lunes, 25 de abril de 2016

Gabriel García Márquez, El Arte de la Ficción No. 69

Invierno 1981. Paris Review Entrevistado por Peter H. Stone. Gabriel García Márquez fue entrevistado en su oficina-estudio ubicada detrás de su casa en San Angel Inn, una vieja y hermosa localidad, llena de flores coloridas en Ciudad de México. El estudio queda a pocos pasos de la casa principal. Un edificio bajo y alargado, pareciera haber sido diseñado originalmente como una casa de huéspedes. Adentro, en un extremo, están un sofá, dos sillas de extensión, y un bar portátil, una nevera ejecutiva blanca con un suplemento de agua mineral en la parte superior. El objeto más impresionante de la habitación es una fotografía grande sobre el sofá, de García Márquez solo, usando una capa en una vista panorámica a lo Anthony Quinn. García Márquez estaba sentado en su escritorio al fondo del estudio. Vino a saludarme, caminando con pisadas ligeras. Es un hombre sólido, parece un buen peleador peso medio, pecho amplio, pero quizás un poco corto de piernas. Estaba vestido casualmente con pantalones corduroy con sweater cuello tortuga y botas negras de cuero. Su cabello es marrón oscuro y rizado y tiene un bigote completo. La entrevista se extendió por tres reuniones a finales de la tarde de aproximadamente dos horas cada una. Aunque su inglés es muy bueno, García Márquez habló principalmente en español y sus dos hijos se turnaron la traducción. Cuando García Márquez habla, su cuerpo a menudo oscila atrás y adelante. Sus manos también están a menudo en movimiento haciendo pequeños pero importantes gestos para enfatizar un punto, o indicar un cambio de dirección en su pensamiento. Él se alterna entre inclinarse hacia su escucha, y sentarse hacia atrás con sus piernas cruzadas cuando habla reflexivamente. Entrevistador: ¿Cómo se siente cuando se usa el grabador de cintas? Gabriel García Márquez: El problema es que al momento que sabes que la entrevista se está grabando, tu actitud cambia. En mi caso, inmediatamente tomo una actitud defensiva. Como periodista, siento que aún no hemos aprendido como usar un grabador de cintas para hacer una entrevista. Me parece que la mejor manera, es tener una larga conversación sin que el periodista tome notas. Luego él debe recordar la conversación y escribirla como una impresión de lo que siente, sin necesariamente las palabras exactas que se expresaron. Otro método útil es tomar notas y luego interpretarlas con cierta lealtad a la persona entrevistada. Lo que hace desconfiar de la grabación es que no es leal a la persona entrevistada, porque hasta graba y recuerda cuando te volviste un desastre. Por eso es que cuando hay un grabador de cintas, estoy consciente de que me entrevistan; cuando no hay grabador, hablo de manera inconsciente y completamente natural. Entrevistador: Bien me hizo sentir un poco culpable al usarlo, pero pienso que para este tipo de entrevista probablemente lo necesitaremos. García Márquez: De todas formas, el propósito de lo que dije era ponerte a la defensiva. Entrevistador: Entonces, ¿Usted nunca ha usado un grabador para una entrevista? García Márquez: Como periodista, nunca lo uso, solo para escuchar música. Pero como periodista nunca he hecho una entrevista. He hecho reportajes, pero nunca una entrevista con preguntas y respuestas. Entrevistador: Oi acerca de una famosa entrevista con un marinero quien había naufragado. García Márquez: No fue de preguntas y respuestas. El marinero me contó sus aventuras y las escribí tratando de usar sus propias palabras en primera persona, como si él fuese quien escribiera. Cuando el trabajo fue publicado como una serie en un periódico, una parte cada día por dos semanas, fue firmado por el marinero, no por mi. No fue hasta veinte años después que este fue reeditado, que la gente supo que lo había escrito yo. Ningún editor notó que era bueno hasta que escribí Cien Años de Soledad. Entrevistador: Como empezamos a hablar de periodismo, ¿Cómo se siente ser periodista de nuevo, luego de haber escrito novelas por tanto tiempo? ¿Hace usted eso con un sentir diferente o con una visión diferente? García Márquez: Siempre he estado claro en que mi verdadera profesión es la de periodista. Lo que no me gustaba del periodismo antes era las condiciones de trabajo. Además, tenía que ajustar mis pensamientos e ideas a los intereses del periódico. Ahora, luego de haber trabajado como novelista, puedo escoger los temas que me interesan y se corresponden con mis ideas. En cualquier caso, siempre disfruto mucho la oportunidad de hacer una gran pieza de periodismo. Entrevistador: ¿Qué es una gran pieza de periodismo para usted? García Márquez: Hiroshima de Henry Hersey fue una pieza excepcional. Entrevistador: ¿Hay una historia de hoy que le gustaría cubrir? García Márquez: Hay muchas, de hecho he escrito sobre varias. He escrito acerca de Portugal, Cuba, Angola y Vietnam. Me gustaría mucho escribir sobre Polonia. Pienso que si pudiera describir exactamente lo que ocurre ahora, sería una historia muy importante. Pero ahora hace mucho frío en Polonia; soy un periodista a quien le gustan sus comodidades. Entrevistador: ¿Piensa usted que la novela puede hacer ciertas cosas que el periodismo no puede? García Márquez: Para nada. No pienso que haya ninguna diferencia. Las fuentes son las mismas, el material es el mismo, los recursos y el lenguaje son los mismos. The Journal of the Plague Year de Daniel Defoe es una gran novela e Hiroshima es un gran trabajo periodístico. Entrevistador: ¿Tienen el novelista y el periodista diferentes responsabilidades al balancear la verdad versus la imaginación? García Márquez: En periodismo, un solo hecho falso perjudica todo el trabajo. Al contrario, en ficción un solo hecho verdadero le da legitimidad al trabajo. Esa es la única diferencia, y reposa en el compromiso del escritor. Un novelista puede hacer todo lo que quiera mientras haga que las personas le crean. Entrevistador: En las entrevistas de hace algunos años, usted parecía mirar hacia atrás con asombro acerca de que entones usted era más