna Freelon, el guitarrista Lee Ritenour, el pianista McCoy Tyner de Afro-Cuban All Stars y muchos otros. También hizo giras con el percusionista Tito Puente y fue director musical de su Golden Latin Jazz All-Stars. Despues de sufrir un infarto en 2012, convaleció en un bungalow alquilado en la sección Harding Park del Bronx, sobrevivió sin ahorros o seguro de salud y dependió mucho de las donaciones, muchas de ellas manejadas por la Jazz Foundation of America. Eventualmente se mudó a un hogar de cuidados. Le sobrevive un hermano, George. Mr. Valentin se deleitaba al recordar como se hizo flautista. “Empecé como percusionista en la escuela. Pero quería conocer a esa muchacha, Irene, quien era flautista”, recordó él en 2011. “Ella me enseñó una escala, y la toque de inmediato. Do.re-mi-fa-so-la-ti-do. ¡Sin saber nada! Así que consegui una flauta prestada, compré un disco de Herbie Mann y me aprendí ‘Comin’ Home baby’. “Tres semanas después, fui con ella y le toqué”, continuó él. “¡Yo sabía que la tenía! Ella dijo, He tomado lecciones por tres años y ¿tú vienes aquí en tres semanas y tocas eso? ¡No me hables más!’ “Perdí la chica, pero me quedé con la flauta”. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

jueves, 9 de marzo de 2017

Una Temporada de Cambios y Retos para un Equipo Navajo.

Michael Powell. The New York Times. 26-02-2017. Holbrook, Ariz.- Los adolescentes bajaron del autobus como un grupo de personas mayores, con las rodillas y espaldas rígidas, los ojos hundidos y extraviados. La noche previa esta tropa de baloncesto Navajo de Chinle High School había efectuado un exigente juego contra los Mustangs de Monument Valley, en el extremo norte de la Navajo Nation. Los muchachos de Chinle tuvieron una reacción tardía y ganaron el juego. El viaje de regreso a casa tardó tres horas, el bus escolar se desplazó a través de pasos de montaña, mesas, y llanos. Los muchachos se fueron a la cama bastante despues de media noche. Entonces despertaron y abordaron el bus de nuevo, esa vez viajaron dos horas hacia el sur para un juego de tarde sabatina aquí en Holbrook, una encrucijada de la alta pradera. Estos adolescentes navajos son practicantes del “rez ball”, un estilo de pasar, cortar y lanzar entre saltos. Desean profundamente un campeonato estadal. También estaban intrigados por la precaria pared que había entre la adolescencia y la adultez, que conlleva otras preguntas y deseos. Los jugadores de último año estudian los catálogos universitarios y se preguntan si deberían dejar su hermosa tierra de familia y clanes, una reservación que es más grande que West Virginia. La esperanza y el miedo forcejean. Nachae Nez, un alero de cierta estatura, jugador de último año y buen estudiante, se sienta en las gradas y habla de un futuro que siente tan vivo como una serpiente en sus manos. Vive en un pueblo pequeño adherido a los flancos de arenisca roja de las Chuska Mountains. Sueña con asistir por cuatro años a la universidad. “Dicen que es duro para los nativos dejar la rez”, dice él. “Tu lugar favorito si eres un navajo, es la hogan de tu abuela”, añade él, usando la palabra navaja para una casa construida en un estilo tradicional y sagrado. Hace una pausa. “Sé que necesito irme si quiero ser útil para mi gente”. Se queda mirándome. “Esa opción es dolorosa ¿cierto?” Cooper Burbank es el jugador más joven de Chinle, un estudiante de primer año calmado y talentoso quien enfrenta su propia dificultad. Creció en las tierras norteñas de la mesa roja y asistía a una escuela media muy pequeña de 108 estudiantes. Sus padres, su mamá es maestra y su padre vigilante, querían que el asistiera a una escuela más grande, con más ofertas de cursos, para prepararse para la universidad. Así que tragaron duro y dejaron atrás a la abuela, primos y clanes, y se mudaron a Chinle, donde la escuela secundaria tiene más de 1000 estudiantes y la familia, Cooper y sus padres, son foráneos. Muchos fines de semana, los Burbank viajan de regreso a su pueblo. “Me gusta ir a casa y hacer higiene mental”, dice Cooper. Añade con suavidad: “Mi vida necesita retos. Sé eso”. Equipo en Transición Hace varios meses, Raul Mendoza, 69, el ampliamente admirado entrenador de los Wildcats, me invitó a verlo tratar de revivir al equipo de Chinle. La temporada pasada, antes que él se hiciera cargo, los Wildcats tuvieron con marca de 4-17; este año, los Wildcats terminarán con 17-14. Mi esposa, Evelyn, y yo vivimos en un remolque en la Nación Navajo hace años. Ella era partera y traía bebés al mundo. Vagamos por esta tierra con nuestros hijos, y todo lo navajo nos enganchó. La oportunidad de regresar y explorar las pasiones que mueven a este entrenador y sus adolescentes navajos resultó irresistible. Despues de mi viaje en diciembre, escribí de la historia de Mendoza. Mitad mexicano y mitad Tohono O’odham, un niño quien recogía algodón en los ardientes campos de Arizona, es un nómada de toda la vida. He regresado para explorar las vidas de sus jugadores adolescentes. Chinle se encuentra a 5.500 pies por encima del nivel del mar, al oeste del Canyon de Chelly, donde en los años de 1860 los navajos se enfrentaron contra Kit Carson y las tropas federales quienes habían ido a destruir sus cosechas y quemar sus hogares. El baloncesto es una pasión aquí. Chinle tiene 4.500 residentes, y el gimnasio de su escuela secundaria, la sede de los Wildcats, tiene aforo de 7.000 asientos. Los aficionados manejan y piden aventones de 50, 60, 80 millas para ir a ver los juegos. Los entrenadores regularmente son despedidos luego de una temporada negativa. La mayoría de los jugadores adolescentes tiene creencias tradicionales. Se arrodillan ante las cuatro montañas sagradas de Navajo; llevan polen de maíz en caso de que se crucen con un coyote en el camino, un truco notorio, tragan una hierba amarga antes de los juegos para protegerse contra la envidia, los celos y la brujería. Un jugador de último año usa el cabello sin cortar en una cola de caballo tejida. La cortará cuando cumpla 18 años y