miércoles, 4 de mayo de 2011

La afición de Papá

Lo había visto jugar dominó muchas noches, me llegaba hasta la esquina en frente a la bodega de María La Catira para pedirle unas monedas a fin de ir al cine.

Sabía cuanto le agradaba el fútbol, mientras trataba de entender el béisbol siempre hacía analogías. “¡Ah, eso de extrainning es como la prórroga en el futbol!” Las veces que lo vi siguiendo la liga italiana de fútbol le preguntaba cual era su equipo favorito, un largo silencio se extendía, disimuladamente cambiaba la conversación o levantaba el brazo hacia el televisor “Caramba ¿viste esa jugada?”

Siempre compraba Il Corriere Della Sera en Cumaná para llevárselo a unos amigos de Cumanacoa. Muchas veces se quedaba un rato leyendo aquel periódico frente al volante del carro, por lo general pasaba unos cinco minutos hojeándolo, luego lo ordenaba, lo doblaba y lo dejaba sobre el asiento del copiloto. Una tarde del sol más encendido de Cumaná Papá pasó de largo los cinco minutos cuando iba por quince me levanté del asiento trasero con un reguero de hilos de sudor bajando desde la cabeza a la cara. Los titulares llenaban el primer cuarto de página de un reportaje. “La tragedia di Superga….Il Grande Torino”. Varias fotografías de un avión lleno de humo y los rostros de varios futbolistas ilustraban varios lugares de la página. “Papá ¿qué es la tragedia de Superga y el Grande Torino?”

Me quedó mirando mientras se mordía la lengua y respiraba profundo. “Es una historia muy triste y muy larga”. Insistí varias veces sobre el tema. Siempre me respondía que “Después te cuento”. De lo que si hablaba era del próximo juego que haría el Torino en la Liga italiana y sus posibilidades de ganar.

Andando el tiempo empecé a investigar en Internet y en hemerotecas y empecé a develar aquella larga historia que papá prefirió callar. Los pasillos de la red me dejaron saber que el 04 de mayo de 1949 a las 17:05 el avión Fiat G.212 CP que llevaba al equipo de Torino en su interior, se estrelló contra el murallón del terraplen posterior de la Basílica de Superga en las afueras de Torino. Hubo 31 víctimas mortales, incluyendo 18 jugadores del mítico equipo turinés, oficiales del club, periodistas y la tripulación del avión. Venían de disputar un partido de despedida para el futbolista luso Xico Ferreira en Lisboa contra el SL Benfica.

Valerio Bacigalupo, Aldo Ballarin, Dino Ballarin, Emile Bongiorni, Eusebio Castigliano, Rubens Fadini, Guglielmo Gabetto, Ruggero Grava, Giuseppe Grezar, Ezio Loik, Virgilio Maroso, Danilo Martelli, Valentino Mazzola, Romeo Menti, Piero Operto, Franco Ossola, Mario Rigamonti, Giulio Schubert. (Entrenadores) Egri Erbstein, Leslie Levesley.

Aquel equipo era considerado uno de los más fuertes del mundo en aquella época. Había ganado 5 campeonatos de liga seguidos desde la temporada 1942-43 hasta la 1948-49 (los campeonatos 1943-44 y 1944-45 no fueron disputados a causa de la Segunda Guerra Mundial), el club granata vivía los mejores momentos de su historia. Diez de los once jugadores de la selección italiana pertenecían al Torino.

Tambien fallecieron los dirigentes el equipo (Arnaldo Agnisetta, Ippolito Civalleri) y sus acompañantes y tres de los mejores periodistas deportivos italianos: Renato Casalbore (fundador de Tuttosport), Renato Tosatti (Gazzetta del Popolo) y Luigi Cavallero (La Stampa). Vittorio Pozzo el director técnico de la selección italiana de la década de los años 30 fue llamado entre varios para identificar los cadáveres. El jugador Sauro Tomá que padecía un menisco lesionado se salvó milagrosamente del accidente.

Cada vez que jugaba la selección italiana y aplicaban el fastidioso “catenaccio” papá ladeaba la cabeza y dejaba de ver el televisor por momentos. “No siempre fue así. Hubo una época cuando atacaban a la mínima oportunidad. El Grande Torino jugaba 4-2-4”.

La tragedia tuvo un impacto tremendo en Italia. El Torino fue proclamado campeón del torneo y los rivales presentaron formaciones juveniles cuando les correspondía enfrentarlo. Medio millón de personas fue a la plaza principal de Torino para despedir a los campeones.

El club River Plate de Argentina jugó un partido amistoso a beneficio de los familiares de los jugadores fallecidos, el 26 de mayo de 1949, contra un combinado llamado Torino Símbolo. El equipo argentino viajó con todas sus figuras (Alfredo Di Stéfano, Ángel Labruna, Amadeo Carrizo y Pipo Rossi). Aún cuando el costo de las entradas fue bastante alto el estadio se llenó a reventar.

Años más tarde el equipo de Torino de tradicional camiseta borravino, estrena una camiseta alternativa blanca con banda transversal violeta en el pecho, similar a la del River, en homenaje y agradecimiento al club argentino. Al enterarse de este hecho el club millonario devuelve gentilezas en 1975 jugando varios partidos con una camiseta violeta.

En 1994, la empresa Adidas confecciona un nuevo modelo para River que como tercer alternativa tenía nuevamente una camiseta color granate, en un nuevo homenaje a 45 años del trágico y solidario hecho. En la actualidad, el equipo de Torino tiene como divisa alternativa la camiseta blanca con la banda violeta.

En la temporada 2008-2009 el equipo argentino presentó el modelo nuevamente en un acto con la presencia de Zinedine Zidane y Enzo Francescoli, en honor a los 60 años de la tragedia, y también aprovechando que este color hizo furor en la temporada otoño-invierno en Buenos Aires.

Una mañana sorprendí a papá leyendo un ejemplar del Corriere Della Sera que guardaba en la última gaveta de su escritorio. Cuando se levantó para ir a calentar el carro en el garaje. Agarré el periódico. “La llamada ‘Tragedia de Superga’ conmocionó a todo un país y a todo el mundo del fútbol. Frustró de golpe las esperanzas de un club que estaba en lo mejor y diezmó seriamente las aspiraciones de la selección italiana que al año siguiente disputaría el Mundial de 1950. De esta forma, para poder competir al nivel esperado, el equipo tenía que encontrar fórmulas para ponerse al nivel de las grandes potencias futbolísticas del momento. Así, adoptó un sistema ultradefensivo basado en el trabajo duro, los marcajes férreos al hombre y las faltas tácticas, una actitud natural en el fútbol en condiciones de inferioridad”.

Cuando papá regresó de calentar el carro le volvía a preguntar por “Il Grande Torino”. Entonces me contó está anécdota: “ El 27 de mayo de 1964, el Inter de Helenio Herrera disputa la final de la Copa de Europa contra un envejecido Real Madrid. En el túnel de vestuarios del Prater vienés un joven italiano de nombre Sandro se queda de piedra contemplando a Alfredo Di Stéfano, su ídolo. Luis Suárez, socarrón, le dice que se quede ahí mirando a Alfredo, que ellos van a jugar la final. Sandro marca dos goles, es el hombre del partido, y el Inter gana su primera Copa de Europa. Cuando el árbitro señala el final, Sandro sólo quiere llegar hasta Di Stéfano para intercambiar las camisetas pero en su camino se cruza Puskas: "Enhorabuena, yo jugué contra tu padre, eres digno de ser su hijo". De esa manera Sandro Mazzola se quedó la camiseta de Puskas.



Alfonso L. Tusa C.

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