rápido. García Márquez: Encuentro más difícil escribir ahora que antes, novelas y periodismo. Cuando trabajaba en los periódicos, no estaba consciente de cada palabra que escribía, ahora si. Cuando trabajaba para El Espectador en Bogotá, solía hacer al menos tres historias a la semana, dos o tres notas editoriales cada día, y hacía reseñas de cine. Luego en la noche, después que todos se habían ido a casa, yo me quedaba escribiendo mis novelas. Me gustaba el ruido de las máquinas de linotipos, sonaban como un tren. Si ellas se detenían, y me quedaba en silencio, no era capaz de trabajar. Ahora lo generado es comparativamente pequeño. En un buen día de trabajo, de nueve de la mañana a dos o tres de la tarde, lo más que puedo escribir es un párrafo corto de cuatro o cinco líneas, el cual usualmente desecho el día siguiente. Entrevistador: ¿Viene este cambio porque sus trabajos son altamente reconocidos o de algún tipo de compromiso político? García Márquez: De ambos. Pienso que la idea de que escribo para muchas más personas de lo que nunca imaginé ha creado cierta responsabilidad general que es literaria y política. Hasta hay orgullo involucrado, al no querer desmejorar lo que hice antes. Entrevistador: ¿Cómo empezó a escribir? García Márquez: Dibujando. Dibujando caricaturas. Antes que pudiera leer o escribir solía dibujar caricaturas en la escuela y el hogar. Lo divertido es que ahora me doy cuenta que cuando estaba en la escuela secundaria tenía la reputación de ser un escritor, aunque de hecho nunca escribí nada. Si había un panfleto que escribir o una carta de solicitud, yo era a quien buscaban porque supuestamente era el escritor. Cuando entré a la universidad tenía entorno literario en general, considerablemente por encima del promedio de mis amigos. En la universidad en Bogotá empecé a hacer nuevas relaciones y amigos quienes me introdujeron a los escritores contemporáneos. Una noche un amigo me prestó un libro de cuentos de Franz Kafka. Regresé a la pensión donde estaba hospedado y empecé a leer La Metamorfósis. La primera línea casi me tumbó de la cama. Estaba muy sorprendido. La primera línea dice: “Cuando Gregor Samsa despertó esa mañana de sus sueños complicados, se encontró que se había convertido en un insecto gigantesco…” Cuando leí esa línea me dije que no sabía que alguien se permitiera escribir cosas como esa. Si lo hubiera sabido, hubiera empezado a escribir hace mucho tiempo. Así que de inmediato empecé a escribir cuentos. Esos eran cuentos totalmente intelectuales porque los escribía en base a mi experiencia literaria y todavía no había encontrado el enlace entre literatura y vida. Los cuentos eran publicados en el suplemento literario de El Espectador de Bogotá y tenían cierto éxito para la época, probablemente porque nadie en Colombia escribía cuentos intelectuales. Lo que se escribía entonces era principalmente de la vida campestre y la vida social. Cuando escribí mis primeros cuentos me dijeron que tenían influencias Joyceanas. Entrevistador: ¿Había leído a Joyce para ese momento? García Márquez: Nunca había leído a Joyce, así que empecé a leer Ulises. Leí solo la versión disponible de la edición española. Desde entonces, luego de haber leído Ulises en inglés así como una muy buena traducción francesa, puedo ver que la versión de la traducción original española era muy mala. Pero aprendí algo que fue muy útil para mi escritura futura, la técnica del monólogo interior. Después encontré eso en Virginia Woolf, me gusta la manera como ella lo usa, mejor que Joyce. Aun luego me di cuenta que la persona que inventó este monólogo interior fue el escritor anónimo de El Lazarillo de Tormes. Entrevistador: ¿Puede nombrar algunas de sus influencias tempranas? García Márquez: Las personas que de verdad me ayudaron a determinar mi actitud intelectual hacia el cuento fueron los escritores de la generación perdida americana. Noté que su literatura tenía una relación con la vida que no tenían mis cuentos. Y entonces ocurrió un evento que fue muy importante respecto a esta actitud. Fue el Bogotazo, el nueve de abril de 1948, cuando a un líder político, Gaitán, le dispararon y las personas de Bogotá se llenaron de rabia en las calles. Yo estaba en mi pensión listo para almorzar cuando oi la noticia. Corrí hacia el lugar pero a Gaitán lo habían metido en un taxi y lo llevaron a un hospital. De regreso a la pensión, las personas habían tomado las calles y manifestaban, saqueaban tiendas y quemaban edificios. Me les uní. Esa tarde y noche, entendí en que tipo de país estaba viviendo, y que tan poco mis cuentos tenían que ver con eso. Cuando luego fui forzado a regresar Barranquilla en el Caribe, donde había pasado mi niñez, me di cuenta que ese era el tipo de vida que había vivido, y supe que quería escribir de eso. Alrededor de 1950 o el ’51 ocurrió otro evento que influyó en mis tendencias literarias. Mi madre me pidió que le acompañara a Aracataca, donde yo nací, para vender la casa donde pasé mis primeros años. Cuando llegué allí al principio fue impactante porque ahora tenía veintidós años y no había estado ahí desde que tenía ocho años. Nada había cambiado en realidad, pero sentía que en realidad no estaba mirando el pueblo, lo estaba sintiendo como si lo leyera. Era como si todo lo que veía estaba escrito, y todo lo que tenía que hacer era sentarme y copiar lo que estaba ahí y lo que estaba leyendo. Para todos los propósitos prácticos todo ha evolucionado a literatura: las casas, la gente, y las memorias. No estoy seguro si ya había leído a Faulkner o no, pero ahora sé que solo una técnica como la de Faulkner pudo haberme capacitado para escribir lo que estaba viendo. La atmósfera, la decadencia, el calor del pueblo eran a grandes rasgos los mismos que había sentido con Faulkner. Era una región de una plantación bananera habitada por muchos estadounidenses de las compañías de frutas que le dieron el mismo tipo de atmósfera que he encontrado en los escritores del sur profundo. Los críticos han hablado de la influencia literaria de Faulkner, pero veo eso como una coincidencia: Yo había encontrado un material que tenía que ser manejado de la misma forma como Faulkner había tratado un material similar. De ese viaje al pueblo regresé a escribir Una Hoja en la Tormenta, mi primera novela. Lo que en realidad me ocurrió en ese viaje a Aracataca fue que me di cuenta que todo lo que había ocurrido en mi niñez tenía un valor literario que solo apreciaba en ese momento. Desde el momento cuando escribí Una Hoja en la Tormenta me di cuenta que quería ser escritor y que nadie podría detenerme y que lo único que me faltaba hacer era tratar de ser el mejor escritor del mundo. Eso fue en 1953, pero no fue hasta 1967 cuando recibí mis primeros pagos por haber escrito cinco de mis ocho libros. Entrevistador: ¿Piensa usted que es común que los escritores jóvenes nieguen el valor de su niñez y experiencias para intelectualizar como hizo usted inicialmente? García Márquez: No, el proceso usualmente ocurre al contrario, pero si yo tuviera que darle un consejo a un escritor joven le diría que escribiese acerca de algo que le haya ocurrido; siempre es fácil decir si un escritor está escribiendo acerca de algo que le ocurrió o algo que ha leído o le han contado. Pablo Neruda tiene una línea en un poema que dice “Dios me ayuda a inventar cuando canto”. Siempre me divierte que los elogios más grandes para mi trabajo vengan por la imaginación, mientras la verdad es no hay una sola línea en todo mi trabajo que no este basada en la realidad. El problema es que la realidad caribeña se parece mucho a la imaginación más salvaje. Entrevistador: ¿Para quién escribía usted en ese momento? ¿Quiénes eran su audiencia? García Márquez: Una Hoja en la Tormenta fue escrita para mis amigos quienes me estaban ayudando y me prestaban sus libros y eran muy entusiastas acerca de mi trabajo. En general pienso que usualmente escribes para alguien. Cuando escribo siempre me digo que a este amigo le va a gustar esto, o a aquel otro amigo le va a gustar ese párrafo o capítulo, siempre pienso en personas específicas. Y al final todos los libros son escritos para tus amigos. El problema después de escribir Cien Años de Soledad era que ahora no sabía para quien de los millones de lectores estaba escribiendo; eso me molesta y me inhibe. Es como si un millón de ojos te miraran y no sabes que piensan. Entrevistador: ¿Qué hay de la influencia del periodismo en su ficción? García Márquez: Pienso que la influencia es recíproca. La ficción ha ayudado a mi periodismo porque le ha dado valor literario. El periodismo ha ayudado a mi ficción porque me ha mantenido en una relación cercana con la realidad. Entrevistador: ¿Cómo describiría usted la búsqueda de un estilo por la que transitó después de Una Hoja en la Tormenta y antes de escribir Cien Años de Soledad? García Márquez: Después de escribir Una Hoja en la Tormenta, decidí que escribir del pueblo y mi niñez era un escape de tener que enfrentar y escribir la realidad política del país. Tenía la falsa impresión de que me escondía detrás de este tipo de nostalgia en vez de confrontar los sucesos políticos que ocurrían. En ese momento se discutía mucho sobre la relación entre literatura y política. Yo intenté tratar de cerrar la brecha entre las dos. Mi influencia había sido Faulkner; ahora era Hemingway. Escribí El Coronel no tiene Quien le Escriba, La Hora Menguada, y Los Funerales de Mama Grande, las cuales todas fueron escritas más o menos en el mismo tiempo y tienen muchas cosas en común. Estas historias ocurren en un pueblo diferente al de Una Hoja en la Tormenta y Cien Años de Soledad. Es un pueblo en el cual no hay magia. Es literatura periodística. Pero cuando terminé La Hora Menguada, vi que todas mis visiones estaban equivocadas otra vez. Noté que de hecho mis escrituras acerca de mi niñez eran más políticas y tenían más que ver con la realidad de mi país de lo que había pensado. Después de La Hora Menguada no escribí nada por cinco años. Tenía una idea de lo que siempre quise hacer, pero había algo que me faltaba y no estaba seguro de que era hasta que un día encontré el tono apropiado, el tono que eventualmente usé en Cien Años de Soledad. Estaba basado en la manera como mi abuela solía contar sus historias. Ella decía cosas que sonaban sobrenaturales y fantásticas, pero lo decía con total naturalidad. Cuando finalmente descubrí el tono que tenía que usar, me senté por dieciocho meses y trabajé cada día. Entrevistador: ¿Cómo expresaba ella lo “fantástico” tan naturalmente? García Márquez: Lo que era más importante era la expresión que tenía en su rostro. Ella no cambiaba su expresión para nada cuando contaba sus historias, y todos estaban sorprendidos. En intentos anteriores de escribir Cien Años de Soledad, yo trataba de contar la historia sin creer en ella. Descubrí que lo que tenía que hacer era creer en ella y escribirla con la misma expresión con la cual mi abuela la contaba: con una cara de piedra. Entrevistador: También parece haber una calidad periodística en esa técnica o tono. Usted parece describir eventos fantásticos tan al detalle que eso les da su propia realidad. ¿Es eso algo que ha tomado del periodismo? García Márquez: Ese es un truco periodístico el cual también puedes aplicar en literatura. Por ejemplo, si dices que hay elefantes volando en el cielo, la gente no te va a creer. Pero si dices que hay cuatrocientos veinticinco elefantes volando en el cielo, la gente probablemente te creerá. Cien Años de Soledad está llena de ese tipo de cosas. Esa es exactamente la técnica que usaba mi abuela. Recuerdo particularmente la historia del personaje rodeado de mariposas amarillas. Cuando yo era muy pequeño, había un electricista quien iba a la casa. Yo me sentía muy curioso porque él llevaba un cinturón con el cual solía suspenderse en los postes eléctricos. Mi abuela solía decir que cada vez que ese hombre llegaba, dejaba la casa llena de mariposas. Pero cuando yo escribía eso, descubrí que si no decía que las mariposas eran amarillas, la gente no lo creería. Cuando estaba escribiendo el episodio de Remedios la Bella yendo al cielo, me