presente el cabello a su abuelo. Mientras vagan por los cañones, escuchan las voces de sus ancestros. Antes de cada juego, una muchacha canta el himno nacional en navajo. También soplan los vientos fuertes. Algunos padres son afectados por la afición al alcohol y desaparecen. Otros pierden el trabajo y son desalojados. El ingreso promedio anual en Chinle es 27.000 $. En los pueblos circunvecinos, es la mitad de eso. Marcus Litson, un delantero espigado de melena frondosa y sonrisa natural, creció en el mismo pueblo de Nachae, quien es el capitán del equipo. Ellos recorrieron bosques y escalaron montañas de arenisca. De acuerdo a él, su juventud suena como un idilio. También vivió cuatro años en el distante lado de la reservación de New Mexico. ¿Por qué? “Mi mamá y mi papá se separaron, y mamá ganó mi custodia en séptimo grado”, dice él. “Cuando cumplí 16 años, la corte me hizo escoger con quien vivir”, Marcus extrañaba a sus primos y clanes, y escogió regresar a Tsaile con su padre. ¿Qué dijo su mamá? “No he sabido de ella en un año”, dice él. Él se va lejos y susurra, “Pienso que ella se lo tomó muy a pecho”. Darrian Yeahquo, estudiante de tercer año, vaga alrededor. Su padre desapareció cuando él era pequeño, y su madre se mudó con la familia a Albuquerque. Él encontró las escuelas secundarias de la ciudad rudas y tenebrosas. La primavera pasada, su abuelo, un veterano de Vietnam inválido por lesiones en las rodillas y el choque psicológico de la guerra, no pudo cuidar más de su finca y solicitó ayuda. Darrian subió al bus que iba hasta territorio navajo. Todo el verano él y su primo favorito montaron a caballo y pastorearon ovejas y reses. Su abuela preparaba sándwiches para sus trabajadores adolescentes y les ataba el almuerzo a un árbol de pino. Darrian se volvió a sumergir en un sueño. “Si tengo que dejar la reservación para ir a la universidad, para aprender de irrigación para ayudar a mi familia y mi gente, lo haré”, dice él. “Esta vez sé que voy a regresar”. Nachae y Cooper siguen siendo los pilares del equipo. Nachae siente la urgencia de ganar que llega con el sentido de un estudiante de cuarto año de que el tiempo vuela; Cooper es el futuro del equipo. Después de practicar, permanecen en el gimnasio en penumbras: Cooper lanza balones en un extremo del tabloncillo; Nachae hace lo propio en el otro extremo. Mendoza camina conmigo hacia las afueras del gimnasio. “Los nativos no esperamos ser exitosos, y a veces me preocupa que mis muchachos piensen de esa manera”, dice él. “No hay nada malo con no lograr tu meta, pero tienes que intentarlo, fajarte”. Se sonríe con Nachae y Cooper. “Esos muchachos son inteligentes y se fajan duro”. Medio formado Los Wildcats sigue siendo un equipo medio formado y enloquecedoramente inconsistente. A veces los delanteros hacen lanzamientos de 3 puntos fuera de foco, y los pilotos avanzan hacia el aro sin un plan definido. Mendoza disfruta una relación tortuosa con el rez ball. Él aprecia que generaciones de nativos crecieron con este estilo de juego de paso rápido. En su mejor expresión, es artístico y extenuante. Él se siente mejor cuando sus jugadores se plantan a la defensiva flexionando las rodillas, o cuando pasan y pasan el balón hasta que encuentran a un compañero desmarcado. “¿Vamos a jugar rez ball o vamos a jugar este juego de la manera correcta? Le dijo a sus adolescentes. “Me molesta cuando no pueden ver al compañero desmarcado”. Antes que yo llegara, los Wildcats sorprendieron a Ganado, el único equipo invicto de la reservación. Entonces borraron de la cancha al equipo de Monument Valley. Ellos se desenvuelven con confianza en Holbrook. Ese gimnasio está cargado de historia. Mendoza fue alguna vez el entrenador de Holbrook. Ganó un campeonato aquí, y ganó los honores al entrenador del año en Arizona, su partida aun molesta a algunos aficionados. Nachae jugó aquí como estudiante de primer año, y tiene compañeros de equipo y amigos aquí, y eso le pone más presión. Los Wildcats empiezan a toda mecha. Nachae convierte un lanzamiento y hace una finta para avanzar hasta la cesta. Cooper lucha rebotes y mete la suave daga de un lanzamiento convertido. De pronto, el ritmo cambia: Los Wildcats hacen lanzamientos muy rápido. Nachae falla lanzamientos cortos y empieza a frustrarse. Los jugadores de los Wildcats dejan de pasarle el balón a Cooper, quien permanece negándose a imponer su voluntad. El juego se aleja, y los Wildcats pierden, 59-46. Mendoza no esconde su disgusto. Llegaron aquí riéndose, le dice a su equipo. Su juego fue vergonzoso. Nachae hala la camiseta sobre su rostro. Los errores punzan profundo; él quiere ser líder. Levanta su mano y dice, “Somos un buen equipo, pero tenemos problemas para comunicarnos entre nosotros”. Cooper escucha, con la cara opaca. La mañana dominical, un fotógrafo y yo fuimos en carro hacia el norte hasta Rock Point. Encontramos a Cooper y su familia en la iglesia God’s Grace Fellowship, en una carretera polvorienta a dos millas del almacen central. La congregación está conformada por algunas docenas de hombres con botas de vaqueros y sombreros, pantalones jeans y camisas de vestir, las mujeres usan vestidos y joyería turquesa navajo. La Biblia está escrita en navajo. Con una agradable sonrisa hacia sus visitantes, las pastoras traducen el servicio al inglés. Al final, Cooper camina hacia una pastora y mantiene sus manos abiertas. Ella le toma las manos, y rezan juntos por la fortaleza para enfrentar los retos de él. Después, viajamos con la familia Burbank hacia un pequeño restaurant en la parada de camiones, el único lugar para comer en muchas millas. La madre de Cooper, Joni, explica que ella y su esposo se hicieron buenos amigos en la escuela primaria; empezaron su noviazgo en el liceo. Los padres de ambos fallecieron por manejar borrachos. “Vengo de un hogar de un solo padre, él fue criado por su abuela”, dice Joni. “Fuimos atraídos por una fuerza magnética”. Joni asistió a la escuela secundaria y la Universidad en Flagstaff. Su esposo Darrick, trabajaba en la construcción y montaba toros en los rodeos. Una noche ellos viajaron en carro hasta San Francisco para oler el aire salado. Se casaron, y cuando Cooper, el primero de sus cuatro hijos, nació, acordaron no ingerir alcohol, una familia intacta. Darrick renunció a los dólares de la construcción en las ciudades de Las Vegas y Phoenix para trabajar como personal de mantenimiento en la escuela local. “Tuve momentos difíciles por eso al principio”, dice él. “Pero yo no tuve papá. Mi trabajo es darle a estos niños un papá”. Joni enseñaba en la escuela primaria; tuvo dos veces a Cooper como su alumno. Se unieron a una iglesia y se quedaron cerca de los primos y mayores. Están construyendo una hogan en una planicie con un nombre navajo que ellos dicen es muy largo para traducirlo al inglés. El cambio apareció cuando Cooper llegó a octavo grado. En el contexto de una reservación inmensa de 175.000 navajos, Chinle es un pueblo pujante. Los Burbank viven ahora ahí en un apartamento. “Cooper necesitaba el reto; yo necesitaba crecimiento profesional”, dice Joni. “Recé e hice varias investigaciones. Entonces me dije: ‘Joni, Cooper, es hora de esforzarse’”. Ellos se despidieron de la madre de Joni, Virginia Tsosie, cuyo remolque está ubicado a 25 yardas del hogar de ellos en Rock Point, cerca de los precipicios de rocas rojas. Tsosie los extraña mucho. Cuando Cooper viene de regreso cada fin de semana camina hacia el remolque de la abuela y se lanza en su sofá, y ella masajea sus piernas y le cuenta historias. Hablar de escuelas distantes agita el estrépito de la generación de Tsosie. Cuando ella era muy joven, el Bureau of Indian Affairs la envió a una escuela fuera del estado. Ella estuvo muchos meses sin ver a sus padres. La cultura tribal era vista como retrógrada, una piel a ser cambiada en pos de la asimilación. Cuando Tsosie le habló en navajo a un amigo, un maestro le lavó la boca con jabón. “Me cohibí”, recuerda ella. “Ahora hablo con mis nietos en navajo todo el tiempo. Ellos saben las palabras sobrevivientes”. El sol invernal se hunde hacia las montañas. Cooper se excusa, agarra una pelota de baloncesto y camina hacia afuera, seguido de sus hermanos menores. Fintea sobre el polvo rojo y lanza hacia un tablero con un aro doblado como un pie roto. Suiss, suiss, y suisss. Nos despedimos y viajamos al sur hacia la villa del campo alto de Tsaile, lo cual significa en navajo, agua fluyendo en un cañón. Nachae, el capitán del equipo, se encuentra con nosotros en la estación de gasolina. Subimos a su camioneta pickup y saltamos en una carretera enhielada hasta el remolque de la familia de él. Él salta desde la camioneta y señala los remolques adyacentes. Aquel es de mi abuela. Y ese también. Y aquel es de mi tía. Su mama, Andrea Nez, sale a la puerta y sonríe. “Aquí no hay secretos”, dice ella. Nachae asistió a tres escuelas secundarias en cuatro años. Después de su primer año en Holbrook, el giró hacia el aro y se lesionó la rodilla. Tuvo una cirugía y necesitó 6 meses antes de poder caminar sin ayuda. Eso, pensó él, era todo con los aros. Se inscribió en Navajo Prep, una escuela privada en Farmington, N.M., donde lo académico es el rey. “Pensé que los libros eran mi salida”, dice él. Un fisoterapeuta lo ayudó a reconstruir se rodilla. Jugó como estudiante de tercer año y lideró la preparatoria en anotaciones. Entonces una planta de harina empleó a su madre, y el dinero aumentó. Se fue de Navajo Prep y regresó a Tsaile, donde se inscribió en Chinle para su año final. El nombre navajo de Nachae es Napi. Él me dice que eso significa hombre viejo en navajo y en Blackfoot, la cual es la tribu de su madre. Eso significa que eres sabio, replico yo. Él sonríe y señala la rodilla que él trata con hielo después de cada juego y su hombro adolorido. “Tal vez eso solo significa que tengo un cuerpo viejo”. Como muchos navajos, él ocupa varios mundos. De niño él bailaba powwow, disparaba con arco y flecha y soñaba con seguir a su padre, Felix, quien montaba toros en los rodeos. Él ve un mundo vivo con espíritus. Tambien tiene buenas notas, colabora en el centro de estudiantes y tiene una tía quien se graduó en Cornell como guía estrella. Él está consciente del mundo fuera de la reservación. Tiene los ojos puestos en la universidad New México State y su programa de agricultura. El verano pasado, viajó a la reservación Navajo Nation para ayudar con el programa de recompra de lana, dirigido a revigorizar la industria de las ovejas. “Quiero educarme para ayudar a mi gente”, dice él. Él nos deja cerca de nuestro carro. Tsaile está a 7.100 pies de altura, cargada de nieve. El cielo nocturno es caleidoscópico, con estrellas. La noche siguiente los Wildcats pierden un disputado juego ante Page. Están cerca de los playoffs. De pronto los Wildcats empiezan a engranar. Su primer juego de playoff es contra Holbrook, y su defensa responde. Chinle gana por una cesta. El próximo rival es Blue Ridge High School, un equipo poderoso con marca de 27-4. Los Wildcats deberían ser pasto fácil Nachae, en su juego final de escuela secundaria, tiene quizás su mejor actuación. Anota 28 puntos, un remolino. Cooper anota 12 y juega buena defensa. Los Wildcats pierden solo en el minuto final, 81-76. Mendoza es de la vieja escuela taciturna; los elogios se desparraman como migas de pan de su boca. “Les dije a los muchachos que estuvimos a pocas posesiones de avanzar”, dice él. “Finalmente aprendieron a competir y batallar. Estoy muy orgulloso de sus esfuerzos”. Ahora Nachae tiene otros asuntos que atender. Debe pasar sus días descifrando sus sueños universitarios. Cooper se debe preparar para un nuevo papel de liderazgo el año siguiente. En cuanto a mí, manejo para salir de Navajo, paso a un lado de las montañas y los precipicios bajo el cielo congelado del amanecer limpio de nubes. La sensación es de puertas abiertas. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

lunes, 6 de marzo de 2017

Raymond Kopa, el ‘Napoleón’ del futbol, fallece a los 85 años de edad.