tomó mucho tiempo hacerlo creíble. Un día salí al jardín y vi a una mujer quien solía venir a la casa para lavar, ella estaba tendiendo la ropa para que se secara y había mucho viento. Ella le reclamaba al viento que no fuera a volar las sábanas. Descubrí que si usaba las sábanas para Remedios la Bella, ella ascendería. Así fue como hice, para hacerlo creíble. El problema de cada escritor es la credibilidad. Cualquiera puede escribir algo mientras sea creible. Entrevistador: ¿Cuál fue el origen de la plaga del insomnio en Cien Años de Soledad? García Márquez: Comenzando con Oedipus, siempre he estado interesado en las plagas. He estudiado mucho acerca de las plagas medievales. Uno de mis libros favoritos es The Journal of the Plague Year de Daniel Defoe, entre otras razones porque Defoe es un periodista quien suena como si lo que dijera es pura fantasía. Por muchos años pensé que Defoe había escrito acerca de la plaga de Londres mientras la observaba. Pero entonces descubrí que era una novela, porque Defoe tenía menos de siete años de edad cuando ocurrió la plaga en Londres. Las plagas siempre han sido uno de mis temas recurrentes, y en formas diferentes. En La Hora Menguada, los panfletos son plagas. Por muchos años pensé que la violencia política de Colombia tenía la misma metafísica que una plaga. Antes de Cien Años de Soledad, había usado una plaga para matar a todos los pájaros en una historia llamada “Un día después del sábado”. En Cien Años de Soledad usé la plaga del insomnio como truco literario, porque esta es el opuesto de la plaga del sueño. En fin, la literatura no es más que carpintería. Entrevistador: ¿Podría explicar esa analogía algo más? García Márquez: Ambas son trabajos muy duros. Escribir algo es casi tan difícil como hacer una mesa. En ambas trabajas con la realidad, un material tan duro como la madera. Ambas están llenas de trucos y técnicas. Básicamente, hay muy poca magia y mucho trabajo duro involucrados. Y como Proust dijo, hace falta diez porciento de inspiración y noventa porciento de sudor. Nunca he hecho nada de carpintería pero es el trabajo que más admiro, especialmente porque nunca puedes encontrar a alguien que lo haga para ti. Entrevistador: ¿Qué hay de la fiebre bananera de Cien Años de Soledad? ¿Cuánto de eso está basado en lo que hizo la United Fruit Company? García Márquez: La fiebre bananera está modelada muy de cerca a la realidad. Por supuesto, he usado trucos literarios en cosas que no han sido probadas históricamente. Por ejemplo, la masacre de la plaza es totalmente cierta, pero aunque la escribí sobre la base de testimonios y documentos, nunca se supo exactamente cuantas personas fueron asesinadas. Usé la figura de tres mil, lo cual es obviamente una exageración. Pero una de mis memorias de la niñez era mirar un tren muy, muy largo salir de la plantación supuestamente lleno de bananas. Pudo haber tres mil muertos en él, eventualmente para hundirlos en el mar. Lo que es realmente sorprendente es que ahora se habla naturalmente en el congreso y los periódicos acerca de los “tres mil muertos”. Sospecho que la mitad de nuestra historia esta hecha de esa manera. En El Otoño del Patriarca, el dictador dice que no importa si ahora eso no es verdad, porque en algún momento del futuro será verdad. Tarde o temprano las personas creen más en los escritores que en el gobierno. Entrevistador: Eso hace al escritor más poderoso, ¿no? García Márquez: Si, y puedo sentirlo también. Eso me da un gran sentido de responsabilidad. Lo que de verdad me gustaría hacer es una pieza de periodismo que sea completamente verdadera y real, que suene tan fantástica como Cien Años de Soledad. Mientras más vivo y recuerdo cosas del pasado, más pienso que la literatura y el periodismo están relacionados íntimamente. Entrevistador: ¿Qué hay de un país renunciando a su mar territorial por su deuda externa, como ocurre en El Otoño del Patriarca? García Márquez: Si, pero eso ocurrió en la realidad. Ha ocurrido y ocurrirá muchas veces más. El Otoño del Patriarca es un libro completamente histórico. Encontrar probabilidades desde hechos reales es el trabajo del periodista y el novelista, y también es el trabajo del profeta. El problema es que mucha gente cree que soy un escritor de ficción fantástica, cuando en realidad soy una persona muy realista y escribo de lo que creo es el verdadero realismo socialista. Entrevistador: ¿Es eso utópico? García Márquez: No estoy seguro si la palabra utópico significa real o ideal. Pero pienso que es lo real. Entrevistador: ¿Son los personajes de El Otoño del Patriarca, los dictadores, por ejemplo, modelados con personas reales? Pareciera haber similitudes con Franco, Perón y Trujillo. García Márquez: En cada novela, el personaje es una mezcla: una mezcla de distintos personajes que has conocido, u oído de ellos o leído sobre ellos. Lei todo lo que pude encontrar acerca de los dictadores latinoamericanos del último siglo y del comienzo de este. También hablé con personas que han vivido bajo dictaduras. Hice eso por lo menos diez años. Y cuando tuve una idea clara de cómo iba a ser el personaje, hice un esfuerzo para olvidar todo lo que había leído y oído, de manera que pudiera inventar, sin usar ninguna situación que hubiese ocurrido en la vida real. Por un momento me di cuenta de que yo no había vivido en una dictadura en ningún momento, así que pensé que si escribiera el libro en España, podía ver como era la atmósfera de vivir en una dictadura establecida. Pero encontré que la atmósfera era muy diferente en España bajo Franco de la de una dictadura caribeña. Así que el libro estuvo como bloqueado por cerca de un año. Había algo que faltaba y no estaba seguro de lo que era. Entonces una noche, decidí que lo mejor era regresar al Caribe. Así que volvimos a Barranquilla en Colombia. Hice una declaración a los periodistas la cual ellos pensaron que era una broma. Dije que estaba regresando porque había olvidado como era el olor de la guayaba. En verdad, eso era lo que necesitaba para terminar mi libro. Hice un viaje por el Caribe. Mientras