The Associated Press. 03-03-2017. Raymond Kopa, uno de los primeros grandes futbolistas franceses y antiguo centrocampista de ataque del Real Madrid, quien, por su pequeña estatura, era conocido como el Napoleón del futbol, falleció este viernes 3 de marzo en Angers, Francia. La federación francesa de futbol confirmó su muerte. Miembros de la familia dijeron a Le Courrier de l’Ouest, un periódico del occidente de Francia, que Kopa había sido hospitalizado la semana pasada. No se habló de la causa del deceso. El Presidente Francois Hollande dijo en una declaración que Kopa fue “uno de los deportistas más admirados de Francia”. La revista World Soccer había clasificado a Kopa como uno de los 100 futbolistas más grandes del siglo 20. Un agraciado jugador con magnifica visión para los pases y los goles, Kopa, de pequeña estatura, se ganó el apodo de Napoleón luego de una estupenda actuación en la victoria de Francia 2-1 ante España en 1955. Despues fue parte del gran equipo del Real Madrid que dominó Europa a finales de los años ’50, jugando al lado de Alfredo Di Stéfano y Ferenc Puskas. Ganó la copa europea con el Real Madrid en sus tres temporadas con el equipo. Kopa fue reconocido como el jugador más destacado de Europa cuando ganó el prestigioso Balón de Oro, en 1958, mientras jugaba con el Real Madrid. (El premio era entregado originalmente solo a jugadores europeos pero ahora se entrega a jugadores de todo el mundo). Un mediocampista versátil quien también podía jugar como centro delantero, Kopa fue dotado con maravillosa destreza para el regate y velocidad, cualidades que a menudo han llevado a comparaciones con Lionel Messi, la estrella argentina del Barcelona. Nació como Raymond Kopaszewski, el 13 de octubre de 1931, en Noeux-les-Mines al norte de Francia, hijo de inmigrantes polacos. De joven, como su padre y hermano, trabajó en las minas, y perdió dos huesos de su mano como resultado. “Yo sabía que esa vida horrible pronto sería mi vida también”, escribió en su autobiografía. “Para nada me agradaba ese panorama”, agregó. “Pero tenía 14 años, y sabía que mis padres esperaban que yo trabajara, necesitaban el dinero adicional”. El futbol fue su escape. Despues de jugar en una liga juvenil, se ganó un puesto en el equipo de Angers antes de unirse al Reims, el equipo del oriente donde pasó la mayor parte de su carrera. Después de ganar cuatro títulos franceses con Reims y guiar al equipo al segundo lugar de la copa europea de 1956, Kopa se unió al Madrid por 52 millones de francos, un precio alto para la época. “Las transferencias como esa eran raras en esa época”, dijo él en una entrevista con la FIFA hace cuatro años. “De verdad no sé cuanto sería eso hoy, pero en aquel momento era el equivalente de tres casas”. “De cualquier forma”, agregó. “Reims se benefició con ese dinero. Se fortalecieron más al comprar a tres internacionales como Just Fontaine, Roger Piantoni y Jean Vicent. Así que fui de alguna utilidad”. Michel Platini, una antigua estrella francesa quien ganó el Balón de Oro tres veces seguidas desde 1983 hasta 1985, llamó a Kopa “un personaje legendario”. “Él era duro con nosotros cuando no jugábamos bien”, le dijo a radio RTL, “de vez en cuando era un poco fastidioso con sus críticas”. Pero ellos aceptaban las críticas, agregó él, “porque venían de Raymond Kopa”. Además de Kopa y Platini, otros dos jugadores franceses han ganado el premio Balón de Oro: Jean-Pierre Papin y Zinedine Zidane, el actual entrenador del Real Madrid. Kopa regresó al Reims en 1959 y se retiró cuando tenía 35 años de edad. Tuvo 541 apariciones en la liga de futbol, anotó 123 goles. Jugó 45 veces para el equipo nacional de Francia, marcó 18 goles, y llevó al equipo francés al tercer lugar en la Copa Mundial de 1958, cuando fue elegido mejor jugador del torneo después de ayudar a Fontaine a establecer la marca de más goles anotados en un torneo (13). En 1970, Kopa se convirtió en el primer jugador en recibir el reconocimiento más grande de Francia, el Légion d’Honneur. Despues de retirarse del juego, inició una exitosa marca de ropa deportiva, Kopa. Se mudó a Corsica en 1991, reportó The Guardian. Le sobreviven su esposa, Christiane Bourigualt (apellido de soltera), y sus dos hijas, Sophie y Nadine, dijo The Guardian. Su hijo, Denis, falleció de cáncer a los 4 años en 1963. “Fue como un hermano mayor”, le dijo Fontaine al sitio web de L’Equipe el viernes. “En el ’58, compartimos habitación, pasábamos noches hablando de futbol. Raymond tenía mucho carácter, y yo también, lo cual permitió una relación magnífica. Él era un regateador y solo hacía el pase cuando había terminado su regate. Yo siempre estaba ahí cuando él lo hacía”. The New York Times contribuyó en el reporte. Traducción: Alfonso L. Tusa C.

viernes, 3 de marzo de 2017

El Rey del Compost de Nueva York.

¿Que le ocurre a los desechos de comida luego que la ciudad los toma? Pronto una gran parte terminará en Long Island, donde Charles Vigliotti espera convertirlos en ganancias. Elizabeth Royte. The New York Times. 15-02-2017. Una mañana invernal, Charles Vigliotti, jefe ejecutivo de American Organic Energy, me llevó en carro a su parcela de 62 acres en el rural Yaphank, NY., 60 millas al este de Manhattan, para mostrarme su visión del futuro de la energía alternativa. Él serpenteó el Jeep de su compañía alrededor de altas pilas de aserrín, tierra arenosa y hojas secas. Entonces, en un giro repentino, subimos por la ladera de una montaña de 10 metros. Desde el tope, vimos las numerosas pilas y respiramos las emisiones sulfurosas de un basurero cercano. Vigliotti irradiaba entusiasmo. En los próximos meses, él esperaba empezar las excavaciones, “justo ahí”, dijo, dirigiendo su índice hacia el espacio de dos acres, para instalar un digestor anaeróbico de 50 millones de dólares, una planta de alta tecnología que transformaría en energía limpia una rica reserva que hasta hace poco había sido ignorada ampliamente: los desechos de comida. Ese recurso, sabía Vigliotti, tenía mucho potencial. Como el petróleo y el carbón mineral, los desechos de cocina pueden ser convertidos en energía. Pero a diferencia del petróleo y el carbón mineral, los cuales son costosos de sacar del suelo, los desechos de comida son algo por lo que las ciudades le pagan a alguien para que se los lleve lejos. Muchas municipalidades innovativas, en un esfuerzo por mantener el material orgánico fuera de los basureros, donde genera metano, un gas de invernadero, separan los restos de comida de la basura y los envían a facilidades anticuadas para hacer compost. Alli, los trabajadores apilan el desecho en montones, lo mezclan con hojas y grama seca y dejan que los microbios aeróbicos transformen el desperdicio en un fertilizante oscuro. Pero mientras mas material se convierten en compost, se necesita más espacio (más tractores absorbedores de gas y trabajadores que amontonen los desechos) para procesarlo. También se puede cargar el ambiente de olores característicos, lo cual es otra razón para que la ciudad de Nueva York, la cual genera cerca de un millón de toneladas de desechos orgánicos anuales, probablemente nunca alojará granjas gigantes de compost. Pero la digestión anaeróbica, en la cual la comida es descompuesta por microbios dentro de altos silos sellados con aire, tiene una alta aceptación en zonas densamente pobladas. La huella de tales plantas es relativamente pequeña, y sus olores son contenidos mecánicamente, si son operadas apropiadamente. Los digestores son más costosos de construir y administrar que los sitios de compost, pero generan más ganancias al duplicar sus productos: fertilizantes y biogas, el cual es químicante similar al gas natural y puede ser quemado para generar calor y electricidad. Oir a Vigliotti explicar eso, el suplemento de alimentación para su digestor anaeróbico era infinito, una fuente real de ganancia potencial fluyendo desde cada parte de la cadena alimenticia: los productos no vendidos en los grandes mercados, los residuos duros de los banquetes, el aceite recalentado, la grasa de la cocina y los desechos residenciales de platos desechables. Todo eso estaba esperando ser notado por alguien con la disposición y el capital para convertirlo en un producto, energía renovable, por el cual hay una demanda infinita. El único costo real de Vigliotti, era refinar. Y los abogados, “Enfrentamos un nivel de aprobación regulatoria”, me dijo él. En el crujiente mundo del compost urbano, poblado por tipos externos en Carhartts y botas de trabajo, Vigliotti destaca. Él usa trajes a la medida y un anillo en el dedo meñique, se peina el cabello hacia atrás a la LBJ y viaja desde su hogar en Oyster Bay en un Porshe Panamera plateado. Sobrino de Vincent Vigliotti, un transportista de basura establecido del Bronx, Charles pasó la década de 1970 colgando de la parte trasera de un camión de basura comercial trabajando en las calles de Jackson Heights, Queens. “El negocio de transporte de mi tio y mi negocio de transporte eran completamente independientes”, me dijo Vigliotti, dos veces, la primera vez que nos reunimos. (Despues, entendí porqué: Su tio resultó culpable a los cargos de intento de extorsión de 1997, los cuales partieron desde su participación en un cartel de la mafia). A través de los años, Vigliotti, quien tiene 63 años de edad, evolucionó gradualmente desde transportista de basura hasta productor de buenos fertilizantes. De esa manera, estuvo bien ubicado cuando la ciudad de Nueva York contrató el año pasado seis compañías para transformar los desechos de comida que recoge en la actualidad de las aceras de un millón de residentes. Cuatro de esas compañías enviarán sus desechos a las facilidades de compost tradicionales. Una quinta enviaría su cuota a la Newtown Creek Wastewater Treatment Plant, operada por el New York City Department of Environmental Protection del norte de Brooklyn. Ahí los restos de comida desmenuzados serán agitados en tanques gigantes que ya digestan desperdicios, anaeróbicamente, usando microbios; el biogás resultante será atrapado y usado para alimentar turbinas en el sitio o calentar hogares cercanos. El contrato de Vigliotti, el segundo más grande, le permite llevar anualmente más de 23.000 toneladas de desechos de comida urbanos hacia su próxima a ser construida planta de Yaphank, donde se mezclaran con 155.000 toneladas de desperdicios de otros dos condados fuera de la ciudad. Cuando esté lista y en funcionamiento, American Organic Energy tendrá el digestor anaeróbico más grande al este del río Mississippi. “Me gustaría decir que tuve una visión de responsabilidad ambiental”, me dijo Vigliotti con un guiño, acerca de los orígenes de su nueva empresa. “Pero