iba de isla en isla, encontré los elementos que habían estado faltando en mi novela Entrevistador: Usted usa a menudo el tema del la soledad del poder. García Márquez: Mientras tienes más poder, es más difícil saber quien te miente y quien no. Cuando alcanzas el poder absoluto, no hay contacto con la realidad, y esa es la peor clase de soledad que puede haber. Una persona muy poderosa, un dictador, esta rodeado de intereses y personas cuyo objetivo final es aislarlo de la realidad, todo está concertado para aislarlo. Entrevistador: ¿Qué hay de la soledad del escritor? ¿Es diferente? García Márquez: Tiene mucho que ver con la soledad del poder. Los intentos del escritor por retratar la realidad a menudo lo llevan a una visión distorsionada de esta. Al tratar de trasponer la realidad él puede terminar perdiendo contacto con ella, aislándose en una torre de marfil, como dicen. El periodismo es un guardián muy bueno contra eso. Por eso es que siempre he tratado de mantenerme haciendo periodismo, porque me mantiene en contacto con el mundo real, particularmente periodismo político y política. La soledad que me amenazó después de Cien Años de Soledad no fue la soledad del escritor; fue la soledad de la fama, la cual se parece mucho más a la soledad del poder. Mis amigos me defendieron de esa soledad, mis amigos quienes siempre están ahí. Entrevistador: ¿Cómo? García Márquez: Porque me las he arreglado para mantener los mismos amigos toda mi vida. Me refiero a que no me alejo o desentiendo de mis viejos amigos, y ellos son los que me traen de vuelta a La Tierra; ellos siempre tienen sus pies sobre la tierra y no son famosos. Entrevistador: ¿Cómo empiezan las cosas? Una de las imágenes recurrentes de El Otoño del Patriarca es la de las vacas en el palacio. ¿Fue esta una de las imágenes originales? García Márquez: Tengo un libro de fotografías que voy a mostrarte. He dicho en varias ocasiones que en el génesis de todos mis libros siempre hay una imagen. La primera imagen que tuve de El Otoño del Patriarca fue de un hombre muy viejo en un palacio muy lujoso al cual entran las vacas se comen las cortinas. Pero esa imagen no se concretó hasta que vi la fotografía. En Roma fui a una librería donde empecé a mirar libros de fotografías, los cuales me gusta coleccionar. Vi esa fotografía y era perfecta. Vi que así era como iba a ser. Como no soy un gran intelectual, puedo encontrar mis antecedentes en las cosas cotidianas de la vida, y no en las grandes obras maestras. Entrevistador: ¿Sus novelas alguna vez toman giros inesperados? García Márquez: Eso solía ocurrirme al comienzo. En las primeras historias que escribí tenía una idea general del ánimo, pero me dejaba llevar por la oportunidad. El mejor consejo que me dieron desde temprano fue que estaba bien trabajar de esa manera mientras era joven porque yo tenía un torrente de inspiración. Pero me dijeron que si no aprendía las técnicas, después estaría en problemas cuando la inspiración se hubiera ido y se necesitaran las técnicas para compensar. Si no hubiera aprendido eso a tiempo ahora no sería capaz de argumentar una estructura en avance. La estructura es un problema de pura técnica y si no la aprendes temprano nunca la aprenderás. Entrevistador: ¿Entonces la disciplina es muy importante para usted? García Márquez: No pienso que se pueda escribir un libro que valga algo sin una disciplina extraordinaria. Entrevistador: ¿Qué hay de los estimulantes artificiales? García Márquez: Una cosa que escribió Hemingway que me impresionó mucho fue que escribir para él era como boxear. Él se encargaba de su salud y bienestar. Faulkner tenía fama de borracho, pero en cada entrevista que daba, él decía que era imposible escribir una línea estando borracho. Hemingway también lo dijo. Los malos lectores me han preguntado si yo estaba drogado cuando escribí algunos de mis trabajos. Pero eso ilustra que ellos no saben nada de literatura o drogas. Para ser un buen escritor tienes que estar absolutamente lúcido en cada momento de la escritura, y tener buena salud. Soy contrario al concepto romántico de escritura que mantiene que el acto de escribir es como un sacrificio, y que mientras peores sean las condiciones económicas y el estado emocional, mejor será la escritura. Pienso que tienes que estar en muy buen estado emocional y físico. La creación literaria para mi requiere de buena salud, y la Generación Perdida entendía eso. Ellos eran personas que amaban la vida. Entrevistador: Blaise Cendrars dijo que escribir es un privilegio comparado con la mayoría de los trabajos, y que los escritores exageran su sufrimiento. ¿Qué piensa usted? García Márquez: Pienso que escribir es muy difícil, pero también lo es cualquier trabajo ejecutado cuidadosamente. Lo que es un privilegio, es hacer un trabajo que te satisfaga. Pienso que exijo en exceso de mí y de los otros porque no tolero los errores; pienso que es un privilegio hacer cualquier cosa a un grado perfecto. Aunque es verdad que los escritores son a menudo megalomaníacos y se consideran el centro del universo y la conciencia de la sociedad. Pero lo que yo más admiro es algo bien hecho. Siempre soy muy feliz cuando viajo al saber que los pilotos son mejores pilotos de lo que yo soy escritor. Entrevistador: ¿Cuándo trabaja mejor usted ahora? ¿Tiene usted un horario de trabajo? García Márquez: Cuando me hice escritor profesional el problema más grande que tenía era mi horario. Cuando empecé a trabajar a tiempo completo tenía cuarenta años de edad, mi horario era básicamente desde las nueve en punto de la mañana hasta las dos de la tarde cuando mis hijos regresaban de la escuela. Como estaba tan acostumbrado al trabajo duro, me sentía culpable de que solo trabajaba en la mañana; así que traté de trabajar en las tardes, pero descubrí que lo que hacía en la tarde tenía que volver a hacerlo de nuevo la mañana siguiente. Así que decidí que solo trabajaría desde las nueve hasta las dos y media y no haría más nada. En las tardes tenía citas y entrevistas y algo más que pudiera salir. Tengo otro problema en que solo puedo trabajar en lugares que me son familiares y que han sido calentados con mi trabajo. No puedo escribir en hoteles o habitaciones prestadas o con máquinas de escribir prestadas. Esto crea problemas porque cuando viajo no puedo trabajar. Por supuesto, siempre tratas de encontrar un pretexto para trabajar menos. Por eso es que las condiciones que te impones son más difíciles todo el tiempo. Esperas la inspiración en cualquier circunstancia. Esa es una palabra que los románticos explotaron mucho. Mis camaradas marxistas tienen muchas dificultades para aceptar esa palabra, pero como sea que la llames, estoy convencido de que hay un estado mental especial en el cual puedes escribir con gran facilidad y las cosas fluyen. Todos los pretextos, tales como que solo puedes escribir en casa, desaparecen. Ese momento y ese estado mental parecen llegar cuando has encontrado el tema adecuado y las maneras apropiadas de tratarlo. Y eso tiene que ser algo que te guste de verdad, porque no hay peor trabajo que hacer algo que no te guste. Una de las cosas más difíciles es el primer párrafo. He pasado muchos meses en un primer párrafo, y una vez que lo consigo, el resto sale muy fácilmente. En el primer párrafo resuelves la mayor parte de los problemas de tu libro. El tema es definido, el estilo, el tono. Por lo menos en mi caso, el primer párrafo es un tipo de muestra de lo que va a ser el resto del libro. Por eso es que escribir un libro de cuentos es mucho más difícil que escribir una novela. Cada vez que escribes un cuento, tienes que empezar todo otra vez. Entrevistador: ¿Son los sueños importantes como fuente de inspiración? García Márquez: Muy al comienzo yo les prestaba mucha atención a ellos. Pero entonces me di cuenta que la vida es la fuente de inspiración más grande y que los sueños son solo una parte muy pequeña de ese torrente que es la vida. Lo que es muy cierto acerca de mi escritura es que estoy muy interesado en los diferentes conceptos de sueños y las interpretaciones de ellos. Veo los sueños como parte de la vida en general, pero la realidad es mucho más rica. Pero tal vez yo tenga sueños muy pobres. Entrevistador: ¿Puede usted diferenciar entre inspiración e intuición? García Márquez: Inspiración es cuando encuentras el tema correcto, uno que de verdad te guste; que haga el trabajo mucho más fácil. La intuición que también es fundamental para escribir ficción, es una cualidad especial que te ayuda a descifrar lo que es real sin necesitar conocimiento científico, o cualquier otro tipo de aprendizaje. Las leyes de la gravedad pueden ser determinadas mucho más fácilmente con intuición que con cualquier otra cosa. Es una manera de tener experiencia sin tener que pasar trabajo ganándola. Para un novelista, la intuición es esencial. Básicamente es lo contrario a la intelectualidad, lo cual es probablemente la cosa que más detesto en el mundo, en el sentido de que el mundo real se ha convertido en un tipo de teoría inamovible. La intuición tiene la ventaja de que eso es o no es. No tienes dificultades para tratar de poner un nudo redondo en un hueco cuadrado. Entrevistador: ¿Le disgustan los teóricos? García Márquez: Exactamente. Principalmente, porque no puedo entenderlos. Por eso principalmente tengo que explicar la mayoría de las cosas con anécdotas, porque no tengo ninguna capacidad para las abstracciones. Por eso es que muchos críticos dicen que no soy una persona culta. No hago suficientes citas. Entrevistador: ¿Piensa usted que los críticos lo tipifican o categorizan muy ajustadamente? García Márquez: Los críticos para mí son el ejemplo más grande de lo que es la intelectualidad. Primero que todo, tienen una teoría de lo que debe ser un escritor. Tratan de hacer que el escritor encaje en su modelo, y si el no encaja, trataran de hacerlo encajar a la fuerza. Solo contesto esto porque has preguntado. En realidad no me interesa lo que los críticos piensen de mi; ni he leído la crítica en muchos años. Ellos han reclamado para ellos la tarea de ser intermediarios entre el autor y el lector. Siempre he tratado de ser un escritor muy claro y preciso, de alcanzar directamente al lector sin tener que llegarle a través de los críticos. Entrevistador: ¿Cómo valora usted a los traductores? García Márquez: Tengo una gran admiración por los traductores excepto por los que usan pie de página. Ellos siempre tratan de explicar al lector algo que el autor probablemente no quería decir; como eso está ahí, el lector tiene que ajustarse a eso. Traducir es un trabajo muy difícil, para nada compensatorio y muy mal pagado. Una buena traducción es siempre una re-creación en otro lenguaje. Por eso tengo una gran admiración por Gregory Rabassa. Mis libros han sido traducidos a veintiun lenguajes y Rabassa es el único traductor quien nunca ha preguntado que le clarifiquen algo de manera que el pueda poner una nota a pie de página. Pienso que mi trabajo ha sido completamente re-creado en inglés. Hay partes del libro que son muy difíciles de seguir literalmente. La impresión que uno tiene es que el traductor lee el libro y entonces lo reescribe desde sus recuerdos. Por eso es que siento tanta admiración por los traductores. Son intuitivos más que intelectuales. No solo es que los editores les pagan una miseria, sino que no ven su trabajo como una creación literaria. Hay muchos libros que me habría gustado traducir al español, pero eso me habría dado tanto trabajo como escribir mis propios libros y no habría hecho suficiente dinero para comer. Entrevistador: ¿Qué le hubiese gustado traducir? García Márquez: Me hubiera gustado traducir a Conrad, y Saint Exupéry. Cuando leo algunas veces tengo el sentimiento de que me gustaría haber traducido ese libro. Excluyendo las grandes obras maestras, prefiero leer una traducción mediocre de un libro que tratar de leer la versión en el lenguaje original. Nunca me siento cómodo leyendo en otro lenguaje, porque el único lenguaje que siento de verdad es el español. Sin embargo, hablo italiano y francés, y sé inglés lo suficiente para haberme envenenado con la revista