vi en el compost de los desechos de comida una oportunidad de negocios”. A través de la era moderna de recolección de basura, a los neoyorkinos como a otros estadounidenses, les han pedido sacar todo tipo de cosas desde los pipotes de basura de sus cocinas con un propósito más importante que enterrarlas en el basurero. Primero fue todo lo de papel, metal y plástico, luego los objetos electrónicos y, en algunos lugares, los textiles. Ahora cada vez más separamos los restos de comida. A veces sabemos donde terminarán esos reciclables, el correo basura puede convertirse en papel de impresora, por ejemplo, pero la mayoría de las veces permanecen en lo desconocido. Siempre ha habido un aura de misterio en esos materiales, en parte porque los mercados de reciclables cambian constantemente. Para aquellos quienes sacan voluntariamente los desechos de comida para la recolección municipal, los verdaderos creyentes, el proceso provoca otra zona de incertidumbre. Asumimos que nuestros desechos son llevados a una pila gigantesca de compost en algún lugar, pero ¿qué ocurre después? Por un breve lapso, yo pude darle respuestas a tales preguntas. Como coordinadora de mi propio compost, llevaba mis conchas de toronja y cáscaras de huevo hasta un contenedor de compost en el solar de enfrente, el fertilizante resultante alimentaba el manzano de mi edificio. Pero cuando se me acabaron las hojas para mezclar los desechos, mi “compost” se hizo extremadamente maloliente. El hedor, las moscas y el control de calidad pueden afectar a los más experimentados recicladores de desechos de comida, pero no me di por vencida. En vez de eso, hace pocos años, avancé desde una operación en solitario hasta algo un poco más grande, al unirme a 200.000 otros neoyorquinos quienes semanalmente llevan sus desechos orgánicos a uno de 74 sitios de descarga, en mercados de granjeros, estaciones del metro, bibliotecas, alrededor de la ciudad de Nueva York, para sacar colectivamente 2.3 millones de libras de desechos de comida del basurero cada año. Llevar desechos a mi mercado de granjeros fue enormemente satisfactorio. Me gustaba devolver mis cáscaras de papas a la mujer quien las cultivó; sabía que ella les daría buen uso. El acto también se sentía inmediatamente más importante que muchas otras cosas que yo hacía para disminuir mi impacto planetario, como manejar menos el carro y secar más la ropa al sol. Cuando el programa de recolección de desechos orgánicos de aceras del Department of Sanitation se expandió hasta mi vecindario de Brooklyn en 2015, estaba agradecida, pero también algo recelosa. Colocar mis desechos en la acera en un contenedor apropiadamente cerrado era ciertamente conveniente, pero mi ciclo de compost empezaba a hacer espiral, desde una escala pequeña a una mediana, a bien, no estaba segura que. No tenía idea de donde este sistema centralizado depositaba mis desechos, o como, o si, lo habían transformado en algo de valor. Para 2018, el Department of Sanitation espera extender su programa de aceras, el esquema residencial más grande de recolección de desechos de comida del país, a toda la ciudad. Pero cantidad no siempre significa calidad, y ya hay evidencia de que un futuro industrial puede no mantener la integridad del presente artesanal. Cadenas de suplidores más grandes significa quemar más combustible para transportar este recurso, y los recipientes de desechos tienen poco control sobre lo que los neoyorquinos lanzan en sus contenedores. Debido a que los composteros locales, en las granjas urbanas, educan a sus suplidores, no necesitan remover bolsas plásticas, alambres para cerrar bolsas y otros residuos de su inventario de alimentación. Pero el anonimato de las operaciones a escala industrial significa que tales contaminantes pueden colarse fácilmente. Cuando el programa de aceras de Nueva York empezó hace varios años, los camiones llevaban los desperdicios urbanos por el New Jersey Turnpike hasta la Peninsula Compost Company, una planta grande en Wilmington, Del. Pero después que Waste Management, la procesadora más grande de desechos sólidos de la nación, compró acciones en la planta hace seis años, la calidad de su compost disminuyó, contenía muchos restos de vidrio y piezas plásticas, y los vecinos empezaron a quejarse de que sus patios olían como el fondo de un pipote de basura. Los reguladores ambientales forzaron el cierre de Peninsula en 2014. Desde entonces, la ciudad ha enviado sus desechos de comida a varias estaciones de transferencia, una de las cuales visité en Jamaica, Queens. Dentro de un galpón industrial en una compañía privada llamada Regal Recycling, un equipo de trabajadores con botas de goma y protectores faciales escarbaba una pila de desechos orgánicos de tres metros recolectados en varias escuelas. Al usar rastrillos largos y guantes, los hombres sacaban bolsitas plásticas, cartones de leche, envoltorios de jugos, tenedores acucharados y pelotas de papel de aluminio. (A medida que aumente el volumen de desechos orgánicos en las aceras, Regal y otras estaciones de transferencia de la ciudad instalarán equipos de preprocesamiento mecánico). Michael Reali, el vicepresidente de Regal, me dijo que la ciudad le pagó alrededor de 80 $ por tonelada por recibir ese material, y entonces el le pagó a los camioneros para que transportaran los desechos al norte del estado y a un compostero autorizado 35 $ por tonelada recibida. A veces la carga era limpia, a veces no. Reali se alejó de los desechos escolares e hizo gestos hacia una montaña de siete metros descargada en la pared opuesta. Recolectada de dos vendedores de frutas, la pila era casi 100 porciento mangos y aguacates, con muy poco material extraño. (Y olía bien). Yo estaba empezando a entender que el compost, como el petróleo, tiene diferentes clasificaciones. Los flujos comerciales como ese eran el equivalente del crudo liviano West Texas: limpio y fácil de procesar. Los flujos escolares y residenciales eran como las arenas de alquitrán: sucias y costosas de mejorar. La remesa de desechos descontaminados de Reali eventualmente llegó a McEnroe Organic Farm, la cual se extiende en 1.100 acres de pastizales y campos de cultivo en medio del Hudson Valley. Allí observé como los cargadores mezclaban los restos de comida con aserrín local. Los restos de madera aportaban más carbón para complementar el nitrógeno de los desechos de comida y darle cuerpo al compost. Completamente mezclado, el compost era extendido en filas y cubierto con una manta de lana para cocinarlo; el calor exterminaba los organismos patógenos y las semillas de malezas. Dos veces a la semana por mes, los trabajadores quitan las mantas y colocan un removedor mecánico en la parte superior de las hileras, para descompactar y mezclar. Luego de reposar por varios meses más, el compost es alimentado en una tamizadora. Alrededor del 60 por ciento de las 28.000 toneladas de material acabado de McEnroe es utilizado en la granja, la cual cultiva vegetales orgánicos, granos y pasto para ganado. El resto, es vendido a 100 $ la yarda cúbica, lo cual ayuda a balancear su economía. Las operaciones industrializadas de compost de la nación generan a grandes rasgos 3 mil millones de dólares anuales; los granjeros estadounidenses compraron 21.2 millones de dólares de fertilizantes convencionales en 2016. Me gustaba ser parte de esa pequeña economía. Las adorables terneras Angus y los silos llenos de granos de McEnroe, hicieron fácil imaginar que mis desechos estaban circulando virtuosamente, a pesar de los trabajos miserables de la estación de transferencia aguas abajo. El sistema funcionaba, me gustaba pensar. El compost tenía potencial, los desechos de comida podían volver a ser comida. Entonces hablé por teléfono con Will Brinton, quien administra Woods End Laboratories en Mount Vernon, Me., y ha pasado toda su carrera estudiando la ciencia de la puterfacción. Hace varios años, Brinton empezó a comparar los costos y beneficios del compost de desechos de comida con los de digerirlos anaeróbicamente. Asumió que el compost saldría en ventaja. Pero, dijo Brinton, “Me horrorizó ver, al final del estudio, que estábamos invirtiendo más carbón en hacer compost que el compost devuelto al planeta”. Todos esos tractores consumidores de energía y camiones y taladros y tamizadoras estaban pasando su factura. El biogás creado por digestión anaeróbica de tusas de maíz y conchas de naranja, por el contrario, era un carbón neutro. Eso ocurre porque las plantas generan su propia energía, y quemar el combustible no libera más carbón en la atmósfera, como quemar petróleo o carbón mineral; eso apenas recicla el carbón dentro de esos desechos. Cuando se llevan los cálculos un paso más adelante, al sustraer el metano que habría sido generado al colocar estos desechos de comida en rellenos sanitarios, el biocombustible podía ser considerado carbón negativo. En reconocimiento de estos hechos, la Environmental Protection Agency ahora clasifica a la digestión anaeróbica como preferible al compost cuando se trata de excedente de desechos de comida, (por supuesto los excedentes de desechos de alimentación para las personas, seguidos por los de animales, son aun mejores). Hasta el U.S. Composting Council, un grupo comercial, reconoce el papel beneficioso de la digestión anaeróbica en la producción de energía. Primero, yo no sabía que pensar de Charles Vigliotti. Pocas veces se oye las palabras “rico” y “compost” juntas. Pero mientras el explicaba su camino alrededor del sector energético, yo empecé a percibir el compromiso de Vigliotti para resolver algunos problemas ambientales serios, aunque él frotaba sus bolsillos de seda. Después que los rellenos sanitarios de la ciudad empezaron a cerrar en los años ’80, Vigliotti notó que estaba gastando demasiado dinero para transportar los desechos fuera del estado. Se empezó a distanciar del negocio de la basura y en 1991 estableció con su hermano Arnold una compañía de compost en Westbury. N.Y., que transforma montañas de residuos, grama, hojas secas, aserrín, en millones de bolsas de productos para jardín y céspedes. El negocio era bueno, pero Vigliotti siguió trabajando. En 1999, abrió un sitio de compost en Yaphank, donde en 2008 empezó a experimentar con desechos de comida, mezclando desechos de Whole Foods Market y de una manufacturera a pequeña escala de comida china (wonton), mediante su fórmula para empacar el suelo. En ese momento, Vigliotti no pensaba en los desechos de comida como fuente de energía renovable o una vía para reducir la huella ecológica de la ciudad o sus emisiones de gases de invernadero. Se trataba simplemente una manera de aumentar el volumen y hacer más dinero. Vigliotti inicialmente composteó sus desechos de comida usando una tecnología básica de montones similar a la de McEnroe. Eso estuvo bien para desechos de panadería y los de won ton. Pero cuando empezó a aceptar carne, pescado, aceites y venados muertos en las carreteras, se metió en problemas: El sitio producía olores que aguaban los ojos y atraía bandadas de gaviotas. Despues de una batalla de varios años con los enojados vecinos, quienes apoyaban el reciclaje de desechos orgánicos en teoría pero tenían poca paciencia con su maloliente realidad, Vigliotti y otros accionistas hallaron un remedio. En vez de compostear los restos de comida en montones, los digeriría en tanques. Pero para justificar el gasto de construir esos tanques, Vigliotti necesitaría atraer más desechos de comida. Y si esos venían de casas de familia además de los establecimientos comerciales, él necesitaría muchos equipos para tamizar el tipo de contaminantes que extraían los obreros de Reali en Queens y los trabajadores de West Management en Peninsula, Delaware. Y así creció el proyecto. Hoy, American Organic Energy está respaldada por 45 millones en préstamos de capital, más las concesiones del New