Time cada semana por veinte años. Entrevistador: ¿México parece como un hogar para usted ahora? ¿Se siente usted parte de alguna gran comunidad de escritores? García Márquez: En general, no soy amigo de escritores y artistas solo porque son escritores y artistas. Tengo muchos amigos de diferentes profesiones, entre ellos escritores y artistas. En términos generales, siento que soy nativo en cualquier país de LatinoAmérica no tengo sentido de fronteras o límites. Estoy consciente de las diferencias que existen desde un país a otro, pero en mi mente y corazón todo es igual. Donde de verdad me siento en casa es en el Caribe, no importa si es el Caribe francés, alemán o inglés. Siempre me impresionó que cuando llegué en avión a Barranquilla, una dama negra de vestido azul sellaría mi pasaporte, y cuando bajé del avión en Jamaica, una dama negra de vestido azul sellaría mi pasaporte, pero en inglés. No creo que el lenguaje haga mucha diferencia. Pero en cualquier otra parte del mundo, me siento extranjero, un sentimiento que me roba el sentido de seguridad. Es un sentimiento personal, pero siempre lo tengo cuando viajo. Tengo una conciencia minoritaria. Entrevistador: ¿Piensa usted que para los escritores latinoamericanos es importante vivir en Europa por un tiempo? García Márquez: Quizás para tener un perspectiva real desde afuera. El libro de cuentos que pienso escribir trata de latinoamericanos en Europa. He pensado en eso por veinte años. Si pudieras sacar una conclusión final de estos cuentos, sería que los latinoamericanos difícilmente van a Europa, especialmente los mexicanos, y ciertamente no se quedan. Todos los mexicanos que he conocido en Europa siempre se van el próximo miércoles. Entrevistador: ¿Qué efectos piensa usted que ha tenido la revolución cubana en la literatura latinoamericana? García Márquez: Hasta ahora han sido negativos. Muchos escritores quienes piensan que están políticamente comprometidos se sienten obligados a escribir historias no acerca de lo que quieren, sino de lo que piensan deberían querer. Eso hace un tipo de literatura calculada que no tiene nada que ver con experiencia o intuición. La principal razón de esto es que la influencia cultural de Cuba en Latinoamérica ha sido muy combatida. En Cuba, el proceso no se ha desarrollado hasta el punto en que ha sido creado un nuevo tipo de arte o literatura. Eso es algo que necesita tiempo. La gran importancia cultural de Cuba en Latinoamérica ha sido servir como un tipo de puente para transmitir un tipo de literatura que había existido en Latinoamérica por muchos años. En un sentido, el estallido de la literatura latinoamericana en Estados Unidos ha sido causado por la revolución cubana. Cada escritor latinoamericano de esa generación había estado escribiendo por veinte años, pero los editores estadounidenses y europeos tenían poco interés en ellos. Cuando empezó la revolución cubana hubo un interés repentino por Cuba y Latinoamérica. La revolución se convirtió en artículo de consumo. Latinoamérica se puso de moda. Se descubrió que las novelas latinoamericanas existían que eran lo suficientemente buenas para ser traducidas y consideradas junto a toda la literatura mundial. Lo que era de verdad triste es que el colonialismo cultural es tan malo en Latinoamérica que era imposible convencer a los latinoamericanos que sus propias novelas eran buenas hasta que las personas desde afuera les dijeron que eran buenas. Entrevistador: ¿Hay escritores latinoamericanos menos conocidos que usted admire especialmente? García Márquez: Dudo que haya alguno ahora. Uno de los mejores efectos laterales del estallido en la escritura latinoamericana es que los editores están siempre pendientes de asegurarse que no van a perder al nuevo Cortázar. Desafortunadamente muchos escritores jóvenes están más preocupados por la fama que por su trabajo. Hay un profesor francés en la Universidad de Toulouse quien escribe de literatura latinoamericana; muchos autores jóvenes le escribieron diciéndole que no escribiera mucho acerca de mi porque yo no lo necesitaba y otras personas si. Pero lo que ellos olvidan es que cuando yo tenía su edad los críticos no escribían de mí, sino de Miguel Ángel Asturias. El punto que trato de tocar es que los escritores jóvenes están gastando su tiempo escribiéndole a los críticos más que trabajar en su propia escritura. Es mucho más importante escribir a que escriban de uno. Una cosa que pienso fue muy importante en mi carrera literaria fue que hasta que tuve cuarenta años, nunca obtuve un centavo por derechos de autor, aunque tenía cinco libros publicados. Entrevistador: ¿Piensa usted que la fama o el éxito muy tempraneros en la carrera de un escritor sean malos? García Márquez: A cualquier edad son malos. Me hubiese gustado que mis libros hubieran sido reconocidos de manera póstuma, al menos en los países capitalistas, donde te conviertes en una especie de mercader. Entrevistador: ¿Además de sus favoritos, que lee hoy? García Márquez: Leo las cosas más extrañas. Estaba leyendo las memorias de Muhammad Ali el otro día. Drácula de Bram Stoker es un gran libro, y uno que probablemente no habría leído hace muchos años porque habría pensado que era una pérdida de tiempo. Pero nunca me involucro de verdad con un libro a menos que este sea recomendado por alguien en quien confíe. No leo más ficción. Leo muchas memorias y documentos, aún si son documentos forjados. Y releo mis favoritos. La ventaja de releer es que puedes abrir en cualquier página y leer la parte que te gusta. He perdido la noción sacra de leer solo literatura. Leeré cualquier cosa. Trato de mantenerme al día. Leo casi todas las revistas importantes de todo el mundo todas las semanas. Siempre he estado a la búsqueda de noticias desde que tuve el hábito de leer las máquinas de teletipo. Pero después que he leído todos los periódicos serios e importantes de todo el mundo, mi esposa siempre viene y me dice noticias que no había oído. Cuando le pregunto donde las leyó, ella dice que las leyó en una revista del salón de belleza. Así que leo revistas de moda y todo tipo de revistas para mujeres y revistas de chismes. Y aprendo muchas cosas que solo podía aprender al leerlas. Eso me mantiene muy ocupado. Entrevistador: ¿Por qué piensa usted que la fama es tan destructiva para un escritor García Márquez: Primariamente porque invade tu vida privada. Eso tiene que ver con el tiempo que pasas con tus amigos, y el tiempo cuando puedes trabajar. Eso tiende a aislarte del mundo real. Un escritor famoso quien quiere continuar escribiendo tiene que estarse defendiendo constantemente de la fama. No me gusta decir esto porque nunca suena sincero, pero de verdad me hubiera gustado que mis libros hubieran sido publicados después de mi muerte, así no habría tenido que pasar por todos estos negocios de la fama y de ser un gran escritor. En mi caso la única ventaja de la fama es que he sido capaz de darle un uso político. De otra manera, eso es completamente incómodo. El problema es que eres famoso veinticuatro horas al día y no puedes decir, “Está bien, no seré famoso hasta mañana”, o presionar un botón y decir, “No seré famoso aquí o ahora”. Entrevistador: ¿Anticipó usted el éxito extraordinario de Cien Años de Soledad? García Márquez: Sabía que sería un libro que agradaría a mis amigos más que los otros. Pero cuando mi editor español me dijo que iba a imprimir ocho mil copias me anonadé, porque mis otros libros nunca habían vendido más de setecientas copias. Le pregunté porque no empezar con lentitud, pero él dijo que estaba convencido que era un buen libro y que todas las ocho mil copias serían vendidas entre mayo y diciembre. En realidad todas fueron vendidas en una semana en Buenos Aires. Entrevistador: ¿Por qué piensa usted que Cien Años de Soledad pegó tanto? García Márquez: No tengo la menor idea, porque soy un muy mal crítico de mis trabajos. Una de las explicaciones más frecuentes que he oído es que es un libro acerca de las vidas privadas de las personas de Latinoamérica, un libro que fue escrito desde adentro. Esa explicación me sorprende porque en mi primer intento de escribirlo el título del libro iba a ser La Casa. Yo quería que el desarrollo completo de la novela ocurriera dentro de la casa, y cualquier cosa externa sería en términos de su impacto sobre la casa. Luego abandoné el título de La Casa, pero una vez que el libro llega al pueblo de Macondo nunca va más allá. Otra explicación que he oído es que cada lector puede hacer lo que quiere con los personajes del libro y convertirlos en suyos. No quiero que se haga una película, porque el que vea la película puede ver un rostro que él puede no haber imaginado. Entrevistador: ¿Había algún interés en convertirlo en película? García Márquez: Si, mi agente la ofreció por un millón de dólares para desanimar a los ofertantes y como ellos se aproximaban a la oferta ella subió alrededor de tres millones. Pero no tengo interés en una película, y mientras pueda evitar que eso ocurra, lo haré. Prefiero que permanezca como una relación privada entre el lector y el libro. Entrevistador: ¿Piensa usted que cualquier libro puede traducirse en películas con éxito? García Márquez: No puedo pensar en alguna película que haya mejorado una buena novela, pero puedo pensar en muchas películas buenas que vinieron de novelas muy malas. Entrevistador: ¿Ha pensado alguna vez en hacer películas? García Márquez: Hubo un tiempo cuando quise ser director de cine. Estudié dirección en Roma. Sentía que el cine era un medio que no tenía limitaciones en el cual todo era posible. Vine a México porque quería trabajar en películas, no como director sino como guionista. Pero hay una gran limitación en el cine en que es un arte industrial, una industria completa. Es muy difícil expresar en cine lo que quieres decir. Aun pienso en eso, pero ahora parece como un lujo el cual me gustaría hacer con amigos pero sin ninguna esperanza de expresarme. Así que me he alejado más y más del cine. Mi relación con este es como la de una pareja que no puede vivir separada, pero que tampoco puede vivir junta. Entre tener una compañía de cine o un periódico, me quedaría con el periódico. Entrevistador: ¿Cómo describiría usted el libro sobre Cuba en el que trabaja ahora? García Márquez: En realidad, el libro es como un largo artículo periodístico acerca de cómo es la vida en los hogares cubanos, como se las han arreglado para sobrevivir a la escasez. Lo que más me ha impresionado durante todos los viajes que he hecho a Cuba en los últimos dos años es como el bloqueo ha creado en Cuba una clase de “cultura de la necesidad”, una situación social en la cual las personas tienen que seguir adelante sin ciertas cosas. El aspecto que más me interesa es como el bloqueo ha contribuído a cambiar la mentalidad de la gente. Tenemos un choque entre una sociedad anticonsumista y la sociedad más orientada al consumo del mundo. El libro está en una etapa donde luego de pensar que sería una pieza de periodismo simple y sencilla, ahora se está convirtiendo en un libro largo y complicado. Pero eso no importa, porque todos mis libros han sido así. Y además, el libro probará con hechos históricos que el mundo real del Caribe es tan fantástico como en las historias de Cien Años de Soledad. Entrevistador: ¿Tiene usted ambiciones pendientes o lamentos como escritor? García Márquez: Pienso que mi respuesta es la misma que te di acerca de la fama. El otro día me preguntaron si estaría interesado en el premio Nobel, pienso que para mi eso sería una catástrofe absoluta. Ciertamente estaría interesado en merecerlo, pero recibirlo sería terrible. Solo complicaría más los problemas de la fama. La única cosa que lamento en la vida es no tener una hija. Entrevistador: ¿Hay algún proyecto en curso que quisiera discutir? García Márquez: Estoy absolutamente convencido de que voy a escribir el mejor libro de mi vida, pero no sé cual será o cuando. Cuando siento algo como eso, lo cual he estado sintiendo de hace rato, me quedo muy tranquilo, de manera que si ocurre pueda capturarlo Traducción: Alfonso L. Tusa C.

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