York State Energy Research y la Development Authority (1.35 millones de dólares) y el Empire State Development (400.000 $). Mirando hacia abajo desde aquel terraplén de Yaphank, Vigliotti explicó la mecánica de su nueva operación anaeróbica. “Los camiones van a entrar a una construcción de dos acres y soltar su carga en un hueco de 3 metros de profundidad”, explicó. La presión del aire adentro sería menor que afuera, por lo cual no habría escape de olores. Luego, la costosa maquinaria alemana trituraría los potes y botellas que inevitablemente se fueron en la basura; los metales serían extraidos y los empaques desmenuzados, con la adición de agua, el material plástico flotaría hacia el tope de los tanques mientras el vidrio y el polvo se irían al fondo. “Sabemos que vamos a tener cargamentos de los supermercados con latas de atún sin abrir y paquetes de tocineta vencidos”, dijo Vigliotti, “mientras que los restos de comida residencial estará en bolsas plásticas mezclada con latas de sopa y pedazos de vidrio, así es como los estadounidenses botan su basura”. Vigliotti no estaba molesto. “No vamos a cambiar la naturaleza humana pero construimos nuestra planta para adaptarnos a ella”, dijo él. Su filosofía era diametralmente opuesta a la de los composteros de la comunidad, quienes insisten en que sus participantes aprecien y defiendan la integridad de sus desechos orgánicos, hasta la remoción de las pequeñas etiquetas de los limones. Y ellos lo hacen la mayor parte del tiempo. Pero ahora era claro para mí que esas operaciones artesanales, aún si las expanden a las escuelas, parques y otros espacios propiedad de la ciudad con apoyo del gobierno local, nunca serán capaces de manejar los estragos del tsunami de los desechos de comida residenciales. (Ni ellos lo quieren hacer). Una vez aislado, el material orgánico de Vigliotti se llevará a seis tanques de tres niveles, donde se mantendrá por 20 días, produciendo suficiente biogás para generar casi 50 millones de kilovatios-hora de electricidad al año. Veinte por ciento de la producción alimentará la demanda eléctrica de la planta; PSE&G, una empresa eléctrica local comprará el resto (a menos que American Organic Energy comprima ese biogás para usarlo como combustible de camiones). Vigliotti no revelará sus costos de procesamiento por tonelada o su ganancia estimada, pero indicó que la sola venta de gas reportará “siete cifras”, aún con un precio cercano al mínimo por 10 años debido a la expansión rápida de la actividad. Pero el gas no es lo único que American Organic Energy planea vender. Cuando los microbios terminen su festín, continuó Vigliotti, dejarán un digestado acuoso que las maquinas exprimirán y separarán en sólidos y líquidos. Vigliotti mezclara los sólidos con aserrín, el material compactado a nuestros pies, del cual el tiene un suplemento infinito, y composteará aeróbicamente la mezcla en montones, entonces venderá las resultantes 40.000 toneladas anuales de suelo empacado a los centros regionales de jardines mediante un trato con Scotts Miracle.Gro. Al asociarse con G.E. Water & Process Technologies, dispondrá de los líquidos residuales para un proceso de filtración multietapas, luego del cual American Organic Energy reusará la porción limpia en el sitio y venderá la fracción rica en sulfato de amonio, unos 912.500 galones anuales, como alimento para plantas (alrededor de 20 $ por cada dos galones y medio, al detal). Apuntaremos al mercado urbano de efluentes con eso”, dijo Vigliotti. A principios de este año, Vigliotti recibió el último de sus permisos estatales, y esperaba empezar a construir su planta esta primavera. Pero continuaba hablando de American Organic Energy con cualquier grupo civil que se le acercara. Estuve en una de esas presentaciones el año anterior en una reunión del Brooklyn Solid Waste Advisory Board, que se efectuó en el Brooklyn Borough Hall. Luego de pasear a la audiencia de personas y expertos en desechos a través de sus puntos positivos, explicó que la digestión supera al composteo porque genera energía, y que la digestión implicaba digestar dentro de una planta de tratamiento de aguas negras debido a que el digestado final de la planta contenía desperdicios, más trazas de muchos otros materiales, incluyendo desechos industriales y metales pesados, que van a las tuberías de la ciudad. “¡No se puede mercadear el producto final!” ladró él. Nada, parecía poder atravesarse en el camino de Vigliotti. Estaba cerca de levitar desde sus zapatos italianos cuando envolvió su presentación con una oferta. “Si la ciudad nos cede un lugar en alguno de sus distritos”, dijo él, “construiremos y operaremos una planta que maneje 1000 toneladas de desechos de comida por día, y las procesaremos a un costo menor al ofrecido por cualquier otro”. La sala aumentó su tranquilidad. Mil toneladas es la cantidad generada diariamente por todos los establecimientos comerciales e institucionales de la ciudad combinados. ¿Hablaba en serio Vigliotti? “Absolutamente”, dijo él. Con su red de trabajo de socios corporativos, él soñaba con construir digestores productores de energía, bien gerenciados, a pequeña escala, en parcelas urbanas en toda la nación. Aquí en Nueva York, agregó él, sus palabras se adelantaban a sus pensamientos, “podríamos hacer una propuesta que haga sonar las campanas y los ojos de cada quien, con mucho de huella de carbón reducida, camiones de gas natural comprimido…” La multitud sonrió, atrapada por el entusiasmo de Vigliotti por un futuro de energía limpia con combustible de desechos de comida. “Todos aquí saben que en esta ciudad hay más material de lo que podrían manejar 10 plantas como la nuestra”, dijo Vigliotti. Entonces guardó sus diagramas de esquemas y se dirigió a su Porshe. Elizabeth Royte es la autora de “Bottlemania” y “The Tapir’s Morning Bath”. Sus artículos han aparecido en Harper’s Magazine, National Geographic y Outside. Traducción: Alfonso L. Tusa C.